Guilá Naquitz

Lorenzo León/Araceli Mancilla

 


 

Vamos tras el origen en huellas
de fuego y de gemidos
restos de frutos en cabezas que reptan
grabadas en el lenguaje de la cueva
juegos de iniciación  salidos desde aquí
respiros y desnudez de oscura hebra
de esta cueva mirador del horizonte
nacen lascas  de pedernal
trozan entre guajes las vainas de mezquite
consumidas  en lentitud
de  digestiones  primitivas
dientes nómadas
son el paso del miedo
hacia el palacio oculto por la luz
útero de piedra
que labrará más tarde
la palabra Mictlán
estelas cubiertas de cansancio
ruinas de inteligencia impronunciada

Toda casa surge aquí:
el primer techo fue el cielo
la montaña prodigó su primer tálamo
suaves hojas de encino aguardan a quien yace
mientras cantos del viento arrullan
el reposo
en el refugio cardinal
ondula la caverna
con grana cochinilla trazó el hombre
la fuga del venado perseguido
en el entonces aquel  sin calendario
del paraje oteado con la agalla
de devorar el círculo de las primeras floraciones
y otra guarida encontrada en la meseta
excavación petrificada en llamas
era tan nuevo el mundo
mas faltaba por descubrir aún la infinitud
entre robles nogales y cactáceas
criaturas vegetales que no sabían sus nombres
pero ¿hasta dónde llegar?
hubo que tomar un descanso
para que pudiese danzar
sobrecogido de sí mismo
el  cazador aislado que se intuye
en el aliento de lo que morirá

La muralla se levantó en mi sueño
antes de marchar hacia el vientre
de los dioses la distinguí
torre como falo de la noche
penetración en el sueño de las bestias
preparando sus uñas de tifones
mientras los hechiceros crecían
entre tiznes arcaicos

Alcanzamos  una mañana
arduas elevaciones
donde los más antiguos acariciaron
a los astros montando piedra en piedra
trenzando músculos y leños
tejiendo avidez y sudor
para ilustrar nuestra ilusión desde la cima
para pintar bajo los pies otras pisadas
Era y yo vimos dos cosas
entre muros:
los aposentos
donde se profesaron las artes de la muerte
y aquella boca que exhaló
hacia los hornos de la ambición espiritual
una civilización adornada con collares de hueso
con joyas de metal fundido en la cera perdida
un templo funerario y a lo lejos
la garganta de roca llamada Guilá Naquitz
ahí  se tendieron las morenas espaldas
pulidas con fatiga de milenios
a soñar como yo
en este instante imaginando el riesgo
que acechó la aspereza de sus noches

Son cazadores
horadan los guijarros
que no perforó el río
con los cantos rodados bordearán el espacio
ritual del galanteo
cerca de  bosques aluviales
pinos sin fin
refugio de tortugas y gamos
decidirán el tiempo de los dioses
del sacerdote oficiando a la Gran Madre
es el sendero matinal entre madroños  
un jardín de acacias nos acerca
lo mismo la  blanca floración del cazahuate
que el ardoroso centro del tobalá
resguardado de la depredación respira
en esta vasta soledad que silba
la  gloria de un  pasado ya  en derrumbe
vamos sobre las sendas de guerreros
constructores de  patios laberentícos
ahí en Yagul donde el amor
se tejía entre brazos de doncellas
que preparaban el copal para la ofrenda
esta mañana agita el aire que se fue
da vuelta y trae un sol apenas insinuado
dónde quedaron aquellas sociedades
que en finura de grecas
forjaron la abstracción
y establecieron su divisa de guerra
que desde la altitud de la muralla
esperaron a amigos y enemigos
crecen con discreción el musgo
el diminuto helecho
sin prisa como la eternidad
seguimos el camino bajamos los peñascos
entradas y salidas sin oriente
y asoma la primera habitación
el campamento donde tuvo su refugio
la  reducida comunidad cuyo fogón
lanzó lengüetas de oro para unirse
con las flamas de los atardeceres
y quedara presa ahí
entre dedos tiznados
una cotidianidad
de incierto cronograma
que esperó  con paciencia
a otros recolectores entre bailes
y  explicó con ornamento de gemidos
aquel aro de fuego
surgido cada día del vacío

Seguimos  el hálito que asó
las pencas tiernas del nopal
cuyos retoños emergen en el valle
desde este aire traslúcido y
ya mítico
que esconde al espectro colectivo
y señala todavía  en el muro
eso que Era contornea con sus dedos
pues perseguimos a los que dibujaron
al  animal de cornamenta que ahora toca

¿Qué ocio anduvo esta  vereda
que lleva a Guilá Naquitz?
¿Qué  hay detrás de la conciencia
que construyó Monte Albán?
¿Qué obsesión  alimenta a los que buscan
los pies de la distancia?

