Arte y Humanismo de Francisco Toledo

Araceli Mancilla y Lorenzo León


 

Se busca un alma
(Retrato biográfico de Francisco Toledo)
Angélica Abelleyra
Plaza y Janés
2001

 

La noticia del poema

Gabriel Zaid publicó recientemente un artículo sobre periodismo cultural (Letras Libres, No.86) donde puntualiza algunos aspectos de esta actividad que vienen a cuento en la reseña bibliográfica que nos ocupa.

Fotografia
Francisco Toledo / Autoretrato, 1999

Como es sabido el periodismo tiene como materia prima para la elaboración de su narrativa, al acontecimiento. Zaid pregunta ¿Qué es un acontecimiento cultural? ¿De qué debería informar el periodismo cultural? Y cita a Ezra Pound: La noticia está en el poema, en lo que sucede en el poema.

En efecto, el juicio de Pound es idéntico al de Georges Bataille, cuando éste escribe: No sólo la naturaleza de la poesía se sitúa en la dependencia del acontecimiento, sino que la misma poesía es acontecimiento. La verdadera poesía surge del acontecimiento, es acontecimiento, es la llama que consume el acontecimiento.

O al de Georges Steiner, que apunta: Un poema es, su comentario significa.

Y dice Zaid: Pero informar sobre este acontecer requiere de un reportero capaz de entender lo que sucede en un poema, en un cuadro, en una sonata. Sin embargo, los periodistas culturales no informan sobre lo que dijo el piano maravillosamente (o no): el acontecimiento central de un recital, que hay que saber escuchar, situar en su contexto, analizar. Informan sobre los calcetines del pianista.

Zaid señala que la verdadera vida literaria sucede en los textos maravillosamente escritos. Pero dar noticia de ese acontecer requiere de periodistas que lo vivan, que sepan leer y escribir en ese nivel, con esa animación.

Estas palabras son inmejorable introducción para difundir algunas aristas de esa compleja noticia que es Francisco Toledo, protagonista del libro que escribió Angélica Abelleyra Se busca un alma (Retrato biográfico de Francisco Toledo), un retrato “hecho de voces”, personas que van desde los familiares más cercanos del artista, a críticos de arte, colegas y compañeros de ruta en las luchas políticas en que siempre ha participado el pintor juchiteco.

Pero antes de referirnos al contenido del libro hablemos brevemente de la naturaleza genérica del mismo, pues es un ejemplo muy brillante de una periodista que asume con integridad y profundidad el acontecimiento cultural, algo que destaca aún más en el desierto que vivimos en lo que a esta actividad se refiere.

Dice Zaid: paradójicamente, la cultura, que ahora está como arrimada en la casa del periodismo, construyó la casa. La prensa nace en el mundo letrado para el mundo letrado. Y ahora, la cultura, que dio origen al periodismo, vuelve al periodismo por la puerta de atrás: como fuente de noticias de interés secundario, del mismo tipo que los espectáculos, bodas, viajes, salud, gastronomía. Lo cual resulta una negación de la cultura; una perspectiva que distorsiona la realidad, ignora lo esencial, prefiere las tonterías y convierte en noticia lo que poco o nada tiene que ver con la cultura.

Lo grave es que, como lectores, la prensa nos ha acostumbrado a viajar en vagón de segunda, cuando bien nos va, en lo referido al acontecimiento artístico. Y no sólo por la ignorancia de los reporteros sino también por el descuido y falta de interés de los editores (quienes avalan la incultura como si fuera cultura, y la difunden, multiplicando el daño).

Mientras en los periódicos no se planteé la preparación de los miembros de la redacción cultural, para lograr una especialización de acuerdo a las fuentes, como sucede en la redacción de política o economía, seguiremos padeciendo una información no sólo fragmentada sino inocua, y el acontecimiento cultural seguirá ausente de la plana de los diarios.

Y es lógico, si no hay reporteros que puedan  escribir una buena nota, una crónica que nos apasione, una reseña que nos ilustre, un artículo que reflexione, menos habrá quien emprenda un reportaje, como excepcionalmente lo ha hecho Angélica Abelleyra.

