Observación cetológica y acción  productiva en Moby Dick

Cuauhtémoc León
Lorenzo León


 

Para zarpar en busca de las ballenas, Herman Melville (1819-1891) leyó a todos los autores a su alcance que tocaron el tema. La mayoría de ellos (incluyendo a naturalistas) se detienen ante la cetología, rama de la zoología, calificándola de “espinosa”, “insondeable” e “impenetrable”. Y en efecto, no existía ningún tratado completo y científico de las especies y géneros de los leviatanes. Mi objetivo aquí –escribe Melville en el capítulo XXXII-es proyectar el borrador de una sistematización de la cetología. Yo soy el arquitecto, no soy el constructor.  Para lograrlo hay que bajar a tientas al fondo del mar detrás de las ballenas. Meter la mano entre los inefables fundamentos, las costillas y la mismísima pelvis del mundo, es cosa terrible.

Fotografia
Francis J. Mortimer / 1911

El santo y el botánico

Melville niega, antes de empezar su clasificación, una base científica que caracteriza a las ballenas en el reino animal acuático. Es la acotación que Carlos Linneo (1707-1778), naturalista sueco autor de la taxonomía por especie y género utilizada hasta nuestros días, hace en su Sistema de la Naturaleza, (1776). Dice Linneo: la ballena no es un pez a causa de su corazón caliente y bilobular, sus pulmones, sus párpados móviles, sus oídos huecos, un pene que entra en la hembra, la cual da leche con mamas. Pero replica el escritor: la ballena es un pez e invoco a mi favor al Santo Jonas.

El ballenero Ismael-Melville discute sus razones con dos amigos de viaje, quienes están de acuerdo que los argumentos de Linneo son completamente insuficientes. El autor invoca a un santo en contra de un científico, para enfatizar con ironía una convicción que nace de la experiencia. A lo largo de este capítulo expresa, sin por ello señalarlo, que la importancia vital para una clasificación consiste en el tamaño y poder que infunde una ballena. Melville, a diferencia del escrutador científico, se sitúa ante la naturaleza como un cazador (un Ahab), alguien que la va a dominar, no ha observar.
Esta es una diferencia de calidad que determina el método de su descripción cuya fidelidad contradice el espíritu de su negación inicial, pues Melville aporta información en un orden de utilidad científica.

Se pregunta Melville: ¿Cómo definiremos a la ballena por sus signos exteriores, de modo que la etiquetemos de modo conspicuo en todo lo sucesivo?  Para ser breves, entonces, una ballena es un pez que lanza chorros y tiene cola horizontal. Linneo declara que la ballena no es un pez con base en sus estructuras internas. Y Melville no va a discutir sus convicciones en el plano científico. Pero al exponer la razón de Linneo nuevamente, acentúa la distinción de la ballena entre los peces: Linneo os ha presentado las diferencias de la ballena con los demás peces. Pulmones y sangre caliente, mientras que todos los demás peces carecen de pulmones y tienen sangre fría. Cierto: el escritor no polemiza, sino ilustra y da contexto a una realidad que se extiende a sus ojos y bajo el arpón.

De cualquier manera, Melville, como escritor, se puede dar el lujo de negar estudios especializados cuando él mismo está instalado en el núcleo de la realidad-naturaleza-oceánica-cetológica. Al decir una morsa no es un pez, porque es un anfibio, Melville perpetra un sarcasmo y un error que hoy a un escolar le puede parecer evidente (la morsa es un mamífero vertebrado). Pero hace 100 años, la visualización y caracterización de un fenómeno como este daban contenido a los conceptos clasificatorios.

Metáfora y especie

Melville es un escritor, no un científico. La diferencia consiste en que su expresión tendrá como operante a la metáfora. De esta manera Melville ordenará las especies con base en Libros subdivisibles en capítulos, según el tamaño. Veremos una sección de su clasificación:
Libros:

  1. La Ballena infolio
  2. La Ballena en Octavo
  3. La  Ballena en Dozavo

Nótese que su clasificación mantiene una escala en relación al volumen y formato de cuadernos editoriales, cosa que expresa bien la realidad de un escritor.
Infolios: Entre estas incluyo los siguientes capítulos:
I.El Cachalote. II. La Ballena Franca o de Groenlandia. III. El Ballenóptero. IV. El Rocual. V. La Ballena de Dorso de Navaja.  VI. La Ballena de Panza de Azufre.

El Cachalote es aquella ballena de la cual se extraía el espermaceti, aceite de características específicas y muy comercial. A esta especie pertenece Moby Dick. Con base en las características físicas que da Melville podemos identificar a esta ballena con la especie Physeter Catadon.

La Ballena de Groenlandia o Ballena Blanca, escribe el autor, produce el artículo comunmente conocido como ballenas o barbas. El nombre común en inglés de esta ballena es Right Whale, y su nombre científico Balaena glacialis.

