Moho: construir sentido desde la subjetividad

 


 

Fotografia
Guillermo Fadanelli

Guillermo Fadanelli, al presentar su libro En busca de un lugar habitable (Almadia 2006) ante un abundante y ávido público en el patio del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), confesó cosas, al parecer inéditas. Que su mujer lo engaña. Que su padre era chofer de trolebús. Que su madre era analfabeta. Que la verdad es una construcción que nos da tranquilidad. Pero siempre hay que estar incómodo. Que estudió en una escuela militar.  Y que ahora estaba un poco borracho, cosa que no importa, pues nunca decimos lo que queremos decir.

 Al finalizar su divertida, profunda y en ocasiones electrizante charla, Ciclo se acercó al escritor de obras como Lodo,  para preguntarle sobre su experiencia como fundador y director de la célebre revista Moho. He aquí el dialogo.

-¿Cuándo apareció el primer número de Moho?

G.F.-Fue en noviembre de 1988, el año en que empecé a escribir. Empecé viejo. Casi todas las cosas buenas que he hecho en la vida las he empezado tarde. La idea de ser el que está sentado hasta atrás o el que llega al final me gusta. Yo decidí dejar la ingeniería y comenzar a escribir a los 28 años. A partir de allí comienza Moho también, tarde. Porque yo quería ser ingeniero y exitoso. Pero a esa edad decidí que no, que lo poco o mucho que me quedara de vida debía ser dedicado a mis obsesiones y a mis placeres.

Ciclo-¿Cuántos números van?

G.F.- 27. Nosotros editamos revistas de manera muy accidentada. A veces un número cada año. Últimamente dos o tres números cada año. Pero eso al mismo tiempo forma parte del ímpetu o del alma o el espíritu de Moho, es decir, tiene que ser siempre inesperado. No queremos ser la medicina tres veces al día sino aparecer cuando menos te lo esperes. Te puede parecer y por supuesto lo es, una postura romántica. Pero yo me avengo bien a ella y me gusta.

Ciclo-¿Cuándo hablas de nos parece a qué te refieres, un grupo, qué es Moho?

G.F.-Todavía no puedo desembarazarme del nosotros. Pero hablo de Yolanda, mi mujer y yo. Ella hace el diseño, la publicidad, la distribución y entre ella y yo construimos los números.

Ciclo-¿Cuántos ejemplares?

G.F.-Entre dos mil y tres mil. Siempre se agotan en librerías, de mano en mano. Nos escriben vía correo electrónico y nos compran o nos piden ejemplares. Y tardan un año en agotarse, pero tenemos paciencia.

Ciclo-¿Se pueden conseguir colecciones?

G.F.-No, no tenemos un amor fetichista por la historia.

Ciclo-Recuerdo que ustedes fueron quizá los primeros que hicieron los juegos tipográficos, destacando su alta potencialidad visual.

G.F.-Porque creíamos que el lenguaje no sólo tiene un camino de interpretación, sino varios. Y uno de ellos es el lenguaje como imagen.  Y explotamos la idea de la imagen y del sentido. Para mi no tiene ninguna importancia ser el  primero o el último. La importancia radica en la construcción del sentido y de la idea que Yolanda y yo estamos tratando de cultivar.

Ciclo-¿La definición de esta revista?

G.F.-No, no quisiera dar una sola definición para no parecer un ideólogo de Moho, pero quizá, ahora se me ocurre,  que el sentido y la dirección de Moho siempre ha estado orientada a destruir cualquier tipo de ortodoxia y verdad, a burlarse de lo definitivo y de lo trascendente. A acentuar lo relativo en todo tipo de juicio y de idea acerca del mundo.

Ciclo-¿De dónde salió el nombre?

G.F.-El nombre salió a la manera de Tristan Tzara,  eligiendo al azar una palabra del diccionario: estábamos en una reunión un grupo de amigos, abrimos el diccionario y elegimos una palabra que no era Moho, pero era la más cercana, y dijimos sí. Esto es lo que nosotros pensamos: todo es corrosión, todo es decadencia, muerte, amargura, tiempo pasado, esto es lo de algún modo nos define o nos interpreta.

Ciclo-¿Allí nació el concepto o la expresión de literatura basura?

G.F.-Sí, y de la relación del pop con la literatura. La idea de lo presentáneo, de lo intrascendente, de lo frívolo para quitarle peso a la historia. Decíamos, la basura es lo único real. Vamos a hacer basura.

Ciclo-Difícil haber continuado tanto tiempo con esta tarea, comprar el papel, distribuir, etc. En un país tan adverso a las publicaciones culturales.

G.F.-Sí, pero el país es un escenario inhóspito para mí. Y yo voy a seguir publicando Moho hasta que me muera. El país me tiene sin cuidado. Es una construcción subjetiva y es mi idea acerca del mundo. A veces es más fácil editar la revista y a veces más difícil, pero eso no me impide continuar.

Ciclo-Karl Krauss en el mundo de los periodistas me interesa, por ser alguien que, llegado el momento,  prescindió de sus colaboradores para seguir una tarea individual y pública a la vez, entre otros talentos..

G.F. -Yo soy un lector y un admirador de Krauss. Es que todo lo que haces, sea revista, libros, opiniones, coger, beber,  tiene una íntima relación. Y hacer una revista para mí es construir sentidos desde la subjetividad. Y no me importa si es una revista o hago un mole de olla, es Poiesis, en el sentido griego, es hacer, es producción. Hacer es pensar, moverse es pensar. No me gusta la inmovilidad aunque estoy en contra del progreso idiota y Moho es un movimiento tímido que expresa de alguna manera mi sentir y mi pensar respecto al mundo.

Ciclo-Cual es tu posición como editor frente a tus colaboradores.

G.F.-Yo soy el filtro y el principio de todas las cosas, no hay democracia en mi revista, todo está permeado por mi amargura y mi obsesión, por eso yo nunca pregono la igualdad ni la democracia. Me tiene que gustar. Y si me gusta se publica.

Ciclo-¿Se puede identificar un grupo de colaboradores en el tiempo de la publicación?

G.F.-Por supuesto. Gráficamente y literariamente hay un conjunto de artistas que han seguido con la revista. Rafael Tonatiuh, Miguel Calderón, Georges Bacon, Joaquín Segura, Servín, Jorge Dorantes. Por alguna razón los jóvenes son los que más se acercan, los jóvenes y aquellos que no tienen el peso de la generación, niños de cinco mil años de edad,

Ciclo-Una revista necesita publicidad, necesita ingresos, necesita expandir su público.

G.F.-La empresa no tiene una sola dirección, la empresa tendría que ser una metáfora del quehacer humano, e incluso puede haber empresas que estén contra sí mismas, y puede haber empresas cuyo objetivo sea perder y desaparecer, ¿por qué tenemos que reducir la empresa a la eficacia y al éxito? Me parece una estupidez y un reduccionismo.

Ciclo-¡El concepto de Nuevo Individuo Monástico de Morris Berman se aplicaría a Moho?

G.F.-No lo conozco a fondo, pero sí creo que el barroco, creo que es espíritu franciscano, creo que el cultivo de la soledad podrían formar parte de la idea de Moho.

 

Ciclo Literario.

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