De lo Clásico a lo Digital: La nueva historia de la Fotografía

Miguel Angel Gutiérrez


 

¿Cómo definir la Fotografía?. Aparte de referirse a ella en términos de técnica de impresión de imágenes o instrumento de registro –con un amplísimo etcétera- podríamos proponer, parafraseando a Borges, que la Fotografía es una prolongación de la mirada, por lo que se vuelve afortunadamente imposible lograr una definición cabal. Y aquí afortunadamente, como en el caso de otras artes, implica que en la medida en que se incremente la indefinición aumentarán sus posibilidades de sorprendernos y de hacer nuestra vida más respirable y feliz.

         Resulta de sumo interés, empero, explorar algunos puntos de abordaje (que no de anclaje) hacia el arte de la Fotografía, ya que, a casi dos siglos de su aparición oficial, pasa justamente por uno de los momentos más interesantes de su historia.

         En el renglón técnico, fotografía es una forma de plasmar imágenes utilizando la luz reflejada por una escena del mundo material, que luego de pasar por el orificio de una caja obscura forma una imagen invertida en el fondo de la caja, convertido en este caso en el plano focal. Ahí se haya una superficie con haluros de plata (la película) que, al contacto con la energía lumínica, reacciona oxidándose: el halógeno se desprende dejando zonas de mayor o menor densidad de gránulos de plata metálica, pero también una imagen latente, es decir, una que está y no está a la vez, y que se hará visible por medios químicos cuando los granos de plata metálica se transformen en óxido de plata mediante el proceso de revelado.

Fotografia
Miguel Ángel Gutiérrez / Trío

         Esta descripción, si bien tosca y somera, nos permite hacer algunas interesantes reflexiones. En primer lugar, que la caja obscura, herencia de una antigüedad remotísima, instrumento alquímico, persiste hasta la cámara más moderna con algunas modificaciones, mismas que por otro lado son, lógicamente, orgánicas. En segundo lugar, que la concepción de una gran imagen fotográfica no parte de plasmar objetos o personas, sino de captar luces: y en tercer lugar, que el revelado de la película, la cacería de la imagen latente, es un proceso más alquímico que químico en el que no sólo se busca su aparición, sino dotarla de características –definición, contraste, etcétera-  que digan algo paralelamente integrado al discurso de la propia imagen.

         Al ser una ‘foto’ una superficie en que se capta luz del mundo material, durante mucho tiempo se le ha considerado como un instrumento capaz de comprender, asimilar o aun comprender la realidad. De hecho es curioso constatar que casi nadie duda consetudinariamente de la veracidad de una foto. Hablar de una superficie fotográfica implica referirse a un fragmento delimitado de una realidad, como quien habla de la vista desde una ventana o, más bien, de un escaparate, ya que en estos mismos términos de espacio una foto es una zona bidimensional que para hacerse debe imaginarse, razonarse y entenderse como un espacio tridimensional -multidimensional a veces-, potencialmente infinito.

         La imagen lograda con la cámara suele ser una parte de la realidad codificada de una forma compleja, por lo que se convierte en algo simbólico. Esto significa que, en apariencia, las fotos se originan del propio mundo real y se encuentran al final de una serie causal que las vincula continuamente al mundo significado, como si existieran al mismo nivel de su realidad, o como si lo significado en la imagen fuera la causa y la imagen el efecto. Las imágenes, empero, nunca se producen sin un código, y su significado depende de una idea retranscodificada en el misterio de la caja obscura.

Ver una foto significa, pues, la lectura de su posición ontológica, dado que la realidad ‘real’ es sustituida por elementos técnicos que pueden significar tanto fenómenos como conceptos en una realidad construida. Dicho escuetamente, las fotos plasman la visión de quien hace funcionar la cámara, caja fotográfica en la que puede caber virtualmente todo y en la que todas las fuerzas de la naturaleza son complementarias.

Un artista fotográfico es, entonces, alguien que logra codificar una propuesta visual haciendo aparentes sus propias meditaciones sobre la experiencia de la vida.

La aparición de la escritura, y con ella la de la historia, marcan en realidad un nuevo uso de la imagen en la experiencia humana. Vocablos como graphê o graffio, por ejemplo, se relacionan de origen con ideas y dibujos descriptivos.

Al considerar el hecho de que aun hoy la letra es imagen, resulta una paradoja la aparición de textos sagrados que, además de ser per se difíciles de abordar a través de la imaginación o el entendimiento, proscribían el uso de la imagen gráfica, aun de la que pudiera resultar explicativa. Es un hecho de sobra conocido que la imagen gráfica facilita la organización mental de la realidad, a veces al punto de ser indispensable, y que con suma frecuencia ha influenciado el rumbo de la historia. El uso de la imagen de un hombre clavado en un instrumento de tortura puede ser un buen ejemplo: si bien la existencia de Jesús el Cristo es un hecho muy cuestionable desde el punto de vista histórico, y que se genera en una tradición cultural aparentemente contraria al uso de la imagen, la imagen hoy no sólo parece acabar con cualquier duda, sino que valida una percepción cosmogónica. Vale recordar, además, que el uso del crucifijo aparece históricamente hasta bien entrada la Edad Media y con un afán, precisamente, explicativo. También cabría, a manera de ejemplo, preguntarse qué hubiera sucedido sin las imágenes durante el choque del Budismo contra el Taoísmo en China, o con el culto a la Virgen de Guadalupe sin una imagen que hiciera asequible el concepto del reconocimiento de la divinidad –expresada en un texto- de los nativos mexicanos.

