Cronenberg se encuentra con Rushdie

  Nota y traducción: Carlos Parra

 


 

En el verano de 1995 el director de cine David Cronenberg fue invitado por la revista Shift para entrevistarse con el escritor Salman Rushdie en Londres. De este encuentro resultó una charla entre dos de las mentes más lúcidas en sus respectivas disciplinas. Aquí se muestra un extracto del diálogo que aborda los medios de comunicación y por supuesto el cine y la literatura.

   La llamada de Scotland Yard llegó la tarde del viernes. Primero pensé que se trataba del servicio al cuarto y entonces no se me quedó el nombre o título del inspector ¿o era sargento? ¿MacLeish? “Un hombre lo recogerá en el lobby de su hotel el lunes a la 1:30 p.m. su nombre es Sinclair. Tomarán juntos un taxi y usted pagará por él”. Dios, pensé, que codos son estos de Scotland Yard. Pero entonces pensé, ¿por qué tendría que pagar Scotland Yard por mi encuentro con Salman Rushdie? Sinclair resulta ser un joven afable con lentes obscuros de arillo de metal y traje, que profesa su afecto por el Canadá sin clase. Le pregunto si generalmente trabaja en el asunto de Rushdie. “Generalmente estoy asignado a un Miembro del Parlamento”, me contesta con su acento del norte del país, seco y chistoso. El taxi londinense serpentea a través del tráfico pesado. Parece que nadie nos sigue. “No me gusta que los policías escuchen mis conversaciones“, dice Rushdie. Se levanta y cierra la puerta. Los dos hombres de Scotland Yard que han acompañado a Rushdie para encontrarme tienen la suite del Hotel Claridge para ellos solos. Rushdie y yo nos quedamos en la sala. Sinclair se retira después de una decepcionante búsqueda en mi maletín. Rushdie comenta “Les digo a los policías, <No debe de haber muchos escritores de izquierda que sepan de procedimientos de la policía especial como los conozco yo>. Y ellos ríen y dicen, <tampoco hay muchos escritores de derecha que los conozcan. Tal vez es tiempo de que escriba mi le Carré.”

Jean-Baptiste Huynh


   El rostro de Salman está arrugado y él es distraído en el estilo de los escritores, este hecho lo encuentro interesante. También es más bajo de estatura de lo que imaginaba, esto es debido tal vez al retrato satánico que hace de él Richard Avedon en la edición del The New Yorker de enero 23 de 1995.
   Con Rushdie librando una batalla mediática por los corazones y mentes de sus colegas y de su público, una foto de él como encumbrado demonio se convierte en un asunto político, no simplemente un asunto de personalidades. El día después que llegué a Londres, todos los periódicos mostraron fotos de Rushdie bailando en el lanzamiento de la nueva novela de Martin Amis, La Información. Su compañera de baile era una atractiva periodista llamada Nigella Lawson. Cada publicación incluía un comentario de algún tipo expresando enojo en forma velada o abierta debido al hecho que Salman Rushdie se estuviera divirtiendo. “Es tan mal bailarían, debería de volver a esconderse,” publicaba uno de ellos.

EL ENEMIGO DE LA GENTE Y LOS MEDIOS

David Cronenberg: Una de las cosas que detesto del periodismo es la necesidad de hacer conexiones de cada suceso a toda costa.
Salman Rushdie: La gente ahora está más interesada en los escritores que en su escritura. Ha sido una sorpresa enterarme de lo que dicen algunas personas. Por ejemplo, Al Álvarez, el poeta y crítico, fue citado diciendo, “Ah Rushdie, siempre quiso ser el escritor más famoso y ahora es el escritor más famoso del mundo.” Cuando la sentencia fue declarada, el Secretario de Asuntos Exteriores de Inglaterra dijo, “Ah, la gente Británica no estima su libro. Compara a Inglaterra con la Alemania de Hitler.” Y pensé “¿En dónde? ¿Podría tan sólo enseñarme en que parte de la novela hago tal cosa?”
DC: ¿Crees que lo leyó y que fue su decisión decir eso?
SR: Claro que no. Quien es ahora el Secretario de Asuntos Exteriores fue cuestionado sobre cual había sido la tarea más molesta con la que había lidiado en la política. Contestó: “Leer los Versos Satánicos”. Hay un sin fin de comentarios acerca de lo arrogante y desagradable que soy. Invariablemente escritos por gente que nunca he conocido.
DC: La gente que no tiene una “personalidad” que existe en los medios, no te cree cuando se los dices. Y yo, con la pequeña fama que poseo, tengo un “yo” allá afuera que está viviendo una vida completamente ajena a la mía. Cuando platico con Mel Gibson, estoy hablando con Mel Gibson y entonces leo que está involucrado con una chica en Santa Mónica, pero estoy platicando con él y su esposa. Hay un Mel Gibson que hace un chingo de cosas de las que Mel no sabe nada.

