Chacahua

Lorenzo León / Araceli Mancilla


 

      

No pregunto
  entro en Chacahua
los ojos amarillos de una serpiente
  caen como rizos del sol 
sobre su risa de mulata niña
  salta en vuelta mortal y aspira aromas
de la playa vigilada  por marinos:
  esa mirada de soledad embrutecida
abre  peldaños
  bajo las musculosas piernas
al dirigirnos hacia el faro
  falo donde la luz preña naufragios
y guía entre filamentos de tormenta
  a los curtidos pescadores que fuman
en la noche del agua

Nos despertó la voz de la laguna su cuerpo de mujer acuosa verdinegra flotación apenas contraída abierta en olas como hijos de su profundidad extensa cabellera de reflejos lunares segados por el oscuro viento a  cierta hora entre el sueño y la vida  fue así que delicada y apacible cantó  una  melodía de cormoranes de peces y almejas emboscadas acompañada por un llanto estelar

Allí la blanca señal del Ibis:
   sumergido en  delirio de los negros
danza el sol del milenio
  en esta fragancia de entrepierna
entre laguna y mar
  enmarañado pubis vegetal
 vaporoso olor de almeja 
    en tamal de tamiche
vemos a los pelícanos
   picar peces ingenuos
Era come y advierte
   mariposas que beben
del pezón de muchachas morenas
   en el atardecer

su risa franca formula la palabra
  secreta del estero
 la ruta hacia la umbría
   de túneles tejidos por la laguna hembra
bautizada con ese nombre extraño
  parecido a una  oración
desprendida de palmeras en esta madrugada
  que paladea las ubres marinas
de Chacahua

Era desde el silencio busca
  asoma a la ventana
se distrae con juegos de chiquillos chimuelos
 que hurgan en escondites de gatos callejeros
observa la digestión de aves migratorias
   a reptiles perezosos en  bocana
la selva entra olorosa  a légamo
      exuda pieles
tan lustrosas como maderos de la nocturnidad
 
La luna guía
  el camino de lagartos
nos conduce a la playa en que besamos
  la tierna concha de tortugas laúd
ungido un par con nuestro nombre
   dificultosamente alcanzarán al mar
las despedimos
   en medio de un ocaso coronado
desde el abismo del  tiempo
  y  regresamos de esa imprevista tarea
tomados de las manos
    al muelle de madera carcomida por un
oleaje manso
       en el que llueve estrellas
Hemos amanecido en la canoa de clavos oxidados
  un esclavo de expuesto regocijo
nos conduce  a las garras fangosas del manglar
     guarida de arañas es el hueco
de troncos donde habita el garboso cangrejo
   anaranjado
nidal de traslúcidas serpientes para espanto de beldades polacas
  su cutis pálido se derrite en visiones salvajes
     envueltas en penumbra luminosa
         un chorro de luz cae
   llevando a la exclamación más poderosa
de Chacahua

Entramos a su urdimbre de raíz  laberinto de sombras cuyo  acoso de luces incuba la armonía murmurante del silencio crecido en  humus y conchas y adherencias caparazones raudos  diminutos insectos como brasas  hundiéndose en el agua de marisma que nos sigue en lentitud con sus ojos de jade de corriente exhalando arborescencia trémula bajo las altas varas en fronda de pecíolos como impúdica diosa tocada por las nubes

Una invención  tramó la sociedad del mar y la laguna
  un corazón de agua y mantos verdes
palpita en los ojos desprevenidos de Era
  bajo su maltratado sombrero de turista
aventura callada esta escritura
  la dicta cuando duerme un sueño líquido
donde se posan pacientes las cigüeñas
  y  saltan pequeños robalitos como notas
que dibujan el pentagrama de sus dientes
  su parpadeo vigila el cielo lo contiene
totalidad nocturna  velada por la aldea
   en muslos tibios que ofrendan a los grillos
el rústico aposento de la fecundación

Era tiende su mano y recoge cristales de planetas
  y  mientras perfuma con algas su cabello
las rojas estrías de mi mirada se extienden en rizomas
  pues es su vocación el instante del alba
que enmudece a la niña de la noche

Aquí en Chacahua
    el delta pedregoso rompe las emociones
y habla a la eternidad que sopla suavemente
      irisando el océano

Una quietud que nunca se detiene un recibir al mar y transportarlo a los islotes del reino donde la vastedad descansa sin descanso ahí se aparean los crustáceos los tímidos moluscos  multiplican y desde su gravedad de seres escondidos ven cruzar la altiva serenidad de las urracas entonces el mar es sólo un niño a quien lleva de la mano su nodriza: la laguna lo mima lo amamanta lo prodiga con sus besos de ciénega  todo es en apariencia calmo sobre la superficie la cuna de agua donde reposa el dios pero jamás estés desprevenido su poder se pertrecha debajo de ese espejo que puede llevar sin mayor trámite al temido centro de su furia        

Fieles a los vagabundeos
     seguimos un mecanismo
engranado a los astros que trazaron
     el origen del hombre

Algo sabíamos cuando escuchamos los  llamados del agua
              decía      Chacahua
y  vinimos a flotar en un lecho de palma
   para escribir nuestra parte de la  historia

La palabra surgió en el patio de una escuela
      desde allá nos persigue
al pronunciarse apareció un vocablo que escondía
      navegaciones garzas secretos
así que dije
 Era
vamos al escondrijo de las grullas
 donde las tempestades pasajeras despeinan las gaviotas
vamos donde los alcaravanes escarban su alimento escamoso
   allí llegamos y fuimos bienvenidos por un viejo tejiendo
su atarraya que nos dio su bendición para el disfrute
y  dijo:

“Los jóvenes lancheros que codician la sed de los paseantes
   han grabado en sus brazos el orgullo ancestral de estas
islas aparentes
tengan cuidado
   hay en sus conversaciones  jubilosas
            la seguridad de llevar al espejismo
con la velocidad fugitiva de un cometa”

“Saben los fuertes vender con prontitud cualquier sorpresa
   resonante en su pecho como una vibración
de instrumento de aire
   que conduce al amante
a la más suntuosa hamaca del orgasmo”

Así que Era y yo
  bebemos
en un palafito
   abierto al  cosmos
que circula
   cual tromba marinera
en nuestra sangre
  silba la laguna
asciende salobre
  hacia el baile que agita
nuestra estancia
  se desnuda
moja las pieles
  que la llaman
Chacahua
   
Sube a la noche una agonía de agua
  azota los bienes terrenales
pecios de su desastre pasajero
  flotan para ser descifrados
entre las barcas de los pescadores

Era yace sonriente
     ha pasado el diluvio:
  
Chacahua
     se mece primitiva
al interior
   de la memoria líquida
del mundo

  --en que somos un fulgor
 transitorio
     una huella animal—

y nos despide.

 

 

Ciclo Literario.

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