Buscar el límite

Andrea León García

 


 

 

Andrea León García es, junto con Liliana Castillejas, la primera mujer mexicana que destacó en una prueba internacional nueva en México: el deporte extremo.
    El equipo en que participó estaba constituido por jóvenes mexicanos en su mayoría originarios de la región donde se efectuó la competencia: Jalcomulco, Veracruz, región selvática, boscosa, con zonas de cañaverales y potreros, densas huertas de mango, cruzada por la cuenca del  río La Antigua, conocido en esta parte como Río Pescados.
   Andrea relata su aventura de tres días, en un recorrido de 150 kilómetros, que incluyen las disciplinas deportivas más extenuantes y peligrosas: rapel, escalada, caminata, cruces en tirolesas, paseos por precipicios y el rafting de río.
   El equipo de Jalcomulco dejó atrás a los equipos más competitivos: Costa Rica, Canadá, Estados Unidos y a otros nacionales como Río y Montaña, grupo constituido por campeones en distintas especialidades. Y sólo lo superó, por pocas horas,  el experimentado y sólido equipo español, de gran prestigio, pues ocupó el segundo lugar en el ecochallenge de Marruecos.
    En el relato apasionante que nos hace Andrea, veremos que se trata de una prueba en extremo compleja, donde la estrategia de equipo es fundamental, más allá de las capacidades individuales de los competidores, es una carrera que requiere en todo momento de la colaboración.
    Andrea nos muestra la fuerza de la juventud y la decisión de triunfo, pero también su desesperación, enojo, angustia y miedo ante diversos puntos de la prueba.
   Los lectores de todas las edades podrán gozar en esta narración de un espíritu que nos ofrece lo mejor de nuestros jóvenes.

TODOS LISTOS

Un día antes de empezar la competencia, nos hicieron a todos los equipos participantes una prueba de rapel, que consistía en bajar en extraplomo, (colgante en el puente) sin el apoyo de una pared, bloqueando el sistema a propósito para probar la habilidad de cada rapelista en desatorar el sistema de seguro, porque no habría cuerda de seguridad el día que dos competidores por grupo descendieran la pared de 110 metros de alta dificultad. Dos competidores por equipo, porque es una pared en la que no es posible colocar más que dos líneas, pues la pendiente es informe y angosta. Si se pusiesen más cuerdas se correría el riesgo que se enredaran. La idea de la competencia era que los equipos constituidos por seis atletas, bajasen juntos, pero debido a la estrechez y por seguridad, sólo descenderían dos. Esta prueba fue para prevenir horas de retraso por si alguien se bloqueaba y no supiese desatorar el sistema prousix. La prueba fue aplicada a tres competidores de cada equipo de trece en total, constituidos cada uno de cuatro hombres y dos mujeres (72 en total) y un auxiliar, cuya tarea consistía en mantener  y viajar con el equipo de montaña y río: equipo de campamento, bicicletas y kids de reparación, cascos de bicicleta y río, chalecos, equipo de rapel y escalada, arneses, ochos y mosquetones.
Nos concentramos en el campamento Papero, de Jalcomulco, para revisión de equipo personal: silbato, navaja, cinta tubular, mosquetones, kid de primeros auxilios, luz de sialumen, brújula. Una vez alojados se entregó el uniforme y el reglamento de uniforme: Chamarra, short, dos playeras, un chocolate, granolas y avenas en barra. Posteriormente se reunieron en junta los capitanes y, de no hablar éste inglés, otro integrante del equipo, para traducir. Yo fui para traducir con Nacho.
    El grupo organizador dio a conocer la ruta y las pruebas que se iban a realizar, así como el reglamento de seguridad y las reglas de la competencia. A partir del siguiente día empezaría el Campeonato de Deporte Extremo, una prueba de monitoreo. Si este campeonato funcionaba se harían más. Como el evento resultó un éxito, se realizará una próxima competencia en Huatulco, Oaxaca.
  La ruta la recorreríamos en tres días avanzando 50 kilómetros diarios en trekking, bicicleta de montaña, tirolesas, nado de un rápido, cruce del río por tirolesas, escalada en roca y rapel, descenso de río en balsa. Estábamos en Jalcomulco, municipio de Veracruz, una zona rica en frutales, en mango manila y café, papayales, platanares y ciruelos, con grandes nacaxtles que casi ya no pueden escapar de las sierras mecánicas, pero que aún florecen en su gran robustez. Nuestra salida sería del pueblo, donde daríamos una vuelta antes de enfilarnos al gran cañón de La Gotera, una estreches abismal que florece en la pureza de su silencio y su arroyo de agua fresca, que presenta gran dificultad para remontar, dado que son grandes piedras, muchas filosas, que en su pulimentada superficie húmeda representan un gran reto: subir piedras de hasta tres metros  nadando en arroyos y metiéndose en las cuevas. Está cañón éste cañón; yo, en un entrenamiento casi piso una serpiente, de las que se nombran mazacuatas, que no son venenosas.

