Guy Debord, un estratega en su siglo

Yan Ciret


 

La revolución francesa de mayo de 1968 tiene en Guy Debord (1931-1994) a uno de sus catalizadores ideológicos. El siguiente ensayo publicado en el Magazine littéraire y traducido por Marie Claire Figueroa, indaga en la obra de este “brillante extremista” cuyas películas aún son de circulación restringida y sus libros esperan todavía la lectura que merecen. El autor de La sociedad del espectáculo y fundador de la Internacional Situacionista es un personaje que fascina por su irreverencia y frescura y cuyas ideas y acciones seguramente encontrarán eco en las nuevas generaciones.

 

Guy Debord mantuvo siempre su deseo de rebelión en lo más alto. Desde su encuentro con los letristas hasta la meditación testamentaria de Panégyrique, el itinerario intelectual de un aventurero de la insurrección.
Cuando se suicida el 30 de noviembre de 1994, el aventurero de la insurrección y el hombre libre Guy Debord, concluye con un disparo una de las vidas más singulares de su tiempo. Por su rehúso a comprometerse con lo que llamó, antes que nadie, la sociedad del espectáculo, su estrella no había dejado de crecer en el cielo de la revolución puesta al servicio de las pasiones, de la poesía vivida. Al mismo tiempo, por un vuelco de lo más paradójico, el universo mediático, que tanto había atacado, hacía de él uno de sus paradigmas. No hay un solo publicista (Toscani para Benetton), ni un solo “caballero” de la industria (Bernard Arnault), más o menos de primer plano, que no lo cite como un inspirador de primer rango. Él mismo realiza un mediano metraje para Canal +, 1 Guy Debord, su arte, su época, difundido poco tiempo después de su muerte. ¿Será esto un simple principio de reivindicación o una de las contradicciones reservadas por la Historia a sus más brillantes extremistas? La respuesta se encuentra en sus obras, cinematográficas o literarias. Todavía no ha llegado el momento en el que una película experimental como Aullidos a favor de Sade pueda difundirse en cualquier canal y a cualquier hora. En cuanto a la lectura efectiva de sus libros, tiene el porvenir ante ella. Desde esta discrepancia premeditada, anunciada sin pathos por su autor, su destino no cesa de saludarse, comentarse literalmente y en todos los sentidos. Para unos, como el de un visionario genial, para otros como el de un estilista que mezclaba el clasicismo del Grand Siècle 2 con un discurso retórico actualmente rebasado, incluso reaccionario. Lo que llamó su “mala reputación” permanece, pero el fundador de la Internacional Situacionista nunca buscó la unanimidad.

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Manuel Bidemanas / Boulevard
Saint-Germain, mayo 1968

