Dostoievsky  y Ana Grigorievna en la  novela oculta

Alfredo Coello


 

Verano en Baden-Baden de Leonid Tsypkin ( ) es una novela que se ha ganado el aprecio de la crítica  como una obra digna de figurar entre las más hermosas, importantes y originales del siglo XX. Escrita entre 1977 y 1980 narra la vida del matrimonio de los Dostoievski y trascurre en dos planos temporales y en diferentes ciudades europeas entre 1867 y 1886, año de la muerte del maestro ruso.
 
“El libro es una extensión de la memoria y de la imaginación” dice Jorge Luis Borges y si existe un escritor al que le pudiéramos colocar esta sentencia en su cuarto de escritura es, precisamente al ruso Leonid Tsypkin, pero... ¿quién fue Leonid Tsypkin? ¿Quién lo conoce o lo conocía antes de 1982 cuando murió de un ataque al corazón en Moscú, sin saber que su obra vería por fin la luz? y ¿por qué escribió sobre el viaje de Fedor Dostoievski en Europa sin haber salido nunca de la Unión Soviética?

San Petersburgo, Rusia

Nos encontramos ante un autor enigmático, oculto, inédito en su país. Leonid Tsypkin es, hasta los días de hoy, un alebrije de la historia de la literatura rusa moderna, desconocido en occidente; dos semanas antes de morir su hijo le escribió para decirle que había ya una publicación de su novela en el extranjero.

La inolvidable y hermosa neoyorquina Susan Sontag nos revela con su escritura de alcurnia y fehaciente lucidez ciertos momento claves de este autor. Ella conoce y hace contacto con Mijail Tsypkin, su hijo que vive actualmente en California y lo entrevista y obtiene de él una información valiosa para entender y saber un poco de la vida de Tsypkin; también nos relata cómo descubrió a este ruso incógnito, olvidado y severamente reprimido durante las dictaduras de la estatocracia rusa: “… hace unos diez años, saqueando una caja de desaliñados libros viejos en rústica en el exterior de una librería en la calle londinense de Charing Cross, justamente di con un libro así, Verano en Baden-Baden, que incluiría entre las hazañas más hermosas, exaltadas y originales de todo un siglo de narrativa y metanarrativa”.

No es difícil ahondar en las razones de su oscuridad. Para empezar su autor no fue de profesión escritor. Leonid Tsypkin era un distinguido investigador médico que publicó casi cien artículos en revistas científicas en la Unión Soviética y el extranjero. Sin embargo – descártese toda comparación con Chéjov y Bulgákov –, este doctor y escritor ruso nunca vio una sola página de su obra literaria publicada en vida.

“Leonid Tsypkin nació en 1926 en Minsk, de padres judíos rusos, ambos médicos. La especialidad de su madre, Vera Polyak, era la tuberculosis pulmonar. Su padre Boris Tsypkin, fue un cirujano ortopedista apresado  a principios del Gran Terror, en 1934, con los habituales cargos imaginarios y luego puesto en libertad, por intervención de un influyente amigo, después de que intentara suicidarse arrojándose por el hueco de la escalera de una prisión…”

Digamos que éste es el preámbulo en la vida de un hijo de científicos que también abrazará la profesión de sus padres. ¿Entonces, por qué se volvió escritor e hizo de este oficio una especie de solitario, pues sólo escribió para “el cajón” sin la pretensión de publicar y tampoco nunca manifestó el deseo o el ego que todo escritor anhela: el de ser leído? ¿Qué acopio de fe en la literatura implica algo así? Con certeza nunca leyó a Borges; he ahí la sospecha. La vida de los escritores siempre será un misterio indescifrable para la literatura.

¿Por qué Dostoievski? Tal vez Sontang nos acerque a una respuesta, aunque siempre nos quedará la duda. “Al parecer – dice nuestra escritora. – Tsypkin siempre había sido un apasionado de la literatura, y escribió para él mismo, tanto prosa como poesía. Con poco más de veinte años, cuando estaba por completar sus estudios de medicina, consideró abandonarlos para estudiar literatura, con la idea de dedicarse por completo a escribir. Desgarrado por las preguntas decimonónicas del alma rusa (¿Cómo vivir sin fe? ¿Sin Dios?), había idolatrado a Tolstoi, el cual a la postre fue sustituido por Dostoievski. Tsypkin también tuvo querencias fílmicas: Antonioni, por ejemplo, pero no Tarkovski.”

Ante las penurias de la vida y la necesidad de mantener a su familia el autor de Verano en Baden – Baden desiste de todo impulso literario. Desde mi óptica su novela está más cerca de Tarkovski que de Antonioni; sus pasajes interiores al descubrir el alma y la pasión por Ana Grigorevna, reconocen y a su vez ocultan los pasajes de la película Stalker de Tarkovski con la magia que no alcanza  ningún filme de Antonioni.

Verano en Baden – Baden no es, como la excepcional y extraordinaria novela El maestro de Petersburgo de J, M. Coetzee, una fantasía sobre Dostoievski y menos se acerca a los problemas de la poética de Dostoievski planteados por Mijail M. Bajtin o los muchos que han escrito sobre el autor ruso, entre otros George Steiner. Ésta es una novela, en su esencia, sobre el amor.

