La existencia como Anhelo

Ofelia Mancilla

 


 

Víctor Frankl (1905-1997), catedrático de neurología y psiquiatría en la universidad de Viena, ocupó diversas cátedras en las universidades de Harvard, Stanford, Dallas y Pittsburg, y es autor de 32 obras traducidas a 29 idiomas, entre las que se encuentran El hombre en busca de sentido, La presencia ignorada de Dios y El hombre doliente. Fue el  fundador de la logoterapia/análisis existencial, denominado también la tercera escuela vienesa de psicoterapia, después de la de Sigmund Freud (el psicoanálisis) y la de Adler (la psicología individual).

Fotografia
Barbara Morgan. 1944


     Durante la Segunda Guerra Mundial estuvo internado durante tresaños en Auschwitz, Dachau y otros campos de concentración nazi.
     “La nuestra es una época de frustración existencial”nos dice el Dr.Frankl.      Ante la guerra, la muerte inesperada de un ser querido, enfermedades, injusticias sociales, humanas, etc.,  la pregunta del hombre por el sentido de la vida  golpea su existencia  y afirmar que la vida tiene sentido y que es imperativo del hombre encontrarlo a pesar de  la adversidad más atroz, se podría escuchar  falsamente optimista  o francamente fuera de posibilidad. Sin embargo, desde su propia existencia desnuda en los campos de concentración nazi, este hombre, se atrevió a declarar que este sentido de  la vida existe, y es tarea de cada hombre encontrarlo desde su propia situación particular.
     Su experiencia en el campo de concentración nazi, descrita en su libro  El hombre en busca de sentido, así como las reacciones psicológicas de sus compañeros y su capacidad de supervivencia, nos muestran el sentido de esas palabras: Sólo aquellos que encontraban algo que querer profundamente: Una familia, un Dios, una esposa, o qué llevar a cabo insustituiblemente, eran los que sobrevivían, pues a todo hombre le llegaba un momento, difícil de superar, de agotamiento, desesperanza ,abandono y si no contaba con algo distinto de sí mismo pero en sí mismo –su trascendencia- sucumbía ante la tentación del suicidio.
     Pero el valor del Dr. Frankl deriva de no reducir esta búsqueda de sentido a un plano puramente racional, sino que va más allá y siendo un hombre dedicado a la ciencia como médico psiquiatra, expresa la necesidad del hombre de esta búsqueda desde su ser espiritual,  es así como concibe  que “El sentido y los valores sólo aparecen en el espacio humano-espiritual y no en el plano psíquico (donde el psicologismo los proyecta)” ,y nos dice:“Hay una nostalgia tan honda en el fondo de nuestro ser, que sólo puede referirse a Dios. Vemos así que no es la auto comprensión de la existencia como fenómeno intelectual lo que nos acerca a la realidad de Dios, sino la autocomprensión de la existencia como anhelo”. Y citando a Franz Werfel nos señala esta relevancia metafísica: “La sed demuestra la existencia del agua”.
Para la logoterapia logos es equivalente a sentido. Considera que el ser humano en su existir no va tanto en pos de placeres o de poder, ni siquiera de una plena realización de sí mismo, como de llenar su vida de sentido.
     ¿Qué decir del sentido en sí? ¿Cómo encontrarlo? El sentido al que se refiere la logoterapia es el sentido que se oculta en la situación concreta que afronta una persona concreta: “Se trata de un sentido potencial, es decir, un sentido que necesita ser actualizado justamente por la persona en cuestión, que se siente invitada a escuchar la ´llamada´  que parte de ella ”.
El sentido no se  puede recetar, ni imponer, pero se pueden describir  las vías por las que el hombre puede acceder a él: una de ellas es realizando una acción o creando una obra; otra, contactando con algo, sea naturaleza o arte; y  también entrando en relación con alguien hasta el fondo de su ser único (amarle). Qué decir del sufrimiento o del dolor inherentes a la vida, para el Dr. Frankl el sufrimiento  nos da la posibilidad de un crecimiento interior:
     El sentido también se puede encontrar “cuando  somos víctimas impotentes de una situación desesperada, una situación que no podemos cambiar, en la que sólo podemos modificar nuestra propia actitud, cambiándonos a nosotros mismos, madurando, creciendo, trascendiéndonos y  dando así testimonio de la facultad más humana del hombre: la de transmutar una tragedia personal en triunfo”.
     Para Frankl, el sufrimiento puede posibilitar al hombre hacia cambios verdaderos de actitudes. Y cuando el hombre se cuestiona sobre  el sentido del sufrimiento, nos aclara que curre lo mismo que en la cuestión del sentido de la vida: “Si esta cuestión ha de poder resolverse, debemos imprimirle un giro copernicano, cayendo en la cuenta de que nosotros hemos de contestar y no preguntar, y de que la vida misma es pregunta: una pregunta que sólo podemos contestar responsabilizándonos con nuestra vida”.
     Y para expresarnos el afán del hombre por trascender su vida, Frankl, en su libro El hombre en busca de sentido, transcribe al poeta austriaco Jura Soyfer, muerto en un campo de concentración.

Único modo de liberar
al hombre que duerme en nosotros:
preguntarnos a cada instante si hombre somos
y a cada instante contestarnos: No.
El boceto somos mal pergeñado
del hombre, aún por dibujar.
Un pobre telón para la gran escena.
¿Hombres nos llamáis? Aún no. Aguardad.

 

 

Ofelia Mancilla 2006

Ciclo Literario.

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