los guías zapotecos nos colocan
bajo laderas  de nubes esculpidas
dicen que aquí se pactaron las batallas
que algunas noches

atrás de las campanas
se escuchan los coros de esos muertos
la fortaleza es un  vestigio de alma apeñuscada
los pies de Era recorren sus abismos
y noto en la fragilidad inexperta de su mano
sosteniéndose con  esfuerzo entre los riscos
cómo surge la iluminación de mi deseo
idéntico al que allá hacia Guilá Naqutiz
se eleva en espiral siendo en principio
una serpiente que ondula en la ceniza
de fogatas  rodeadas  de danzantes
que aun en  su osamenta
dan alaridos de existencia

antes del ritual sólo unos pies descalzos
algunos recolectan nueces y capulines
extraen  el almíbar
después amasarán la harina de bellota
subirán arduamente la ladera
descansarán entre arbustos y espinales
su gruesa piel cubierta por el dócil cordero
por la liebre veloz y juguetona
es el entonces aquel sin calendario
los dioses no existían
cayeron en sus manos como gotas de luz
de la trama vegetal cayeron
surgieron jadeantes del talud entrañable
de esas gargantas intentando las palabras
para nombrar el acontecimiento de decidir
aquí en este sitio se reunieron
las primeras familias tomadas de las manos
delimitaron el lugar de la alabanza
iniciaron sus amores con  la luna
tocaron los tambores
e hicieron sacrificios
y después construyeron ciudades
tan dolientes como una mordedura
que hoy  apenas nos lastima
aquellos edificios olvidados
se caen como una boca desdentada
que arroja gritos a quienes no la escuchan
los actuales zapotecos ven
deshacerse sus templos
son siervos de otros que llegaron
a establecer costumbre y tradición
ahora ellos limpian los vestigios
escombran día a día arduamente
la hierba
para que aquello no desaparezca
gloria de lo que fue su fuerte
amurallado
algún día  alguna vez de pronto
nos sabemos en un sitio sagrado
creado para ser totalidad
belleza in transitoria
oculta a la mirada inmerecida
llegar a él  con pies exactos
la cueva blanca
o Guilá Naquitz
edad que formó el mito y
la pertenencia
el turno del yo y del tú
para dejar de temer al  rayo
y dominarlo
dejar de ser légamo
y cocer el barro
dejar de pacer hierba
y cultivarla
como la orilla de cualquier umbral

leemos el aroma de  la nada
sobre nosotros desciende en su prehistoria
vamos como dos inocencias en busca de distancia
¿Es lejos todavía? pregunta Era
mucho aún  si  pensamos
que esta  escalera lleva a un cementerio
de latidos
en la gruta  este texto se escribe
en esta cavidad que pronunció
las risas primordiales
entre muelas que trituraron
las obsesiones  de los primeros sedentarios
buscamos las  presencias
y al imaginarlas las amamos
yo abrazo  la cintura de la primera morena oaxaqueña
Era posa su letargo  en el agitado corazón
que vislumbró este valle y luego fue arrancado
admiramos  la polinización de la bromelia
y la virtud del trabajo dividido en esta cueva
de seres  que nutrieron con sus músculos
las decisiones que cambiaron
el curso de la historia

puedo verlos llegar muy cerca del ocaso
son sólo seis o siete
el cabello de la mujer mayor linda los pies
lleva un pequeño en brazos
lo tiende en el lecho de hojarasca
un hombre lanza al fuego
el centro del agave
que mascarán como si fuese
el dulce chocolate
una niña almacena los piñones
y otras dos jóvenes sacan las bellotas
que han cargado todo el día en rústicas redes
y guardarán en la despensa que al fondo han excavado
el habla los acusa
Om ahh uh
se sientan a comer
desgarran fibras
desmenuzan el chepil
trozan la liebre
ha caído la noche
y una luna creciente los ampara
en su casa de piedra
ahí yacen uno junto al otro
cierran los ojos llenos de la nocturnidad
a otro día se reconocerán como recién nacidos
para iniciar el viaje que durará miles de años
se inventarán  idiomas que los citen
vendrán los dioses y se harán los santuarios
cuántos años aún
mas no importa
el tiempo se inicia en este instante
que los vemos descansar como nosotros
al abrigo de la tierra
en la entraña de roca
que continúa dando sombra al pastor
y a los cabríos
al rebaño impaciente que pace entre los siglos

Cuánta indiferencia cruzamos  para llegar  aquí
al paleolítico desierto donde yacen los ancestros
en paredes de esta cueva ponemos
los oídos y escuchamos ecos rupestres
de nuestro corazón
pues aquí surgió el poder que civilizó entre grecas
la conciencia mortal
que todos admiramos aterrados
atrás
los dientes nómadas
son el paso del miedo
hacia el palacio oculto por la luz
útero de piedra
que labrará más tarde
la palabra Mictlán
estelas cubiertas de cansancio
ruinas de inteligencia impronunciada.

 

Ciclo Literario.

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