Río de las nutrias

Marie Claire Figueroa


 

Luis Manuel H. Amador
Contiene Material Inefable
Colección Gente Nuestra
Comité Pro Istmo “Che Gorio Melendre”
H. Ayuntamiento de Juchitán 2005-2007
2005

            De entrada, el título y subtítulo de la primera de las tres partes “Río de las nutrias. Sinfonía poética en ocho movimientos”, nos proporcionan la clave de los poemas: tratan del agua y se estructuran en forma de sinfonía, un poco especial ya que duplica el número de movimientos de una sinfonía clásica.
            Desde el principio, el preámbulo diríamos en narrativa, o el preludio como nos señala el autor como para anunciar la musicalidad de sus versos, estamos convocados a respetar el río que atraviesa esta primera parte, a falta de respetar la tierra de las que nos creemos amos absolutos.
La danza que sigue es nocturna y tal vez se trate de la danza de las nutrias. Luego nos enteramos que este río corre al lado de una milpa y que tiene un puente: andante pausado ritmado por los pasos de alguien que lo cruza.
            Más extenso es el allegro ma non troppo: dura el tiempo de cuatro conversaciones, introducidas por un epígrafe de José Gorostiza. Aquí el ritmo cambia, la poesía en prosa sustituye a la poesía a secas. Una diminuta fauna puebla la ribera arenosa mientras las figuras de Hölderlin y Heráclito habitan el tiempo que transcurre, habitan el río que corre, sin tregua, devenir sin pausa como nos transcribe Luís con sus propias palabras, la filosofía del griego, defensor de la constante mutabilidad de la materia.
            En el impromptu el poeta observa desde el puente la fiesta de luz y colores, juegos y música, animada por niños; fiesta breve, ahogada desde el inicio por el olvido que no perdona nada.

Fotografia
David Doubilet

            De repente, el adagio dibuja el paisaje nocturno y el viento desdibuja el recuerdo de las nutrias. Aparece de nuevo la diminuta fauna y el misterio de la noche, con su rumor incesante nos inquieta y, concluye el poeta juchiteco, algo en nosotros anhela que amanezca.
El pesimismo que se asomaba desde el preludio y afloraba en el festival vislumbrado desde el puente en el impromptu encuentra su culminación en el réquiem, el peligro de extinción anunciado, intuido desde la primera página, se concretiza, se solidifica y nos dejaría un regusto amargo de no estallar, como cauda, el scherzo final con la lluvia que despierta el letargo envolvente. Pero no caigamos en la ilusión de un renacer primaveral: los últimos versos contienen una amenaza. Así que los poemas no son tan idílicos, tan arcádicos como nos lo podíamos haber imaginado al inicio.
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            En apariencia es más risueña la segunda parte,cuyo título “La Anunciación” me remitió al portal de la catedral de Reims en Francia, en el que uno de los ángeles ostenta un sonrisa tan particular que se le ha llamado Le sourire de Reims  (“la sonrisa de Reims”). En estos poemas, encontramos una intención lúdica, un sentimiento del humor, a veces ligero como la brisa, a veces, es cierto, algo rechinante. Un ángel, extraviado en el urbano laberinto, anuncia en el primer poema, el pesimismo del último: las ruinas de nuestro mundo que permanecerán como anuncio indestructible de nuestra decadencia para las generaciones futuras.
            Varios poemas nos sorprenden, casi nos desconciertan, por su final inesperado y ligeramente burlón; por supuesto el personaje burlado es el lector, pero de modo tan tranquilo y leve que perdonamos a Luís, cet enfant terrible,  su impertinencia. Un ejemplo de aquello es el poema “Instantánea” que, por lo poético de su didactismo, me recordó un poema de Jacques Prévert: Comment dessiner un oiseau (“Cómo dibujar un pájaro”).
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            El tono adquiere nuevos matices en la tercera y última parte del poemario, de hecho la más substanciosa, con piezas más abstractas y profundas a la vez, con una notoria búsqueda en el lenguaje, sin perder, no obstante, la frescura poética. Cito: Miro el recién talado árbol de la hora/ y es verdad: no queda tiempo/ para tener prisa.
            En algunos momentos, Luís Amador hace suyo el barroquismo de los surrealistas de la primera mitad del siglo pasado, o, tal vez para ser más exacto, lo bizarro, lo insólito de su corriente. No estamos ante una poesía fácil de maripositas y azul celeste. Algunos poemas, crípticos a primera vista, van soltando sus enigmas poco a poco, cuando, después de varias lecturas, se desprenden el episodio,  la noticia, como palabras balbuceantes que emergen de un palimpsesto rasgado. No olvidemos que el título de esta última sección es “Palimpsesto de la urbe”
            De la urbe el juchiteco nos depara el trajín cotidiano, su ruido infernal, sus olores, el merolico que desenvuelve su rollo a las puertas del metro, los ojos que siguen a la muchacha en la calle… Porque, en este ajetreo de la ciudad, la mujer tiene su lugar, a veces en fugaces apariciones, cuando el amor se transparenta en filigrana; en una ocasión, el poeta intenta reprimir su frivolidad: patente ejemplo de aquello la “Aclaración a Cloris”, mi poema preferido, que leerá Luís, espero, en su momento. Desapego aparentemente frío pero no nos engañemos: la discreción del amor expresado no impide el fuego de arder. Cito: La diana que es mi pecho te reclama; y esta añoranza: Quien fuera la lluvia / cuando vas por la calle sin paraguas. 
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            Entre las líneas del poemario se deslizan alusiones a los viajes de Ulises, a los Evangelios, al poverello de Asís, Heráclito, Borges, entre otros. Poemas alejados de la monotonía, desde lo ligero más diáfano hasta lo sentencioso y filosófico; desde un solo renglón, cito:  Los cuatro puntos cardenales son tres: tu cuerpo y el desierto, hasta poemas de varias páginas. Inventiva del lenguaje como ya lo señalamos, metafórico en ocasiones, barroco y recreativo en otros momentos.

Para mí, lo más sorprendente de esta poesía es su madurez si se le compara con la corta edad de su autor. Esto es un indudable signo de buena salud y de buen augurio para el porvenir poético de Oaxaca primero, de México después. Estamos ante un poeta que nos promete otras muy buenas cosechas.                        

           

 

Ciclo Literario.

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