Emmanuel Carballo: La tarde impide ver qué hay más allá o de la literatura contemporánea en México

Alonso Aguilar Orihuela

 


 

Emmanuel Carballo dispensa tiempo para hablar de literatura mexicana. A sus 76 años, las palabras del poeta, narrador, ensayista, crítico, salen de su boca sabias y sencillas, pasos ciertos en un camino que ha recorrido minuciosamente, con el cayado de la disciplina en su mano.
En esta ocasión Carballo, una autoridad en las letras mexicanas del siglo XIX, testigo cabal y protagonista del devenir cultural del siglo XX y lo que ahora vivimos, invita al lector a dar un paseo por la literatura contemporánea, que no se puede desvincular de su pasado.
Con conocimiento de causa, no exento de la malicia que otorga el conocimiento, el jaliciense emite y omite juicios, nombres que dibujan el paisaje literario apreciado por él: una tarde nublada.

Emanuel Carballo

“Si hablamos de la literatura de los últimos tres quinquenios, de 1990 a 2005, yo creo que el panorama de la literatura mexicana es como el de una tarde en la cual amenazan lluvias y se ve que, un poco más allá, el sol está por salir, pero está nublado y la tarde impide ver qué hay más allá”.
Alejado de los clichés académicos de intelectuales de su talla, el discurso de Carballo manifiesta el sentido claro de sus ideas, sin ambages ni juegos retóricos. La erudición del escritor sólo se compara con la humildad con que expone sus argumentos.
“Estamos en un momento de transición donde vamos pasando, dentro de la historia de la literatura mexicana, a otra generación de escritores de primera categoría. Pensemos que en los 50 surgen Juan José Arreola y Juan Rulfo, la literatura fantástica y la literatura expresionista.
“Rulfo no es un costumbrista, no es un realista, no es un descriptor del campo mexicano. Usa, como escenario para que se muevan sus creaturas y sucedan los conflictos, el campo de México, pero los problemas son internos, que traen los personajes consigo. Comala no es un sito en la Tierra, es un sitio en el Infierno, es el infierno de Dante trasladado a la literatura mexicana. Ahí suceden los hechos demoníacos, terribles, espantosamente difíciles de plagar para las lectoras y lectores que esperan el final feliz y la novela fácil, la novela rosa, la telenovela”.
Entre 1955 y 1958, Emmanuel Carballo dirigió, junto con Carlos Fuentes, la Revista Mexicana de Literatura cuando parte del debate literario nacional versaba sobre la confrontación entre Rulfo y Arreola, uno como cuentista costumbrista y otro como cosmopolita, cuestión que el académico finiquitó ecuánimemente aludiendo al principio común: el trabajo bien realizado.
Respecto al propio Fuentes, el crítico literario recapitula su obra desde 1954, con su primer libro, Los días enmascarados, pasando por La Región más transparente (1958) hasta La muerte de Artemio Cruz (1963).
“Ahí sucede una cosa curiosa. Yo creo que se rompe una etapa en la producción de Carlos Fuentes y quizá La muerte de Artemio Cruz sea la novela más difundida, más traducida, más leída, que más ediciones tiene en México y en el extranjero; quizá sea una de las dos o tres mejores novelas de Fuentes.
“Posteriormente, hizo algo que todo escritor que se respete debe hacer, cambiar y no repetir fórmulas estructurales, estilísticas, personajes ni temas. Fuentes fue cambiando, nos llevó a Europa, nos llevó a siglos pasados españoles. En Tierra Nostra (1975), nos llevó a la Edad Media, a el Renacimiento, al siglo XVIII. Sus últimas novelas llegan a hablar de la silla presidencial en el periodo de Vicente Fox y la silla que está en la portada le falta una pata, quizá quiera decir que a este gobierno le falta una pata, que no está bien sustentado.
