Barcelona y las Cervezas

Alfredo Coello

 


 

A primera vista la azotea de la Pedrera (edificio de autoría del famoso arquitecto barcelonés Antoni Gaudí)  parece brotar de un sueño paranoico en donde las imágenes esconden las chimeneas en rostros de guardianes que miran hacia el mediterráneo, máscaras alucinadas en la duda de si les causa alegría o terror vivir cerca del mediterráneo: diría Joan Manuel Serrat, es un hartazgo de preguntarle al mundo porqué y por qué.
     La arquitectura surrealista al estilo Magritteano encierra todo una pléyade de inconscientes colectivos materializados en un sueño de concreto y mármol colorido. Desde mí particular punto de vista, Gaudí es surrealista. Pero no por decreto de su jeque A.Bretón, sino por solucionar problemas extendidos desde los arquetipos que le dan abrigo en la arquitectura social a una ciudad que mira y siempre ha volteado al mar y en ella ha querido Gaudí reproducir sus sueños y movimientos, si no, vean las olas alucinadas que construyó en el parque Güelli.

Fotografia
Gaudi / Templo de la sagrada familia


     Barcelona es una ciudad octogonal, la gran mayoría de sus cuadras (flagrante contraidito) tienen ocho esquinas y puedes fumar mariguana tranquilamente en sus calles, claro, con la misma discreción con que fumas un cigarro corriente. Por cierto, todas las calles de esta ciudad ahora son ceniceros públicos, es verdaderamente impresionante la alfombra de colillas de cigarros tirados en sus banquetas, y esto se debe a la polémica ley que emitió el gobierno español de prohibir fumar en bares o cualquier lugar cerrado o abierto, sin embargo, uno se encuentra letreros en algunos restaurantes o bares donde se lee “Aquí está permitido fumar”. La sociedad barcelonesa, y con énfasis la madrileña, se ha dividido entre los que sí y los que no aceptan esta situación, y ambos son radicales.
     Una cosa llama la atención: cuando nos hospedamos en el hotel, encontramos una hoja de recomendaciones a las que, según el hotel, debe atender el turista que visita esa ciudad. Algunas rayaban en absurdos, pero bueno, eran cosas como “cuídese de si alguien lo quiere hacer reír porque en ese momento le puede robar la cartera”.
     En una se sus raras visitas a la Sagrada Familia, el obispo Ragonesí había alucinado a Gaudí como el “Dante de nuestro tiempo”. Puede ser, la salvedad es que Dante inventó en su imaginario los ya súper conocidos círculos por los que deambula la humanidad después de Ser; Gaudí, al contrario de Dante, vierte sus ideas en una literatura visual, concreta, y no abstracta. Los transeúntes que paseen frente a la Sagrada Familia hoy en día, muy bien pueden no haber leído nunca a Dante, ni tener la mínima idea del purgatorio o lo que sea; sin embargo, es imposible eludir la majestuosidad de la imagen que tienen frente a ellos y ahí está Gaudí, viajando a pie para ver cómo avanzaba su obra cumbre, cuando es atropellado y a causa de esto muere; dicen las buenas y las malas lenguas que iba hasta la madre en opio; es muy probable.
     Nos sentamos a la mesa en un restaurante-bar, a una cuadra de La Sagrada Familia, en su carta ofrece comida Malaya, Polinesia e Hindú. Nos sirvieron una sopa Laksa de Malaya y un pescado Ikan Rempalh bañado con una salsa de curucuma y tamarindo.
     Fue una coincidencia encontrar en el restaurante “Balik” una invitación en forma de volante y que tenía que ver con nuestra presencia en esta ciudad: Hallados en Barcelona los restos arqueológicos de cerveza más antiguos de Europa. Y como se sabe, la península Ibérica, vía de entrada de los cereales en Europa, alberga los hallazgos de cerveza más antiguos del continente. Hasta hace dos años, los restos de esta bebida encontrados en Genó (Lleida) se consideraban los más antiguos; más recientemente, se descubrieron en el valle de Hambrona (Soria) restos del 2200 a. C.
     Ahora, según se mostró durante el I Congreso Internacional de la Cerveza en la Prehistoria y la Antigüedad, organizado por la Universitat de Barcelona y el Comité Internacional de Antropología de la Alimentación (ICAF), al que asistimos, primero como bebedores de cerveza y después como buenos antropólogos que somos, fue una fiesta tupida de  primores y encajes de temas; nos costó trabajo, pero aún así, logramos sobrevivir en esta maravillosa ciudad alegre y post industrial.
     Los vestigios más remotos de cerveza encontrados en Europa se corresponden con los de la cueva de Can Sadumi (Begues, Barcelona). Se trata de motivos con evidencia de cereal malteado, fechado en el Neolítico Antiguo (del 300 a.C.), así como un recipiente cerámico en el que parece que hay restos de cerveza.

