Hugo Hiriart: Percibir es imaginar

Araceli Mancilla


 

En Disertación sobre las telarañas, Los dientes eran el piano y El agua grande de Hugo Hiriart se distingue la manera como este dramaturgo, novelista, ensayista y pintor (Ciudad de México, 1942) aborda dos géneros literarios (el ensayo y la novela) sin perder un estilo que le es propio y reconocible. A saber: el tono didáctico que imprime a su escritura aun tratándose de la novela (El agua grande), deja ver en todo momento un afán de transmitirnos algo muy caro a él e inseparable, desde su perspectiva, del oficio de creador: el legado de la tradición,  el advenimiento de los mitos, personajes y símbolos de la antigüedad y de las grandes obras de la cultura universal en nuestra vida.
     Reconocer que sin el conocimiento de esta tradición no puede haber creación original o de cualquier tipo, porque no se puede crear artísticamente sin los referentes que nos han sido heredados por nuestro predecesores, es postulado principal del maestro Hiriart y una certeza que recorre de manera  permanente su obra. Así, alcanza a los libros citados este sello pedagógico que también podría calificarse de erudito.

    

Fotografia
Gian Paolo Barbieri

    

Se suma a la cualidad señalada lo fluido de un lenguaje torrencial en su léxico y no dado a lo fácil pese a su ligereza y lucidez. La exuberancia de conceptos y reflexiones en esta narrativa se acompaña de una gozosa capacidad de jugar y dar giros en temas y tratamiento con un robusto sentido del humor.
     Otra constante en el trasfondo de esta prosa es el valor indiscutible que da a la capacidad de cambio, de renovación o metamorfosis; atributo no disasociable del proceso creativo. Percibir es imaginar, nos dice el autor, y la imaginación es un movimiento perpetuo. Y afirma: el arte no se hace pensando sino deliberando.
   Vistas las obras en lo particular, Disertación sobre las telarañas destila una observación minuciosa del mundo cotidiano y  también de los universos que hemos aprehendido de los grandes maestros en la cultura y el arte, uniéndolos en finas piezas narrativas de atinada precisión que nos demuestran la infinitud de  cada cosa a nuestro alrededor como si estuviesen vistas a través de una lupa o microscopio que les otorga su verdadero alcance. Pese a tratarse de una serie de ensayos rotundos por breves, no hay solemnidad ni cartabones en su factura sino una libertad que admite  a la poesía, el relato y el cuento, y en general  una rica inter textualidad se desenvuelve en su entramado.
     Especialmente disfrutables resultan las variaciones sobre Gattamelata y el texto titulado Acerca del ciervo. De las primeras, algunas de sus imágenes permanecen largo rato en la memoria, como aquella que remite a la majestuosidad de la Esfinge y se acompaña de una hermosa cita de Thomas Mann. En cuanto al ciervo, la maravilla, el horror y el misterio de la transformación existencial  nos revelan aquí su poderoso desafío. 
      Por su lado,  los capítulos de Los dientes eran el piano son un  inteligente análisis sobre  los mecanismos que hacen posible la imaginación y el  arte, y establece lo que podría llamarse sus principios rectores: regularidades, deliberación, percepción son términos que utiliza el autor para llevarnos de una forma honda y amena  por los vericuetos de su propio aprendizaje como artista y espectador de lo artístico.
     Finalmente, en El agua grande  el personaje Magistrodontos nos convierte en sus discípulos a la par de aquel de quien nunca sabemos el nombre y acompañamos en el recorrido de una alucinante elucidación de conceptos que nos llevan a la fuente de toda narrativa con un ritmo mayeútico y desbordado, a la vez que descubrimos entre historias estrambóticas, pausas discursivas y escritura automática, la verdadera identidad del gran maestro Oreja de Mono y su fluir incesante.

En este último libro se muestran las tensiones que nos propone resolver el maestro Hiriart para lograr una narración congruente, con sentido pero sin acartonamiento, que diga pero no se regocije en la retórica sino fluya con la libertad de las necesarias digresiones, sin perderse  ¿o quizá sí?. 
 

 

Ciclo Literario.

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