PRIMER DIA

 Nos habíamos levantado a las 5:30 de la mañana y desayunamos todos los equipos juntos: cereal, fruta, pan, leche, huevo. Había picaditas y enchiladas, jugo de naranja, pero yo no pude comer sino un plátano y tomar un poco de leche porque tenía nervios. Me tomé mi jugo de naranja con mi power baker. Todos guardaban su equipo de montaña en el autobús que viajaría a Buenavista, una congregación a una hora y media en carretera y caminos de terracería, allí sería donde llegaríamos luego de un recorrido por el cañón selvático de La Gotera.
    Salimos del pueblo, dándole vuelta a una calle los 72 competidores. En lo que sería el primero de 31 puestos de control nos sellaron el pasaporte aquí, en el pueblo, a las 8 de la mañana. Salimos a las 8 en punto. Nacho salió hecho la raya, hasta adelante. Todos se sorprendieron, pues era una carrera de resistencia, eran 30 km. corriendo, no te ibas a ir como si fueran 100 metros y Nacho salió así, volando, entonces eso ayudó a que todos siguiéramos a Nacho y de repente íbamos en la punta. Porque Nacho conocía muy bien el terreno. Nuestro plan era llegar corriendo a la Gotera, rapidísimo, porque ya sabíamos que después seguía el Cañón y en el Cañón no puedes correr, hay que escalar, llegamos muy pronto a La Gotera, todo el equipo rapidísimo, fuimos, yo creo, los segundos en llegar. El camino es medio difícil, lo sabíamos pero no de memoria. Allí nos pusieron el segundo sello. Empezamos a caminar en el Cañón muy accidentadamente, puesto que  te caías. Era un terreno muy complicado, se te podía atorar un pie y tardabas horas en desatorarte, si alguien se lastimaba ahí, ya valía todo el equipo Por las piedras bajan grandes corrientes en la época de lluvias torrenciales y estaban llenas de moho.

Eduardo Rubio

     El staff  se integraba de casi 100 personas. Había 31 puestos de control en la ruta, donde nos sellaban un pasaporte que designaba el nombre del equipo y los nombres de sus seis integrantes. Había una mesa, debajo de ella un paraguas, botellones de agua y la prensa: camarógrafos, fotógrafos y microfonistas que osadamente te interrumpían poniéndote el aparato en la boca. El primer puesto estaba en la salida, después sería necesario sellar 31 puestos, a los que deberíamos llegar todos juntos o hasta que los guías del staff vieran al faltante o cuando menos a cien metros. El siguiente puesto estaba en la Gotera y el puesto tres sobre un puente rústico. Para llegar a él desde el fondo del cañón, donde estábamos, había que buscar una ruta, nosotros subimos por una cascada seca, haciendo un trabajo de equipo, jalándonos o impulsándonos. Había llegado con nosotros el equipo de España y un poco atrás el de Río y Montaña. Dentro del cañón se oían las voces de los equipos, pues no se podía ver la ruta y los capitanes anunciaban su paso.

