Amiri Baraka

William J. Harris*
Traducción: Olga Y. Mancinelli


 

Amiri Baraka (LeRoi Jones) nació en 1934 en la ciudad industrial de Newark, Nueva Jersey.  Después de asistir a la universidad Howard en Washington, D.C., se enlistó en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos.  A finales de los años cincuenta se estableció en Nueva York en el área de Greenwich Village donde ocupó un lugar destacado entre los bohemios.  En el año 1964 se convirtió en una figura prominente en toda la nación debido a la presentación en Nueva York de su obra Dutchman con la que ganó el Premio Obie. Se convirtió en un Nacionalista Negro después de la muerte de Malcom X; alrededor de ese tiempo se mudó, primero a Harlem, y posteriormente regresó a Newark, su ciudad natal.
  A mediados de los años 70 deja el grupo Nacionalismo Cultural para convertirse en Marxista-Leninista Tercer mundista. Dándole la espalda al medio de los blancos, fundó en Harlem la Black Arts Repertory Theater School, una escuela que sirvió de modelo y que tuvo gran influencia en la inspiración del teatro negro estadounidense.  Publicó una colección de poemas llamada Black Magic, donde cuenta su dolorosa salida y metamorfosis del mundo blanco a su mundo. Se jubila del Departamento de Estudios Africanos de SUNY-Stony Brook en 1999, después de enseñar ahí durante veinte años.   Como siempre, continúa produciendo activamente de manera tan artística e intelectual como nunca antes había sido durante su carrera.  En la actualidad vive con su esposa, la poeta Amina Baraka, en Newark.

*Adaptado del Prefacio a la Lectura de LeRoi Jones/Amiri Baraka, 1991, de William J.  Harris.

 

Hasta el lejano poniente 
 para Gary Snyder

Un acto tan simple  
como abrir los ojos.  Casi
vislumbrando gradualmente las cosas.

En la mañana: una lágrima se ha roto
en la escalera de madera
de los ojos de mi dama.  Multitudes 
de verde.  Las hojas.  Sus
constantes arraigos.  Como anticuados
drogadictos en la Plaza Sheridan, ojos
redondos y fríos.  Hay una canción
que canta Nat Cole... Esta ciudad 
y el intrincado desorden
de las estaciones.

Sin poder mencionar
algo tan abstracto como el tiempo.

Aun así, (agazapado en este espeso
humo de incienso barato; toda
clase de preguntas llena  tu boca.
cuando te sofocas y caes muerto
en la opulenta alfombra) Aun entonces,

las sombras cubrirán tu carne
escondiendo tu desorden, tus mentiras.

 

Hay unos feos helechos silvestres
colgando de la ventana
donde los gatos se esconden.  Maúllan
en las noches desde ahí.  Calenturientos 
y  sangrando encima de mis tulipanes.

Campanas de acero como la diabólica 
Esfinge sucia, doblando en la penumbra.
Ancianos asesinos sin hijos, por siglos
con musgo en la mirada.

Me enerva.  Pensar
en las estaciones, cómo pasan,
cómo paso yo, mi propia juventud, la 
dulce madurez de mi vida; drenada…

Como los gigantes monos macacos
que se pican sus cráneos
con ingeniosa crueldad
absorbiéndose los sesos.

Nadie necesita una belleza
arruinada, con el aliento fétido
deshecha.  Peso insidioso
de sueños con llagas.  El agotado
pene de Tiresias.

Caminando mar adentro, las conchas
atrapadas en mi cabello.  Las fuertes
olas desgajan la lengua.

Cierro los ojos.  Una
acción tan sencilla. Tú flotas.

Fotografia
Frantisek Janis

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fotografia
Bohumír Prokupek

 

 

 

Ciclo Literario.

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