Ella fue parte de la redacción de La Jornada, un diario que se caracteriza por lo bien reporteado y editado en su sección de cultura. Se especializó en artes visuales y es notable su pulcritud técnica pero también destaca, como en el caso de Elena Poniatowska, la potencia generadora de la pregunta periodística.

Cuando escuchamos en la radio o vemos y oímos en la televisión las entrevistas que hacen los locutores a los invitados a sus programas, sean de noticias o variedades, nos damos cuenta de cómo la ignorancia emite “tiempo al aire” (fatuo, vacío, ingrávido) con el único fin de ocupar lo que interrumpe los spots comerciales, o de “llenar” planas para cubrir lo que no han pagado los anuncios. Estamos ante una pregunta que ni es periodística ni es siquiera pregunta. Algo que “cubre”, precisamente, para no revelar, no enseñar.

Francisco Toledo / Juárez reta al toro, 2004

Hace unos días, en canal 22 reciclaban una entrevista hecha al compositor Carlos Chávez. El periodista le preguntó: ¿Cuál es el papel del músico en la sociedad? Chávez, fastidiado, respondió: bueno, dígame cuál, hay flautistas, violinistas, pianistas...y dándose cuenta, el reportero revira: del compositor. Ah, exclama el autor, eso es diferente.

Y es que la pregunta, para abrir realmente un territorio mental, requiere de una formulación precisa que realice, de antemano, la información. De otra manera ¿cómo se establece un diálogo? De ahí la celebridad del programa literario francés Aphostrofe, donde acudían grandes autores y se establecía un diálogo creativo y realmente aportador.

Por ello la pregunta periodística es fundamental (recordemos solamente a Jonh Reed o Kenneth Turner en sus entrevistas con los jefes revolucionarios mexicanos), para lo que será el postrer registro histórico. La cuestión erudita o especializada del investigador siempre tendrá como base o antecedente a la pregunta del reportero.

Así, en el libro sobre Toledo, podemos notar esta conciencia de la periodista de estar aportando una geografía, un mapa, una guía que se hará imprescindible con el tiempo, para conocer la personalidad del artista.

Otro atributo es el afán exhaustivo de Abelleyra. Es un volumen generoso donde están las voces más representativas que pueden testificar y poner al día una imagen del creador oaxaqueño.

Y el lector podrá gozar de esta polifonía que es el reportaje, un emocionante espacio donde conviven muchos planos divergentes y convergentes, líneas en fuga y líneas que se encuentran. Es importante el libro porque no se funda en los huaraches ni en el pelo revuelto del oaxaqueño, sino en el alma, precisamente, que la reportera se propone buscar, un espíritu que vive, por supuesto, en la obra toledana, que desde allí imanta, atrae y surca las miradas, pero que también camina en las calles de la Verde Antequera mexicana, organiza mítines, emite desplegados, abre recintos públicos, rescata y crea bibliotecas, organiza jardines, protege monumentos, parques naturales, protesta por la destrucción de espacios urbanos tradicionales, abre escuelas, surte de discos y libros a quienes no podrían ni siquiera hojearlos...en fin, un hombre que abarca no solamente las técnicas plásticas artesanales y refinadas, sino que se propone como un educador, un guía cultural, un protagonista rebelde del acontecimiento poético.

Abelleyra entrelaza hábilmente el documento (hemerográfico o bibliográfico) y el testimonio que ella misma registra, así que el relato, al mismo tiempo que fluido, es riguroso.

El principio

Francisco Benjamín López Toledo nació el 17 de julio de 1940 en un sanatorio de la colonia Guerrero en  el Distrito Federal, donde estaba casualmente su madre, Florencia Toledo Nolasco, originaria de Ixtepec, esposa de Francisco López Orozco, nacido en Juchitán,  con quien procreó siete hijos. Cuando nació Francisco vivían en Minatitlán, al sur de Veracruz, donde Toledo vivió sus primeros diez años.

