Apoala

Araceli Mancilla /  Lorenzo León


 

1.
Día de la oscuridad, tiempo sin luz
 el mundo está por crearse
e ignoro mi origen en un pueblo que no existe:
San Juan del Rey; abuelo Bruno,
es  tu lugar cuando todo parecido se pierde
en un continuo nacimiento;
entre el río y los ahuehuetes inclinados para beber
como bestias prehistóricas
azulando de verdor la cumbre;
entre la ligereza del trigo y la preñez del sol,
se acuna la vejez de hombres y mujeres
desgajados de las añosas ramas de los mitos:
tejedores de palma trenzan el silencio roto por los niños,
pronuncio Apoala como un residuo de miel que escurre
de tu boca anciana,
la que mastica hierba como cabra de matanza
deleitándose de manzanilla y de los cardos crecidos
en la mano abierta de los montes.
Gimen por mí los ancestros:
Ñuu Savi,
saben que mi estancia en su cielo
es el sitio del olvido.
 

2.
Me colé en el vientre de su nombre,
esa  voz antigua  abierta en cruz
flotaba en llamas entre la Peña del Diablo
y la Peña del Cielo;
en lo oscuro, en lo profundo
su dentadura de estalagmita señaló la imagen
de un danzante en guardia:
Dios ciervo
Diosa ciervo
dénos el don de la palabra,
la lluvia fecundada, la que llena los huecos y nutre a la serpiente
multicolor del tiempo al narrar su abundancia:
Río que arranca
Río de los linajes
Río para orar
Río que destruye
Río con manojo de plumas,
bifúrcate de nuevo en los senos del musgo,
en el pubis del viento desvanécete; en las manos mestizas
que recogen de tus aguas el polvo de su memoria.

3.
Con el cielo a cuestas
baja 9 viento la escalera divina
para gobernar con bien y con belleza,
heroicas batallas se extenderán en lienzos
que veremos en libros;
del árbol de la vida surgirá el paraíso
y los guardianes de todos los lugares
vendrán donde el mixteco coloca sus semillas;
habrá fertilidad en la mies dorada de su lengua,
en sus cabezas se guardarán los siglos.
Apoala escuchará su cuchicheo
en callejas dormidas,
debajo de la puerta tutelar de aquellas peñas,
donde brota de cara un ser originando
la máscara de sombra; se sostendrá
el gorjeo de la lluvia, el pulimento de los cuerpos.
Esta aldea se alza con la madera
que enrojece  la granada.

4.
Caen del árbol los mixtecos,
bracean el agua  que destruye y crea linajes,
descienden por las fauces de un reptil de arcilla
cuyo veneno es vida;
son fetos en decoro de plumas, seres que horadan
la perpetuidad de la roca.

5.
Señor 1 Venado,
Señora 1 venado,
¿Quién pronuncia sus nombres?
¿Las manos de los viejos transcriben en la palma
las  señales divinas?
Los mixtecos tensaban sus brazos fundadores
en la palpitación verbal de los palacios.
¿Es la palabra germinada dulcemente
en el valle de Apoala su humilde  voz
que crece como la piel de un niño?
¿La del orden que da frondosidad al ahuhuete?
Apoala es la laguna que duplica sus días
sumergida en el aliento del  tigre y la culebra.

6.
Abuelo Bruno,
es increíble bañarse con los dioses,
acariciar sus mejillas de arena
que se deshacen al tocarlas.
Escucha las grietas de sus labios,
la arritmia de sus  vientos, su clave de cascada.
Los puedes encontrar escampando la tarde
desentendidos  de la pereza de los toros,
su descendencia trashumante
desperdigada en los cerros,
esperando a que regresen mientras los días pastan
la lentitud de las horas.

7.
Es la historia narrada en el valle sin cárcel,
allí priva la ley de los cuchillos
y se escinde la vertical de las montañas.
La noche llueve con letargo de vela,
de no saber por qué 
la oración escondida del mixteco
agota en nuestro sueño
a todo el auditorio celestial.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

8.
Río de la oración
ruega por nosotros.
Río de los linajes,
río que ofrenda,
cueva de la culebra,
río con manojo de plumas,
cascada de la serpiente,
seres que se desgajan del árbol de la vida,
rueguen  por nosotros
que aquí bebemos su saliva
y aprendemos sus reglas
transmitidas desde la eternidad.

9.
En el cielo se escucha
a los seres primordiales.
Bajan hacia el valle sagrado,
a la gruta donde se harán piedra.
En la cola de agua del caballo,
en la efigie bicéfala del águila,
eslabonado en glifos y oquedades
rupestres, su mandato.

10.
Dios Culebra León,
Diosa Culebra tigre,
¿ésta tu estirpe, Bruno?
aquí  te nació una familia,
se dijeron palabras como viejas costumbres
y estaba en tu destino marchar
pero volviste
al lugar de los principios,
en los bordes del cielo,
a la cortina de agua de la metamorfosis
transformada en tierra tu osamenta,
podridas sus raíces.
Alimentando a los pájaros
te conviertes en vasija,
ceremonia.

11.
En los ojos el haz de los recuerdos:
María, la joven desposada con el collar
de 14 medallas en su enlace adolescente.
Flota en Apoala la travesura
de un poder distante
como las joyas que dejan a su paso los cometas.
Cuando observamos los códices de Apoala
los corazones son tan claros
como en el pecho del viejo campesino
la florida soledad  del sabio.

12.
Me llevo una rama de naranjo
una semilla de calabaza
un llavero de caña
un bastón de mando
la silla de la plaza
la fragilidad del amaranto
el corazón del agua
la conversación de las ancianas
el pasos cansino de los bueyes
la alegría del trigal
la niñez de Rufina
la pisada de los dioses
la pintura en el amate
el sol que reverencia
la pureza de Apoala.

13.
Itakutsa:
flor que gobierna
flor que crece
flor de lluvia
nube en flor
flor nocturna
flor de día
flor que dice sí
flor que dice no
flor que no termina de decirse
flor solidaria
flor de la virtud
flor para el que empieza
flor para el que manda
flor para el que llega
flor para el que olvida
vergel en flor
flor para el que duerme
flor al que comprende
la verdad de la flor
flor de un año
flor que se entrega:
ramo de flor.

14.
Concluye una obsesión llamada Apoala,
qué nombre tan estricto,
como una flor que se abre para nunca,
para siempre,
una flor siempreviva,
una flor que canta,
una flor lagarto,
una flor dictada por un viejo,
una flor en los hoyuelos de la niña borreguera,
una flor que titila en los pezones del cielo,
una flor pensada,
una flor que muere entre los libros,
una flor que escucho en la cañada,
una flor que veo todos los días,
una flor que jamás se desprende,
una flor que habita el lodo azul de la serpiente
y se  enrosca en Apoala,
y nos duerme.

 

 

Ciclo Literario.

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