Bar Venecia, el relato de la mirada

Noemí Luis Gutiérrez


   

La casa de la artista mexicana Claudia Pérez Pavón es parecida a sus cuadros una serie de espacios en apariencia laberínticos unidos por un espacio central en el que uno es sorprendido constantemente por una gran variedad de gatos. Esta misma estructura existe en sus piezas, que concibe en series de ocho pequeños formatos (1O x 30 cm. aprox.) colocados en orden sucesivoen su iluminado estudio. Es imprescindible ir acercándose a estos polípticos para ver la factura de sus cuadros. Y como si se tratara de una mirada de gatos los personajes y situaciones representados en ellos son vistos desde diferentes perspectivas.
Donde más claramente percibimos esta multiplicidad de puntos de vistas es de la serie sobre las miradas Bar en Venecia donde la artista propone un relato captada desde diferentes ángulos y el ojo actúa como una cámara de cine. El relato se estructura por el uso de recursos como la elipsis, las anticipaciones, etcétera, al tiempo que la mirada efectúa algo similar a un trabajo de edición fílmica. Bar en Venecia narrativamente muestra tres personajes modernos en un bar de arquitectura barroca. Los recursos y el espíritu velazquiano de esta pieza se dan por la forma en que el espacio pictórico es dinamizado por varios puntos de fuga que espejos y puertas producen en el espacio virtual de la pintura. Todo esto genera dinamismo al relato y relatividad a las relaciones entre lo representado y la mirada.

Los polípticos de Claudia Pérez-Pavón exigen que el espectador actualice, la noción del enfoque. Así, de lejos, sus cuadros, debido al formato, apenas se hacen “visibles” sin embargo, una vez: que nos aproximemos notaremos esa variación que la mirada ejerce sobre el objeto. Sin embargo no hay quesuponer que la habilidad para las formas clásicas del dibujo, el color, la perspectiva concluyen la intención de su trabajo, por el contrario, tales premisas son el punto de partida para nuevas, exploraciones de sentido y renovadas lecturas de la tradición pictórica occidental. Para mí el asunto central de su pintura es el trabajo de la mirada, los procesos físicos y culturales y emocionales de la mira da. La obra de Claudia lleva a la reflexión sobre el lenguaje de la pintura ya que esta artista, formada en la academia y que no oculta su deuda con el arte del barroco italiano, retoma dicho lenguaje para introducir en él una serie de cuestionamientos que abarcan tanto los aspectos puramente ópticos, visuales del espacio y el tiempo virtual del cuadro como la relación dinámica entre lo representado y la posición del sujeto que observa tal replanteamiento del espacio y del tiempo en la pieza implica una reapropiación de los valores y elementos tradicionales del arte pictórico y a su vez una exploración de las posibilidades del espacio pictórico.


La confianza en las posibilidades expresivas de la pintura conduce la obra de esta artista a incorporar los lenguajes de las nuevas tendencias tales como la fotografía, el video o la instalación como parte de la sintaxis propia de la pintura, en un proceso de retroalimentación en el cual el cuadro como soporte, el óleo como técnica y el sentimiento del color y de la pincelada incorporan ingredientes de estos nuevos lenguajes amplificando los límites del arte pictórico desde el que se establece el discurso.
Los polípticos que Claudia Pérez-Pavón crea, producen una curiosa impresión a caballo entre lo contemporáneo y la tradición. La tradición es despertada e interrogada como si todas las preguntas aún fueran posibles desde ella. Conversar con Claudia sobre su trabajo es sentirse renovadamente sorprendido por planteamientos eminentemente pictóricos y la pintura, en diálogo con ella vuelve a ser un arte y una ciencia, una técnica enigmática, algo que a la vez es claro e indescifrado. Esta vez no uso la palabra “descifrar” para ganar simpatías con el misterio sino porque las piezas de Claudia efectivamente proponen un enigma al espectador. Ese enigma deriva de poner en juego premisas de la óptica, cuestiones de perspectiva, deriva de la composición y nos induce a situarnos en diferentes puntos de mira, nos induce al redescubrimiento de estructuras intrínsecas al arte pictórico o, más bien, a ciertas cualidades intrínseca a las imágenes visuales.
Los recursos plásticos que Claudia pone a funcionar en sus piezas son parte de una narración, un relato en el que la pintura es a su vez personaje que define el carácter y el tono de la anécdota. El aspecto narrativo de su pintura nos conduce a otra de las características centrales de su trabajo: el interés por ciertos temas. Cada políptico presenta un relato y los unifica un tema. En cada uno de los polípticos Claudia Pérez Pavón se ha acercado, a una temática diferente y dichas temáticas se organizan alrededor de dos ejes fundamentales a su visión: el arte y lo cotidiano. En cuanto a los temas del arte están sus piezas El pintor y su modelo, Bar en Venencia, El coleccionista. Confrontaciones de la serie sobre las miradas.
Hoy el arte vuelve a sus raíces mágicas desde unos signos antropológicos bien sean estos asumidos en la inmediatez de lo mimético o bien desde lo intelectivo a partir de re-elaboraciones o apropiaciones. La realidad que sólo puede ser transfigurada desde el arte constituye una fracción en discordia con un todo, sea este todo el Estado, la religión, la política o cualquiera de las variantes del poder, o sea este todo fragmentos de realidad entrevistos en meras situaciones cotidianas.

Cortesía: Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO)

 

Ciclo Literario.

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