Cuatro de sus hermanas: Silvia, Guadalupe, Aura y Graciela, aceptaron hablar de su hermano con la periodista Abelleyra en 1998, lo que dio un cuadro muy vital de la infancia y juventud del pintor: ¡Él es tan desprendido! Cuando lo hicieron rompieron el molde y ya no encuentras otro (Aura; Siempre decía que se nutría de cosas no materiales y la gente no entendía (Silvia). La reportera habló también con las tías paternas de Toledo, Fefita y Yaya, de 101 y 85 años, respectivamente, con quienes vivió Toledo cuando estudiaba la secundaria en Oaxaca: Él era como el papá: flaquito, chaparrito y también muy mujeriego. Recuerdan la relación de Toledo con el muy revolucionario y revoltoso José F. Gómez, mejor conocido como Che Gómez, tío abuelo del pintor por línea materna, que encabezó la tercera revuelta por la autonomía juchiteca. Declara a su vez Toledo: Mis tías decían siempre que yo era como la reencarnación del Che Gómez, personaje al que el artista ha rendido homenaje en varias publicaciones y en la conformación de una asociación civil.

Francisco Toledo / Pez atrapado, 2003

La relación de Toledo con los libros ha sido fundamental no solamente para su propia formación sino para decenas y cientos de personas. Esta pasión empezó en la librería del señor Beltrán, en Minatitlán, donde compraba libros con sus “domingos”,  y siguió en la biblioteca de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, donde lo recuerda Beatriz Natera, la encargada de ese entonces: “Tenía 15 años, era muy bonito, callado y amable; un chico querido, muy especial en su afán de querer leer y hacer leer a los demás.” “Él aprovechaba cualquier espacio para pintar...las servilletas, los sobres eran buenos porque siempre estaba dándole duro y duro con la mano, insistiendo en dibujar sin tregua”.

Toledo y los libros

Toledo fundó los acervos bibliográficos de la Casa de la Cultura de Juchitán  y de Teotitlán del Valle, como apoyo a los tejedores, antecedente de su gran creación, en 1988, del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), la biblioteca de arte y literatura más completa del país. Esta biblioteca se inició con 4 mil volúmenes e incorpora cerca de tres mil libros cada año. Actualmente cuenta con más de 16 mil libros.

La particularidad, entre otras, de este espacio, junto con la biblioteca especializada en fotografía del Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo, es que el lector puede tomar directamente de los estantes los libros y hojearlos, leerlos e incluso llevárselos en préstamo, una facilidad que no tienen las bibliotecas oficiales ni privadas, que deben consultarse a través de los ficheros. Toledo declaró que estos centros “están hechos en un 90 por ciento con mis propios medios porque he recibido pocas donaciones, con la única idea de servir y de dar lo que nosotros nos faltó cuando nos formamos, porque no había donde exponer, ni donde informarse”.

Siendo un artista de la luz, del mirar, del ver, Toledo, al fundar la biblioteca Jorge Luis Borges, en escritura Braille,  con un acervo de más de 800 libros y revistas, significa en un acto humanista la polaridad que el escritor argentino describe en su célebre poema: nadie rebaje a lágrima o reproche/ esta declaración de la maestría/ de Dios, que con magnífica ironía/ me dio a la vez los libros y la noche.

Hay que destacar, también, que la Biblioteca Francisco de Burgoa, con sede en el centro cultural Santo Domingo no hubiera sido posible sin la participación de Francisco Toledo. Se trata de un conjunto de más de 23 mil títulos: manuscritos, incunables y primeras ediciones de los siglos XV al XIX, que fueron guardando y ordenando durante años los frailes dominicos, jesuitas, franciscanos y agustinos.

Se debe recordar también su trabajo en la editorial con su nombre, que hasta 1966 publicó cerca de 60 libros.

Otra fundación del pintor es el Taller Arte Papel Oaxaca, en el municipio de San Agustín Etla. Una antigua hidroeléctrica llamada “La Soledad” fue acondicionada para producir papel con fibras naturales de la región: agave, yuca, jonoter, pita, lengua de vaca, piña, plátano, algodón y lino.

