Por no: ya qué

Fernando Montesdeoca*


 

Julieta duerme en su cama, acostada de lado, toda placidez, bien cobijada. Entra a través de las cortinas blancas ligeras, como de manta delgada, la luz del amanecer, y nada parece moverse; como una foto adentro de una pecera; y sin embargo de pronto, sin ningún ruido de por medio, o algún tic previo en el rostro de ella, abre los ojos, no de golpe, sino despacio, y se queda viendo serenamente en una sola dirección, como si antes de despertarse ya hubiera estado contemplando lo que tiene enfrente, o como si desde antes, con los ojos cerrados hubiera estado pensando con la mirada fija y distante.

A la misma hora en otro lado Paco está en su cuarto sentado frente a su computadora, observando la pantalla, con los audífonos puestos. Afuera de Paco se oye el zumbido de la música, adentro él oye un punk como si estuviera metido en el mismísimo estudio de grabación: privilegios de la tecnología a la medida de los gestos cotidianos, ya tan cerca de traspasar la barrera del cuerpo, si no es que ya la traspasó, pero por lo pronto Paco esta ahí, sosteniendo un sándwich mal hecho que come con la mano izquierda mientras manipula el mouse con la otra: arriba, abajo, click click click.

Fotografia
Roman Sejkot

            De su lado, en otra habitación distinta a su dormitorio, Julieta también está ya frente a su computadora y manipula el mouse, se inclina hacia la impresora, la enciende, se convulsiona, la impresora, acompañada de ruidos robóticos pero no, no imprime, y entonces frunce el entrecejo, Julieta, disgustada y “¿Qué...?”, le pregunta a nadie, o a la impresora, picotea el mouse con impaciencia y le pregunta al monitor que “¡Qué? ¡Ahora quééééé?”.

            Del otro lado de esta historia Paco, como si escuchara la pregunta de Julieta, más como la premonición de una escucha o acaso como una premonición intertextual, o ciberespacial ya de plano, se queda atento unos momentos, escuchando ese posible más allá de él, pero no, regresa su atención a la pantalla, manipula el mouse nuevamente, interactivamente.
 

Y en la pantalla de Julieta aparece, comprensiblemente, un mensaje de error, una advertencia y ella, Julieta, se revuelve sobre su silla como enjaulada, ve el reloj, se talla la cabeza con desesperación y enojo, busca erráticamente con la mirada y su mirada encuentra: toma el estuche amarillo de un CD.