            Al contrario, su voluntad de sedición permanece intacta con el tiempo, nunca traicionará la intransigencia de sus primeras armas empezadas inmediatamente después de la guerra. Él que ha podido decir de sí mismo: “Nadie puede dudar que haya sido un muy buen profesionista. Pero ¿de qué? Tal habrá sido el misterio mío, a los ojos de un mundo censurable”, mantuvo su deseo de rebelión en lo más alto. Este estallido tajante de la búsqueda de la verdad lo llevará a un rehúso radical en relación con todas las instituciones o poderes. Muy rápidamente su obra se volverá la de un moralista en la estela de La Rochefoucauld, Lautréamont, Arturo Cravan. Una moral de insumisión, que solamente pacta con comunidades restringidas, revolucionarias, por su voluntad de cambiar el mundo. Como la de los Letristas con quienes se encuentra en el IV Festival de Cannes, en el momento de la proyección tumultuosa de Tratado de baba y de eternidad de Isidro Isou. Si se junta con este movimiento vanguardista, no es por simple atracción del escándalo heredado del dadaísmo o del surrealismo. Es que las teorías de Isou van a influenciar al primer Debord, a  pesar de la enemistad activista, persistente, del jefe de la cuadrilla letrista. Influencia sensible especialmente a través de la desviación, ya presente en el Letrismo, que será uno de los conceptos fundamentales de la futura Internacional Situacionista. En el espíritu “Situ”, esta práctica integra producciones de cualquier orden para ensamblarlas de modo diferente, en forma de préstamos, de citas alteradas en provecho de un discurso subversivo, con el propósito de producir una inédita deflagración de sentido.
            Isou descubre en la Historia las fases ámplicas, de construcciones de obras y las fases cincelantes en las que el arte declina para deshacerse en una explosión de sofisticación creadora. Debord va a retomar por su cuenta esta última categoría para hacerla entrar en una visión marxista de la dialéctica. Las civilizaciones avanzan pasando por estas grandes épocas de alta cultura, son también sinónimas de la decadencia de la que habla Nietzsche; es bajo este signo de dinamitazo que una “tribu” de jóvenes se escinde y funda en un bar de Aubervilliers3 la Internacional Letrista. Así se crea, en 1952, un laboratorio de experimentación que se anticipa a la mayor parte de las innovaciones culturales de la segunda mitad del siglo. Su rebelión se aparta deliberadamente de organizaciones políticas (comunistas, trotskistas) o de los movimientos (existencialismo) que ocupan el proscenio. Liberados de los Letristas considerados demasiado ligados al arte, ideológicamente rezagados, un puño de marginales desconstruye el mundo antiguo de modo clandestino. En los barrios del París viejo o en los arrabales de los inmigrados, encontraron sus lugares de predilección, una sicogeografía a menudo ligada con el alcohol, la droga, la delincuencia. Descubren el vagabundeo urbano, lo que se entenderá pronto por el término de “deriva”. El primer número de la Internacional Situacionista la definirá como sigue: “Un modo de comportamiento experimental ligado a las condiciones de la sociedad urbana. Técnica de paso presuroso a través de ambientes diversos”. Allí pueden percibirse huellas surrealistas, las de Nadja de Breton, a pesar de las relaciones de odio edípico que mantienen con el surrealismo de la posguerra. Publican Potlatch, boletín iconoclasta, talentoso al grado de no tener equivalente en su tiempo, reproducido en mimeógrafo y tirado apenas en 500 ejemplares. Esta publicación descarada, ya muy comprometida en el levantamiento del proletariado, da cuenta de las búsquedas de la Internacional Letrista. Se manda gratuitamente, sustituyendo el intercambio financiero por el don ritual y suntuario de las sociedades primitivas.

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Jean Pottier / Los adoquines de 68


