La curación más profunda o smirti

Pilar González Basteris


 

Smirti, la sabia alegría de vivir, es un concepto budista que tiene que ver con las seis paramitas o actitudes de largo alcance que nos cruzan*, de la orilla del samsara (o vida común) al nirvana, es decir al estado de total paz y alegría.       
     Es preciso reconocer que todos los problemas que padecemos tienen su origen en la mente. El escritor Mark Twain, escribió: “En mi vida han habido muchas tragedias, y sólo algunas han existido”. Hay dos formas de mirar cualquier situación, incluyendo la enfermedad; se puede o no ver como una verdadera dificultad, y eso   depende de nuestra percepción. Mucho se ha comentado acerca de que un problema es en realidad una oportunidad y que semeja una piedra que nos ayuda a cruzar el arroyo.

Fotografia
Tiziana Baldizzone

     Para el budismo y la medicina tibetana, la salud es una realización, esencialmente, del estado mental, no solamente de la condición corporal. Por eso es importante entender qué es la mente. La naturaleza intrínseca de la mente es pura y clara, dice el monje Lama Zopa. En ese sentido podemos darnos cuenta que no hay faltas en la mente. Algunos eruditos como Nagaryuna llegaron a definirla como un “espacio gozoso”. El egoísmo, la ignorancia, el enojo, el apego, la culpa, y otras emociones perturbadas, son temporales y momentos al margen de la trascendencia. Por lo tanto, si las causas de nuestro sufrimiento son los pensamientos negativos y obscurecimientos mentales, nuestro sufrimiento también es temporal.
     Desde la perspectiva budista la mente es como un espejo, refleja todo, pero está vacía. Esta cualidad de la mente, conocida como “naturaleza búdica”, nos brinda la posibilidad de estar completamente libres del sufrimiento, incluyendo la enfermedad y otras causas de dolor; hasta llegar a la felicidad de la iluminación que consiste en una mente totalmente despierta, limpia y lúcida. Como nuestra mente tiene este potencial, la depresión y la desesperanza son inocuas. Los problemas no duran para siempre. Tenemos la increíble libertad de desarrollar nuestra mente en el sentido que deseemos. Es simplemente cuestión de encontrar el camino correcto para usar este maravilloso potencial.

Iluminar la mente para sanar el cuerpo

     Alicia, una mujer de mediana edad tiene cáncer y se encuentra en el hospital; ha escrito a su maestro en un centro budista en Wisconsin, para pedirle un consejo. Éste le recomienda ciertas prácticas de meditación y unas visualizaciones. Ella decide salir del hospital y seguir las instrucciones. Los médicos le expresan que si está decidida que lo intente, pero bajo su responsabilidad. Ella se avoca a lo que el budista le aconsejó; dos meses después los médicos no pueden creerlo, no tiene ni rastros de la enfermedad. ¿Qué sucedió?
     Alicia decidió hacer la curación más profunda, la que tiene que ver con sanear su propia mente. Lama Zopa, nos invita en sus textos a hacer lo mismo. Las enfermedades pueden tener causas externas, como una bacteria o un virus; la deficiente alimentación o la prolongada exposición al sol. Causas, que podríamos describir como predisponentes. Sin embargo, el budismo sostiene que las razones fundamentales de la enfermedad están en la mente. El investigador David Coleman, apunta que estudios recientes indican que el cigarro es un factor de riesgo muy importante, ya que el 60 por ciento de las personas que fuman tienen la posibilidad de adquirir una enfermedad grave en los siguientes años, sin embargo en las personas que fuman y están sujetas a estrés este índice se eleva al cien por ciento. La tensión y el estrés de la vida cotidiana constituyen nuestros peores enemigos, para estar sanos.