Paco sonríe, para sí mismo o en complicidad con la computadora o con las representaciones que fugazmente aparecen en la pantalla, materia de virtualidad, pero todo nuestro pensamiento no es sino virtualidad, y niega con la cabeza; ahora tiene los audífonos al cuello. Teclea, da un Enter enfático, voltea a la pantalla y “OK”, dice, se dice, “listo”. Muerde el sándwich, lo deja junto al monitor, se chupa los dedos. En la mano derecha tiene un estuche amarillo de CD. Se oye el ruido de expulsión de la unidad, saca el CD del estuche, lo coloca y cierra la unidad empujando con el dedo, y del otro lado Julieta saca su propio CD de la unidad en donde acaba de quemar su archivo para tratar de imprimirlo en otro lado y entregar la tarea pendiente ya, ahora mismo, al último momento, como siempre hacemos todos, no sé si en esta ciudad, o en todas las ciudades de este país, o en todas las ciudades de todos los países. En fin. Paco, por su lado, sale a la calle y también lleva su CD en estuche amarillo. Los dos estuches iguales, el de Paco y el de Julieta, lo cual es importante porque después, cuando se encuentren, los van a intercambiar inadvertidamente, ya que para eso sirvió toda la conexión en paralelo que han tenido hasta este momento, pero esto pasara un poco después, mientras tanto Julieta entra al comedor de su casa, un comedor más bien oscuro, aunque hay un ventanal al fondo, y medio vacío, casi la pura mesa al centro, pero descentrada porque esta colocada de manera oblicua con respecto a las paredes. En esta mesa está un vaso de leche y junto a éste un papelito que Julieta lee apurada mientras bebe la leche, se limpia la boca con el dorso de la mano y llama en voz alta, con tono emberrinchado, volteando un poco hacia atrás y hacia arriba porque espera que su voz suba la escalera y llegue al cuarto de su madre en el otro piso:
- ¡Mamááááá...! ¡Ya me voooóoy...!
            Julieta está en una papelería esperando que le den unos folders que pidió mientras busca monedas en la bolsa de sus pantalones. El CD esta sobre el mostrador. La empleada pone los folders de Julieta encima de su CD y en ese mismo momento entra Paco a la papelería, se pone junto a Julieta, deja también su CD sobre el mostrador sin poner atención, Julieta paga, toma el CD de Paco, toma los folders, no ve que su CD igual al de Paco estaba debajo de los folders y se va. Entra a un internet público. Frente a la computadora Julieta pica la tecla de Enter, automáticamente, sin fijarse bien bien en lo qué hace, ve su reloj, voltea apurada hacia un lado, a otro, le hace un ademán al encargado para que se acerque, viene, se encuclilla junto a ella, un poco atrás de ella que le dice que quiere imprimir. El encargado observa el monitor, como dudando, abre los ojos, se resigna, con un gesto general del rostro, pero especialmente de la boca, como apretándola y a la vez extendiéndola, como si sonriera, pero en realidad no sonríe, ve de reojo a Julieta que lo observa con cierta impaciencia y todo esto pasa rápido, y lo que es muy importante: sin que Julieta haya visto otra vez a la pantalla de la computadora después de haber dado Enter, y el encargado un poco apenado, indeciso, se recompone y le pregunta:
- ¿En papel fotográfico ... ooo...?
            Julieta se extraña, busca algo desagradable que decirle al estúpido encargado, pero nota algo equívoco en la actitud de éste, que levanta los hombros sin dejar de mirar a la pantalla. Parpadea, Julieta, y voltea hacia la pantalla: ahí está: lo que aparece del contenido de su CD es la portada de una página de videos porno con su típico collage fotográfico en donde se  destaca especialmente, en animación, el temido encabezado de XXX; temido para quien lo teme o (no quiero ser unilateral), deseado para quien lo desea. Sin dejar de ver esa hipnótica e inusitada imagen, o mejor dicho colección de imágenes, Julieta agranda los ojos, como asustada... sí, más bien asustada, la boca abierta, y piensa que no es culpa de su CD, sino de una intromisión de la computadora, etcétera, pero sí es su CD que, en realidad no es el suyo sino el de Paco, que tomó equivocadamente en la papelería, aunque ella no lo sabe, puesto que no se dio cuenta, pero después, ya afuera del internet público, con el CD en su estuche, descubre en el interior de éste un post-it con un número telefónico que dice Paco y del lado de Paco suena el celular de Paco y contesta, Paco:
- Sí... Paco –dice Paco.

Fotografia
Roman Sejkot

            Impaciente, en la espera, achiquitando los ojos, enojada, con el CD de Paco en su mano y agitando esa misma mano, Julieta busca entre la gente una señal y la ve: ve la cara sonriente y campechana de Paco que ahí viene, exhibiendo el otro CD de estuche amarillo en su mano, buscando también a alguien que lo identifique y la ve, a Julieta, identificable, y se para frente a ella, sonriendo, ji ji, como queriendo ser cómplice, pero Julieta lo ve desde su rostro inclinado hacia abajo, con poca paciencia y bueno, le hace una falsa sonrisa al mismo tiempo que toma con prisa el CD que Paco trae y que es de ella, inmediatamente, aun antes de regresarle a Paco su CD porno, ella ve su reloj y en el mismo momento suelta su tensión de falsa amabilidad, niega con la cabeza, sonríe decepcionada y enfadada:
- ¡Ya qué! –exclama, y luego quejosa-: Ya no tiene caso, ya perdí la materia. Paco la observa un instante, discretamente, voltea para otro lado y:
- ¿Qué materia?
- Filosofía... –contesta Julieta ya harta y como sin dirigirse especialmente a él.            Comprensivo, Paco asiente con la cabeza, mira al piso y le pregunta desinteresadamente:
- ¿En dónde?
- ¡Ah, qué importa!: en el Ceprum.
Paco se sonríe sin voltear a verla. Julieta busca la mirada de Paco y:

- ¿Qué...? ¿¡Queeé!?

