Apokrypto

Homero Moreno


 

    

Evangelios Apócrifos.
Edmundo González Blanco (traductor).
Colección cien del mundo. Conaculta, México, D.F.
 1991.

Cuando nos avocamos al estudio de los evangelios apócrifos  debemos tener presentes dos formas de transmisión; la que nos ocupa, es decir la escrita y otra más no menos importante, la oral. Esto último, por supuesto, hará palidecer a más de uno, pues afirmamos entonces que estamos ante huellas muy difíciles de rastrear, y su filiación háyase fuera de las manos de un método positivista cualquiera.
Derivado del griego apokrypto, “esconder” o bien “ocultar” es lo que pudiese significar el término como tal. En la antigüedad se designaban con este término, sin ser peyorativo, los escritos de algunos grupos que contenían doctrinas secretas o esotéricas, conocidas únicamente por los iniciados.
Efectivamente, el Cristianismo en sus orígenes lo podemos considerar como una doctrina iniciática y esotérica. Por ende, dentro de ese contexto los evangelios apócrifos, y otros, tienen su debida importancia. La antigüedad que guardan estos textos va del siglo II, sucediéndose las versiones de uno u otro durante los siglos III, IV y V, y llegando incluso a la frontera del siglo X. Y debemos de suponer que por su cualidad sea probable que estos documentos no encontrasen un claro destino entre los textos canónicos, o que incluso nunca se propusieran tenerlo y que estaban designados a un cierto grupo del nuevo movimiento, aunque continuado por Jesús.

Fondo Cristológico

El Fondo Cristológico “Los Venados” está integrado por más de dos mil imágenes cristo- lógicas: estampas graba-das y litografias mexica-nas y europeas de 1572 a 1925.Todas las piezas tienen el común denomi-nador que han pasado por la mirada devota del pueblo, son depositarias de las desmesuras de la fe o del equilibrio de la emoción sagrada que habita en el imaginario colectivo de nuestra cultura. Son fuente para otros proyectos icono-gráficos desarrollados en lienzos, retablos, dibujos o muros. Las hay firma-das o anónimas, pero en todas está presente la alegría de afirmar la vida o el tanatismo de una religión apuntalada en la reprobación del pecado. Los autores de este fondo lo hicieron posible tras ocho años de búsqueda y caceria. “Salimos a las calles entre semana y en sába-dos y domingos: en México y en el extranjero, rastreando con el ojo de vidrio heredado, las imágenes en papel que hablan de los dolores del hombre en tendejones, librerías de viejo, anticuarías,
tianguis y casas de subasta. Los rostros y cuerpos perpetrados en el papel y perpetuos en la memoria de tinta nos
llaman con su lenguaje cifrado en letanía. Las lágrimas del creyente matizan y recubren la estampita para terminar de darle el acabado humano a la pieza de sus afecciones”. Este trabajo
coordinado por Ivan Lfferoy recibió el apoyo del Programa de Fomento a Proyectos Coinversiones Culturales del FONCA y se encuentra disponible en CD.

A los numerosos restos de papiros que se han venido descubriendo se les ha denominado Agrapha o Logia. Sin lugar a dudas sería un error rechazarlos en bloque como también aceptarlos en esas mismas circunstancias, piénsese que personajes como Justino y Clemente de Alejandría (siglo III), los llegaron a citar. En el caso de este último personaje tenemos el ejemplo concreto de El Protoevangelio de Santiago.
Y es que entre los Evangelios Apócrifos Neotestamentarios llegamos a encontrar una cierta uniformidad, varios pasajes los situamos casi idénticos, o por lo menos muy semejantes. Cierto es que algunos investigadores suponen que pudieran ser reflejo uno de otro, aunque no todos los casos operan así. Sin embargo, se desconoce cómo pudieron haber pasado de mano a mano entre los iniciados o estudiosos de aquellos años.

