La Lección de Viola

Jenny Huerter
Traducción: Isabel Miramón Noriega

 


 

Ninguna generación está interesada en el arte exactamente de la misma forma que cualquier otra; cada generación, como cada individuo, le brinda a la contemplación del arte sus propias categorías de apreciación, hace sus propias demandas sobre arte, y tiene sus propios usos de éste.”

                            T. S. Eliot

Paseaba en dirección a las puertas de vidrio, pateando deliberadamente una larga y espinada vaina de castañas mientras seguía adelante. Rodaron por el concreto y dieron tres vueltas antes de estrellarse en el borde de la rampa. Mirando hacia arriba a través de las ramas, que estaban camuflageadas por una mezcla de manchas verdes y cafés, juntas entre sí, y  entre hojas en forma de lágrimas, podía ver pedazos del claro y azul cielo otoñal. Reacomodé la correa de la funda de mi viola en mi hombro. “Es demasiado malo, no puedo quedarme aquí afuera para disfrutar del clima.” Con ese pensamiento, empecé a caminar más despacio. “¿Por qué estoy tan nerviosa? Estoy más preparada para mi lección de esta semana de lo que había estado en mucho tiempo.” La serie de puertas aparecieron frente a mí, tire de una para abrirla, tomando camino rumbo al segundo piso del edificio. Sabía que no había razón para estar nerviosa, pero a las mariposas que revoloteaban en mi estómago no parecía importarles.

Conforme me aproximaba a la oficina del Dr. Sternberg, su puerta se iba aclarando a mi vista – yo siempre había disfrutado verla. La madera oscura apenas podía verse debajo de docenas de caricaturas humorísticas pegadas en ella. Había incluso una fotografía del mismo Dr. Sternberg, con una zanahoria saliendo de su boca, y un letrero al lado preguntando, “¿Conoce a este hombre?”  

Sonreí y pude sentir que mi ansiedad iba desapareciendo. Golpeando la cabeza contra la puerta, noté que estaba trabajando en su computadora. El Dr. Sternberg estaba en sus treinta y tantos, con pelo negro y una barba que se había empezado a dejar apenas en verano. Volteó y me sonrió, haciéndome una seña para que entrara. “Y bien, ¿Cómo está señorita Marie?”

Fotografia
Robert Frank

“Estoy bien”, respondí, cerrando la puerta y buscando un lugar para dejar mi funda. La silla en donde la ponía normalmente tenía un montón de papeles encima, y había partes de orquesta, carpetas, discos compactos, y partituras de viola y violín dispersas en pilas por todo el suelo. “¿Cómo está?”

“Bien”, dijo, antes de disculparse por el desorden. “Siempre vamos hacia la misma conversación al comienzo de cada lección” pensé, sonriendo en mi interior. Empujé algunas de las pilas a los lados y dejé mi funda en el lugar despejado. “Si se siente mal por este desorden, entonces debería ver mi habitación – por lo menos estas cosas están apiladas”.

Abrí el cierre de mi funda, y empecé a sacar mi viola. Después de poner la hombrera en su lugar y de apretar y limpiar mi arco, puse mi estante en medio del cuarto. El Dr. Sternberg se levantó de su escritorio y se acercó para ver lo que había traído. Escogiendo la música y buscándola, me preguntó, “¿Qué hay hoy en la agenda – tenemos que trabajar en algunas partituras o estudiamos eso la semana pasada?”

“Trabajamos en ellas la semana pasada”, comencé, “pero después de que toqué, nos distrajimos platicando de otras cosas…”

“Imagínate…” sonrió.

Le regresé la sonrisa y continué, “…y olvidó darme algo nuevo para trabajarlo”.

“Está bien”, dijo, rascándose la cabeza y hojeando mi libro de partituras. “Qué tal si nos saltamos las partituras por hoy. Pondré la fecha de hoy aquí…” escribió 11/6 en la parte de arriba de la página, “…y las ensayaremos la próxima semana. “¿Está bien?”

“Claro”, respondí, sin preocuparme por esconder la felicidad en mi voz. ¡Nada de partituras! ¡Sí! Eso significa que vamos a trabajar en las cosas divertidas.

“Entonces hay que meternos en el Vanhal”, sugirió, caminando a su escritorio.

Asintiendo con la cabeza, respiré profundo, me preparé, y empecé a tocar el primer movimiento del concierto. Después de la primera página miré hacia arriba para ver si quería que siguiera adelante. Levantó la mano y paré.

“No puedo entender qué es lo que pasa con tu arco”, dijo. “No podría hacer lo que estás haciendo aunque alguien me pusiera una pistola en la cabeza”. Oh, eso, pensé. ¿Todavía no está bien? Habíamos estado tratando de entender lo que mi arco estaba haciendo durante semanas, pero no lo logramos. De alguna manera estaba consiguiendo mantener la primera, segunda y cuarta nota con el arco mientras la tercera se acomodaba sola.