En este sentido, el crítico Carlos Blas-Galindo hace una inquietante reflexión: ¿Qué sucedería en Oaxaca si no existiese esa figura tutelar? Se pondría realmente a prueba la capacidad y la estructura cultural regional que ha surgido gracias a su impulso. Eso no puede permitirse y creo que otros artistas deben asumir responsabilidades. Por esto, Teresa del Conde felicita a Oaxaca: porque se ha convertido, por él, en una especie de Atenas.

En Europa

De Oaxaca Toledo se fue a vivir a México y, en 1959, expone individualmente en la galería de Antonio Souza con éxito en crítica y ventas, antes de su partida a Europa donde estuvo en Roma y en 1960 emigró a París, en una estancia que duraría cinco años apoyado por Olga y Rufino Tamayo como también de Octavio Paz, embajador de nuestro país en ese entonces. En la Casa de México, donde vivía, conoció a Anjolie Ella Menon, pintora de origen hindú: París llegó a ser menos difícil por mis amigas de la India, recuerda Toledo, una relación que influyó en su estilo. “Hasta los colores hindúes se le están pegando, sobre todo los violetas”, le dijo Paz.

Sobre su viaje al viejo continente declara Toledo: Cuando fui a Europa no fui a descubrirme. Ya me conocía. Y durante mis viajes a París visitaba el Museo del Hombre. Especialmente me gustaron los libros de arte australiano. Sé que muchos críticos dicen que mi obra tiene influencias de ahí, pero yo no diría que solamente es lo australiano sino el arte primitivo en general.

Entra en escena la pintora italiana, de 35 años, Bona Tibertelli de Pisis, que fue esposa de André Pieyre de Mandiargues, el escritor que festejó ardientemente la obra del joven de 20 años, Francisco Toledo: “Uno de los más fecundos creadores de imágenes que la historia del arte jamás haya conocido”. Ella planeaba casarse con Paz, dice el pintor. Famosa por su belleza y libertad, establece una relación con el oaxaqueño, viajan juntos y llegan a Juchitán en 1965. De esa experiencia ella escribe La cafarde (“uno de los últimos libros verdaderamente surrealistas”, dice Mandiargues) y Toledo pinta Bona en Juchitán.

No obstante la estrecha relación que tuvieron Paz y Toledo (o precisamente por ello), el poeta prácticamente no escribió sobre el pintor.  Aunque se consigna una declaración en una entrevista: “La pintura de Toledo me gusta mucho. En París me entusiasmo su aparición. Tuvo algo de milagroso en el mundo de aquellos años. ¿Cómo definirlo? En él son visibles su extrema modernidad y su extrema antigüedad, además de que mezcla su interés por las artes primitivas de otras culturas con la mexicana”.

El errante

En octubre de 1968 el pintor, de 30 años,  conoce a Elisa Ramírez Castañeda, activista del movimiento estudiantil que se esconde durante la represión en Oaxaca, y con quien vivirá durante 11 años y procreará dos hijos (Laureana –1970- y Jerónimo –1972). Toledo vivía en Juchitán, donde estaba comprometido con una muchacha teca, y regresa a Francia para luego volver por Elisa a México e ir de nuevo a París, durante un año. Finalmente, la pareja se instala en Juchitán “para iniciar una vida diferente en todos sentidos”.Es la década de los setenta, cuando fundan la Casa de la Cultura de Juchitán y editan la revista Güchachi Reza, así como despliegan una gran actividad en la edición de discos y libros sobre la historia y cultura regional.

Francisco y Elisa tuvieron una vida errante: París-Juchitán-Nueva York-colonia del Valle-Cuernavaca-Teotitlán del Valle- ciudad de Oaxaca-Coyoacán.

En 1980 se separan, aunque Elisa se siente detentora de un privilegio: seguir siendo gente de la confianza de Toledo, de su amor, de su cercanía y de su corazón abierto.

Fotografia
Bona Tibertelli / Con Bona, en Venecia, 1968

Según se deduce del relato biográfico de Abelleyra, cuando se conocen Francisco y Elisa, hacía dos años había nacido Natalia Toledo, hija de Olga, una bella juchiteca con la que el pintor no vivió: Mientras la galaneaban los ricachones de Juchitán, de repente se acerca a ella un joven lleno de pintura, de cabello largo y vestido como pordiosero. Narra Natalia: cuando mi madre habla de él se le llena la boca y le agradece a la vida ese hombre con esa categoría espiritual y fuerza creativa.

