Una nueva lectura de Albert Camus

Conversación con Alain Finkielkraut y Olivier Todd


 

Alain Finkielkraut y Olivier Todd no apreciaron a Camus de inmediato. Su admiración por la obra y la persona es cuanto más fuerte hoy. De aquello se explican ellos.

Olivier Todd, “hijo rebelde” de Sartre, frecuentó mucho a los sartrianos en los años 1950 y 1960, época en la que Camus no estaba en olor de santidad. Luego recorrió un largo camino hacia Albert Camus que concluyó en 1977 en Albert Camus, una vida, hermosa biografía en forma de homenaje crítico, vuelta una importante referencia. En cuanto a Alain Finkielkraut, ensayista, discípulo de Levinas, autor desde 1987 de una Derrota del pensamiento que hizo mucho ruido, polemista fuera de lo común, quien interviene gustosamente en el debate público para defender algunos valores que juzga amenazados, en particular los que debería transmitir la escuela —esto le causa sólidas enemistades y sinceras solidaridades— encuentra en Camus un eco fecundo a sus propias meditaciones; desconfianza del radicalismo político, ejemplaridad de un recorrido que nunca quiso sacrificar la amistad y el diálogo a los asaltos del odio ideológico. Le Magazine littéraire reunió a estos dos hombres. Su intercambio cálido y animado muestra la profunda huella dejada por Camus en la historia y el pensamiento de este último medio siglo.

 

Le Magazine Littéraire: Albert Camus permanece como una figura muy fuerte de la vida intelectual francesa. También está el personaje, su leyenda...
Olivier Todd. Pasé cinco años con él para escribir esta biografía. Pero en la vida cotidiana, nuestros primeros encuentros fueron... agridulces.  Un día de los años 1950, yo estaba en el Café de la Mairie, en la Plaza Saint Sulpice, con mi joven esposa. Camus llega, se instala en el mostrador y no para de desvestirla con los ojos. Estaba yo furiosísimo.

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Albert Camus / Henry Cartier-Bresson


Alain Finkielkraut. ¿Furioso o halagado?

O.T. ¡Furioso! Me vuelvo hacia mi amigo Charles-Roger Leblanc y le digo: —“¿Pero qué se cree ese pendejo? —¡Se cree Albert Camus!” El segundo encuentro fue igual de desagradable. Yo estaba en uniforme de soldado raso en el Boulevard Saint Germain con Guy Dumur, y se me hizo horriblemente antipático, por lo menos en el contexto de la época: muy “pied-noir”, con una corbata abominable; me habló de manera muy agresiva. Me acuerdo siempre de aquello porque cambié muchas de mis actitudes respecto a él. Hoy su personaje me gusta realmente. No sólo era un gentilhombre, sino también un hombre honrado  —y valiente.

A.F.  Como todos los adolescentes de mi generación, leí El Extranjero. Este libro no me marcó tanto como me irritó. Cuando estaba cursando para obtener el título de Profesor en la Facultad de Letras Modernas, me tocó La Peste en clase. Esta novela se me hacía sentenciosa y pesada, y al mismo tiempo muy conmovedora. Poco a poco empecé a querer a Camus, a pesar del prejuicio tenaz y de la condescendencia provocada por este “filósofo para tercero de preparatoria”. A los jóvenes impertinentes y seguros de ellos mismos, más o menos como yo,  no les gustaba Camus por razones no sólo políticas sino también filosóficas. Aun si se le ha hecho justicia en su debate con Sartre, se siguió considerando que no era un verdadero pensador; sin embargo, descubrí a un pensador al leer El Hombre rebelde, a pesar del estilo y de las fórmulas demasiado tajantes. El segundo descubrimiento fue El Primer Hombre, libro publicado 35 años después de la muerte de su autor, en mi opinión su obra maestra.
Le Magazine littéraire. ¿Cuál es la razón de su duradera irritación respecto a El Extranjero?
O.T.  Interrogue usted a estudiantes extranjeros. Si han leído cinco libros franceses, El Extranjero casi siempre forma parte de ellos. Por buenas y malas razones. Las buenas: es un libro muy original, misterioso, difícil de explicar. La razón mala, ¡es corto! Finkielkraut tiene la suerte de conocer a Camus sólo a través de su obra; pienso que Camus me fue en parte ocultado por el asunto del comunismo y de África del Norte, y por la influencia de los discípulos de Sartre. Pero sigo con poco gusto por La Peste, aun si, a la primera lectura, se me hace luminoso y fuerte: es pomposo, hay los buenos y los malos...Pero no estoy de acuerdo con la crítica de Edward Said: según él, los árabes de Camus, en este libro, no son verosímiles. ¡No los conocía!
A.F. El Extranjero me irrita por el resumen mismo hecho por Camus: un hombre condenado a muerte porque ¡no lloró al entierro de su madre! Esta escritura mate, esta crítica ultraconvencional de una humanidad reducida a sus convenciones...Yo me decía: “¡La vida no es esto, no es cierto!” Luego, en efecto, la experiencia de La Peste; nunca me ha convencido la metáfora; la catástrofe que ha sido el nazismo no puede tener de modelo una catástrofe natural. Para mí, hay dos grandes momentos en mi descubrimiento de Camus: una lectura de la polémica con Sartre en el momento de El Hombre rebelde y la nueva lectura de El Primer Hombre. Cuando leí por primera vez la respuesta de Sartre, me estremeció. Había una saña... ¡pero que parecía acertar! Con altanería y de lo alto de su conocimiento, le daba una mala calificación.

