Eugenio Montale

Nota y traducción: Moisés Villavicencio


 

Eugenio Montale (1896-1981) es reconocido como uno de los poetas europeos más prominentes. Nació en Génova, Italia. Trabajó como periodista y crítico. Recibió el premio Nobel en 1975.

Este poema forma parte de Montale en Inglés, una compilación realizada por Harry Thomas, (Handsel Books, 2005). Thomas es traductor de Joseph Brodsky, y editor de Poemas selectos de Thomas Hardy y Conversando con Poetas, una colección de entrevistas con Robert Pinsky, Seamus Heaney, Philip Levine, Michael Hofmann y David Ferry. Montale en Inglés reúne a 56 traductores. En algunos casos se incluyen diferentes versiones del mismo poema, lo cual nos ofrece la oportunidad de “apreciar los varios modos de traducción”. La versión del italiano al inglés de Limonares es de Lee Gerlach.

 

Limonares

Escúchame por un momento. Los poetas reconocidos
suelen pasear entre plantas
que nadie conoce: boj, acanto
donde nada está vivo para ser tocado.
Yo prefiero los caminos que se quiebran
entre zanjas de hierba donde un niño,
buscando en las charcas lodosas,
tal vez capture una anguila que se retuerce.
La vereda que fluye hacia abajo
y hacia arriba y luego se sumerge entre los penachos
de las varas y llega de súbito a las hortalizas
entre los troncos de musgo
de los limonares.

Aun mejor
cuando el júbilo de pájaros pequeños
se calma devorado por el cielo
todavía más real para aquél que escucha
el rumor de las hojas tiernas
en el aire quieto que no respira.
Los sentidos se llenan de un olor pleno de la tierra.
Es como la lluvia en un pecho enfermo,
dulce como el aire que llega
veloz y se desvanece.
Un milagro se calla; todas las pasiones
son puestas a un lado. Los pobres
saben de esta riqueza,
la fragancia de los árboles de limones.

Descubres que las cosas
se dan en silencio y casi revelan
sus secretos más íntimos.

En alguna ocasión, alguien espera
encontrar un error de la naturaleza,
el punto muerto de la realidad,
el eslabón perdido,
la amenaza que no podemos desentrañar
en orden de llegar a la verdad.
Miras a tu alrededor. Tu mente busca
se endereza, se cae
en el perfume y se expande
cuando el día se cansa.
Hay silencios en que cada uno mira
en cada sombra humana que se marchita
algo divino que se aleja.

La ilusión desaparece, y regresamos a tiempo
a nuestras ciudades ruidosas donde el azul
aparece sólo en fragmentos
alto muy alto entre las siluetas de las torres.
La lluvia filtra la tierra.
Tedio, el invierno quema los techos
la luz escasea y el alma se amarga.
Aun así, un día a través de una reja abierta
entre el lujo verde de un jardín,
el amarillo fuego de los limones,
el corazón se derrite
y canciones de oro penetran en el pecho
desde las trompetas altas del sol.

Fotografía
Flor Garduño

 

Ciclo Literario.

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