DOS CARRERAS FRUSTRADAS Y UNA AUDICIÓN

Cronenberg: ¿Has escrito algún guión?
Rushdie: Déjame que te diga que estoy completamente obsesionado con las películas. Siempre he dicho que las películas me han influenciado mucho a  nivel formativo. Por lo tanto la respuesta es sí, dos veces he tratado de escribir un guión y lo que sucedió en cada ocasión es que acabó siendo parte de una novela que estaba escribiendo. Por ejemplo, escribí un borrador de un guión cinematográfico de un asesinato por honor que sucedió en Inglaterra y que leí en el periódico. Ya sabes, en donde un padre mata a su hija porque está saliendo con un chico blanco y ha traído vergüenza a la familia, entonces él la mata. Escribí un borrador del guión sobre el tema pero entonces me di cuenta de que estaba escribiendo esta novela acerca del honor y la vergüenza. Era obviamente una variación inglesa sobre el tema que estaba explorando, entonces al final lo hice un capítulo de la novela, Shame.
DC: Ingmar Bergman sentía que no era verdaderamente un artista porque debió haber sido un novelista. Y ya había filmado algunas grandes películas y todavía lo sentía. Entonces cuando publicó sus Cuatro guiones de Ingmar Bergman, de alguna forma los re-escribió para novelarlos, en realidad para legitimizarlos. Admitió que sentía este complejo de inferioridad, que la novela era un arte más elevado que la filmación. Debo de admitir que a veces siento esta  jerarquía.
SR: Bueno, eso por supuesto es ridículo.
DC: Lo dudo. A veces cuando me estoy volviendo loco por todos los oficios que manda el estudio, por ejemplo, pienso que debería dejar todo atrás y escribir una novela. Ahora bien, ¿podría? No sé si podría. Me inquieta todo el dinero que representa una película. De hecho, la colaboración que involucra una película es agradable, no la siento como una limitación, pero de hecho no es tu propuesta personal, en la forma en que una novela lo es. Tienes que ser bastante Machiavello, bastante manipulador, lo quieras o no, debido a la sensibilidad de la gente.
SR: Siempre he tenido esta idea de que entre más dinero hay detrás de un proyecto artístico más difícil es crear una visión independiente. Pero en verdad creo que hay algo especial en la escritura, porque puedes tomar papel y lápiz y sentarte en un rincón y escribir. Es tan barato que te da más o menos completa libertad.
DC: Si, es cierto. Y si escribes tu texto o novela, ahí está, existe, y si escribes un guión no existe nada. Sólo una idea.
SR: Exacto. Creo que la razón por la cual no he escrito un guión es debido a esa falta de control. Especialmente si eres escritor, por amor de Dios, eres la persona menos importante en el mundo en el cine si eres escritor.
DC: Bueno, eso no es verdad, pero así parece a veces. Cualquier película es una empresa industrial. Lo niegas lo más que puedes porque al final hay este pequeño rectángulo en película y todo lo que hay ahí es real y todo fuera de la pantalla no existe. Pero la mayor parte del tiempo vives fuera de la pantalla. Por lo tanto necesitas ser un poco esquizofrénico.
SR: Constantemente me atrae el cine. Tuve una junta con un escritor y un productor acerca de mi trabajo y al final dije que estaba jugando con esta idea de dirigir algo. Sólo lo dije como broma. Tres horas más tarde recibí un mensaje diciendo “Si alguna vez quiere hacer algo relativo al cine por favor llámenos primero.” Eso me hizo pensar, bueno, si están dispuestos a soltar algo de dinero, que sería lo peor…
DC: Eso sería fascinante. He conocido varios escritores que han terminado dirigiendo y los resultados han sido diversos. Algunos de ellos definitivamente lo odiaron. Fue la cosa más espantosa para ellos. Por supuesto, nunca habían tenido que lidiar con actores, la tecnología, el espacio. La acción de la gente y esa pequeña área de filmación en el espacio fue una de las primeras cosas que yo encontré complicadas porque siempre pensé que sería un escritor de novelas. Nunca se me ocurrió que haría una película. Tan sólo el movimiento de la gente a través de un cuarto es escultural, es ballet. Es coreográfico y es difícil de dominar. Y lo estás haciendo con una presión del tiempo increíble y gente señalando a sus relojes. A algunas personas les encanta y algunas lo odian. Pero supongo que nunca lo entiendes hasta que lo haces.
SR: Casi me hice actor. Tenía esa inquietud. Después de dejar la universidad pasé un par de años tratando de ser actor y se me acabó el tiempo.
DC: Creo que nunca se te acaba el tiempo. De hecho he actuado en un par de cosas, y siempre he sido malísimo, mi esposa siempre me lo recuerda. Pero trabajé en un proyecto, un filme modesto llamado Blue, y creo que no fui tan malo en ese.
SR: Que chistoso, creo que sería mejor ahora. Porque recapitulando mi carrera de actor, para ser sincero, movía los brazos demasiado. Había demasiado movimiento.
DC: Es increíble, los mejores actores no parpadean, y cuando lo hacen es muy emotivo. La quietud de los grandes actores es fabulosa.
SR: Bueno, creo que ahora estaría más quieto.
DC: ¿Estamos en una audición?

SR: Podría ser, si tú tuvieras un papel.

John le Carré. Reconocido escritor Británico de novelas de espionaje.

 

 

Ciclo Literario.

El URL de este documento es http://www.cicloliterario.com/ciclo42noviembre2005/cronenberg.html