D.H. Lawrence: Del deseo al animal

Nota y Traducción:David Horacio Colmenares


 

David Herbert Lawrence (1885-1930) es mejor conocido como el polémico autor de novelas y relatos eróticos cuyo incontestable valor artístico no salvó a su autor de ameritar, en su tiempo, la infamia más constante y perenne. Si bien su extensa producción poética es por lo general considerada inferior al resto de sus obras, algunos de sus poemas están entre los más antologados de la lengua inglesa.
     Lawrence asumió pronto, tras una breve frase neoromántica alrededor de los poetas jorgeanos, la estética de lo que en el mundo anglosajón se conoce como modernismo (equivalente a nuestras vanguardias), al implementar, con fervor, el verso libre y el imaginismo nuevo de Walt Whitman. La mayor parte de la  poesía de Lawrence vibra con el mismo acorde característico del resto de su vasta obra: un erotismo cósmico irrefrenable.

     El erotismo de Lawrence es tan imperioso que desborda rápidamente los cuerpos y se cifra con toda su fuerza en lo mineral, lo animal, lo molecular. El deseo deviene corriente eléctrica, toda vez que su ámbito propio no es la vida personal del yo, ni siquiera la de la individuación biológica, sino un ámbito impersonal de "destellos, vibraciones y desplazamientos". De ahí la pronta demarcación de Lawrence respecto al psicoanálisis, que a sus ojos había entrampado el deseo en determinaciones siempre secundarias: familia, subjetividad, relaciones interpersonales.
    Para Lawrence el deseo se decanta siempre hacia lo pre-humano, lo infra-humano, aún si éste compete a los cuerpos y sus figuras. Nada más lejano, hay que insistir, de un erotismo de menudas transgresiones y placeres mezquinos. En Lawrence el erotismo, por el contrario, propende a un jubiloso y extático panteismo. Es en su poesía donde Lawrence muestra con mayor claridad la amplitud propia del deseo tal como él lo concibe, lo que hace de su obra poética una especie de filosofía presocrática de la naturaleza.

Su colección más importante de poemas, Birds, Beasts and Flowers (1923) está concebido como una especie de historia natural. Esto engarza con la visión de un mundo sin personas, "cubierto de pasto ininterrumpido, y un conejo sentado en medio", que Lawrence había descrito en una carta a su esposa. En estos poemas, Lawrence trata de ensayar una visión no humana del mundo ("yo no soy la medida de la creación / más allá de mí, este pez") sin que esto redunde en la retórica elegiaca sobre los límites del lenguaje o la cultura (sobre un canguro Lawrence dirá: "sus pequeñas manos sueltas, y sus desparramados hombros victorianos"). Bestias, pájaros y flores: el deseo se ratificará en la medida en que constituye el pulso silencioso que recorre los reinos, los géneros y las especies.

El poema Fieras en cautiverio, cuya traducción inédita presentamos, así como el titulado Los elefantes se aparean lentamente (Ciclo 46), provienen de una colección posterior, Pansies (1929), y en este último, la velocidad del deseo se somete a la lentitud propia de la forma animal, dando lugar a un juego entre movilidad y detención de inusitada belleza.     

 

 

Fieras en cautiverio

D.H. Lawrence

Las fieras en cautiverio
aunque mantengan su pureza salvaje
no procrean, andan lastimosas, mueren.

El hombres está  en cautiverio,
activo en actividad cautiva
y los mejores no procrean, aunque no sepan por qué.

La gran jaula de la domesticidad
mata al sexo en el hombre, la simpleza
del deseo se distorsiona y tuerce.

Y así, con perversidad amarga,
mascullando contra la adversidad,
los jóvenes copulan, con odio, y quieren llorar.

El sexo es un estado de gracia.
En una jaula no puede ocurrir.
Destruye tu jaula pues, participa e intenta.

 

Fotografia
Gian Paolo Barbieri

 

 

Ciclo Literario.

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