“Fuentes nos llevó a la literatura fantástica, a la literatura realista, a la literatura expresionista, ha hecho teatro, salvo la poesía, ha hecho ensayos magníficos, ensayos sobre la novela hispanoamericana y la novela en general, sobre Cervantes ahora que está de moda por el centenario del Quijote.
“Carlos Fuentes es un gran escritor, ha dado todo y le ha llegado lo que nos llega a todos: cuando debemos pensar en retirarnos, debemos decirle adiós a la gente e irnos a dormir en santa calma, en nuestra cama, a esperar la muerte.
“Fuentes sigue escribiendo y quizá todavía nos dé alguna novela importante. Sus últimas novelas no me gustan pero estoy convencido que es el gran novelista posterior a Arreola y Rulfo”.
Con sentido del humor, el hombre de letras opina que ha habido “mucha cogedera en la literatura mexicana, pero muy poco erotismo” y considera al yucateco Juan García Ponce –quien además de su labor literaria es destacado por sus críticas de artes plásticas—, como un narrador jocoso, que sabe contar historias.
“Ha sido el único escritor mexicano en el cual se nota el erotismo, el amor como juego, como una cosa que se retarda, no es el orgasmo rápido sino son las caricias, son todas las cosas de un preámbulo y, posteriormente, un epílogo deleitoso para las dos personas o las tres, en algún caso”.
“Es un narrador que para mi gusto es un poco sucio para escribir, tiene un estilo deficiente, pero sabe contar historias, sabe presentar personajes y sus personajes tienen vida propia. Era un gran escritor que desgraciadamente murió joven, la vida no le dejó hacer muchas cosas. Era lento para escribir. Era un escritor jocoso”.
El crítico literario incluyó entre los narradores más destacados al veracruzano Juan Vicente Melo, “escritor homosexual quien en su tiempo, en los años 70, 80, era una palabra que no osaba decir su nombre; no había salido del clóset”.
En la literatura de Melo la homosexualidad es manifiesta en los personajes, las atmósferas descritas, sus acciones, todo de manera velada, “no hay ese orgullo lésbico-homosexual de ahora. Es un escritor excelente que nos da unas pinturas no solamente de hombres que tienen  un deseo distinto a lo heterosexual”.
Jorge Ibargüengoitia, a decir del protagonista de la literatura mexicana, escribió “a la tártara y no me gusta la carne cruda. Jorge Ibargüengoitia hace reír a la gente, una risa gruesa, situaciones bastante predecibles. No arranca risas, arranca risotadas. Yo creo que la literatura no es la risa salvaje sino la risa que nace de la mente y no de los testículos o del estómago, sino del cerebro y el corazón”.
En cuanto a los poetas, Carballo menciona a Jaime Sabines, “quien es el poeta mexicano más importante de mi generación y uno de los más leídos y que mejor han hechos sus versos para el gusto del público lector.
“También está Tomás Segovia, un hispano-mexicano quien hace una poesía perfectamente medida. Es un río que no se sale de sus cauces, es un río donde pareja va el agua y no hay turbulencias, no hay, como en el cerro, grandes cantidades de agua que hacen que se desborde. Es una poesía mesurada pero quien sabe nadar en la poesía mesurada encuentra que es un buen poeta”.
La poesía escrita por José Emilio Pacheco, “poeta excelente, no es tan fácil, sin embargo, Pacheco puede encontrar, dentro del lector culto, la manera de entrar a su poesía. Otros poetas son absolutamente crípticos”.