A lo largo del tiempo, quod erat demostrandum, las imágenes han hecho imaginables los textos aun en épocas de textolatría. El avance del pensamiento humano llevó los textos a un nivel de complejidad asombroso. De los siglos XVIII al XX, por ejemplo, se produjeron escritos filosóficos, sociológicos, científicos y técnicos como nunca se habían producido anteriormente. Pero la excesiva complicación de los textos, por su parte, obligó cada vez más al uso de la imagen para acceder a su significado (proceso que hoy, a principios del siglo XXI, parece estar invirtiéndose). En el contexto descrito, la función de la imagen se convirtió paulatinamente en la de emancipar a sus receptores de la necesidad de pensar conceptualmente, sustituyendo una imaginación de segundo grado por una conceptualización.

Entre muchos adelantos, la aparición de la Fotografía fue directamente posible gracias al desarrollo de los textos científicos, y es precisamente por su carácter de imagen técnica que marca la aparición de la post-historia. Debido a esta naturaleza técnica, la imagen fotográfica se fue convirtiendo poco a poco en algo así como la retina de la mente humana en el siglo XX.

 Aunque la capacidad de ver no implica necesariamente la capacidad de juicio, resultaría imposible comprender, tanto desde el punto de vista fenoménico como desde el fenomenológico, el erotismo, la guerra –léase el Tánatos y Eros- o la ciencia de este periodo histórico sin la Fotografía.

La Fotografía encontró una forma inagotable de razonar formalmente para ir de lo real a lo fáctico y aproximarse de nuevo a la realidad: encontró nuevas formas de codificar y simbolizar el mundo, de libertad, de crear mitos (de esos que nos ayudan a vivir) y realidades. Entre sus logros más fascinantes se encuentra, por supuesto, el rescate del cuerpo humano, particularmente el femenino, dentro de su propio contexto histórico.

En el segundo párrafo de este artículo se afirma que el arte fotográfico pasa por uno de los momentos más interesantes de su historia. Esto podría parecer contradictorio al considerar que de hecho los grandes fabricantes ya están desapareciendo, transformándose totalmente y/o dejando de producir cámaras fotográficas de película, la película misma, productos químicos y papel, debido principalmente a dos factores relacionados en forma estrecha.

Fotografia
Miguel Ángel Gutiérrez / Enigma

Por un lado, el aspecto técnico de la fotografía clásica, si bien perfectible aun, alcanzó una especie de clímax tanto en los aparatos como en los procesos. Las máquinas fotográficas se fueron enriqueciendo paso a paso con instrumentos electrónicos, hasta el punto en que fue posible retener la imagen en una matriz magnética, que además no tiene que ser procesada en laboratorio. El gran inconveniente de sustituir la película es, hasta hoy, que la calidad de la imagen final impresa es muy inferior, y que, paradójicamente, se limita la capacidad expresiva consubstancial al discurso fotográfico. Por otro lado, nos encontramos ya en el pleno reinado de lo digital. Si bien la fotografía digital todavía no encuentra del todo su propio discurso, función, estructura e instrumentos, seguramente lo hará dentro de poco al ir superando los problemas de calidad en las distintas facetas del proceso.

Es un hecho histórico que la foto digital se ha topado con dificultades operativas similares a las que en sus inicios encontró la fotografía clásica, pero podemos aventurar que al superar dichos problemas irá encontrando su propia esencia, pues las bases ya están puestas.

Retomando algunas ideas de Piaget, vale decir que hay que aprender a razonar la imagen digital formalmente en términos de las cosas que le son propias. Así como la Fotografía tomó en un principio conceptos y discurso de la Pintura, hoy la Fotografía Digital (así con mayúsculas) está cometiendo el mismo error afortunado respecto a la imagen fotográfica. Tal vez sea un desacierto tratar de imitar la calidad de una foto tradicional impresa, por ejemplo, en vez de buscar un nuevo modo de imprimir imágenes digitales. Recordemos, sin embargo, que hay casos documentados del siglo XIX en que malas fotografías fueron vendidas como buenas pinturas: el principio filosófico de la historia tiende a repetirse obvia las analogías.

Otra de las paradojas que nos obsequia la época actual es que, a pesar de su naturaleza distinta, la imagen digital tiene múltiples puntos de contacto con la foto clásica: tantos, que se refuerzan mutuamente y no sería extraño que una garantizara la existencia de la otra.

Los adelantos técnicos se suceden con tal rapidez que resulta en extremo difícil pronosticar los cambios aun en el futuro cercano, pero es precisamente en esta circunstancia donde la Fotografía refinará su esencia y el discurso exclusivo que encontró al cabo del tiempo con enorme trabajo y maravillosos resultados. Pronto dejarán de fotografiarse las cosas que ya no deberían fotografiarse -al menos históricamente-, aun si se volviese necesario volver a la fabricación artesanal de los materiales. Los falsos profetas de la verdadera Fotografía se irán por el camino (nada) fácil de lo digital hacia su propio infierno, mientras el ojo y la mano de los verdaderos artistas fotográficos buscarán lo que realmente les pertenece, para seguir trayendo esa luz a nuestro lado de la realidad.

 

Ciclo Literario.

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