Da inicio cuando el narrador, que a su vez es personaje (Tsypkin),  realiza un viaje de tren a Leningrado y lee un libro adornado con caracteres chinos y un dibujo oriental exquisito, que le regaló una tía, y que en la vida real es quien lo influyó para dedicarse a la literatura. Es un libro lujosamente encuadernado y en su portada lleva el título Veji o Vida Nueva; es el Diario de Ana Grigorievna Dostoievskaya. Así empieza el recorrido imaginario y bien documentado sobre el viaje del matrimonio del autor de Diario de un Escritor, El Jugador y Crimen y Castigo.

“Los Dostoievski partieron de Petersburgo a mediados de abril del año 1867, y a la mañana siguiente llegaron a Vilna donde sufrieron la persecución de esos judíos que insistían en…” Ha dado inicio una de las novelas más hermosas del siglo XX.

Fotografia
Peter Hujar / Susan Sontag. 1975

Su prosa es un vehículo ideal para la intensidad emocional y la abundancia de su trama. En un libro relativamente corto, la oración larga revela la inclusión, la asociación; la presteza apasionada de un temperamento imbuido en casi todos sus aspectos, en lo inexorable. Esta novela fue sacada de Rusia clandestinamente y publicada por entregas en ruso a un semanario de Nueva York, en 1982. Su autor jamás supo que su obra sería publicada. Hoy está traducida a catorce idiomas.

En el prólogo que escribe para esta novela que se desarrolla en las ciudades de Baden-Baden, Dresde, Basilea, Francfort y Paris, dice Susan Sontang que las oraciones de Tsypkin recuerdan a las oraciones continuas de Saramago, que adhieren el diálogo a la descripción y la descripción al diálogo, y están claveteadas con verbos que rehúsan permanecer de modo constante en presente o pretérito. Por su carácter incesante, las oraciones de Tsypkin participan de la misma fuerza y febril autoridad que las de Thomas Bernhard.

Los “mundos reales” que relatan la historia y las alternancias de anécdotas en la vida del ludópata que fue Dostoievski, son todas estrictamente documentadas y autobiográficas, tanto las de el maestro de Petersburgo como las de Tsypkin y su originalidad se encuentra en la forma como se “mueve” en ese viento hiriente de las estepas rusas, entre la vida íntima de su personaje y la del narrador con un lenguaje que va de lo amoroso a la angustia emocional, a las enfermedades y las escenas de celos de Fedia por Ana; en fin, es esa narrativa errante y de exilio voluntario que le imprime fuerza a su novela. Y “en la ruina cultural del presente, trasciende el pretérito febril, Tsypkin está viajando al interior del alma de Fedia y Ana mientras viaja a Leningrado. Hay prodigiosas y extraordinarias acciones de empatía.” (S.S.)  Este es el juego estructural que propone una doble narrativa en planos diferentes y que se desliza desde el “pobre presente” de la Unión Soviética de Tsypkin en los años ochentas a la Rusia y Europa (ese pretérito febril) de finales del siglo XIX y los primordios del XX, donde Dostoievski está en la imaginación de Tsypkin y se rinde a la resaca de las escenas recordadas, las pasiones de los momentos anteriores de su vida; el narrador, en el presente convoca los recuerdos de su propio pasado.

El viaje de Tsypkin a Leningrado concluye con una visita a la casa donde murió el autor de Los Demonios. Es una especie de premonición cabalística que coincide con la novela que escribe y la descripción de la muerte de Dostoievski. Afirma la neoyorquina que es digno de una pluma al estilo de Tolstoi.

Abre claridad a cualquier elucubración interpretativa de esta novela, a los que puedan leerla como si fuera la vida de un jugador; la claridad se le concede a quien la ha leído en la atención y óptica de escritor a escritor: “La intensidad principal retratada en la recreación narrativa de la vida de Dostoievski no es el juego ni la escritura, ni Cristo. Es la generosa y abrasadora totalidad (que nos expresa el grado de satisfacción) del amor conyugal… el amor misericordioso pero siempre digno de Ana por Fedia armoniza con el amor del discípulo de la literatura, Tsypkin, por Dostoievski.” (S.S.)

Tsypkin está en la casa de una amiga de su madre en la ciudad donde murió su autor preferido, después de beber un té, se va a acostar y escoge de entre los libros una edición anterior a la revolución rusa, un ejemplar de Diario de un Escritor y se duerme con la reflexión de no entender el antisemitismo de Dostoievski y dice que “le parecía inverosímil y extraño que un hombre tan sensible a los sufrimientos humanos en sus novelas, el defensor fervoroso de los humillados y ofendidos… ni siquiera consideraba a los judíos como un pueblo, sino como una tribu, como si fuesen los salvajes de unas islas de la Polinesia – y a esta “tribu” pertenecía yo, mis muchos amigos y conocidos, con quienes discutía los sutiles problemas de la literatura rusa…” Aquí, quizá se esboce la sombra a una respuesta de la pregunta inicial en este escrito: ¿Por qué Dostoievski? Creo que el misterio continúa y ejemplos sobran; recuérdese la pasión de George Steiner por Heidegger. Aunque estemos de acuerdo de que si se ama a Dostoievski se ama a la literatura y ¿qué puede hacer un judío que sabe, y siente en su alma con pesar, que Dostoievski detestaba a los judíos?

 

Ciclo Literario.

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