Maximino Javier
la visión fantástica de la alegría

Adrían León García*


 

Adelita se fue con otro / 1997

Maximino Javier (   ) nos dice: “Dibujaba mucho de niño. Terminé la primaria ya muy grande y la secundaria, más grande todavía, en el pueblo de Valle Nacional, Oaxaca, pues las clases eran infrecuentes y no había grados organizados. Me vine entonces a la capital, donde llegué buscando a un tío y gracias a él, que me dio trabajo, pude quedarme en la ciudad. Encontré al maestro Roberto Donís quien me dijo que se había formado el taller Rufino Tamayo, donde me becaron y donde también empecé a vivir.”

-¿Se podía vivir en el taller?

-Sí, eso fue una gran ventaja. Ahora ya no, el taller está prácticamente muerto. En ese entonces todos teníamos la misma ideología, la misma condición económica, las mismas necesidades y la misma ansía de trabajar, de pintar. El de ahora, pienso, ya no es nada como el de aquel tiempo, en el que uno tenía su propio cartón donde dormir.

-¿Quiénes eran todos?

-Me refiero a Juan Alcázar, Ariel Mendoza, Felipe Morales, Cecilia Sánchez y yo. Arnulfo Mendoza no tenía necesidad y no se quedaba en el taller. Era 1975, 76, 77, un momento maravilloso para mí porque aprendí muchas cosas, aparte de estar haciendo lo que me gustaba hacer, que era pintar. Yo dormía junto a mi caballete, allí tenía mi tela, todo era muy utópico. Todos teníamos mucha influencia del maestro Toledo porque llegaba a hacer sus invenciones en el taller y nos dejaba libros para verlos. Un día llevó un libro con la foto de un cuadro que se llama El triunfo de la muerte, de Pieter Brueghel que me impactó mucho. Yo muchas veces he tratado el personaje de la muerte, no como tema sino como ese personaje maravilloso que es la calavera, por lo mismo que he visto mucho de Posadas. Yo he tratado a la muerte no como tragedia sino como un personaje fantástico, maravilloso, que se puede manejar como uno quiere, escucha, ríe, habla, todo lo que tú quieras.

Pocas veces me pongo a pensar qué es lo que voy a hacer. A veces me siento frente a una tela blanca y ahí empiezan a nacer mis ideas, porque me siento impulsado a meterme y sacar algo de esa tela blanca. Muchas veces me pongo muy nervioso y ando muy preocupado cuando voy a hacer un grabado, por ejemplo, porque a mí la superficie rígida del metal, o la piedra litográfica me causa mucho miedo, pero una tela la veo más familiar y se me facilita más crear un mundo dentro de una superficie para un óleo, por ejemplo.

-¿Qué significan esta especie de tejidos o escaleras que tanto se ven en sus cuadros?

Paseo de la mujer luna / 2006

Paseando por el jardín / 2005

-No significa realmente nada, yo lo manejo como un recurso pictórico, porque son elementos que se usan cotidianamente y que siempre son muy útiles. Yo trato de sacarle la mayor fantasía a determinado elemento, más que alguna relación con los personajes o con la vida real. Me causa mucho placer mirar las formas deformadas, exageradas tal vez. Yo creo que el arte tiene un lenguaje que crea conciencia, debe representar precisamente una expresión plástica que ayude, entre otras cosas, a preservar el medio ambiente, para que ya no se siga destruyendo tanto, que la gente se ponga a cuestionar. Por ejemplo en el muralismo mexicano nos damos cuenta de que el arte puede crear conciencia, que es la conciencia revolucionaria, la conciencia social. Y ahí debe el artista poner en juego tanto su creatividad, su capacidad plástica y, al mismo tiempo, su calidad de pensamiento. Yo trato de que mi vida y mi pintura reflejen mi alegría. Yo veo a la gente con mucha alegría, tal vez es lo que reflejo también en mi trabajo. Son muchos mundos que se viven en un pequeño mundo, muchas variedades, tipos de vida. Nos damos cuenta si vemos la naturaleza. Cada quien va a plasmar un poco de su medio ambiente, donde está viviendo, dónde se relaciona, siempre el medio ambiente va a afectar al ser humano, ya sea para el que escribe o para el que pinta. Yo pinto mucho de mis recuerdos, de los personajes que invento, también ese es mi medio ambiente.

Adrián León García (Xalapa, 1985), estudia la licenciatura en Artes Plásticas en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Ha publicado artículos en revistas y suplementos culturales de Veracruz.

 

 

Ciclo Literario.

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