La literatura en la India: clases, castas y
lenguas en un país en pos de lectores.

Catherine Climent


Esta es una conversación con Christophe Jaffrelot, director del Centro de Estudios e Investigaciones Internacionales, investigador en el CNRS y Profesor de la Escuela de Ciencias Políticas (Sciences-Po) en París. Entre otros libros, publicó La Democracia india, 1998, y dirigió recientemente el volumen: La India contemporánea, de 1950 a hoy, 2006.

 

Es difícil entender las apuestas de la literatura india sin abordar la situación económica y social del país. De hecho, los movimientos literarios de la India están ligados a la evolución de las clases, de las castas y de las lenguas.          

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Raghubir Singh / 1981

Generalmente, El Magazine littéraire trata de literaturas extranjeras que emanan de países ampliamente alfabetizados dotados de un fuerte potencial de lectores – países que el lector puede fácilmente comparar con Francia. Pero con la India, cambia todo: no se conocerá la literatura india sin pasar por el análisis social y el análisis de las castas. Es cierto que las elites se cuentan por decenas de millones, pero los pobres, de acuerdo con los criterios internacionales, son más numerosos todavía (cerca de 850 millones). Votan, pero no leen. El censo de 1991 contaba 48% de analfabetos, es decir 500 millones de personas, las mujeres todavía más que los hombres. Sin embargo, entre los llamados antaño “Intocables”, los que prefieren llamarse ahora Dalit, los oprimidos, nacerá una poderosa corriente literaria a partir de los últimos años del siglo XIX… De la misma manera, la India está dividida entre una enorme comunidad hindú y minorías religiosas a veces perseguidas, como los musulmanes: el efecto sobre la literatura puede ser devastador. A estos diversos planos de castas y de clases, a estas comunidades orgullosas de sus tradiciones, se agregan las violentas paradojas de un impulso económico ya bien conocido, que puede engañar sobre las capacidades de lectura de los públicos de la India. Por ejemplo, los muy nuevos ricos no leen, gastan su dinero en joyas y artículos de moda. Finalmente, a este mundo desequilibrado se agregan las veintidós lenguas oficiales de la India, la mayor parte de ellas conoce una gran vitalidad literaria.
            Para elucidar esta India en fusión perpetua, Le Magazine littéraire pidió a Christophe Jaffrelot un ejercicio difícil y totalmente inédito: narrar las clases y las castas, y al mismo tiempo, narrar los movimientos literarios de la India desde el siglo XIX. No lo escogimos al azar: este joven y brillante intelectual es una estrella en el cielo de los indianistas y uno de los pocos capaces de una visión tan amplia.

Catherine Clément. Para entender los movimientos de la literatura contemporánea en India, es obligatorio pasar por la descripción de las clases y de las castas, así como de sus cambios, hoy tan rápidos. ¿Podría usted describir esta evolución desde la Independencia?

Christophe Jaffrelot. Desde el punto de vista de las clases, el modelo socialista instaurado por Nehru en los años 1950 tiene vocación para contener las diferencias sociales. Sin embargo la crema y nata se reparte entre tres elites: una burguesía de negocios, en particular de las grandes familias capitalistas (Tata, Birla, etc.) quienes llevan la bandera, la intelligentsia cuyo ejemplo es Nehru, y la aristocracia del campo simbolizada por los maharajaes, venidos a menos. La burguesía que se desarrolló en la época colonial ve sus actividades incorporadas por el Estado que dirige su economía e impide a los ricos enriquecerse todavía más – por lo menos éstos ya no lo exhiben. Del lado de la aristocracia, los grandes propietarios han perdido el poder de recaudar impuestos desde los años 1950 y la decadencia de los maharajaes se acelera bajo el régimen de Indira Gandhi cuando ésta les retira las pensiones. El tercer grupo, especie de burguesía de Estado, se invierte en la alta administración pública y no está forrado de oro. Las elites conservan pues una fuerte dominación social, pero su impulso está contenido, por lo menos en el plano económico. La clase media en expansión está hecha de pequeños empleados de las empresas públicas, cada vez más numerosos a medida que se multiplican las nacionalizaciones. Indira Gandhi, de este modo, hace pasar en el seno del Estado toda la banca y todos los seguros, a la vuelta de los años 1970, lo que representa millones de asalariados. Hoy todavía, la State Bank of India representa 1,300,000 asalariados. No ganan miles de millones, pero están en el salariado, es decir bastante encima de la masa de los trabajadores del sector informal.

