Carnaval de la luz blanca

Ernesto Lubreras


 

Ceramista, traductora, nómada, dibujante, escritora, artista conceptual, diseñadora, jardinera, muralista, catadora de té, arquitecta y “persona que pinta”.En la vida y en la obra de Susana Wald (Budapest, 1937) toda actividad humana es susceptible de encarnar la gracia, la plena libertad o la euforia; en sentido contrario a la producción y la costumbre, observo que su ejercicio plástico se desentiende de la repetición y de lo predecible, encaminándose hacia una empresa sostenida por el riesgo de la inversión. En su pintura, sustentada por el rigor del dibujo, la realidad no surge como representación, alegoría o símbolo; emana de una fuente legendaria, de su prodigiosa materialidad cromática. El mundo que aparece en sus lienzos y papeles es, en todo su esplendor, una realidad más que se suma a la ya existente, autónoma en su inexpugnable dominio, regida por sus propias leyes y por su inefable misterio.
Si el cuerpo humano, en especial el de la mujer, figura como tema y variación de innumerables piezas, la imagen del huevo “cósmico” ha dado lugar a una serie de pinturas donde Susana Wald ha aceptado internarse –alumbrada por la perplejidad de la vida onírica o de la imaginación – en la encrucijada del origen. Los ecos de De Chirico y de Magritte, presencias tutelares de una misma genealogía, permiten a la artista renovar su tradición pictórica toda vez que su visión de mundo sabe incorporar nuevos elementos y nuevas conjugaciones del verbo “mirar las diabólicas metamorfosis de un instante de realidad”.

En lo que se refiere a su serie de acrílicos en pequeños formatos, a veces en disposición de dípticos, trípticos o polípticos, se presenta con algunas variantes, una misma trama narrativa: hombres y mujeres en un eterno tete a tete. Estas piezas me recuerdan –más por su composición que por su colorido- a los mosaicos pompeyanos de la decadencia romana o a los de algunos palacios renacentistas; y aunque, por otra parte, su gama cromática y la simetría de tamaño me hacen pensar en el arte del vitral, este grupo de pinturas va más allá de estas reminiscencias y nos coloca –como un convidado más del ritual que se gesta en esos cuadros- en un territorio de virgen sensualidad para nuestra memoria visual.

 

Ciclo Literario.

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