 Empezamos a oír voces como si ya todos los equipos fueran adelante de nosotros, pero no, íbamos adelante, aunque por la acústica del Cañón no sabías en dónde estaban los demás. Como no podías verte porque las piedras son demasiado grandes, no sabíamos nada, entonces nos fuimos rapidísimo, subiendo piedras, bajando piedras, saltando venas de agua y  nadando en  pedacitos del arroyo, pasar por abajo de troncos, escalar troncos. Había partes llenas de murciélagos. Anduvimos como una hora dentro de  ese Cañón, hasta arribar a un puente, arriba, a más de 100 metros por paredes casi verticales que tenías que escalar. Allí estaba el tercer puesto de control.
   No sabíamos por donde subir al puente, entonces tuvimos que caminar 200 metros más, hasta que vimos  una cascada seca con unos troncos por donde podías subir y por ahí subimos.
 Caín se puso abajo, lo pisábamos, Santiago nos jalaba con un hilo a Liliana y a mí. Llegamos hasta arriba. Ahora nada más había que darle la vuelta a un cerrito para poder llegar al puente, le dimos la vuelta al cerrito, subimos, bajamos y ya llegamos al puente donde nos dijeron que íbamos en segundo lugar; rápido, rápido, nos animaron los  miembros del staff. Llegábamos con 15 segundos de diferencia. En el pasaporte te  ponen la hora, la fecha, quién llegó y cómo llegamos, entonces ya sabíamos muy bien que íbamos en segundo y que los equipos iban atrás.
  Había que subir un cerro, eran como 10 minutos de cerro para salir a  un plano que está lleno de lodo, un paraje de pastizales donde las vacas se hacen caca, te hundes en el lodo 30 centímetros y ahí teníamos que correr Empezamos a correr y de repente llegamos a un camino que nunca había visto, y finalmente  llegabas a Buenavista, bajabas dos cerritos, cruzabas un arroyo, llegabas a un plano donde  había cañaverales y volvías a bajar ahí, donde había un arroyo al que van  todas las señoras de Buenavista.
  Cruzamos el pequeño caserío y empezamos a bajar por las escaleras que dan por un desfiladero a  Xochilapa. Y eso se baja escalando. Está súper empinado. Allí están construidas unas escaleras con palos, pues es un paso en la vereda que es transitada por los campesinos que viven en Xochilapa. Aquí, estaba lleno de camarógrafos en las escaleras, también hubo muchos camarógrafos ahí en el puente y arriba, pero llegando ahí a Xochilapa nos sellaron el pasaporte, ya eran como 9:30 o 10 de la mañana. Todo eso lo hicieron en dos horas. O dos horas y media, más o menos. Cuando llegamos a Xochilapa, nos sellaron en otro puesto de control, cruzamos un puente nuevo que hay ahí, sobre un arroyo, y empezamos a subir un cerro boscoso. Pesado, igual como el que bajamos, subimos por escaleras y por piedras, por cuevitas, Aquí ya venía muy cansada.  Y me venía jalando con una liga El Libretón. Liliana también traía una cinta tubular y a ella la venía jalando Santiago. A Liliana la jalaron desde el principio. En el Cañón de La Gotera ya venía sujeta a uno y otro del equipo, con la cinta. O sea, la vinieron presionando muchísimo para que caminara todo el tiempo, cada tres pasos y, pues ellos también se cansaron.
   Era una subida muy empinada y entonces te cansas muchísimo. Se te agita la respiración. En la punta había otra escalera larga y ahí había camarógrafos, camionetas, El puesto de control tenía agua fresca.  Antes de llegar yo vomité, pero esa es la barrera que debes de romper, de alcanzar, es que llega un momento en el que ya no puedes, te duelen las piernas y quieres vomitar, te duele la cabeza, ya no quieres, te estás muriendo de agitación y ya, si rompes esa barrera y sigues, ya te aguantas todo lo que quieras, pero el problema es pasar de ahí. Es cuando dices ya no puedo, ya no puedo, pero ahí fue donde agarré mi segundo aire, agarré la punta y seguí, pas, pas, yo venía hasta adelante con el Libretón, después venía Nacho y después venía Liliana con Caín y Santiago que la venían jalando, nos sellaron ahí y nos dijeron que íbamos muy bien, que íbamos igual, en segundo lugar. Seguía lo más pesado,  seguía lo plano,  no había ni un árbol, ahí todo pelón, donde orinan las vacas, los potreros, no había nada, ni cañas, todo así, plano. Empezamos a caminar y ahí  Santiago dijo, ya no puedo, entonces yo empecé a jalar  a Liliana. Avanzábamos corriendo 30 pasos y caminando 10, ya no podíamos, nosotros nunca en la vida habíamos corrido más de 10 kilómetros, yo creo que donde estábamos llevábamos más de 10.
 Aquí había camionetas, unas tres camionetas suburban nos seguían con  cámaras, la prensa te preguntaba cómo ibas,  nosotros avanzábamos  todos medio separados, nos faltó ir juntos. Yo iba en la punta. Cada quien andaba a su ritmo y con distancias considerables, aunque siempre tratando de no perdernos de vista.
Y ahí fue donde ya empezamos a caminar, a caminar, a caminar, a caminar, como dos horas y media o tres. Y no acababa el camino que ya era pura terracería larga, larga, larga y blanca. Brillaba con el sol, deslumbraba. Casi ya no traíamos agua, yo ya no traía agua, le di mi mochila al Libretón. Traíamos rosado el cuello de cargar la mochila cuyo peso disminuyó, pues aparte del agua nada más llevábamos la navaja, la lámpara, el papel. Llegamos a Mata de Indio, un pequeño pueblo. Ahí había un Puesto de Control, donde nos dijeron que faltaban 15 kilómetros para llegar a la meta de ese día. Era como la una de la tarde cuando llegamos a Mata de Indio. Y ahí fue cuando el equipo empezó a estar mal, nosotros pensamos que iba a valer, el Libretón y yo veníamos hasta adelante y después, como a más de 600 o 700 metros venía Nacho con Liliana, jalándola. O sea, los que veníamos en la punta hacíamos como un kilómetro de distancia con los que venían en la cola. Veníamos tronadísimos, Nacho se veía cansadísimo, yo venía con una agitación en el pecho, como que me empezó a doler  el pecho, y ya venía haciendo los ejercicios de respiración que me enseñó el Libretón, me dijo que si no se me quitaba íbamos a llamar por radio para que viniera el helicóptero por mí, que andaba por ahí todo el tiempo. Lo oías que andaba por ahí, checando.
Y el camino no acababa, no acababa, no acababa, largo, con el sol y todos separados. El Libretón y yo veníamos diciéndoles a los de atrás que era por su culpa, por haber salido separados. El Libretón dijo: ya valió, yo ya no puedo. Traía acalambrada la pierna, ya no podía caminar, Caín venía temblando, Liliana...ella nada más caminaba por inercia, ya no decía nada, Nacho estaba bien encabronado porque no estábamos juntos, entonces fueron tres horas en las que pensamos que ya no íbamos a ganar. Pero quedamos, finalmente, en que íbamos a llegar tranquilos. El chiste era llegar a Buenavista, esa era nuestra esperanza.