C. C. Los lectores se sitúan pues en esta categoría.
C. J. La parte más importante, sí. Abajo, no hay acceso a lo escrito. Hay muchos analfabetos entre los campesinos. Pero esta dinámica social va a transformarse completamente con la liberación de 1991. La economía queda fuera de la tutela del Estado y los ricos empiezan otra vez a enriquecerse. Los medios de negocios recobran la libertad perdida en 1947 y despegan de modo considerable. Son las grandes empresas familiares, los Tata, los Godrej, los Birla, los Mittal, los Mallya –tercera cervecería del mundo– pero también nuevos empresarios en sectores más nuevos: Reliance (petroquímica, telefonía), Infosys (informática), Ranbaxy (farmacia)… La otra elite que incrementa la clase de los nuevos ricos viene de la intelligentsia que se eleva con el estudio, el brainpower como lo llaman en India: los ingenieros ganan diez veces más que sus padres, altos funcionarios o militares. Se ven también nuevos ricos en el campo, quienes emprenden cultivos comerciales de exportación, como la caña de azúcar y el arroz basmati. Estos campesinos, muy activos, forman una clase rural media.

C. C. Pero, ¿lee esta clase rural media, está alfabetizada?
C. J. No forzosamente. Tiene gustos de nuevos ricos y un frenesí de consumo. Al lado de la dinámica de las clases, existe la de las castas, que la recubre ampliamente. Así, nuestras tres elites, medio de negocios, aristocracia e intelligentsia, corresponden a los mercantes, a los guerreros y a los brahmanes.

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Raghubir Singh / 1987

C. C. ¿Y los pequeños funcionarios? Sigo en pos de lectores…
C. J. A menudo, son gente de las clases altas. Hasta los años 1970-1980, las elites y la clase media son del mismo mundo. Luego se barajan porque la discriminación positiva permite a gente de castas bajas ascender a través del Estado. En el Sur se han visto plebeyos liberarse pronto de las jerarquías de castas después de la Independencia, gracias a este dispositivo. Luego la política de discriminación dispositiva sirvió a las castas bajas del Norte tanto como en el Sur, con un fenómeno de recuperación importante. En 1990, esta política adquiere una nueva dimensión cuando el gobierno central otorga el 27% de las plazas de la administración pública nacional a las castas bajas, una cuota que está instaurando ahora en las universidades –mientras que otras categorías sociales aprovechaban ya un sistema comparable, entre ellos los intocables (15%). Con el 7% reservado a los aborígenes, llegamos a 49%. La Suprema Corte se rehúsa a ir más lejos para conservar en los concursos administrativos un fundamento de mérito y este principio se ha extendido a la enseñanza superior. De todos modos, la casta, como punto de aplicación de las políticas de discriminación positiva, se vuelve una palanca paradójica de ascensión social para una plebe –a diferencia de sus antepasados, quienes se empeñaban, en vano, en imitar a los brahmanes. 

C. C. La alfabetización debe progresar forzosamente en estas castas bajas “positivamente discriminadas”.
C. J. ¡Hasta es la fuente de una verdadera corriente literaria! El impacto de esta política es sensible sobre todo en el caso de los intocables, aun si el efecto global no tiene que ver con el voluntarismo ostentado por el Gobierno –la mala voluntad de los responsables administrativos impidiendo el llenado de las cuotas. Por ellos empezó todo: los intocables se benefician de cuotas en el sistema educativo desde los años 1893-1894 en el Sur de la India, señal, entre paréntesis, que la affirmative action (la discriminación positiva) nació en India y no en los Estados Unidos. Este sistema produjo una pequeña elite que se expandió después: en 1991, 37% de los intocables indicaban a los agentes del Censo que sabían leer y escribir. De esta manera, algunos empezaron a describir su condición.