Para ellos, la vida entera y París en particular, no pueden ser más que una fiesta permanente, una sucesión ininterrumpida de momentos sin retorno, en los que la fragilidad absoluta del paso del tiempo se resiente. El joven teórico-cineasta dirá que habían encontrado allí el “punto culminante del tiempo”, que en este lugar “el tiempo quemaba   más fuerte que en otros sitios y haría falta”. Debord se acordará hasta el fin de su vida de esta sociedad secreta, peligrosa, causa de la muerte violenta y la locura de muchos de ellos. Pensamos en Ghislain Desnoyers de Marbraix, uno de los autores del “escándalo de Notre-Dame”, asistente de Guy Debord en varias películas, y asesinado misteriosamente; debe uno evocar también a Ivan  Chtcheglov llamado Gilles Ivain quien influenció de modo determinante las posiciones arquitecturales de los futuros situacionistas, internado, víctima de crisis de demencia; Debord dirá, refiriéndose a él: “En un año descubrió temas de reivindicación por un siglo”. Con el correr del tiempo, Debord transformará esta “compañía negativa” en una mitología heroica, con sus hazañas, sus derrotas, su vanagloria, su fulgor rimbaldiano. Es la época del célebre “No trabajen nunca” en graffiti calle del Sena, en 1953. A pesar de las frecuentes exclusiones  y del radicalismo político, algo indeleble queda en los testimonios posteriores, aun para los que fueron expulsados del grupo, como Jean-Michel Mension, considerado “decorativo”, o Gil J. Wolman y tantos más. Una película como In girum imus nocte et consumimur igni, así como los dos tomos de memorias debordianas Panégyrique I y II, retomarán sin cesar el resplandor nocturno de este periodo tumultuoso.
Un pintor y teórico danés, Asger Jorn, se aliará pronto con la Internacional Letrista.  Cofundador del grupo COBRA, vive en Italia en donde organizó un Bauhaus Imaginista. Con pintores como Pinot-Gallizio, se dedica a la búsqueda sobre una arquitectura no funcionalista y sobre la pintura industrial. Cuando Debord no cumplía todavía los 25 años, se realiza la fusión de los dos grupos. Desde 1956, un libelo comunista fustiga el Festival del arte vanguardista, organizado en La Cité Radieuse de Le Corbusier. La Internacional Situacionista nace el 27 de julio de 1957, en la pequeña ciudad de Cosio d’Arroscia (Italia); su programa era el de volverse el movimiento vanguardista más activo en superar el arte por una creatividad generalizada. Para Guy Debord y sus primeros compañeros situacionistas, el pintor sicogeógrafo inglés Ralf Rumney o el pintor arquitecto Constant, el arte no es un campo apartado de la vida. Al contrario, debe subordinar todas las otras actividades a su apuesta histórica, a la construcción de situaciones. Todos los comportamientos se viven idealmente en lo que llaman el “urbanismo unitario”, las experiencias humanas entran en una dinámica de “situación construida”, lo que el primer número de la Internacional Situacionista, publicado en 1958, describe como: “Momento de la vida, concretamente y deliberadamente construido por la organización colectiva de un ambiente unitario y de un juego de acontecimientos”.
Los Situacionistas conciben una teoría revolucionaria que critica la separación de los dominios estéticos y políticos, puesto que su reunión debería desembocar en un rebase de las contradicciones, en la sociedad sin clases según Marx. De este modo, el individuo podría romper por fin con la servidumbre voluntaria, y volver a encontrar fuera de la esfera capitalista de producción y de acumulación del capital, un libre juego con su destino, recordando las grandes épocas barrocas o del Renacimiento italiano. Para Guy Debord, debe ponerse la revolución al servicio de la creación, y no a la inversa, al rebasar la categoría misma de lo político. Por ahora, está trabajando en Dinamarca. Con Asger Jorn, quien permanecerá amigo suyo a pesar de las crisis múltiples de la I.S., realizan en colaboración dos libros extraordinarios, Fin de Copenhagen en 1957 y Memorias acabadas en 1958. Estas dos obras que utilizan los fondos de colores de los lienzos de Jorn, sus “estructuras sustentadoras”, mezclan con un arte muy preciso alteraciones de novelas, de fotografías y de historietas, grabados antiguos y publicidad. Allí se encuentra buen número de los autores predilectos de Guy Debord, notablemente el Cardenal de Retz, líder de “La Fronde”.4 Época extremadamente fecunda durante la cual realiza dos cortometrajes, entre 1959 y 1961, primero  Acerca del paso de ciertas personas a través de una corta unidad de tiempo y luego Crítica de la separación. Ajusta lo que se volverá una manera completamente original de ser cineasta, en contra del cine aun moderno estilo Godard o Alain Resnay (del que admira, por lo demás, Hiroshima, mon amour). Debord reinventa la película-ensayo después de Guitry, pero de otro modo, y antes de Mentiras y verdades de Orson Welles. Retoma el sueño de Eisenstein, el de filmar la teoría pura: el cineasta ruso había tenido el proyecto de filmar el Capital. Pero a la inversa de éste, el autor de Panégyrique no utiliza, la mayor parte del tiempo, más que imágenes alteradas, originadas en otros soportes (películas clásicas, comentarios sobre la realidad socio-política del momento), agregando solamente una o varias voces en off. Estos comentarios pronunciados con voz neutra, alternan citas eruditas, fragmentos de clásicos, teoría revolucionaria, arte de la guerra y fragmentos biográficos teñidos de un lirismo apenas velado.

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Michel Laurent, Barricada de Lyon
/ Mayo 1968

