Felizmente, el lenguaje es una cosa

Maurice Blanchot


 

Fotografia
Lee Friedlander / 2002

En  la palabra muere lo que da vida a la palabra, la palabra es la vida de esta muerte, es “la vida que porta la muerte y se mantiene en ella”. Admirable poder. Pero algo estaba allí que ya no se encuentra más. Algo desapareció. ¿Cómo volver a encontrarlo? ¿Cómo voltearme hacia lo que está antes, si todo mi poder consiste en hacer de ello lo que está después? El lenguaje de la literatura es la búsqueda de ese momento que la precede. Generalmente, le llama existencia; quiere el gato tal como existe, el guijarro en su le parti pris de chose (1), no el hombre pero éste, y en éste, lo que el hombre rechaza para decir lo que es el fundamento de la palabra y que la palabra excluye para hablar, el abismo, el Lázaro de la tumba y no el Lázaro devuelto al día, quien ya huele mal (2), que es el mal, el Lázaro perdido y no el Lázaro salvado y resucitado. Yo digo una flor (3). Pero, en la ausencia donde la cito, por el olvido en donde relego la imagen que ella me da, en el fondo de esta palabra pesada, surgiendo ella misma como una cosa desconocida, convoco apasionadamente la oscuridad de esta flor, este perfume que me atraviesa y que no respiro, este polvo que la impregna pero que no veo, este color que es huella y no luz. ¿Dónde reside entonces mi esperanza de alcanzar esto que rechazo? En la materialidad del lenguaje, en el hecho de que las palabras también son cosas, una naturaleza, lo que me es dado y  más de lo  que comprendo. Hace rato, la realidad de las palabras era un obstáculo. Ahora, es mi única oportunidad. El nombre cesa de ser el pasaje efímero de la no-existencia para devenir una bola concreta, una masa de existencia; el lenguaje, suprimiendo este sentido que quería ser único, busca hacerse insensato. Todo lo físico juega el papel principal: el ritmo, el peso, la masa, la figura, y luego el papel sobre el que se escribe, la huella de la tinta, el libro…Sí, felizmente, el lenguaje es una cosa: es la cosa escrita, un pedazo de corteza, una astilla de roca; un fragmento de arcilla donde subsiste la realidad de la tierra. La palabra actúa, no como una fuerza ideal, sino como un poder oscuro, como un hechizo que constriñe las cosas, las vuelve realmente presentes fuera de ellas mismas.

1) Cf. Francis Ponge.
2) Alusión a las palabras de Martha a Jesús antes de que resucite a Lázaro (Juan, XI, 39)
3) “¡Yo digo una flor! …y…musicalmente se levanta, idea misma y suave, no la ausencia sino la ausente en todo ramillete (Mallarmé)

La Part du feu
París: Gallimard, 1943

Traducción: Araceli Mancilla y Lorenzo León

 

 

Ciclo Literario.

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