El héroe como caricatura

Artemisa Vega


 

Escuchamos en Oaxaca dos charlas del escritor David Toscana (Nuevo León, 1961) durante las cuales habló sobre la prosa de Franz Kafka, destacando su capacidad de mostrar la condición humana y develar los más terribles yugos y servidumbres; y también trajo a cuento su propio ideal literario: algo capaz de mostrar belleza.
     Dicha de paso, la afirmación no expresó mucho; sin embargo, la lectura de un par de libros del autor nos dio más indicios.
     Fueron dos las obras escogidas: Lontananaza (Editorial sudamericana, 1991) y El ejército iluminado (Tusquets Editores, 2006).    
     Lo primero que llama la atención en el tratamiento de estos volúmenes es la llaneza del lenguaje, la manera tan fácil y  podría decirse, simple, en que se narra lo que sucede.    
     Sin ninguna complicación  ni mayor tropiezo el lector entra de lleno a las historias que este escritor regiomontano desliza como contándolas a su mejor amigo. Y la sencillez se agradece porque no resulta de una escasez de recursos sino de su dosificación. Aunque al apreciar ambos textos el lector pueda quedarse con la duda de si la concisión se fue al extremo.
     Junto a esta consideración de ambos libros, otro rasgo se desprende de las tramas, cada una conteniendo un mayor o menor aliento narrativo, a saber: a las dos las recorre un sutil sentido del humor, tan fino que casi corre el riesgo de perderse, tan desasido que se vuelve negro.
   Bien, ¿y la belleza?
   Viendo las obras en lo particular, otras características se muestran y hacen la diferencia en la apuesta y las decisiones estilísticas que tomó el autor al escribir. Vamos por partes. Lontananza, primera en tiempo (a quince años de distancia respecto al ejército iluminado), conjunta  nueve relatos que se adentran en un paisaje geográfica y humanamente desolador, llevado a los confines del lugar sin atributos,  donde el único oasis para combatir el hastío es una cantina de proporciones lánguidas como su nombre: Lontananza.
      Y sucede lo único posible, lo narrable: la vida más que ordinaria de seres con mínimas aspiraciones, de esperanzas disueltas en un entorno que no da para mucho,  distraídos de la rutina con medios escasos como los recursos de los protagonistas; pero justo de esa precariedad surgirá lo extraordinario, el descubrimiento de un universo del fastidio y las posibilidades truncas expuestas a través de la convivencia del ocio que se sacia con la familiaridad de los amigos ocasionales; del cantinero entrañable y casi místico; de los predecibles comensales; del fuereño misterioso que arriba al  espacio común de la ansiedad para provocar nuevos y originales pensamientos ante la propia sorpresa que no logra sobreponerse frente al espejo del fracaso.
      Deambula también en el itinerario de estas historias sin nombre la  poética de la nostalgia, el tierno y solidario peso de la vida en pareja que termina por mostrar, a fuerza de repetición, señales de asfixia. Y la hilaridad de pretensiones desmoronadas lo mismo ante la “profesionalización” de un poeta, que en un escenario laboral donde la falacia del éxito y el progreso son lo único posible. Resulta  tan humanamente conocido el devenir de estos relatos, tan cercano a lo que sentimos y vemos, que acaba por dejarnos, en su lejanía, una  sensación reveladora.

     He ahí la belleza. En la estricta precisión con la que ese lugar fantasmal va diciendo a sus personajes a la vez que los fatiga su atmósfera de unas cuantas calles  pavimentadas, de un apenas alcanzar la categoría de poblado para volverse lindero de la imaginación.
     Es otra la propuesta y el desarrollo de El ejército iluminado;ésta, si bien mantiene la ligereza y claridad observada en Lontananza, arriesga un ejercicio narrativo más complejo al adentrar al lector en los terrenos del absurdo, y traza una historia cuyos personajes se acercan bastante a los del cómic, tanto en perfil como desenvolvimiento. Se trata de un ejército de seis seres discapacitados encabezados por un Quijote de los tiempos modernos, heroico y fracasado hasta la burla. Su objetivo: recuperar el territorio que se arrebató arteramente al país en la frontera norte durante el siglo antepasado, y con ello la dignidad perdida.
      Alrededor de esta utopía librada a la par de un maratón fantástico --una carrera de  la imposibilidad --, transcurre la aventura de este batallón de historieta que en su ingenuidad suicida muestra la íntima y verdadera aspiración de lo humano en cualquier circunstancia: alcanzar el heroísmo, la redención, la trascendencia.                    
     ¿Por qué es a través de personajes improbables, disminuidos y elogiados hasta el ridículo, que Toscana rinde homenaje a Cervantes y elabora un panorama del héroe en los tiempos que corren?
     ¿Quizá porque, a pesar de la nutrida gama de líderes contemporáneos, particularmente de los nacionales, la realidad  no dé para más y lance a la novela a los terrenos de la  fantasía caricaturesca donde sólo la locura de los inocentes es capaz de dar  la vida por la patria, de provocar  lágrimas y risas?

       Lo cierto es que, después de leer El ejército iluminado permanece el efecto: algo   extraño sucedió mostrando un mundo y lenguaje inverosímiles, signo de los tiempos que vivimos y de los cánones de lo bello, que sin duda están cambiando.


 

Ciclo Literario.

El URL de este documento es http://www.cicloliterario.com/ciclo49junio2006/enposdelabelleza.html