En 1984 Toledo conoce en un bar de París a Trine Ellitsgaard, tejedora danesa, “los dos estábamos borrachos y yo no tenia ningún conocimiento de quién era ni de lo que hacía ni de su país. Él trataba de contarme sobre Tamayo y la cultura mexicana, pero mi información al respecto era más que limitada”.En 1988 Trine viajó a México, cuando Sara, su hija, ya había nacido. Vivieron poco tiempo en Tlalpan antes de trasladarse a Oaxaca donde nació su otro hijo: Benjamín.

Entre 1956 y el año 2000 la producción de Francisco Toledo fue sistematizada por la antigua compañera del maestro, Elisa Ramírez Castañeda, en una base de datos de  5182 obras en diversas técnicas, 164 textos de información de 61 subastas y 360 exposiciones; esto, considerando que Toledo es una persona en plena producción y que no está en CD-ROM todo lo que él ha creado en 44 años, ya que persisten lagunas en obras que se sabe existen, pero no fue posible localizar para su registro.

Con este esfuerzo nos podemos dar idea de la densidad de una labor artística que es histórica,  o sea, aunque sea en gerundio, está siendo.

Para lograr un espectro de cómo esta obra impacta en varios ámbitos, Angélica Abelleyra divide su libro a manera de capítulos. Entre ellos su relación con las galerías; sus colegas; la fotografía, los críticos; los escritores; el público; el poder y el mercado, así como con sus materiales de trabajo.

Basura y pintura 

Entre más trabajas más basura haces, opina Toledo al referirse a la producción plástica, en general, y a la suya, en particular. Es famoso su rigor y la facilidad con la que destruye sus piezas, cual eterno inconforme. Produce mucho pero en igual medida destruye: tal vez cerca del 70 por ciento de su obra la manda a la basura. Luego viene otro problema, pues le parece un abuso el porcentaje de comisión que las galerías cobran al pintor por cada obra vendida.

La crónica de la relación del pintor con los galeristas, que inicia con Antonio Souza, es tortuosa. “¿Qué me importa darle 50 por ciento a la mejor galería de Europa? Mejor dejo ese dinero en México”, expresa el juchiteco. Por su parte Jorge du Bon, escultor y amigo de Toledo informó que las galerías en París les cobran hasta 80 por ciento a los artistas. Estoy de acuerdo con él (Toledo) en no aceptar su ingreso en galerías parisinas porque su obra sigue con éxito en México, tiene un valor y la calidad de su trabajo sigue casi intacta. Y agregó du Bon: Creo que es una de las pocas personas que garantiza el éxito de todo lo que emprende o apoya. Es él quien gasta su dinero en cosas de trascendencia. En el mundo casi todos los artistas son de una frivolidad espeluznante, así que la postura de Toledo es increíble, porque además no se la pasa alabando a los poderosos. Si tuvieran los políticos la centésima parte del sentido civil que tiene Toledo, México sería otro.

Su hermana, Graciela Toledo, que lo representa en México dice: Durante muchos años se ha cotizado en dólares, no en pesos (80 mil dólares por un cuadro no es cualquier cosa).

Y sobre las cifras económicas, si estas valen para medir la importancia de una obra, está el dato de las retículas acuareladas con conejos y flores, avispas, murciélagos y gatos, que integran 27 cuadernos que Toledo entregó a la Secretaría de Hacienda para cumplir con el pago tributario en el programa Pago en Especie y cuyo valor se considera en más de tres millones de dólares.

A su vez, Alejandra Yturbe, de la galería GAM, apunta: Hacia dónde va cada cuadro ya no es asunto suyo, pero sí se involucra absolutamente en el destino social del dinero. No conozco a nadie más que haga eso.

