Guimarâes Rosa y Juan Rulfo,
Una hermandad literaria

Alfredo Coello


 

Me gustaría compartir ideas, trances y breves anécdotas del escritor brasileño Joâo Guimarâes Rosa, autor de O Grâo Sertâo Veredas, clásico de clásicos en la literatura brasileña a un lado de Machado de Assis. Una especie de recordatorio  de  su vida y  su literatura que es vasta y  subyugante.

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Juan Rulfo

 A los siete años empezó a estudiar francés por cuenta propia, a los nueve aprendió holandés y alemán. En una entrevista, Guimarâes Rosa declaró: "Hablo: portugués, alemán, francés, inglés, español, italiano, esperanto, un poco de ruso; leo: sueco, holandés, latín y griego (con el diccionario en mano); entiendo algunos dialectos alemanes; estudié la gramática del húngaro, árabe, sánscrito, checo, lituano, polaco, tupí, hebraico, japonés, finlandés, dinamarqués; escudriñé un poco en otras lenguas sin mucha fortuna”.

 Y agregó: “Creo que estudiar el espíritu y el mecanismo de otras lenguas ayuda mucho a la comprensión mas profunda del idioma nacional. Sobre todo, porque si estudias para divertirte el encuentro con el gusto es el premio de tu distracción".

El energúmeno  políglota  que fue, no le restó humildad para conversar con los jagunzos  y caporales guías de rebaños de ganado por el sertào brasileño.

Cuentan los campesinos vaqueros que lo conocieron, cuando acompañaba una de estas procesiones ganaderas por el sartâo que "preguntaba más que un sacerdote". Para escribir su novela atiborró de anotaciones cincuenta cuadernos de espiral, de aquellos gruesos de antes, tomó notas de todo, de la fauna, flora, costumbres, paisajes, hablas regionales y modismos de giros lingüísticos; todo lo que la experiencia de diez días le rindió acompañado por Manuelziño, quien sería después uno de los personajes de sus cuentos en "Tatemáia".

 Después de esta expedición por los agrestes paisajes del nordeste brasileño escribió una de las obras maestras de la literatura universal: quien haya leído El Gran Serrato Veredas sentirá que la vida está en todos nuestros sentidos y  que la literatura es vida y la vida…una ilusión.
 Guimarâes Rosa se formó como universitario en la Facultad de Medicina de la Universidad de Minas Gerais. Practicó su profesión en las zonas más desprotegidas de su estado. Comentan sus biógrafos que cobraba el tiempo que hacía a caballo para visitar a un paciente; cuota en huellas de herradura, el cuadrúpedo rendía cuenta de su actividad médica. Sirvió también como médico en escuadrones del ejército durante la guerra de 1932  y le tocó el tiempo de colgar el estetoscopio y la bata blanca por la actividad diplomática y literaria.

Tiempo después Guimarâes le confiesó a un amigo médico su decepción por la profesión de Hipócrates; "No nací para esto, pienso. No es ésta, digo, como decía Don Juan, siempre 'aprês avoir couché avec…' Ante todo, me repugna cualquier trabajo material, sólo puedo actuar satisfecho en el terreno de las teorías, de los textos, del raciocinio puro, de lo subjetivo. Soy un jugador de ajedrez y nunca pude, por ejemplo, con el billar o el fútbol".

En 1938 su gobierno lo nombró Cónsul adjunto  en Hamburgo, ciudad donde conoció a quien sería su segunda esposa: Aracy Moebius de Carvalho (Ara). Vivió la Segunda Guerra Mundial en el entramado de las relaciones internacionales; Brasil apoyó a Alemania y Getulio Vargas, presidente de Brasil en ese período, le entregó a los nazis a  Olga Prestes, hija de Carlos Prestes, el guerrillero comunista más importante de la historia en el siglo XX de Brasil. La crítica internacional llevó a miles de personas en todo el mundo a realizar actos de protesta para salvar de las garras fascistas a Olga Prestes; no lo consiguieron.

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Guimarâes Rosa

         Guimarâes escapó en múltiples ocasiones de la muerte y tuvo la suerte de no estar en su casa durante los bombardeos ingleses; llegó a encontrar su casa destruida por los proyectiles que bajaban del aire.

Cuando ejerció su oficio de diplomático en Alemania les dio protección y facilitó la  fuga de judíos perseguidos por el nazismo. Extendía visas para que viajaran al Brasil, cuando estaban prohibidas por el estado brasileño y por los nazis, evitando registrar en los pasaportes la religión y la estrella estigma del anatema nazi. Su esposa fue militante incansable  y de una entereza de admirar. Ambos sabían lo que se jugaban; el peligro de ser descubiertos.

No obstante, tenían a su favor la diplomacia brasileña, en ese entonces tan nazi como los alemanes. Cuando Brasil rompió relaciones diplomáticas en 1942 con Alemania, fue apresado y enviado a  Baden- Baden con otros brasileños, entre ellos Cícero Días, mejor conocido como el "Chagal brasileño". Ahí permaneció cuatro meses hasta que fue  liberado a cambio de diplomáticos alemanes. En Israel existe una  estatua en su honor por  haber defendido a los judíos. Recordémoslo como un hombre de letras, erudito, humanista y a favor de la supresión de toda injusticia contra los diferentes y marginados de este planeta.

En México nos visitó en los años sesenta en una reunión de escritores, y quien lo llevó a pasear y conocer nuestro país fue Juan Rulfo. Los escritores conversaron sobre los dos países más diferentes  y unidos en el imaginario de esta Latinoamérica, de la que hoy opinan los especialistas se escinde en lenguaje y cultura.

De los estudiosos de Juan Rulfo en nuestro país son muy pocos los que tienen idea de la influencia de Guimarâes Rosa en Pedro Páramo y de la de Rulfo en el autor brasileño; tal vez los brasileños deberían descubrir la veta rulfiana en Guimarâes Rosa.

Juan Rulfo fue uno de los escritores mexicanos que mejor conocían la literatura brasileña.

Es muy probable que Guimaráes Rosa haya conocido Sayula, allá en Jalisco, donde  se estilan los machetes igual que en Minas Gerais.

El ánima de Sayula rumia en sus literaturas. La paisajística espinosa del sertâo y el paisaje inhóspito de Comala son cómplices imaginarios. Comala es el Sertâo que atraviesa aquellas praderas del nordeste brasileño en Jalisco.

El Sertâo de Guimâres Rosa alude en sus entrañas a las voces secas del volcán de Colima. El nordeste brasileño iguala la Comala de Rulfo. ¡Quién iba a imaginarlo! El escritor brasileño hace presencia entre líneas en el escritor mexicano más leído en el mundo; ambos son pares de muestro imaginario y después de muertos nos persiguen.

 

 

Ciclo Literario.

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