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Anton Corbijn

O.T.  El catedrático normalista daba una buena lección al chico de Árgel que no había podido presentarse a la agregaduría  por la tuberculosis...
A.F. Exactamente. Y poco a poco me di cuenta que este debate era muy importante y que lo dicho por Sartre era insostenible. Hay una frase esencial: “Todo el valor que el oprimido puede tener todavía a sus propios ojos, lo pone en el odio que manifiesta a otros hombres, y la amistad por sus compañeros pasa por el odio que manifiesta a sus enemigos”. Cuando todo es política, es cierto que el odio reina por completo. El siglo XX es el siglo de las amistades pisoteadas. Sartre se resignó con alegría, Camus nunca pudo.
Le Magasine littéraire. Más profundamente, la querella de El Hombre rebelde es la cuestión del nihilismo. Camus pone en tela de juicio la legitimidad de la rebelión absoluta.
A.F.  Lo que dice Camus en Actuelles y en El Hombre rebelde, posición valiente y profunda, es que no vive uno sólo de luchas y de odios, no muere uno siempre con las armas en la mano; hay la Historia y también otra cosa: la simple felicidad, la pasión de los seres, la belleza natural. En un siglo devorado por la Historia, Camus denuncia el peligro de una realidad que estaría totalmente entregada a la Historia y hace del odio la pasión dominante; dice que es preciso salvar algo de la amistad misma. Es un pensador de los límites, audacia de los que no hemos agotado la profundidad.
O.T.  En realidad las relaciones entre Sartre y Camus terminan allí como han empezado. Con su “Explicación de El Extranjero”, Sartre publica el artículo más largo dedicado a un autor contemporáneo, Nizan aparte  —y Genet. Era salvaje y condescendiente al mismo tiempo. Durante la guerra, le dijo a Camus: “Usted es un buen escritor, más no un filósofo”. Hasta le aconsejó leer El Ser y la Nada...Sin embargo, Sartre nunca dejó de admirar a Camus, en su aspecto literario. Cuando yo lo veía, me divertía preguntándole: “¿Qué piensa usted de La Caída?” Me contestaba: “Es su libro más hermoso. —¿Porqué? —Por que se introdujo en él y se ocultó allí por completo”. Yo agregaba: “¿Por qué no se lo dice usted? —¡Ah, no se puede!”, y allí coincido con Alain —por razones políticas.¿Se da cuenta de lo que hubiera sido un artículo de Sartre sobre La Caída?
A.F.  Esto fue el artículo necrológico.
O.T.  Sí, un artículo bastante dudoso. Sartre decía a Michel Contat: “Vi la página que había que hacer”. Pero pienso que esta amistad fracasada no es un desastre en el plan literario. La querella acerca de El Hombre rebelde es hermosa. El punto esencial es la crítica radical de la idea de revolución y del comunismo. A principios de los años 1950, esto no caía de su propio peso, menos aun cuando Camus había sido comunista: arrojó un enorme tabique al charco parisino. No veo más que a George Orwell y a Arthur Koestler, quienes hayan hecho tanto para abrir los ojos de los demás... Pero no me gustan mucho los refritos literarios alrededor de la crítica del totalitarismo, los pasajes sobre Lautréamont...
Le Magazine Littéraire. ¿No será que, al contrario, estos pasajes sobre la estética edifican la crítica política? Remonta a los orígenes del nihilismo moderno, a los vértigos del otro absoluto, para mostrar que esta locura se encarna también en la política...
A.F.  Y es valiente de su parte, puesto que esos pensadores eran íconos de la radicalidad. De allí la violencia de las reacciones. André Breton estaba furiosísimo: la rebeldía en la que se habría introducido la mesura, vaciada de su contenido pasional. El concepto de la mesura aparecía, a los ojos de la radicalidad como una virtud burguesa. Encontré esta audacia sólo en Kundera cuando compara el mayo parisino de 1968 con el mayo praguense; explosión de lirismo revolucionario en un caso, explosión del escepticismo posrevolucionario en el otro. Y Kundera califica la primavera de Praga de “revuelta popular de los  moderados”. Relaciona revuelta y moderados como Camus relaciona revuelta y mesura y esto lo conduce a una crítica de la revolución a nombre de la revuelta auténtica: el rechazo de ver al hombre tratado como cosa, como objeto exclusivamente histórico. Esto va más allá de la simple comprobación acerca del fracaso de los regímenes totalitarios: pone en juego impulsiones fundamentales de la modernidad.