“Déjame empezar haciéndote algunas preguntas”, continuó el Dr. Sternberg. “¿Tu dedo pulgar esta perdiendo su curva bajo el arco?” Me mostró a lo que se refería con su arco. Después de intentarlo por mí misma, le dije que no lo creía.

“Bien entonces, ¿sientes que estás tratando de empujar con tu tercer dedo?” Traté eso también, pero no se sintió como lo que había estado haciendo. Continuó haciéndome preguntas y haciéndome probar diferentes cosas hasta que de repente tuvo otra idea.

“Intenta empezando por agarrar el arco con las yemas de los dedos”. ¡Funcionó! “Ahora toca el principio de la pieza otra vez”. Hice lo que me pidió, y pude notar que se estaba emocionando. “¿Qué piensas? Me preguntó.

“Creo que está mejor”.

“Yo también – tu mano parece más suelta y más elegante”.

Un poco después, en la misma lección, el Dr. Sternberg cambió el foco del arco para suavizarlo. Estábamos trabajando en una sección con unas notas relativamente altas cuando me preguntó, “¿Puedes obtener un tono verdaderamente alto en esa dirección? No creo que puedas – no la pobre hermana pequeña del violín. Es simplemente imposible, ¿No?”

“Sí lo es”, repliqué. Podía ver el humor en sus ojos, y supe que estaba pensando en ponerme a trabajar en eso.

“Entonces pruébame lo contrario”, me desafió en tono de broma.

Me puse la viola en el hombro y toqué, jalando mi arco aún más cerca del puente. Podía sentir las vibraciones de las cuerdas en mi arco, casi como si las estuviera tocando con la mano. El sonido se derramaba de mi viola, rico y puro.

“¡Bien!, intuitivamente moviste tu arco más cerca del puente mientras te movías hacia abajo. Eso estuvo mucho mejor. Debiste haber practicado mucho esta semana, ¿no es así?”

Asentí con la cabeza. ¡Notó la diferencia! La semana anterior había practicado un poco y había estado intentando componerlo durante mucho tiempo. ¡Es impresionante lo que tres horas más de práctica pueden hacer!

Mientras estaba pensando, me quité la viola del hombro. Fue entonces, que me di cuenta que mi pelo estaba enredado en la hombrera “¿Le estás tomando mucho cariño a tu viola verdad?” dijo en tono burlón.

“Claro”, respondí, riéndome mientras trataba de desenredarlo.

Cuando mi lección terminó, caminé hacia las puertas de vidrio otra vez, salí a la luz del sol. El cielo tenía todavía el mismo color azul brillante, y las vainas de castañas seguían esparcidas en la rampa de concreto. Pero había algo nuevo que aligeraba mi paso, y una burbuja de felicidad dentro de mí a punto de reventar. Era grandioso ver el progreso que estaba teniendo con la ayuda del Dr. Sternberg. Desde hace varios años, había querido tocar la viola lo mejor posible, y darme cuenta que lo estaba logrando me hacía sentir tan ligera que podría flotar en las nubes. Me pregunto si seguirá funcionando así todo el tiempo. Saber que he hecho mi mayor esfuerzo en algo, a pesar de que otros lo hacen mejor, ¿Me hará sentir bien en otras áreas también?

De repente, recordé algo que el Doctor me había dicho antes. Dijo que había conocido muchos estudiantes que trataban de sobresalir en muchas cosas al mismo tiempo. Lo cual, usualmente provocaba que no pudieran poner todo su esfuerzo en ninguna de las cosas. Entonces, mis pensamientos continuaron, voy a escoger una sola cosa para dar lo mejor de mí en ella, y después trabajaré duro en las otras áreas con el tiempo y la energía que me quede. Una sonrisa de entendimiento se dibujó lentamente en mi cara. Durante mis lecciones, el Dr. Sternberg me ha enseñado muchas cosas sobre cómo tocar la viola, pero lo que apenas acabo de entender es, tal vez, de mayor importancia. Me di cuenta que en verdad, esto que acababa de entender, me ayudaría a llegar a mi meta de tocar la viola lo mejor posible, más que todas esas técnicas. Suspiré felizmente, incliné la cabeza, respiré profundamente el aire fresco y, con una atinada y fuerte patada, mandé media docena más de cadillos espinosos rodando por la rampa.

Original en inglés en: Frodo´s Notebook, revista electrónica hecha por jóvenes. Acreedor a su premio de ensayo 2003.

 

Ciclo Literario.

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