Un aceleramiento de la Historia va a orientar, de modo creciente, los trabajos de la Internacional Situacionista: la guerra de Argelia y la descolonización. El 29 de septiembre de 1960, Guy Debord y Michèle Bernstein firman el “segundo” “Manifiesto de los 121”. Interrogado por la policía, Debord persiste y firma; incluso llega a publicar las conclusiones del “Manifiesto” en el número 5 de l’I.S. Hay que destacar que, de manera excepcional, se acerca a los Surrealistas, a Jean-Paul Sartre, a Blanchot y a Dyonis Mascolo para quienes los “situs” no tendrán nunca palabras bastante duras. La actitud virulenta de crítica violenta hacia el medio intelectual y político es una de las marcas del I.S., lo que la empujó a denunciar, desde el origen, todos los grupúsculos izquierdistas, maoístas, con la misma agresividad que el partido comunista considerado estalinista. Los situacionistas entienden, de inmediato, qué tipo de burocracia totalitaria se oculta  tras el maoísmo o lo que llamará Debord lo espectacular concentrado, es decir el estalinismo. Los “situs” se encuentran, durante un tiempo, en sintonía con el grupo Socialismo o Barbarie cuya revista denuncia la URSS tanto como los países capitalistas. Dirigida por Claude Lefort y Cornelius Castoriadis, esta esfera de influencia, nacida del trotskismo, llegó muy lejos en el rebase del comunismo leninista. Debord participa en las actividades del grupo a partir del otoño de 1960; en su estela, él figura entre los más comprometidos en el momento de las grandes huelgas de la cuenca minera belga. Sin embargo no tarda la ruptura, probablemente por la mala inteligencia con Castoriadis quien ve a los Situacionistas como “vagabundos anarquistas”, condescendencia que llevará a Debord a no escribir nunca en Socialismo y Barbarie. El otro encuentro, sin duda más decisivo todavía, será el de Henri Lefebvre. Este intelectual surrealista en los años veinte, antes de volverse miembro del partido comunista hasta 1958, va a trabar amistad con Guy Debord. Numerosas ideas del autor de Crítica de la vida cotidiana (1947) están en condiciones de juntarse con las tesis situacionistas. En particular la embestida en contra de la enajenación, la irrealidad impuesta por la burguesía a la vida cotidiana, cuando la ciencia y la técnica serían capaces de cambiar la vida de los proletarios. Lefebvre coincide con los situacionistas acerca de la realización de “el hombre total”; de algún modo, el filósofo persigue la misma búsqueda ya formulada en el número 7 de Potlatch. Con el título “Una idea nueva en Europa...” —tomada de Saint-Just— podía leerse esta premonición: “El verdadero problema revolucionario es el de los tiempos de ocio. De todos modos, las interdicciones económicas y sus corolarios morales serán pronto destruidos y rebasados”. Las relaciones entre Henri Lefebvre y los situacionistas van a deteriorarse a pesar de su común apego al Marx joven de los Manuscritos de 1844, el de las Tesis sobre Feuerbach y la inflexión del pensamiento del mayor de ambos hacia los problemas de urbanismo. Se separarán después de que los Situacionistas lo hubieran acusado de plagio a propósito de un texto sobre la Comuna. 5