Síntesis de cuatro evangelios

Para comprender el papel de Jesús dentro de los evangelios, sean estos canónicos o apócrifos, es necesario comprender algunos episodios anteriores a su nacimiento y durante su infancia. Esta información nos la proporcionan al menos cuatro evangelios no oficiales: El Protoevangelio de Santiago, El Evangelio del seudo Mateo, El Evangelio de la Natividad de María y El Evangelio de Santo Tomás.
El nacimiento mismo de la madre de Jesús en estos documentos háyase relatado como un acontecer envuelto en cierta atmósfera sorprendente y bastante fuera de lo ordinario: Ana y Joaquín no pueden concebir hijos, serán entonces los enviados de Dios, los ángeles, quienes les anuncien el nacimiento de su futura hija tan anhelada.
Esta niña de nombre María será consagrada al templo a la edad de tres años debido a un ofrecimiento de su madre para que le fuese concedida la gracia de tener un hijo o, como en algunos textos se indica, por un designio divino que así se lo señala.
María, ya en la pubertad y antes de que pueda manchar el templo con su sangre, (cómo cualquier adolescente de su edad) tendrá que dejar a los doce años el sagrado lugar y ser dada –para custodia según unos, para matrimonio sostienen otros– por el sumo sacerdote. Al efecto, el sacerdote debe de recurrir a otra señal para entregarla: mediante una vara operará el designio divino, en este caso una paloma será la señal. José ciertamente es, en algunos relatos, sorprendido por tal señalamiento hacia su persona, pero al final acepta el delicado encargo, sobre todo cuando el sacerdote le recuerda la furia de Dios al desacato de sus ordenanzas.
Ya en casa de José y tejiendo un manto púrpura, la joven virgen es igualmente comunicada del inminente y divino nacimiento de su hijo y, como a su madre, será un alado mensajero quien le traiga la noticia  y la entere de tal proeza. Le comenta el arcángel Gabriel que ese crío suyo tendrá ciertas funciones que desempeñar en el mundo ya que es el hijo de Dios. Sumemos a todo ello que, además -- y ciertamente siendo una clara e importante diferencia con su madre--, María continuará siendo virgen e igualmente, como a Ana le ocurriese, será preñada por el Espíritu Santo.
Como podremos suponer o imaginarnos, a José le cuesta un poco de trabajo digerir tal noticia, a no ser por otro ángel que le afirma lo dicho por María, y  es avalado por otras jóvenes vírgenes. Vendrá el nacimiento de Jesús en una cueva. En sus primeros años se desarrollarán toda una serie de acontecimientos (milagros) del niño Jesús. La historia, a veces, se suscita alrededor de sus hermanos mayores, hijos de José de algún primer matrimonio, y de otros pasajes más de los cuales no se menciona nada en los textos canónicos. Continúa el relato con la huída a Egipto y el posterior regreso a tierras judías, cerrando algunos manuscritos con más milagros de Jesús.