El paisaje indescifrable

Carballo lamenta que actualmente el poema, el cuento, la novela se hallan convertido en un “crucigrama”, un mensaje cifrado que para entenderlo “el lector debe ser maestro en heráldica”.
El discurso de Carballo continúa con la literatura “más joven”, le llama, que “empieza a cambiar de manera de ser, de una literatura más o menos tradicional a una literatura audaz. Todavía había un contacto del escritor con el lector, no se había roto el puente con la retórica que usa el escritor entre el lector y el autor. Digamos, de la generación de Fadanelli, de Bellatín, de Parra, de Toscana, de Da Jandra.
“Ahora, Leonardo Da Jandra es un caso excepcional. Es un escritor de hoy que tiene una propuesta literaria muy distinta. Es realista, es un hombre que habla hechos de afuera. Es un escritor que en momentos es docente, está contando la manera de vivir de una persona y la está poniendo como un ejemplo de cómo se debería de vivir para alcanzar la felicidad, el hombre en estado natural, el hombre primitivo, el hombre al margen de la sociedad, de los gobiernos, de las escuelas, un Robinson Crusoe, una especie de Dos años de vacaciones, de Julio Verne, un escritor lleno de posibilidades para establecer contacto con el público lector.
“Hay otros como Guillermo Fadanelli, por ejemplo, es un escritor un poco parecido a Charles Bukowski. Las emanaciones del cuerpo: la caca, la orina, el semen, los escupitajos, los gargajos, lo escatológico tiene un sitio muy importante en su literatura.