C. C. Precisemos. Sobre la portada de sus libros, no está escrito en letras gruesas “Intocable”.
C. J. No, pero la literatura dalit es un género bien identificado en India. Es una literatura de rebelión y de movilización. Su pionero, Ambedkar, es el primer líder intocable de envergadura nacional, por lo demás notable ensayista. Luego, numerosos autores dalit pasarían a la ficción. Se reclutan, para lo esencial, entre los discípulos de Ambedkar y se han convertido, como él, al budismo para emanciparse del sistema de castas. Son poetas, pero explotan también el género autobiográfico. Por lo demás, se puede, gracias al lamentablemente desaparecido Guy Poitevin, leer la autobiografía de numerosos intocables, en particular la de un poeta pionero de la literatura dalit, Daya Pawar. Mujeres dalit se ponen también a contar su vida como Baby Kamble y Shantabhai Kamble. A veces se relata la vida del hombre y de la mujer de una misma pareja en el mismo libro: es la hazaña de este monumento Intocable, libro musicalizado por el hijo. Todos pertenecen a la casta de Ambedkar e hicieron un gran esfuerzo para educarse ya que éste les había dicho que esto era el elevador social por excelencia. No obstante, se puede hacer remontar esta tradición literaria más allá de Ambedkar, hasta los santos-poetas intocables (o al menos no brahmanes) del Maharashtra como Chókhamela en el siglo XIV y Tukaram en el XVII. Pero ellos cantaban la igualdad de los hombres ante Dios. La literatura de protesta social para la igualdad en el mundo escrita por hombres de casta baja aparece solamente en el siglo XIX, también en el Maharashtra con Jyotirao Phule, un mali (casta de los hortelanos), al que Ambedkar dedica uno de sus libros. Iniciado por misioneros a los valores de igualdad, y por Thomas Paine –ésta es su clase de lectura- escribe panfletos mitad ficción mitad realidad, la ficción siendo el mejor medio para mostrar al brahmán bajo una luz ferozmente estereotipada, como una denuncia panfletaria.

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Raghubir Singh / 1981

C. C. Panfletos que tocan la ficción… ¿Podemos pensar en Voltaire?
C. J. El tono es el mismo. Así vemos cómo las dinámicas sociales en términos de castas se reflejan en la literatura a través de la evolución del medio intocable. Pero esta categoría puesta a parte, los escritores se reclutan por supuesto, para lo esencial,  entre la gente de casta alta, algunas a favor de las cuestiones sociales, comprometiéndose con los intocables como Mulk Raj Anand cuyo primer libro, Intocable, se publicó en 1935, u otro socialista de corazón, Premchand, quien escribe en hindi El Ashram del amor desde 1922.

C. C. ¿Cuándo se vuelve la lengua inglesa el vector de la escritura?
C. J.  El inglés se ha vuelto una de las lenguas de la literatura india con la emergencia de la intelligentsia, esta nobleza de Estado que aparece en la época colonial alrededor de los años 1860-1870. De hecho, en 1958, se fundan tres universidades en Bombay, Calcuta y Madrás. Es la matriz de una intelligentsia cuyo idioma sería el inglés. Calcuta siendo la capital de la India británica y, esto va ligado, de esta intelligentsia, los bengalis abren el baile. Bankim Chandra Chatterji introduce el género novelesco a partir del final de los años 1870. Los primeros grandes novelistas indo-ingleses, sin embargo, nacieron en el primer decenio del siglo XX y han tenido una notable longevidad: R. K. Narayan murió en 2001, Raja Rao acaba de fallecer, Mulkaj Anand falleció en 2004.

C. C. Me acuerdo de autores quienes escribían en hindi y quienes, en los años 1990, se sentían abandonados en provecho de la literatura en inglés… ¿Hubo un revival del hindi después de la Independencia?
C. J. Ambas literaturas indo-inglesa y vernácula coexisten desde el principio. Al mismo tiempo que la literatura indo-inglesa florece, se desarrolla a partir del siglo XIX una literatura bengalí alrededor de Tagore, en hindi, en urdu, en maratí, en tamul. El muy consagrado Nirmal Verma escribe sólo en hindi, hasta su muerte en 2005, por ejemplo. Es verdad que los salones y las páginas “people” de los magazines se llenan más de autores de la literatura indo-inglesa.

C. C. ¿Y la literatura de la diáspora?
C. J. Existe una literatura indo-inglesa escrita por hombres quienes no han salido de la India, y otra que muy pronto rebasó sus fronteras. De 1972 a 1992, India apañó cinco Booker Prize, Salman Rushdie marca un viraje con Los hijos de medianoche, 1981 –y esto sigue: Arundathi Roy lo recibió en 1997 por El Dios de las nimiedades y en 2006, Kiran Desai, con La herencia de la pérdida. Naturalmente, tales éxitos suscitan invitaciones para recorrer el mundo y aun para quedarse fuera de la India. Por ejemplo, Rohinton Mistry vive en Canadá.

C. C. ¿Cuáles son los núcleos fuertes de la literatura no-inglesa? La lengua inglesa, a veces, da la impresión de un rastrillo gigante que barre con las lenguas vernáculas.

C. J. Ninguna de las lenguas vernáculas rinde las armas, al contrario. Se vuelven más poderosas a medida que la masificación permite a un crecido número de personas leer en su idioma materno; el inglés queda el atributo de una minoría (con menos de 100 millones de personas, pero de todos modos, la India es el segundo país anglófono del mundo). Vea el bengalí en donde un verdadero patriotismo cultural se vuelca en una lengua que da gusto versificar; allá, la vitalidad de la poesía es excepcional y el placer por el libro se manifiesta cada año en la Feria de libros de Calcuta cuyo único equivalente en India es Delhi.

