El punto

 


 

Absorto, a solas, en total oscuridad, escucha no muy lejos el romper de un mar enfurecido. Hace frío. Con los ojos cerrados intenta evadir los últimos sucesos, pero es inútil. No se mueve, pretende así dominar el pensamiento. Casi ha logrado el propósito de concentrarse en los mínimos golpes de su pulso en medio de un vacío que ha silenciado al mar. Súbitamente,  la lámpara del buró se enciende. El resplandor cae en sus párpados con una violencia imprevista que le obliga a gritar. Los ojos desmesurados tardan en situarse  por el pavor. Se incorpora. Poco a poco ceden los latidos de su corazón, su memoria va reconociendo: la estancia, los muebles, el ruido de la ciudad, el libro que dejó entreabierto. El presente recobra sus contornos, la suavidad de lo cierto. Se dice a sí mismo que ha sido una pesadilla. Casi conforme con la idea, un objeto al frente llama su atención. Es el televisor que reproduce la habitación donde él se encuentra mirando un televisor donde se encuentra él mirando el televisor ad infinitum.

     Permanece inmóvil, no se atreve a apagar el aparato. De pronto, desde el fondo del cinescopio un pequeño punto negro va creciendo. Las habitaciones con el televisor y él mirándose empiezan a desaparecer. Los aparatos se apagan en sucesión progresiva. La oscuridad crece en un túnel inminente que lo devora.                              

                          

Jorge Luis Santiago / Sueñario

                          

 

 

Ciclo Literario.

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