Fotografia
Gaudi / Parque Güell

     Entonces empezamos a evocar al devorador de las sombras para que alumbrara nuestros manjares rociados con las mejores cervezas. Nos sirvieron, para empezar, una cerveza de Abadía: Affligem. Esta cerveza cuenta con una tradición que se remonta al 1074, cuando los monjes benedictinos de la Abadía de Affligem comenzaron su elaboración aplicando la histórica “Fórmula Antigua Renovata” del padre Tobías. Es una cerveza de Abadía, y el paladar cumple en su espuma el sabor de ancestros sabores resguardados por siglos; cuando la bebes, no hay sabor que se le compare; elaborada con levadura de alta fermentación, experimenta posteriormente una segunda (dubbel) fermentación, definiendo su paladar, aroma y procedencia característica. Después bebimos cervezas irlandesas rojas. Bebimos cerveza con malta y whisky. Me llamó la atención una cerveza que ni por asomo conocemos en México: Desesperados (con tequila) y, a nuestra sapiencia y orgullo las ganas no restan. Es una cerveza rubia aromatizada con tequila, posee un color ambarino pálido, textura suave y sabor pleno y muy refrescante. México existe fuera de sus fronteras y atrapa el gusto sin dejar pestañas u ojos al sabor de los tranquilos tequilas.
     La cerveza ha sido culturalmente una bebida importante, a la par de cualquier alimento básico, desde los comienzos  del sedentarismo. La fabricación de la cerveza estaba estrictamente unida a las sociedades humanas a lo largo de Europa, Asia, África  y después, mucho después de lo que suponen los europeos en América. Las primeras cervezas, cuyos indicios datan del 7000 a. C. en la zona del Nilo Azul (Sudán) estaban elaboradas a partir de sorgo. En diferentes culturas el método no reclamaba repetición, se empleaban otros cereales, como cebada, trigo, maíz, arroz... Nosotros ponemos las comillas en el “Maíz” y fue tema de polémica en nuestro Congreso.
     La profesora Mercé Vidal, dietista-nutricionista y antropóloga, y portavoz del Centro de Información Cerveza y Salud, participó en este foro con su ponencia: “La cerveza en la historia del Mediterráneo. Aspectos alimenticios y terapéuticos”, en la que destaca el papel de los médicos egipcios que sustantivaron reconocimientos a lo largo y ancho de la antigüedad y en sus prácticas  utilizaron la cerveza como sustancia curativa: para eliminar parásitos intestinales, ante problemas de tipo digestivo, como diurético, para combatir inflamaciones o calenturas. Pero, sobre todo, se utilizó como parte constituyente de antídotos contra el veneno del escorpión y las serpientes. Las investigaciones sobre la cerveza, de pronto, nos colma de sorpresa y también de cerveza (jé).
     Sin embargo, es necesario destacar que no fueron sólo los egipcios, para quienes la cerveza era su bebida nacional, los que creían en las propiedades curativas  de esta bebida; de la misma manera que éstos, en Mesopotamia, Roma y Galia le atribuían iguales virtudes frente a las afecciones gástricas e intestinales. Herodoto, en el siglo V a. C., también recomienda la cerveza como antídoto, e incluso Hipócrates afirmaba que esta bebida fortalecía el corazón, y hoy en día ha quedado demostrado, mediante estudios científicos, que su consumo moderado puede tener efectos beneficiosos en la salud cardiovascular.

Después de que terminó el congreso, nuestra salud estaba un poco debilitada por el exceso de cervezas que bebimos en las famosas Ramblas de Barcelona. Un amigo me decía que Barcelona es todo Gaudí, hay un poco de esto, pero sin duda esta ciudad es más lúdica que otras ciudades españolas, sincera y alegre.

 

 

Alfredo Coello 2006

Ciclo Literario.

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