Eduardo Rubio

“Fadanelli está completamente de acuerdo a lo que está pasando: se está desmoronando el mundo. La bomba atómica, la explotación desmesurada del planeta, la lucha entre los ricos y los pobres. La literatura de Fadanelli responde a esto y te puede gustar o no, pero le puedes entender”.
En oposición a esta accesibilidad de la obra para el lector, entre quienes emplean un discurso “críptico”, Carballo distingue a “Mario Bellatín y estas gentes hacen una literatura donde no toman en cuenta al lector. El lector debe ser de una sagacidad y de una sapiencia para entender una serie de crucigramas que representa el autor. Si tu resuelves esos crucigramas gozas la novela, pero si tu no logras hacerlo, te quedas a la mitad, no hay diálogo. Es como si hubiera algo pero no sé qué es ese algo”.
La literatura de Xavier Velasco, quien en abril de 2003 obtuvo el VI Premio Alfaguara de Novela por su obra Diablo Guardián, es “una especie de una vuelta a los onderos, a José Agustín, a Gustavo Sáinz. Es un escritor simpático que no plantea grandes problemas al lector. Es un escritor para los lectores que quieren leer un libro y divertirse, no quieren ser distintos después. Su literatura está hecha, hasta cierto punto, con los materiales del best seller, de las cosas sencillas. Tiene un segundo libro (Historia del materialismo histérico, 2004) donde se burla de los clásicos del marxismo y de la alcurnia de la sociedad, pero son cosas muy sencillas, no hace frases largas, son cortas, entendibles, no tiene adjetivos, metáforas, da hechos y hechos, personajes y personajes. Los recursos que usa en la literatura, estructural y estilísticamente, son cosas que ya estaban dentro de la literatura universal.
“Para hacer algo nuevo en la historia de la literatura universal se requiere ser Paz, Rulfo, se requiere ser Sor Juana, Ruiz de Alarcón, para cambiar el teatro o la poesía de la época, como en el caso de Sor Juana o de Paz, en el siglo XX. Esos son los poetas que uno dice, cómo carajo en un país tan absolutamente atrasado en todos los sentidos, sin lectores, surgen autores que son la gloria del idioma en un momento determinado”.
Con las letras a cuestas, el escritor considera que este momento es crítico para el “pobre lector”, aunque haya quienes escriban para ganarlos, asevera, “por ejemplo, estos muchachos David Toscana, Parra, Croswhaite, ellos quieren ganar premios, ganar lectores.
“Alguien interesante…, pienso en Daniel Sada, un excelente narrador, un novelista de primera categoría cuyas novelas son muy difíciles. Está jugando constantemente con el lenguaje, haciendo una sintaxis muy enrevesada, muy distinta a la que hacen los best selleros, quienes quieren gustarle a la gente. Daniel Sada le va a gustar a la gente más talentosa de hoy y, quizá, cuando descifremos totalmente sus enigmas sea cuando la generación posterior lo lea, dentro de diez o 15 años”.
El torrente de letras
En este tiempo nublado de la literatura mexicana contemporánea es cuando se reafirma la certeza de que “los grandes escritores no nacen conforme a los calendarios, ni el azteca ni el gregoriano, nacen cuando pueden y en este momento no tenemos genios, tenemos talentos. No tenemos un Rulfo, un Arreola, un Paz, incluso Sabines, que no es un gran poeta, es una lectura fácil, sencilla”.
El maestro emérito por la Universidad de Guadalajara lamenta la desvinculación de la obra del escritor con los lectores, una de las características principales de la literatura de los últimos 15 años.
“Me gustaría volver a tener algún Paz, Rulfo, Arreola, Sabines, escritores que tuvieran la técnica adecuada pero que no fueran absolutamente distantes de la gente que los va a leer, que no se divorcien del lector. No aspiro al realismo socialista, al arte catequístico. Quiero que la poesía hable de política, de religión, de amor, de todo, de una manera tal que todos lo entienda, que no sea simple, que sea complicado pero que todos lo entiendan”.
—¿Hacia dónde va la literatura mexicana contemporánea?
—La literatura va donde puede. Es un torrente de agua que a veces va por un camino lógico, normal, que va de lo alto a lo bajo, de lo difícil a lo fácil. A veces es todo lo contrario: en lugar de bajar, sube y con ella debe subir el lector si quiere alcanzar los goces de la literatura.
—¿Enfrenta algún reto específico?
—De la literatura mexicana podemos decir con justicia que si política, económica, social, educacionalmente somos un país del tercer mundo, nuestra literatura y nuestro arte es del primer mundo. La literatura mexicana es del primer mundo.
Ahora estamos un momento muy difícil, de oscuridad después de la cual debe venir creatividad. Después de un arte tan difícil, tan críptico, tan raro, tenemos que volver a la sencillez de un Pablo Neruda, de un T. S. Eliot, César Vallejo, Ernesto Cardenal, Gil de Biedma en España.
Octavio Paz y Francisco Toledo
De visita en la ciudad de Oaxaca por invitación de la editorial Almadía para la presentación del libro que reúne los tres volúmenes de Entrecruzamientos, de Leonardo Da Jandra, Emmanuel Carballo asevera que los mexicanos “valemos más cuando hablamos de arte. Por ejemplo en Oaxaca, una tierra donde los poetas se hacen al pintar los cuadros; Toledo es un poeta”.
Aún hasta hoy es citada, envuelta en mitos, la relación de amistad entre dos de los más grandes artistas mexicanos, Octavio Paz y Francisco Toledo, mientras radicaron en París, Francia, el primero gozando ya de prestigio y Toledo, a penas con 20 años, distinguiéndose en los círculos más destacados del arte en Europa.
“Toledo, en cierto sentido, ha llegado a la excelsitud que Paz alcanzó en sus mejores momentos –considera el escritor—. Aunque ellos no se quisieran (risas), hay ciertos puntos de contacto entre ambos. Han abierto campos y campos, uno a la pintura y otro a la poesía, y nunca dejaron de experimentar”.
El crítico equipara: “Paz tenía diarrea y Toledo es un poco estreñido, hay que darle  un laxante. Toledo tiene una autocrítica muy severa que Paz no tenía, era más suelto, se permitía hacer muchas cosas. Toledo, una vez hecho el dibujo, el mural, el óleo, lo rompe, lo destroza porque no está conforme. La idea de la obra perfecta es la que hace Toledo, la que hace que el arte sea casi imposible, que sea tan perfecto que no lo entienda ni el mismo autor que lo pintó. Llega a una simplicidad más grande y con esas pocas líneas, con esa ausencia, casi, de color, está dando una radiografía del hombre de este tiempo, de este momento y lo que son las artes plásticas de hoy.

“Paz quiere que la poca gente que son sus lectores tengan lo mejor de un momento determinado, cómo se hace un poema, cómo se desarrolla, la manera de adjetivar, de hacer imágenes. Paz no es tan difícil. Si se le compara con poetas de la última hornada, es un poeta difícil pero no es hermético y la poesía actual, hecha por chicos de 20, 25, 30 años no es difícil, es hermética”, finaliza el quizá crítico literario vivo más importante de México.

 

 

Ciclo Literario.

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