Fotografia
Elisa Ramírez / Con Jerónimo, en San Felipe, Oaxaca

Angélica Abelleyra entrevista a las galeristas, pero también a sus colegas pintores. Rodolfo Morales le dijo que Francisco se impuso desde joven. Es un caso único, como Cuevas, pero él se fue por el escándalo de su lucha contra los muralistas. En cambio, sin escándalos, Francisco llegó, impresionó y se quedó. No se le puede poner en ninguna corriente. No hizo caso de los folclorismos de su pueblo ni de la Ruptura de los años sesenta. Cuando la periodista le pregunta ¿Cómo ven las autoridades de gobierno a Toledo?, contesta “el Señor de los Sueños”: Le temen un poco porque por primera vez él les dice “No” a las autoridades y las cuestiona. Eso es bueno para la cultura, para el pueblo.

Roberto Donís, quien “descubrió” a Toledo y lo puso en contacto con Antonio Souza, señala: No creo que ni De Kooning o cualquier otro artista en el mundo tenga tanto poder político como lo tiene Toledo. Y Juan Soriano, recientemente fallecido, se acerca así a su obra: En general la gente tiene unas prevenciones tremendas con el asunto del sexo, eso que es la vida, la fuerza de la naturaleza y la comunicación entre los hombres. Muchos convierten eso en espanto. En cambio, cuando uno ve los cuadros toledanos llenos de sexos masculinos, vulvas y coitos, lo único que queda es divertirse, entusiasmarse por el sentido del humor y el deseo de vida allí presentes. Porque en la obra de Francisco todo vive, hasta la menor línea. Y sobre su personalidad dice: Al principio parecía sólo timidez, pero con el tiempo he reflexionado que no es eso, sino una especie de elegancia, de mantenerse ecuánime y no demostrar ansiedad por las cosas.

La visión de sus colegas es muy reveladora. Sergio Hernández opina que la sencillez de Toledo consiste en la manufactura. Es una pintura que tiene que ver con los aplanados precolombinos o coloniales. Técnicamente es una capa de óleo y encima una silica, un caolín pintado con color. Pero además de la capa de óleo es una capa de textura. Que después le ponga tierras es lo mismo. Lo que hace es matarle el aceite, el brillo al óleo.

Juan Alcázar, grabador y director del Museo de los Pintores, estrecho colaborador de Toledo, apunta: Agarra la placa e interviene en ella directamente, con una rapidez que impresiona, interviniendo en tres o cuatro placas a la vez. Tiene una mano educadísima, que desliza sobre la superficie en una especie de juego. Ves sus dibujos a línea seguida, cargados de una suavidad y sutileza sin paralelo, y compruebas que es uno de los grandes dibujantes que ha dado México.

En cuanto a los escritores, con quien Toledo mantiene desde siempre una relación de mutua admiración, Andrés Hernestrosa lo considera “el máximo pintor del siglo XX, afirmación que no sólo se dice en México, también en Inglaterra y en Francia;  y agrega: Lo que Toledo pinta equivale a lo que yo escribo.

En su turno Carlos Monsivais escribe que,  tan sólo en una de las vertientes de su obra, sostiene que todo lo real es sexual y todo lo sexual es real, y que por realidad debe entenderse el mundo de las formas. Miren esos animales atrapados en plena humanización y en estos seres de máscara bestial vislumbrando bosques de vaginas y mares de penes. Admitan que en la época de recelo ante la inocencia aún hay quien no mistifica el instinto; entiendan que ante las falsas tolerancias hay quienes no se acuerdan de pedir permiso.

El libro de Angélica Abelleyra, como se puede ver, es un compendio denso y muy bien editado, sobre la vida y obra de un hombre que dice: Lo único que puedo hacer es que, si gano dinero, lo comparto, en una sociedad marcada por el individualismo, la mezquindad y los privilegios. Un artista y un civilizado, en la acepción mayor de este último término, es Francisco Toledo, alguien enraizado en la profundidad primitiva de la percepción, cuyo alcance es la más amplía visión de la solidaridad y el crecimiento en colectivo,  y En busca de un Alma podemos contemplar su aventura con la emoción de ser sus contemporáneos. (Lorenzo León Diez)      

 

 

Ciclo Literario.

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