El Ballenóptero se parece a la ballena propiamente dicha, pero es de circunferencia menos imponente y de color más claro cercano al aceitunado. Encontramos una imprecisión o una descripción deficiente. Esta ballena puede ser la Fin o la Sel, nos inclinamos a pensar que Melville se refiere a la primera; no podemos decidir, pues Melville habla de la existencia de muchas variedades poco conocidas.

La vanalidad y el detalle

El sistema clasificatorio de Melville es una acción reflexiva y consciente de excluir, para la información, una serie de detalles que hoy son precisamente los que determinan, en la cetología, el establecimiento de la especie y género. Es vano intentar una clara clasificación de los leviatanes fundada en que produzcan barbas o que tengan joroba o aleta, o dientes, a pesar de que esas partes destacadas parecen más adecuadas para proporcionar la base de un sistema regular de la cetología que cualesquiera otras distinciones corporales que presente la ballena en sus variedades  ¿Qué queda entonces? nada sino tomar a las ballenas corporalmente en su entero y generoso volumen, y clasificarlas atrevidamente de ese modo. Y ese es el sistema bibliográfico aquí adoptado, y el único que puede tener éxito, pues es el único practicable.
Esta vanalidad es la que hoy rige el modo científico de descripción cetológica, según lo utiliza el Naval Ander Sea Research & Development Center, San Diego California. *

Siguen los capítulos

  1. El Rorcual. Lleva encima un gran bulto, como un vendedor ambulante; se le podría llamar la ballena elefante o castillo. Además de otras características que cita Melville, identificamos esta ballena con la especie Megáptera novaeangliae.
  2. Ballena de Dorso de Navaja. De Temperamento retirado, elude tanto a los cazadores como a los filósofos. Aunque no es cobarde, no ha mostrado más parte que el lomo, que eleva en un largo filo agudo. Probablemente esta ballena sea la que se conoce como ballena Sei, pero no son suficientes sus características.
  3. De Panza de Azufre. Se ve raramente, yo la he visto a distancia demasiado grande como para estudiar su fisonomía. Con estas características no se puede identificar nada ¿Será la ballena azul? ¿Cuál era el color del azufre para Melville? Puede ser verde, amarillo o azul.

    Fotografia
    Malcolm Arbuthnot / 1907

     

El científico y el cazador

Dice Melville: Finalmente, se dijo al comienzo que este sistema no sería llevado a término aquí, y en seguida. No se dejará de ver claramente que he cumplido mi palabra. La fina ironía del escritor expresa, por supuesto la imposibilidad de sistematizar integralmente un sistema vital específico con base a libros y capítulos y aunque este material pueda parecer para el científico más literario que técnico (pues lo es), es de un valor perdurable para la cetología, pues la agudeza y amplitud del ballenero Melville establecieron, por vez primera en la historia el panorama zoológico de los cetáceos, y su palabra poética es una precursora de la taxonomía específica pues si bien los naturalistas como Linneo demuestran que las ballenas no son peces,  no llegan a clasificar las especies.

Por otra parte, Melville organiza en una escala útil las referencias comunes de las ballenas. Si el escritor hubiese encontrado un texto que le sirviera para su clasificación, seguramente lo hubiese usado. Pero es él el primero que sistematiza tamaños y formas de los cetáceos, en relación a un valor marinero; de caza y de mercado. Así su sistema es el único practicable.

La situación que guarda el científico Linneo ( y muchos otros dedicados a disciplinas más observables, como la botánica) y un cazador de ballenas, presenta sus respectivas escalas de clasificación determinadas por valores diversos: el ballenero clasificará de acuerdo al peligro: ¿No conocen Tashtego, Daggoo y Queequeg la manera de Moby Dick entre los cientos de ballenas que han visto y matado? ¿No abanica con la cola un poco raro, señor, antes de sumergirse? Y ¿No tiene también un surtidor raro, muy copudo, incluso para un cachalote y muy rápido, capitán Ahab?.

Esta memoria se circunscribe a su experiencia única en la participación del fenómeno oceánico. Lo contrario del científico, que trabajará al margen de la emoción. En Moby Dick predomina la razón del hombre cazador, de otra forma no sería una novela y un mito, sino un tratado de cetología. La totalización de esta obra, como ha observado el lector Maurice Blanchot, se debe a la naturaleza de sus secretos: lo que deja de decir, no lo que siempre dice. La razón del cazador se condensa con el misterio de la vida que va a someter y extirpar. Moby Dick avanza por estas relaciones entre la inteligencia humana y la inteligencia arcaica de la ballena, orden superior no clasificable en los términos latinos, propuestos por Linneo, sino en los caudales impenetrables y multidecifrables del mito.

 

Ciclo Literario.

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