El poder curativo de la mente

Desde la perspectiva budista, una mente sana y feliz es la mejor medicina para curar cualquier enfermedad. Ya que nuestros enojos, apegos, dudas, celos e ignorancia, desequilibran las energías sutiles del cuerpo lo que redunda en la enfermedad. Un rencor guardado por mucho tiempo puede influir en el desarrollo de algunos tipos de cáncer.
     Turku Thondoup, otro extraordinario monje budista, señala que en su niñez vivió  en un monasterio del que divisaba paisajes cubiertos de nubes en el Tíbet, y practicaba la meditación, lo que hacía que su mente tuviera gran ecuanimidad y se mantuviera feliz. El recuerdo de esos años de tranquilidad le ha acompañado aún en los momentos más difíciles, cuando tuvo que huir de su país a pie, cruzando tierras heladas, para después internarse en la India, país con un clima diferente y  comida muy distinta. Observa que el entrenamiento de su mente durante su infancia y en los primeros años de su juventud, le han permitido estar en paz y armonía, sobre todo en la adversidad.
     Y este es el consejo de los grandes lamas tibetanos: Una mente feliz es el mejor remedio para la enfermedad. Pero para conseguirlo es necesario entrenarnos en las pequeñas dificultades. No basta con las buenas intenciones, decir:: “Ahora voy a ser feliz”, porque a la primera dificultad volveremos a nuestros viejos hábitos.
     . En el budismo existen infinidad de métodos para lograr una mente positiva pues no se trata de una religión como tal, sino más bien de una psicología muy profunda. Al trabajar con la mente negativa, no estamos haciendo juicios morales, como decir: “Ahora voy a ser bueno”. Se trata más bien de la manera en que enfrentamos el fenómeno cognitivo e cómo interpretamos la realidad. Si no vemos las cosas como son, sino según pretendemos que sean, entonces sufrimos y la enfermedad es la consecuencia.

     Cuentan que en la época del Buda había una familia muy adinerada y todos los hermanos eran grandes practicantes, pero el más pequeño tenía una mente tan dura que era incapaz de aprender cualquier enseñanza; pero era muy necio y quería superarse como el resto de su familia. Fue a ver al Buda, quien, con su mente omnisciente, observó que esta persona era limitada y sólo podía barrer bien. Y le dio la siguiente enseñanza: “Mientras barras di: abandono la suciedad de mi mente”. Y con este consejo repetido ad infinitum, el hombre llegó a la iluminación.
     Abandona el pensamiento negativo, raíz de la enfermedad, sería la instrucción. Y entonces se podrá desarrollar la curación más profunda. En la medicina moderna -sin menospreciar el valor de sus avances-, muchas veces se dan medicamentos que sólo tiene por función “callar al mensajero”. Por lo que, después de tratar cierta enfermedad, esta recrudece o se adquiere otra de igual intensidad. El problema es que se han cortado las ramas del árbol, pero no la raíz de la enfermedad, y en ocasiones ésta volverá y más grave.

La atención plena es el mejor guardián.

Debemos recordar que la mente es pacífica en su propia naturaleza, aunque a veces esté empañada por distintas emociones. La curación más profunda tiene que ver con implementar en la vida cotidiana la meditación, para trabajar con nuestra mente de manera gentil, pero efectiva. Cuando meditamos podemos percibir algo de esa paz que está más allá de todo concepto. En este sentido, el budismo, nos ofrece muchos métodos para lograr una mente sana y feliz. Desde las meditaciones de la calma mental o shamatta, los métodos de análisis de la realidad o vipassana, para desestructurar nuestros patrones de conducta más repetitivos, hasta visualizaciones tántricas, para tratar con nuestros estados mentales más profundos. Sólo se necesita estar dispuesto a seguir la instrucción, y como dice el monje budista Tich Hnath:

“No hagas nada, sólo siéntate; pero nada más te sientes haz algo”
Sólo entonces podremos cultivar smirti o la sabia alegría de vivir.

Una simple instrucción puede ser la diferencia

Sentarse derecho, en una posición muy confortable o en medio loto; poner toda la atención en la respiración, sin controlarla, sólo notándola y dejar ir los pensamientos, como si fueran pompas de jabón que se desvanecen por sí mismas al contacto con el aire, puede calmar nuestra mente y ser la gran diferencia para vivir la vida con atención concentrada y en paz.

* Las Paramitas o actitudes de largo alcance son:
•Generosidad
•Compasión (entendida como el deseo de que el otro no sufra)
•Ética
•Atención concentrada y
•Sabia alegría de vivir o esfuerzo gozoso
•Sabiduría.

 

 

Ciclo Literario.

El URL de este documento es http://www.cicloliterario.com/ciclo57febrero2007/lacuracion.html