    

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Jean Paul Sartre / Henry Cartier-Bresson


O.T.  Debemos recordar el poder intelectual de la izquierda en el contexto de la guerra fría que se estaba calentando bastante...Y allí, Camus fue, no tanto edificante como ejemplar. Tal vez no fue un filósofo francés importante y, diría yo, ¡A Dios gracias! A diferencia de Sartre, dudaba de sus posiciones, no sobre el comunismo sino sobre el colonialismo. Cuando se le preguntaba si pertenecía a la izquierda, respondía: “Sí, a pesar de mí y a pesar de ella”. Pero hay que decir que en El Hombre rebelde, Camus va lejos. Un detalle escandalizó todos los tradicionalistas de la izquierda porque tiene uno la impresión que arremete contra la vulgate francesa en su totalidad, en su rehabilitación de Luis XVI, y esto mucho antes de Francois Furet  y otros. Recuerdo la sorpresa de los "profes" de liceo amamantados con el Malet e Isaac quienes no entendían que Camus no sólo ponía la revolución bolchevique en tela de juicio sino también la idea misma de revolución, la revuelta justificada.
A.F.  ¡Esto es magnífico! Puede uno preguntar porque Camus sufrió tanto de su expulsión de la izquierda. Es que la izquierda puede inspirarse en Rousseau de buena gana. Para ella, el mal es de origen histórico: lo que una mala historia hizo, una historia mejor puede enderezarlo. De esta idea nace la ambición de una política absoluta y absolutamente moral. El adversario se percibe como una crápula. Por más que proteste, sufre necesariamente de esta sospecha radical de su integridad. Usted habla de la rehabilitación de Luis XVI. Increíble descaro de un hombre quien escribe: “Ciertamente es un escándalo repugnante el de haber presentado como un gran momento de nuestra historia el asesinato público de un  hombre débil y bueno.” Él mismo se iba a una suerte de cadalso simbólico. Apiadarse de Luis XVI era una provocación, una blasfemia. Camus tomó el riesgo porque esta ejecución tiene algo de inaugural. No se trata de un regicidio como los demás. A través de Luis XVI, se quiso aniquilar la función del rey. Se regresaba totalmente al individuo a su concepto. Con esta muerte nace la abstracción del pensamiento y de la acción revolucionarias: mato en ti el concepto que representas.
Le Magazine littéraire. De hecho Camus desaloja un momento clave de la Historia en donde lo sagrado deja el campo de lo religioso e invade el político.
O.T.  Con su modo algo torpe se sale del maniqueísmo
A.F.  Encuentra los medios para romper con este discurso, él “quien nació a igual distancia de la miseria y del sol”. La miseria le enseñó la necesidad del compromiso político, el sol le enseñó que el compromiso no es todo. Está el mundo, la belleza del mundo, la gratitud hacia el mundo. Esto procede de disposiciones afectivas. Sartre es un enorme pensador del resentimiento contra lo dado. Todo debe cambiarse hasta la condición humana misma. La Nauseacuenta una relación de hastío respecto al mundo. Camus es mucho más un pensador de la gratitud hacia el mundo. Esta diferencia fundamental reaparece en el momento de su debate político y todavía tiene mucho que decirnos.
O.T.  Bodas es en efecto un canto de gratitud. A pesar de las apariencias, Camus siempre ha amado la vida, las relaciones humanas. Rechaza el radicalismo.
El Magazine littéraire. El Primer Hombre es, en este aspecto, el libro de todas las celebraciones. Incluyendo la infancia pobre, la desgracia social. Y la salvación por la escuela…
O.T.  Hay muchas páginas sublimes en este libro. El fenómeno de transposición es extraordinario. Me parece conmovedor el modo con el cual su mano escribe tan rápido que no puede pasar sin escribir “El Sr. Germain”, el verdadero nombre de su maestro de primaria. Y Argelia… Cormery habla con un árabe: “Siempre es así en casa. Primero nos cortamos los cojones y después, hacemos las paces”. La apuesta de Camus es una apuesta optimista, más allá de lo absurdo. La felicidad, la idea de las cosas tales como son. Me gustaría leer tesis sobre la felicidad en Camus. La aceptación del mundo, el rechazo de cierto tipo de revolución. Sin embargo no hay que verlo como un social-demócrata sin carácter, aun si, en El Hombre rebelde, dice claramente que sus simpatías están del lado de las social-democracias del Norte y del laborismo. ¿Qué quería para Argelia?  Lo que esperamos para África del Sur: dos comunidades emancipadas con derechos y viviendo juntas. Esto permanece muy moderno, en el mejor sentido de la palabra. No es un pensamiento tibio, es un pensamiento vacilante y atento.