- No, nada...  mi papá trabaja ahí. Da filosofía.

Paco atento a su celular hace una pausa, tapa con la mano la bocina y se dirige a Julieta:
- Dice que desde ayer te puso ocho.

Julieta negando cortito y rápido con la cabeza, con expresión disgustada:

- Pero si ni lo he entregado.

Paco asiente a lo que escucha por el teléfono y luego volteando hacia Julieta, mientras cierra el celular:
- Dice que le da lo mismo...

            Julieta, como caricatura, abre la boca sorprendida, mira hacia Paco, contiene el aire, lo suelta, quiere decir algo que no dice y Paco hace un ademán tentativo con la mano, sonriendo tímidamente, como solicitando permiso para tomar su CD, que todavía tiene Julieta. Julieta capta, ve el CD de Paco como a una cosa extraña y con un ademán rígido, bajando al mismo tiempo la cabeza, estira el brazo y se lo da a Paco. Paco no lo toma y Julieta levanta los ojos, sin mover el rostro, ni el brazo, para ver qué hace Paco, mirándolo como bicho raro: Paco escribe en un post-it.
- ¿Y tú qué? –le pregunta Julieta extrañada.
Paco arranca el post-it y lo pega en su CD (el porno), que aún sostiene Julieta y lo empuja, con los dedos hacia Julieta.
- Yo, soy pornógrafo –le contesta Paco con naturalidad, sin darle importancia, y aclara-: Aficionado.
Julieta hace chiquitos los ojos, otra vez, porque es un gesto que hace constantemente, en especial para defenderse de los desconciertos, y luego hace con la boca una mueca como si preguntara ¡quééé?, mirando al mismo el tiempo el CD de Paco, con el que finalmente se queda.
- Es mi mail –le explica Paco-. Estoy en el Messenger para chatear, ¿y tú?
            Ya de noche Julieta entra a su casa, silenciosa, oscura; enciende la luz del comedor, y encuentra en la mesa otro vaso de leche lleno, acompañado de otra nota. La luz del comedor es difusa, más bien como bañando las paredes, una pared en especial, más como un resplandor lunar, sofisticada, acolchada, es decir, como si las paredes estuvieran acolchadas, paredes suavizadas con luz. Julieta toma la nota y la lee. Pone cara de angustia y decepción. Voltea hacia atrás y hacia arriba, desanimada, y llama discretamente: “¿mamá...?”, aguarda, insiste un poco más alto, nada; alza la voz, no; grita “¡¡Mamááá!! ¡¡Ya llegué!!” y se queda aguardando, con la mirada fija en la misma dirección, pero nadie le contesta; la casa cruje, tal vez el piso de duela, un mueble; del exterior llegan sonidos vagos, suspira y se relaja negando con la cabeza. Toma el vaso de leche y lo bebe con dedicación y sube al estudio en donde tiene su computadora, la enciende sin prender la luz, y luego la luz mortecina de la pantalla baña su rostro mientras teclea, mientras clickea, mientras abre página tras página en internet; a un lado sobre la mesa está el CD de Paco, con el post-it pegado, entra al chat y encuentra a paco chateando, “hola”, le escribe. Conversan un rato, jugando con monosílabos y con frases cortitas. Paco le escribe: “regálame una foto porno tuya”. Julieta se hace hacia atrás, en el respaldo, y vuelve un momento los ojos hacia un lado arriba, pensativa, luego se asoma por su blusa, estirándola, para mirar hacia adentro su pecho, su cámara para internet la observa.
Julieta en su cama, acostada de lado, con los ojos cerrados sonríe. Tocan discretamente a su puerta:
- ¿Julieta...?
            Julieta levanta las cejas con expresión irónica:
- ¡Ay, mamá ... ya...! –dice con fastidio y enfadada se da vuelta al lado contrario para quedarse plácidamente dormida después de unos minutos.


Ciclo Literario.

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