Al estallar mayo 1968, la Internacional Situacionista despejó sus filas deliberadamente. Los artistas de las ramas alemanas u holandesas fueron excluidos, por carecer de radicalismo revolucionario. En Amberes, algunos años antes, la VI Conferencia de la I.S. había visto que la tendencia dura estaba tomando el control de la Internacional entera. Los temas de la autogestión generalizada, las huelgas salvajes, los Consejos obreros, se perfilan de manera cada vez más precisa. Ya no está lejos la revolución de mayo cuando, en 1966, llega el “escándalo de Estrasburgo”, provocado por el panfleto del delegado de la I.S., Mustafa Khayati, De la miseria en el medio estudiantil... en contra de la institución universitaria. Su rápida traducción en Inglaterra, España, Alemania y en los Estados Unidos comprueba el riego de pólvora que representa la expansión internacional de las ideas situacionistas. Pero el golpe maestro vendrá de Guy Debord mismo. En noviembre 1967, publica su libro que se volvió “de culto”, La Sociedad del espectáculo. La noción de lo espectacular había estado cada vez más presente en los escritos situacionistas, pero Debord  le va a dar una formulación filosófica y crítica inigualada.  Lejos de ser un análisis marxista de los medios de comunicación, La Sociedad del espectáculo desarrolla el concepto de espectacular en referencia a la mercancía y a sus leyes de producción y de intercambio. La primera frase del libro: “Toda la vida de las sociedades en las que reinan las condiciones modernas de producción se anuncia como un inmenso cúmulo de espectáculos”, retoma, para rebasarlo, el principio del Capital. Debord demuestra, en 221 tesis, que “el espectáculo no canta a los hombres sino a las mercancías y sus pasiones” y que la acumulación financiera se transformó ahora en imágenes, al obtener que “La economía transforme al mundo, pero lo transforme en mundo de la economía”. Si La Sociedad del espectáculo pasa casi desapercibida cuando sale, se volverá uno de los medios más eficaces para el .paso de la crítica revolucionaria a la acción en los acontecimientos de mayo 1968.
Estos confirman de manera casi exacta un gran número de textos situacionistas empezando por El Tratado de los usos sociales para las  generaciones jóvenes, publicado el mismo año que La Sociedad del espectáculo. Su autor, Raúl Vaneigem había sido presentado por Henri Lefebvre a Guy Debord. Esta obra maestra, por su mezcla de una inspiración libertaria con una rebelión cercana al surrealismo, va a conocer un éxito que rebasará ampliamente el marco situacionista, para volverse uno de los clásicos de la subversión. En pleno desenfreno de la calle, mientras se sucedían las noches de barricadas, el 14 de mayo de 1968, la junción se opera entre los Rabiosos de René Riesel y los situacionistas. Esta alianza va a llevar al Comité Rabioso-Internacional Situacionista a controlar la toma de la Sorbona. Piden la generalización de las huelgas salvajes, “la ocupación inmediata de todas las fábricas de Francia y la formación de consejos obreros”; el 15 de junio el Consejo para el Mantenimiento  de las Ocupaciones (CMDO) que habían creado, se disuelve, después de intensas semanas de activismo. Para evitar los arrestos policiales, Debord, Riesel, Khayati y Alicia Becker Ho se refugian en casa de Raúl Vaneigem, en Bélgica. A fines de 1968,  se publica en las ediciones Gallimard, del autor René Vienet, Rabiosos y Situacionistas en el movimiento de las ocupaciones. De acuerdo con las apariencias, la extensión de la influencia de la Internacional nunca ha sido tan grande. En el mundo entero, el eco de los motines franceses, y la implicación de los situacionistas en este levantamiento, atrae a adeptos “pro-situs”. La VIII Conferencia de la I.S. en Venecia provoca una primera crisis; a partir de 1970 una serie de exclusiones y de dimisiones van a seguir, entre ellas las de Riesel, Vaneigem, Vienet. Con el escritor italiano GianFranco Sanguinetti, Debord redacta en 1972 La verdadera escisión en la Internacional, circular pública de la Internacional Situacionista. El movimiento se autodisuelve el mismo año, al juzgar que alcanzó sus objetivos y que debe uno rebasar sus avanzadas.

