Los espejos de la feminidad

Araceli Mancilla


Grissel Gómez Estrada
Otra vida
Ediciones Ostraco, 2004


¿Qué sucede cuando se vuelve sobre los sueños para reflejar la vida?

Se corre el riesgo de afrontar el vacío y llegar a la evidencia de la imaginación, porque ésta es un reino, un paraje, un microcosmos que lleva a la convicción de ser Otro, de vivir o haber vivido otras vidas. Y otra vida, es una manera de decir, no se engañen, somos una ilusión, la vida es su espejo, su sueño, pero nunca es verdaderamente nuestra. Es decir, lo que creemos propio, inalienable, es tan sólo otra vida. Y como tal, todo cabe en ella. Vivir otra vida es vivirlas todas. En el caso de Grissel Gómez Estrada, el  espejo que las  hace posibles, que las multiplica y también las destruye,  es la poesía.

Porque Grissel posee un ideal de lo femenino no complaciente, ni seguro ni pretende llegar a sitio alguno que no sea el asomo a su libertad, con su Otra vida  explora la dosis de contradicción, ruptura, gozo y  muerte  que cabe en la eternidad de las  palabras. Para crearse a sí misma, para inventar a los demás opta por el camino de la tinta y el papel que le estaba predestinado. Recorriéndolo es capaz de amarse como nunca, y en soledad creativa puede elegir ser otros seres, pertenecer al aire, ser canto de silencio que desperdigue sombras.

Silencio y evocación son en sus poemas el pretexto para dar soltura a las invenciones que la asaltan. Su otredad se identifica con la ausencia y la melancolía cabalgadas por la fuerza del deseo, y también con la negación, pues negar es asumir que se hizo el intento combatiendo con todo. Poeta deseante, se deja llevar por la entraña viva del amor cuya ponzoña lleva al dolor perfecto, a la sed insaciable; ya sea que el deseo se muestre como un escorpión o sea la  solitaria espera del amor que no será, porque éste, nos dice Grissel, no existe,  ni el olvido.

Fotografia
Deborah Klochko / 1998

La afirmación en la escritura de esta poeta  viene también en forma de pesadilla y de metamorfosis, no les teme a sus emisarios, asume con su presencia una actitud semejante al rompedero de espejos desde donde los convoca, los ve fascinada y al decirlos  construye el refinamiento de su desaparición. Si la decepcionan estas estancias replicantes entre espíritus de toda especie, se despide porque sabe que en cualquier momento, cuando lo desee, las palabras la colocarán de nuevo en el centro de su desvarío.

Y como ser otro significa, con toda intención, entrometerse con otros, recrearse en otros, hacerlos decir lo que podrían haber dicho pero por alguna razón callaron en  impasibilidad vital  o literaria;  entre los espejos rotos de Grissel ronda y  señorea la sangrienta estirpe de la Condesa Elizabeth, viuda del conde Nadasdy, quien bañada en la sangre de inocentes campesinas muestra la blancura de su desnudez bajo la luna de Eslovaquia, con tres colmillos de lobo en la testa maravillosa que la señala como una de las más bellas entre las bellas.

¿Qué vampirización  puede igualarse a la ejercida por esta noble dama, portento de voluptuosidad que hereda al mundo, a través de la sangre -- la propia y la de seiscientas doncellas--,  su alma y el triunfo de la hermosura  femenina  por los siglos de los siglos?

Escuchemos:

Los astros habían dibujado en el lienzo tu fortuna:
Mandrágoras, hiedras, serpientes, a tus pies,
doncellas, a tu espalda, doncellas amontonadas
como racimos de uva,
dobladas, decapitadas, enroscadas,
doncellas a tu espalda, ordenadas como flores…
¿Qué secreto guardaba ese rostro,
qué muertes, qué hechizos, ese pecho,
ese cuello donde se distingue aún
el latido del corazón,
en el lienzo que palpita y respira y es tu casa todavía?  


Espejos de una feminidad de metáforas oníricas, que troza sin piedad el Yo  y se impulsa animada por la pureza y los matices de elementos primarios: aire, tierra, fuego, agua, los demonios de la existencia rondan la voz de esta escritora en delirante juego, sacan incluso hedores y pasean a la muerte, y esta particularidad poética de antagonizar con acierto imágenes  paradisíacas y aterrantes puede advertirse en, al menos, otro de sus libros: Poemas de neurosis y antineurosis.

Otra vida proclama que el tiempo de ser recuerdo en flotación, el origen del universo o  una oración nueva llegó en fragmentos de azogue a la danza que propone Grissel Gómez Estrada con la poesía, arropándola con instrumentos precisos: cadencia, gracia cruel y una fantasía que no duda teñirse de humores, escarbar en heridas antiguas y aspiraciones inciertas para anunciar su nacimiento y decir: 

El viento no soy yo,
es otro
que hace espuma
y agita las aguas,
presuntuoso,
es otro
que me espera a la orilla
procurando acelerar mi muerte.

 

Ciclo Literario.

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