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Imogen Cunningham

A.F.  Tal vez la frase que resume de la mejor manera su pensamiento político es la que pronunció en su discurso de Estocolmo, al recibir el premio Nóbel: “Impedir que el mundo se desmorone”. Programa extraño que toma el radicalismo entero a contrapelo, paso necesario del principio esperanza al principio responsabilidad. Tomar en cuenta la amenaza que pesa sobre el mundo, sobre el lenguaje…Tarde o temprano, lo hubieran tratado de conservador.
O.T.  Ni víctima, ni verdugo.
A.F.  En El Primer Hombre, Camus es fiel a sí mismo. Las fórmulas de Bodas todavía son abstractas: celebra lo concreto con grandes palabras. En El Primer Hombre, es un festival de sensaciones. Lo concreto está allí, se asombra uno ante un estilo que está en los antípodas de El Extranjero. Ya no hay escritura blanca: es un libro proustiano.
O.T.  ¿Proustiano? ¡Caramba!
A.F.  Sí, en su capacidad de retomar y transmitir los gustos, los colores, los olores. Es una memoria afectiva y olfativa.
O.T.  Es también una memoria de un concreto por desgracia muy cotidiano: en su familia compraban la mantequilla por medio-cuarto. Hice investigaciones bastante precisas sobre las dificultades materiales que conoció, su tío discapacitado, lo que ganaba su madre: en El Primer Hombre, resucita de modo literario esta cruda realidad.
A.F.  El Primer Hombre es como el pago de una deuda con respecto a todos los personajes, los suyos…
O.T.  ¡Y las mujeres!
A.F.  Su madre desarmante, desarmada, y al mismo tiempo inaccesible y misteriosa…
O.T.  Le hablaba pero no hablaba con ella. Es más, él se interrogaba sobre el amor que ella podía dedicarle, porque parecía tan retirada en un mundo aparte.
A.F.  Quiero insistir sobre el milagro que constituye la lectura de El Primer Hombre. Camus muere en 1960, demasiado pronto, su muerte es un escándalo, y sabemos lo que sucede a los autores muertos: se registran sus bolsillos. Tienen una vida literaria póstuma, más o menos interesante. Con El Primer Hombre tenemos una experiencia sin equivalente: semejante libro, publicado 35 años después de su muerte; el personaje del Sr. Germain, el maestro a quien le dedicó su Nóbel, y lo que era el salón de clase para el pequeño Camus. El término que usa a propósito de los cursos del Sr. Germain, cuando les habla de la guerra, y les da a leer a Roland Dorgelès, es “el exotismo”: lo que la clase aportaba a Camus, es una extraordinaria extrañeza. Hoy es muy importante no desorientar a los niños con una literatura demasiado lejos de sus preocupaciones. Para Camus, era la maravilla de la lejanía. Lo conmovedor y gracioso es que el Sr. Germain es severo y no desprecia tampoco los pequeños castigos corporales. Hoy estaría suspendido por la Educación Nacional…Se puede confrontar aquí también las actitudes de Sartre y Camus ante la existencia, aun en relación con el padre. Sartre, filósofo de la libertad radical, agradece a su padre por haber muerto joven, puesto que, de este modo, no tuvo tiempo de formar proyectos para él: cuando los padres forman proyectos, los hijos tienen destinos. Sartre quiere acabar de una vez con la literatura, con esta neurosis literaria que le ha sido inoculada por su familia. Lo que habita a Camus, al contrario, es la piedad, y de la obra autobiográfica hace una suerte de altar de muertos.
O.T.  La lengua francesa no le ha sido dada, no la heredó, él se adueñó de ella. De allí el asombro que resiente uno cuando se leen sus novelas y relatos: todos son muy diferentes, por el estilo —desde el lirismo de Bodas hasta la falsa adustez de La Caída.
Le Magazine Littéraire. A propósito de El Primer Hombre, decía que era su primer libro, que todo lo anterior no era más que ejercicios…
O.T.  Muchos escritores dicen lo mismo del último o del siguiente, ¿no lo ha notado?
A.F.  Es el efecto del premio Nóbel que primero lo agobió y luego lo liberó.
O.T.  En el momento del Nóbel, hubo este formidable malentendido, mantenido vivo por la prensa de esa época, a propósito de la desafortunada frase de Camus que lo arrojó al campo de los colonialistas: “Aprecio la justicia pero defenderé a mi madre antes de la justicia”. No se le dio tiempo para justificarse. Hoy todavía, se habla del colonialismo como único responsable de los males del Tercer Mundo. Allí también Camus fue moderado.
A.F.  Como Sartre quien sustituía a la realidad misma, compleja, enredada, un esquema, una novela. La historia a la que tantos intelectuales han adherido en el siglo XX está estructurada como una mala novela.
O.T.  Me parece usted demasiado generoso.
A.F.  Hay que volver a leer este texto de Camus en el que opone la tragedia al melodrama. En la tragedia, Antígona y Creón tienen razón a la vez. En cambio, en el melodrama, el mal y el bien están separados y se oponen. Camus sale de la guerra diciendo que es tiempo de pasar a otra cosa, como René Char. “Después del incendio, somos partidarios de borrar las huellas y tapiar el laberinto. No se debe prolongar un clima excepcional”, dice René Char. Y Camus: “El demócrata es modesto, sabe que no lo sabe todo, acepta reflexionar acerca de los argumentos de su adversario”. Quien vive la política como una guerra no tiene ninguna razón de ser modesto, reemplaza la modestia por el odio”.
O.T.  Camus, enfermo, tuberculoso, se comprometió verdaderamente en la Resistencia francesa. ¿Una prueba? Tenía papeles falsos, pero no le daba demasiada importancia a lo que había hecho. Cuando se le condecoró con la medalla de la Resistencia , dijo a Pascal Pia: “Éramos unos viejos pendejos, ahora somos unos viejos pendejos condecorados”.