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Prefectura de policía/ Manifestación Plaza de la República 1968

Se acusará a Debord de haber puesto fin voluntariamente a la Internacional con manipulaciones, lo que refutará en varias ocasiones. Desde entonces se pone en marcha su mito de hombre de la sombra. En 1973, filma la adaptación cinematográfica del libro La Sociedad del espectáculo. Ante la hostilidad de la prensa después de la exhibición, Debord contraataca con un corto metraje Refutación de todos los juicios, tanto elogiosos como hostiles, emitidos hasta ahora sobre la película “La Sociedad del espectáculo”. Este método de comentario, sobre las  reacciones de los periodistas a su obra, será desde entonces una de las marcas del escritor estratégico. Libros como Esta mala reputación usarán recortes de prensa como medio para ridiculizar a quienes llama con desprecio “los mediáticos”. Su encuentro con el productor de cine Gerardo Lebovici, quien se volvió su mecenas, es un nuevo giro en su vida. Encuentra al alter ego que le dará los medios para abordar otra vertiente de su “carrera”. Primero gracias a las ediciones Champ Libre, que le permitirán publicar a clásicos de la subversión o de la guerra tales como Clausewitz, a pensadores del Barroco como Baltasar Gracián, a poetas antiguos como Omar Khayyam, o Jorge Manrique de quien Debord tradujo del castellano Estancias sobre la muerte de su padre, pero también obras de dadaístas alemanes y sus propios libros. Conocerá el exilio con numerosos viajes, sigue entablando relaciones con los que juzga dignos de perseguir la lucha contra lo espectacular, especialmente GianFranco Sanguinetti. Debord permanece en Andalucía, Venecia y Florencia de donde lo expulsarán. En 1978, realiza una de sus obras mayores, la película In girum imus  nocte et consumimur igni. Esta vasta  meditación retoma, de modo autobiográfico, la trayectoria entera de su autor. Los planos de películas desviadas (Los visitadores de la noche, La carga de la brigada ligera) alternan con imágenes de París, la rememoración de compañeros de lucha letristas o situacionistas, y una majestuosa reflexión sobre el paso del tiempo. Debord hace la cuenta de las victorias y derrotas, coloca, como lo haría un memorialista, la Historia como asediada por la Vanidad del mundo. Las secuencias filmadas en Venecia dan a In girum... una fluidez temporal tomada entre la sensación de ruinas y de fiesta.
El asesinato de su amigo Gerardo Lebovici en un estacionamiento parisino, el 5 de marzo de 1984, acentúa el oscurecimiento del pensamiento debordiano. Por este crimen quedado sin explicación, la prensa sospecha del escritor-cineasta como instigador de todas las conspiraciones: incluso, habría financiado la desaparición del productor. Al volverse calumniado por esta campaña, Debord entabla una serie de procesos y los gana. En 1985, publica Consideraciones sobre el asesinato de Gerardo Lebovici. El libro no trata solamente de un ajuste de cuenta con algunos periodistas, es también un autorretrato a través del destino de su compañero de armas y un “Tombeau”6 en el sentido poético para su protector. Su estancia en Italia le proporciona un conocimiento, un punto de vista renovado sobre los artificios del Espectáculo. Los Comentarios sobre la Sociedad del espectáculo, publicados en 1988, enmiendan al mismo tiempo que los prolongan los análisis políticos de Guy Debord. Él percibe en particular, en contra de la incredulidad general, el agotamiento del comunismo al Este, la nueva subida de la mafia en todos los aparatos estatales, la manipulación por los servicios secretos, incluyendo las Brigadas Rojas y otros movimientos terroristas. Debord anticipa sobre la fusión de lo espectacular concentrado de las sociedades totalitarias soviéticas con lo espectacular difuso de los países democráticos, y de ello deduce lo espectacular integrado que introduce por el Espectáculo una dictadura cuanto más presente como invisible. En esta perspectiva el mundo aborda un gran periodo de oscurantismo, de secreto, de falsificación, de servidumbre generalizada. El año siguiente, inicia una ciclo de memorias  que bien podría ser el equivalente de las Memorias de ultratumba de Chateaubriand, o, en todo caso, comparable con las de Saint-Simon o del Cardenal de Retz. La publicación de Panégyrique, primer tomo, recuerda hasta qué punto la erudición de Guy Debord es una  arma crítica hacia su tiempo. Este corto volumen, de páginas inolvidables de severidad clásica, condensa la experiencia de insumisión de toda una vida. Las citas de Villón (Le monde n’est qu’abusion), de Tucídides, Maquiavel, Tomás de Quincey, de Li Po, se insertan armoniosamente en la prosa del autor. En Panégyrique, vuelve a encontrarse esta tensión tan notable en la obra de Guy Debord, entre el deseo de revolución y el sentimiento del paso del tiempo, como si cada acción contuviera su aniquilamiento en la desaparición del instante. Esta contradicción voluntaria trae una melancolía, tal como se encuentra en escasas obras como en algunas Oraciones de Bossuet o en poemas de Omar Kayyam. La escritura de Debord se hace intemporal, aun si la rebelión histórica permanece subyacente. Cuando se publica el segundo opus de Panégyrique, aquél ya había puesto fin a sus días para no prolongar una enfermedad incurable debida a los excesos del alcohol. Última obra testamentaria, compuesta solamente de “pruebas”, es decir de fotografías de lugares, de amigos, amantes, momentos revolucionarios. Allí están las citas para recordar que la vida del estratega Guy Debord, último heredero de la tradición y de los vanguardismos, irradió su siglo de modo único; y así lo dice: “Durante toda mi vida, no he visto más que tiempos perturbados, desgarramientos extremosos en la sociedad e inmensas destrucciones; participé en estos trastornos. Tales circunstancias bastarían sin duda para impedir que el más transparente de mis actos o de mis razonamientos sea aprobado universalmente”.

Notas

1 Canal muy popular de la televisión europea.. N.d.t.
2 Siglo XVII. N.d.t.
3 Suburbio obrero del noreste de París. N.d.t.
4 Rebelión en contra del Cardenal de Mazarino durante la minoría de edad de Luis XIV. N.d.t.
5 Gobierno revolucionario de París (1789-1795. N.d.t.
6 Composición poética en honor a alguien. N.d.t.

Traducción:Marie-Claire Figueroa

 

 

Ciclo Literario.

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