El instante: Utopía Posible

Araceli Mancilla

 


 

No subordinada a la moral, a las modas, a las escuelas o a cualesquiera proceso formal; fuera de toda convención, la propuesta estética de Georges  Bataille en el ensayo Postulado Inicial ( La felicidad, el erotismo y la literatura, Ensayos 1944-1961, Adriana Hidalgo editora, 2001) parece cercana al pensamiento marginal que trasmina el Libro del desasosiego de Pessoa.
Anarquista en su formulación disolvente de las certezas, y de una asertiva implacable ante lo terrible de la pérdida de los instantes, nos cerca sin remedio: perdemos los instantes y perdemos la vida.
La propuesta es, por lo tanto, concentrarnos en el instante sin subordinarlo a nada,  en un extremo, quizá ni siquiera a su conciencia:
      ¿Pura percepción?
Así, nos hace pensar que una poética donde el goce (búsqueda que nos signa como la respiración, y ese goce se más pleno si corresponde al deseo genuino, no renunciado) es el instante (y el instante nunca es igual para quienes

Claire Bauroff / Yva. 1928
Fotografía

lo comparten) siempre es fragmentaria (porque constantemente se interrumpe el proceso creador), pero a la vez perpetua continuidad (porque si la creación corresponde en plenitud al deseo, se interrumpe sólo para proseguir su realización, sin saciarse)
El deseo se asocia al goce profundo que anhelamos, <aunque éste vaya más allá de aquél (¿el goce se abre paso ante el deseo  gracias a un mecanismo de intercambio resuelto por el amor?)>, pero lo sacrificamos en aras de lo que culturalmente hemos aprehendido.
Si decidir sobre nuestra renuncia del deseo es una responsabilidad personal; también lo es vivir en el hastío y la desolación a que nos lleva esa renuncia.
Y si bien está decisión viene condicionada por la prehistoria de nuestras vidas y no depende enteramente de nosotros (y así se afirma la relatividad de nuestro albedrío); si bien nuestro deseo es en buena medida el resultado de agentes exteriores, incluso desconocidos, existe, no obstante, una porción de autonomía, un ámbito reservado a los procesos axiomáticos del espíritu que nos permite decidir, aun cuando no lo hagamos. En ese reducido espacio se mueve lo que con grandilocuencia llamamos nuestra libertad.
De ahí que, incluso teniendo el valor de decidir acogidos a la realización de nuestro deseo, guiados por él gracias a esa ínfima porción de libertad donde se recrea la existencia, podría resultar que gran parte de nuestras acciones son un mero producto del condicionamiento al que estamos subordinados.
¿Pero, cómo llegar a la propuesta de Bataille después de esta reflexión?
Quizá sólo accederemos al instante en la medida que nos abramos a la percepción sin restricciones correspondiéndola plenamente a nuestro deseo desligado del  juicio moral, de pre conceptos y  de fórmulas civilizatorias.
     Si la cultura (como dice Freud) “une” a las personas preservando a la humanidad del Tánatos,  génesis de la violencia gracias al goce sin límites;  si la cultura regula, prohibe, permitiendo así el surgimiento de la norma, de la Ley, pero inhibiendo el goce primordial, entonces éste se vuelve anhelo sin fin (y sólo puede ser realización fragmentaria en tanto el deseo lo actualice).
En este punto, la propuesta de Bataille es de absoluta transgresión: ¿absorber, aprehender el instante como viene,  sin subordinarlo, para forjar  una estética de cualquier tipo?
¿Esto implica dejar a nuestra percepción en completa libertad, en pos del goce y del deseo e incluso más allá de ellos? ¿En un estado similar al que dejaba perplejo a Bernardo Soares, el personaje de Pessoa? ¿Un estado anterior a las palabras, no identificado con sentimiento alguno, semejante al vacío o al autismo del infante que no necesita desear?
Del  vacío salva el arte través del acto creador, de ahí la paradoja del instante que nos arroja a él.
Dice  Minerva Garibay (Ciclo Literario, N° 34) que la creación sublima la pulsión de muerte, nos devuelve al gozo, a la posibilidad del anhelo continuo que actualice el goce por medio del deseo realizado.
¿Siempre fragmentariamente?:
Porque los instantes del goce son fragmentarios, ésa es su génesis y su naturaleza, aun cuando estén unidos a la continuidad lineal de la vida.
De alguna manera, o totalmente, la propuesta de Bataille es una utopía posible porque la vivencia del instante creador que lleva al goce estético, estático o activo, no puede ser continua, siempre es fragmentaria, como lo es la percepción.

Se trata de una propuesta  que parece embonar con la dualidad de la existencia; con la ambigüedad de las oposiciones contemplación- creación, recinto del esteta.

 

Araceli Mancilla 2006

Ciclo Literario.

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