Demasiados intelectuales, en este siglo, tuvieron cierto gusto por la sangre. No fue el caso de Camus.  

    

 

Carta de Jean-Paul Sartre a Albert Camus (agosto de1952) después de su querella acerca de El Hombre rebelde (fragmento). Esta respuesta se publicó en Les Temps modernes.

Mi estimado Camus:
            Nuestra amistad no era fácil, pero la echaré de menos. Si hoy usted la rompe, es que, sin duda, debía romperse. Muchas cosas nos acercaban, pocas nos separaban, pero este poco era todavía demasiado: la amistad, ella también, tiende a volverse totalitaria¸ es preciso estar de acuerdo sobre todo, sino viene la desavenencia.  Y aun los que no son de ningún partido se comportan como militantes de partidarios imaginarios. No volveré a decirlo: todo esto es normal. Pero precisamente por esto, hubiese preferido que nuestra discrepancia actual tóquese solamente el fondo y que no se mezclase no sé qué tufo de vanidad herida. ¿Quién lo hubiera dicho, quién lo hubiera creído que todo acabara entre nosotros por una querella de autor en la que usted actuaría el papel de Trissotin y yo el de Vadius? No quería contestar: ¿A quién convencería? A sus enemigos  seguramente, tal vez a mis amigos. ¿Y usted? ¿A quien piensa convencer? A sus amigos y a mis enemigos. Nuestros enemigos comunes, quienes son legiones, se reirán del uno y del otro: es lo único seguro. Por desgracia, me provocó usted de un modo tan deliberado y con un tono tan desagradable que debo contestar o perder mi prestigio. Pues contestaré: y sin ninguna ira, pero por primera vez desde que lo conozco, sin miramientos. Una mezcla de sombría suficiencia y de vulnerabilidad me ha desalentado siempre decirle las verdades completas. El resultado es que usted se ha vuelto presa de una triste desmesura que oculta sus dificultades interiores y que usted nombra, creo, mesura mediterránea. Tarde o temprano, alguien se lo habría dicho; de una vez que sea yo. Pero no tema…. (Fin del fragmento)


Notas

1 Francés repatriado de Argelia después de la guerra de 1962. N.d.t.
2 Ver Albert Camus, filósofo para tercer año de Preparatoria, por Jean-Jacques Brochier, 1970.
3 La Segunda Guerra Mundial. N.d.t.
4 Libro tradicional de historia en secundaria. N.d.t.
5 Personajes de la comedia de Molière intitulada Las Mujeres sabias

 

Ciclo Literario.

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