Olga Orozco

 


 

Olga Orozco nació en Toay, La Pampa, República Argentina, ¿qué sabemos de ella?  Hace muchos años leímos su primer libro Desde lejos, editado por Losada, en  1946. Luego uno tras otro Las muertes, Los juegos peligrosos, La oscuridad es otro sol, Museo salvaje, y más tarde, Mutaciones de la realidad, La noche a la deriva, En el revés del cielo  y algunos otros títulos que se me escapan. Revisiones de libros ya agotados e inhallables o antologías que coinciden con premios, porque fue una mujer a la que se le dieron muchos premios, y ella misma contó que alguna vez se le quiso hacer miembro de la Academia Argentina de Letras, lo que como auténtico poeta que es, rechazó.
¿Sabemos quién fue esta creadora del verbo? Yo lo dudo. Leí sus libros, tuve alguna correspondencia con ella y he asegurado contra viento y marea que es acaso la mejor poetisa que ha existido en el castellano contemporáneo.

Su poesía nos revela un mundo en que lo visible y lo invisible se superponen continuamente. (Transcripción: Ludwig Zeller).

 

Pavana para una infanta difunta

A Alejandra Pizarnik


Pequeña centinela,
caes una vez más por la ranura de la noche
sin más armas que los ojos abiertos y el terror
contra los invasores insolubles en el papel en blanco.
Ellos eran legión.
Legión encarnizada era su nombre
y se multiplicaban a medida que tú te destejías hasta el último

Bill Brandt

[hilván,
arrinconándote contra las telarañas voraces de la nada.
El que cierra los ojos se convierte en morada de todo el universo.
El que los abre traza la frontera y permanece a la intemperie.
El que pisa la raya no encuentra su lugar.
Insomnios como túneles para probar la inconsistencia de toda
[realidad;
noches y noches perforadas por una sola bala que te incrusta en lo
[oscuro,
y el mismo ensayo de reconocerte al despertar en la memoria de la
[muerte:
esa perversa tentación,
ese ángel adorable con hocico de cerdo.
¿Quién habló de conjuros para contrarrestar la herida del propio
[nacimiento?
¿Quién habló de sobornos para los emisarios del propio porvenir?
Sólo había un jardín: en el fondo de todo hay un jardín
donde se abre la flor azul del sueño de Novalis.
Flor cruel, flor vampira,
más alevosa que la trampa oculta en la felpa del muro
y que jamás se alcanza sin dejar la cabeza o el resto de la sangre en el
[umbral.
Pero tú te inclinabas igual para cortarla donde no hacías pie,
abismos hacia adentro.
Intentabas trocarla por la criatura hambrienta que te deshabitaba.
Erigías pequeños castillos devoradores en su honor;
te vestías de plumas desprendidas de la hoguera de todo posible
[paraíso;
amaestrabas animalitos peligrosos para roer los puentes de la
[salvación;
te perdías igual que la mendiga en el delirio de los lobos;
te probabas lenguajes como ácidos, como tentáculos,
como lazos en manos del estrangulador.
¡Ah los estragos de la poesía cortándote las venas con el filo del alba,
y esos labios exangües sorbiendo los venenos en la inanidad de la
[palabra!
Y de pronto no hay más.
Se rompieron los frascos.
Se astillaron las luces y los lápices.
Se desgarró el papel con la desgarradura que te desliza en otro
[laberinto.
Todas las puertas son para salir.
Ya todo es al revés de los espejos.
Pequeña pasajera,
sola con tu alcancía de visiones
y el mismo insoportable desamparo debajo de los pies:
sin duda estás clamando por pasar con tus voces de ahogada,
sin duda te detiene tu propia inmensa sombra que aún te sobrevuela
[en busca de otra,
o tiemblas frente a un insecto que cubre con sus membranas todo el
[caos,
o te amedrenta el mar que cabe desde tu lado en esta lágrima.
Pero otra vez te digo,
ahora que el silencio te envuelve por dos veces en sus alas como un
[manto:
en el fondo de todo hay un jardín.
Ahí está tu jardín,
Talita cumi.

 

 

 

 

Ciclo Literario.

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