Algunos puntos de interés

El Protoevangelio de Santiago es en realidad un nombre actual, y fue usado por primera vez en 1552 por el editor Guillermo Postel. La primera referencia al también llamado Evangelio de Santiago, probablemente se le encuentre en Clemente de Alejandría (+215), el cual lo utiliza para afirmar la virginidad de María y poner sobre la mesa de reflexión el primer matrimonio de José; posteriormente encontraremos otras menciones en su discípulo Orígenes (+253-4), quien también dará historia al primer matrimonio de José; ¿es su hijo el mismo apóstol Santiago el Menor y además autor de este escrito? Difícil de saber con certeza. Algunos críticos consideran que pudiese tratarse de un cristiano de origen judío que tal vez vivía lejos de Palestina y estaba influenciado por el Antiguo Testamento.   
     Es probable que hayan sido varios los “autores”, ya que en estos escritos el asunto de los derechos de autor operaba en forma distinta a la de nuestros días. De ahí que la muerte de Zacarías o la huida de Juan Bautista  puedan parecer a algunos episodios “añadidos”. Es muy probable que hayan sido “terminados” en la forma como los conocemos actualmente, alrededor del siglo V.
Y es que en estos temas hay más interrogantes que certezas: Hay numerosos manuscritos del griego, siríacos, armenios, etiópicos, coptos, árabes y eslavos.
En tanto el Oriente recibía este manuscrito, Occidente lo rechazaba una y otra vez: Inocencio I, en el 405; y Gelasio en el 494, sin embargo poco a poco el libro de Santiago fue penetrando y ejerciendo su influencia.
El Evangelio del Pseudo Mateo parece ser una versión Occidental del de Santiago, pero éste fue más conocido y aceptado entre la iglesia cristiana oriental que el primero. Puede ser que su versión definitiva,  tal y como lo conocemos, date del siglo VI, época en que San Benito compuso su regla e implanta el monarquismo en Occidente. Resalta de este Evangelio el relato de la puerta dorada, punto de encuentro entre Joaquín y Ana al saber de la noticia del ángel con la inminente llegada de María. También el capítulo que menciona cómo se alimentaba María de la mano de un ángel, y el que habla de la incursión del buey y la mula en la gruta, entre otros.
 Al respecto, sobresale una carta atribuida al sacerdote Jerónimo y dirigida a los obispos Cromacio y Heliodoro con la intención de relatar “la verdad contra ciertos libros apócrifos llenos de herejías, y en la que atribuye el escrito al evangelista San Mateo. De ahí el título dado a este texto.” (p. 32). No obstante, el manuscrito termina diciendo que el autor es Santiago, hijo de José.
A su vez es posible que El Evangelio de la Natividad de María fuese una versión o síntesis del Evangelio del Pseudo Mateo. Cierto es que cada vez se van eliminando más pasajes: el primer matrimonio de José, la prueba del agua, la incredulidad de Salomé y algunas actitudes del niño Jesús, bastantes iracundas en una primera lectura. Se ha llegado a atribuir este manuscrito al mismo San Jerónimo, ¿resultado de la súplica recibida de la traducción al latín del Evangelio del Pseudo Mateo por los obispos Cromacio y Heliodoro?
     Será el mismo Orígenes el que advierta sobre la circulación secreta del Evangelio de Tomás. Al parecer a este escrito se le ha confundido constantemente con el Evangelio gnóstico de Tomás, de procedencia en efecto gnóstica, y tal vez sea a este último al que Cirilo de Jerusalén se referirá desdeñosamente como un escrito del movimiento maniqueo. Y, por su parte, Hipólito de Roma le atribuye un origen Naaseno. Es de gran polémica este último evangelio, no obstante debemos anotar que tanto la versión gnóstica como la maniquea, al parecer han desaparecido, cuando menos del dominio público. También se le ha llegado a conocer en varios libros como Relato de la infancia de Cristo por Tomás, filósofo israelita.

Otra versión (Daniel Rops, introducción de Evangelios Apócrifos. Colección Sepan cuantos. Porrúa, México, D.F., 2001, p. 53.)

“sugiere la posibilidad de algún sabio que hubiera traído estas tradiciones de la India.  Porque no deja de ser curioso el hecho de que una tradición, quizá más antigua que los Hechos de Tomás, relacione a este personaje con la mencionada región de Asia.”

