Dos ciudades

Araceli Mancilla/ Lorenzo León

 


 

Llegamos a la ciudad de niebla
sigo sus pasos
recorriendo los sitios del pasado
que no me pertenece
 y jamás conoceré
pero alojado en el aliento de la noche
que reposa entre sus ojos
es cuarzo de luz con la que sigo
los pasos del fantasma en la neblina
mas la ciudad de mi acecho no es la misma
que persiguen sus pasos
estancias no vistas  se abren en su mirada
son manuscritos inconclusos
que el aire silba 


Era me acompaña 
sacado del esfuerzo del poema
visito la ciudad olvidada
la ciudad que no deja de decirme
con sus manos de muros enmohecidos:
“ven a ver  lo que dejaste 
 lo que  fundaste aquí
echando raíces en  los días
que te vieron salir por estos callejones
donde humedades  semillas y  desatinos
 se fincaron
ven otra vez a las paredes donde
chicos hambrientos pegan carteles
 y cubren con mendicidad la música sagrada
tapian puertas mugrosas en que se inscribe
un amanecer de risas
que aún no terminan de gozar
el alucinado  delirio de alzar copas
cantando al ritmo de  arpas y jaranas
las huellas dejadas en los vasos”
Esta ciudad a la que vuelvo entra
por los ojos de Era
sin marcas ni señas
sin recuento
ella lee con lentitud  sus  textos limpios
como recién  salidos
del horno de mis besos
pronuncia vocales primerizas
lapidadas muy  pronto en mi pupila
que  ya son canas de señoras cuando allá
debajo de la mesa
fueron rodillas juveniles
tocadas por mis manos ávidas
Ahora todo aquello es un  relato
sin  escribir apenas pronunciado
acaso llanto en juego de palabras
Era tras de mis ojos mira:
nubes tiernas  bajan del Macuiltépetl
su manto fresco cobija a las  muchachas
que entran lentamente en  los templos
guarida  de una eternidad jamás  imaginada
palpitante en esos senos
que ya no besaré sino en la tumba.


En la espesura veo
la huida de sus ojos hacia dónde
quizá el vacío que precedió al ahora
tal vez un lugar aquí que ya no es
y caminamos sobre piedras agotadas
la ciudad es un bosque que al cantarnos
con lánguidos tonos de la lluvia
su nostalgia de la luz
suelta palomas de agua en nuestro pecho
que rozan el pretil de la  ventana
y nos anuncian en vuelo imaginario
lo que asomó algún día desde ahí 
con la fe de un niño tomado de la mano
Todo eso que vemos ya no existe
su virtud se refugia oculta a la mirada
recorre inútil  los rincones de las calles
es danza de escombros que ahora huelen
a tarde que se va que no se ha ido
Todo lo que fue nos pertenece
es el no ser besando nuestra nada
ese extrañísimo lugar sin nombre
sitio al que van a dar sin concesiones
al lado de las cosas que decimos
el gesto piel y voces que osamos adorar
Eso que ha sido
vuelve ahora
desciende con  ojos en la penumbra
así nos guía en la ciudad de niebla
en la que el sol apenas se despierta
para gotear con débiles llamas de alegría
Los días de entonces
fingen en nuestra cara
apaciguarse de una pequeña gracia
cuando su intensidad es  tálamo de besos
o un lago frío que refleja la dicha   
Sigo los pasos del fantasma en la neblina
saludo esto que no conoceré
y sin embargo
atavía mi viaje con parajes de sombra
le doy la bienvenida
porque el ayer es hoy y es mañana
no se qué significa
es algo que no me pertenece
pero gentil me da los buenos días
se vierte en una taza de café
anuncia la tinta y la escritura
es fundación del instante en la memoria
derrama el licor de viejas tascas
recoge risas de mujeres despidiéndose
invade una alcoba azul en las alturas
exhala el vaho que nos acerca a los abismos
todo esto me es desconocido
pero lo toco palmo a palmo esta mañana
dilatada y sonriente sobre su espalda erguida
dispuesta como fruto de la noche
qué significa todo esto
quizá el retorno que no tiene principio
por qué llegamos a este punto
quién inició este viaje
a esta ciudad tan verde
tan desnuda
breve  todavía de aquello
que no ha sido inventado
creación de los ojos que la miran
yo aspiro la bruma de este día
el fin de semana se apresura
y me despido

Yo le muestro la historia:
me dirijo a los lagos
donde recorrí saliendo con mi perro
  -- brillaban las estrellas todavía--
los restos del poema como un mapa secreto
que escondía la historia de mis pasos por Xalapa
el habla era  entonces en susurros
de la forma más íntima más pura
aquel lenguaje cifraba  sus hallazgos
decíamos  en todas las cantinas
la pasión agasajada  en los  hoteles
la trazamos en espontáneas  servilletas
en parques sorprendidos por el ansia
en puentes  donde se lanzan los pañuelos
las flores y  suicidas con prisa matinal

cuántas historias  sin rastro
sin que nadie las escriba
Cuántas historias sin que nadie las recuerde
son pecios de naufragio
embarcaciones  de hojarasca en el arroyo
son cárceles y  pequeños  hospitales en deriva
son bailes son listones
de melenas engarzadas en metal
son seres que  venden su miseria
entre la niebla   
 manos que imploran  la moneda del nosotros
cuántas historias que nadie contará
cuántos poemas  a los que nadie pondrá acento
cuántas canciones que todos  madrugamos
en fiestas de tambores  donde viejas actrices
 de corazón cicatrizado
actuaron clandestinas para públicos
dispersos en la noche
para aplausos que nadie ofrecerá
para manos que  ajustaron delantales
Este horizonte de asombro lo ve Era
 a través de mi navegación
 profunda  nostalgia de
falacias como juegos
narraciones  que dictan  unos labios caídos en desgracia
desde el reloj que detiene un tiempo mutilado
Mi ciudad es distinta

porque llegaste tú
la transformaste
le diste rutas no vistas
otras maneras
el tiempo ahora es un decir que pronuncia
nuevos destinos
y hoy que veo tu ciudad antigua
y  recorro sus vestigios
sé que la mía es otra y  es la misma
que lo que toco cambia con el hecho
que el paso que damos
como siempre
se perderá
y lo que sigue es tan inexplicable
como todo aquello que se fue
Dos ciudades

una en cada mano
de la mano los dos
en el descubrimiento:
yo de esas montañas
sin asomo  de verde
ella de estas calles  sin mácula de luz
ambos tejemos en la trenza corporal
muros postigos  techos cielos distintos
nos acostamos en calles enrejadas
buceamos en salivas prehispánicas
encontramos espejos del cielo coronado
toda ciudad alberga horizontes internos
echados con garras sobre lomos
para devorarse con paciencia entre las fauces
¿cuántos tactos han calcado estos edificios?
¿cuántos hombres se dirigen hacia aquellos misterios
donde ya nadie vive?
todo es vacilación
risas  imberbes que se escuchan en  celdas del drenaje
la caracola rumorosa de un teléfono que  suena
al caer las campanadas de la torre sobre  hombres sin sombrero
se  levantan pajareras como ideas de filósofo
ciudad incognoscible por más que la rodeo
por más que la he acechado
sólo advierto su geología monástica
que  labra siglos
hasta llegar al centro de mi historia
que Era ve pasar sentada en mis rodillas
Y esto que decimos es para nunca
para que un soplo de viento se lo lleve…

 

 

Ciclo Literario.

El URL de este documento es http://www.cicloliterario.com/ciclo41octubre2005/dosciudades.html