C. C. Hablemos de los parsis, esta comunidad tan entrañable originaria de Irán.
C. J. Hoy existen 65,000 parsis. Es verdaderamente microscópico, 65,000 personas perdidas en el océano de un millar de hombres.

C. C. ¡Eran 320,000 en 1985!
J. C. Esta caída se atribuye generalmente a factores de degeneración genética ligada a una práctica muy rigurosa de la endogamia, impugnada por los partidarios de la modernidad, quienes desean suavizar las reglas matrimoniales para recibir una sangre nueva, mientras que los otros prefieren desaparecer permaneciendo puros. Encontramos este debate en la literatura. Cuando Rohinton Mistry pinta su comunidad, tanto en El Equilibrio del mundo como en Un Asunto de familia, queda siempre presente el drama del matrimonio. Cada vez lo imponen a los niños a pesar de que están viviendo o vivieron un amor personal cuya pérdida no logran superar.

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Raghubir Singh / 1987

C. C. Pero este tipo de suicidio colectivo proporciona una lectura tónica como la de Kafka…
C. J. Sí, es terriblemente desgarrador.

C. C. ¿Qué pasa con la literatura de los 150 millones musulmanes, la minoría más fuerte en India?
C. J. Los musulmanes son los herederos de una rica tradición literaria, tanto en el campo de la poesía persa como de la literatura; algunos relatos de viaje remontan a la época medieval, hasta la atmósfera de las cortes principescas cuyos vestigios están muy bien descritos en la obra maestra de Vikram Seth, Un Muchacho de buenos modales. Uno de los dramas de los musulmanes de la India actual, a parte de las injusticias de las que son víctimas por culpa de los nacionalistas hindúes, es la marginalización y la pauperización progresivas de sus elites.

C. C. ¿No hay cuotas para ellos?
C. J. Ellos no aprovechan las cuotas –y será tal vez la puerta de las elecciones de 2009 si no se resuelve la cuestión antes: cuando una comunidad cae tan bajo, ¿no es la manera de volver a darle una esperanza? En breves palabras, el Congreso hoy en el poder y de centro izquierda, está favorable –especialmente porque codicia los votos del 13% musulmán, pero el BJP (derecha nacionalista hindú) objeta que de acuerdo con la Constitución, la discriminación positiva no se aplica a los grupos religiosos: se pueden definir las cuotas sólo a partir de criterios socio-económicos o educativos. Otro problema, el urdu es un idioma en vía de desaparición. La pequeña elite musulmana restante no puede sobrevivir con el urdu, mucho menos útil que el hindi o el inglés. Por esto, numerosos periódicos urdus se imprimen en hindi… y sólo quedan 7% de los locutores en urdu.

C. C. ¿Se enseña el urdu en las universidades?

C. J. Sí, pero no es una materia muy solicitada. Sobre el plan literario, este canto del cisne de una cultura, hasta de una civilización que puede uno calificar de indo-persa ha sido remarcablemente revelada  por Anita Desai en un libro, En Custodia, que dio también una admirable película con Sashi Kapoor como poeta abandonado y decadente –y la inolvidable Shabana Azmi, ella misma hija de poeta. Este vínculo entre literatura y cine no es, por lo demás, excepcional. Por un lado, hay por lo menos otro gran actor cuyo padre era poeta, ¡el gran Amitabh Bachchan mismo! Por otro lado, otros autores se prestaron al juego de las adaptaciones cinematográficas, a veces al punto de volverse guionista. Es el caso de Ruth Prawer Jhabvala, germano-polaca, vuelta india por su matrimonio, y cuyos escritos han servido de base para cuatro películas de James Ivory producidas por Ismael Merchant, de los que MK2 acaba de sacar un estuche de DVD de una particular calidad. ¡Tal vez el cine de autor resistirá en India, frente a Bollywood [sic], gracias a la popularidad del género novelesco!

 

Tomado de Magazine Littéraire, No.462, marzo 2007.
Traducción: Marie Claire Figueroa

Notas:
1 El sector informal concierne al trabajo precario, sin protección social.
2 Christophe Jaffrelot es el autor de una biografía de Bhim Rao Ambedkar: Oz. Ambedkar, 2000.
3 Daya Pawar, Mi vida de intocable, 1990.
4 Shantabhai Kamble, Palabras de mujer intocable, 1991.
5 N. Jadhav, Una familia de parias en la India contemporánea, 2002.
6 Se publicará en Francia en 2007.

 

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