Cristianismo primitivo

El cómo operará el Cristianismo en sus primeros siglos de vida es algo que incumbe a todos estos manuscritos; sin embargo, al ser imposible abarcar todo ese universo en este texto, anotamos no obstante algunos datos relevantes para nuestro breve escrito. “De acuerdo con la tradición, el primer obispo de Antióquia fue Pedro, que vivió en aquella ciudad durante siete años, desde el año 33 al 40 de nuestra era. Más adelante y referente a otro apóstol, La iglesia copta, con Alejandría como centro difusor de todo Egipto, remonta sus orígenes según la tradición a la labor del evangelista Marcos” (Juan Pedro Monferrer Sala, ´introducción y traducción’ en Apócrifos árabes cristianos. Colección Pliegos de Oriente. Trotta, Madrid, 2003, p. 14).
     Por cierto, igual que en la antigüedad, Alejandría volvería a gozar de fama y reputación intelectual. Para este momento, siglo II, veremos surgir figuras como Clemente y Orígenes.
Gracias al edicto de Constantino en el año de 313, será bastante próspero el Cristianismo. Para el siglo V la iglesia egipcia genera la aparición de teólogos como Atanasio y Cirilo de Alejandría, gran contrincante de Nestorio del cual derivaría el movimiento conocido como los nestorianos.
“En Abisinia o Etiopía las raíces del cristianismo se hunden en el mediodía del siglo IV cuando dos hermanos sirios de Tiro, Frumentio y Edesio, tras haber naufragado en el mar Rojo, acabaron siendo hechos cautivos en el antiguo reino etiópico de Aksûm […] Los dos hermanos, con el tiempo, acabaron evangelizando y convirtiendo al rey Ezana…” (Juan Pedro Monferrer, op. Cit.).
 Será en este mismo siglo que tendremos ya en oriente la presencia de las iglesias siria, jacobita, copta, etiópica y armenia; amén de todo el movimiento Cristiano en Occidente.
Ya para el año 530 la iglesia persa había realizado una gran labor evangelizadora, se podía uno encontrar con obispos en la India, en ciudades como Bombay y Ceilán, además de miembros de esa iglesia en Bangladesh, Tailandia y el sur de China.
Estos son sólo chispazos de un gran movimiento que por diversas y múltiples causas creció de una manera significativa y pausada a lo largo de los siglos, al que se suma la gran importancia que tendrá la llegada del Islam a la región del cercano Oriente y Europa, sin mencionar todos los movimientos cristianos visibles y no tan visibles que ocurren por lo menos en estos dos continentes.
Antes de concluir anotaremos que, desde hace tiempo, estos textos  han salido a la luz conformando un necesario campo de reflexión para todos aquellos estudiosos que han optado por acercarse a ellos, a sabiendas de contar no sólo con los textos canónicos para comprender el legado de la tradición cristiana, sino también de estos “apócrifos”.
Podríamos mencionar pasajes como la presentación en el templo de la Virgen María, la paloma que sale de la vara de José, la caída de los dioses en Egipto al entrar el niño Jesús a Heliópolis, el árbol o palmera que se inclina ante la Sagrada Familia o bien el episodio de la estrella portada por un ángel y seguida de tres magos, e incluso el velo de la Verónica; todos ellos motivo de inspiración para variados artistas del grabado y la pintura de los siglos V al XXI. Se encuentra su influencia en la Iglesia copta, en la etíope, así como entre los Arrianos y los Nestorianos; se les ha descubierto hasta en el Tibet, adonde los habrían llevado los Maniqueos en una época desconocida.
     En todo caso, a estos textos llamados apócrifos -- palabra a la que se le ha asignado un valor peyorativo debido a la ignorancia de nuestros tiempos--, les debemos dedicar estudio y reflexión.
El Cristianismo tenía, en un principio y tanto en sus ritos como en su doctrina, un carácter fundamentalmente esotérico, es decir, interno y por ende iniciático, valor que, como iglesia oficial, ha perdido. Lo que se pretendía conocer era la verdadera gnosis, la sabiduría de las cosas, del mundo y del Universo todo. Como el Nôus que encarna ese revelar del Ser. La revelación de la divinidad. Por ello conocer es nacer con. Y por ello cuando el hombre de luz se encuentra exiliado del Ser, el mundo le parece una penosa prisión. A lo largo de los textos apócrifos encontraremos ese deseo profundo del hombre por encontrar su propio Ser de luz, de reunificar lo aparentemente opuesto y llegar a una reintegración con la Unidad.
Falta mucho por comprender lo que el legado del Cristianismo contiene y  ha aportado a la humanidad toda, más allá del ensayo y error de las instituciones y de un cierto entendimiento de las cosas. A esta comprensión se suma el recién hallado Evangelio de Judas, al que habrá que analizar con detenimiento.

Para leer más:

  1. Apócrifos árabes cristianos. Juan Pedro Monferrer Sala (traductor e introducción). Colección Pliegos de Oriente. Trotta, Madrid, 2003.
  2. Evangelios Apócrifos. Daniel Rops (introducción). Colección Sepan cuantos. Porrúa, México, D.F., 2001.
  3. Evangelio según Tomás. Julio Peradejordi (traductor). Edición bilingüe: copto y castellano. Colección La aventura interior. Obelisco, Barcelona, 1992.

    Enseñanzas de Jesucristo a sus discípulos (manuscrito etíope 68). René Basset (traductor). Colección Tradición Hermética. Obelisco, Barcelona, 1987.

 

 

Ciclo Literario.

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