El cuerpo

Marianne Boruch


 

    

Marianne Boruch (1950), obtuvo la maestría en Bellas Artes en la Universidad de Massachussets en 1979.
     Poeta que a su decir escribe sobre “los momentos ordinarios de la vida cotidiana”, ha sido profesora de inglés y dirigido el programa de maestría en escritura creativa de la Escuela de Artes Liberales en la Universidad de Purdue, Indiana, desde 1987.

     Su trabajo literario incluye cinco colecciones de poesía, entre las que se encuentran: A Stick that Breaks and Breaks yMoss Burning (Oberlin College Press 1997, 1995); Descendant  y View from the Gazebo (Wesleyan, 1989, 1985),  y el libro de ensayos Poetry's Old Air.
Poemas y ensayos suyos han sido publicados en The New Yorker, The Nation, Iowa Review y The Georgia Review;  su poesía forma parte de diversas antologías: The Best American Poetry, 1997; Boomer Girls, Poets of the New Century; Poets Reading: The field Symposia, entre otras.
      Los reconocimientos que ha recibido incluyen dos premios Pushcart; el premio Terrence DePres y dos becas de la National Endowment for the Arts. También  fue becaria de la Guggenheim Foundation.

Sus libros más recientes son Poems: New and Selected (Oberlin College Press, 2004) y su segunda colección de ensayos sobre poesía In the Blue Pharmacy: Essays on Poetry and Other Transformations (Trinity University Press, 2005).     

    

 

 

El cuerpo

tiene sus pequeñas manías.
Después de la cena es cuando
el pulmón prefiere respirar,
oxigenarse en la profundidad
del aire, renunciar a lo demás.
(Antes de  cenar, sí;
también durante la cena;
pero algo en las primeras horas de la noche
demora el aliento del día y advertimos:
qué bien, todavía llega; todavía se  retira...)
Así los huesos
 y la tribu entera
 ---fémur, espina--
al ejercitar se fortalecen.
Querría el cuerpo
un pequeño kilómetro o dos. Gracias.
Transitarlo en bicicleta
o en carrera. Dentro del agua. Azul.
Y comer. Hábito de larga
circunvalación donde un huerto
se ofrenda, espuma la cerveza, pródigas
las vacas despiertan al granjero,
cede el campo su trigo, y el trigo comprende
Seré trillado e irradiará  harina
en la habitación entera, el panadero
sudoroso, abrirá la ventana
agradecido del valioso
confetti. Y el cerebro,
encerrado en su extraña
doble ciudadanía, haraganea allí en el cuerpo
limpiamente ajardinado como un paisaje.
O, abandonado en ruinas;
qué intelecto, con rosas silvestres creciendo
próximas al océano. El cuerpo
condesciende. Ay, perfuman el aire,
a veces. Se enredan. En verdad,
secretamente, al amanecer,
lo primero que el ojo
anhela mirar.

Fotografia
Uwe Harder


 

Ciclo Literario.

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