El español era un equipo que se veía formado para ganar. Siempre venían todos juntos, ellos  venían jalando a las chavas con un sistema de ligas y correas que evidentemente tenían preparado. Nos pasaron como a las dos de la tarde. Hubo una hora en que íbamos junto a ellos, platicando. La chava iba peor que Liliana, la venían jalando entre dos. La otra chava venía bien, llegó un momento en el que yo me fui trotando a lado de ella, ya después nos pasaron.

Ya estaban allí los de La prensa, estaba todo el pueblo y empezamos a oír los gritos antes de llegar ¡Bravo, ya vienen, ya vienen! Había gente de Jalcomulco, gente de Mata de Jobo, del staff. Estaban todas las bicicletas, se veían así: equipo 1, equipo 2, equipo 3... todas las bicicletas con los del staff de apoyo. Nos dieron agua. Anduvimos como tres horas sin agua, ya veníamos secándonos, yo venía muriéndome de sed, nos dieron agua, nos dieron un Gatorade, sellamos el pasaporte y agarramos las bicis. Era padrísimo, después de esa ruta que parecía infinita.
 Salimos juntos, tranquilos para llegar a Buenavista. Agarrar la bicicleta. Salimos en forma rapidísima, ya todos  con nuestras bicicletas. El terreno era plano. Con una bajada a pico. Agarramos vuelo y llegamos rapidísimo a Santa María. Había unos tramos medio complicados, han de haber sido como 4 subidas nada más para llegar a Santa María. Entonces estuvo rápido, agarramos un segundo aire ahí en la bajada. En algunos puntos veíamos como iban subiendo el cerro los españoles. Liliana también se venía atrasando. Traía mal la pierna, a cada rato se le acalambraba, se quedó atrás, se le atoró algo en la cadena de su bici. Para llegar al Puesto de Control  fue padrísimo, porque había que cruzar en el puente colgante todas las bicis. Y también allí había un montón de camarógrafos. Luego venía una subida pesada, porque era súper técnica, es una terracería de piedra orgánica con piedra de río y piedra de grava, pero como había llovido mucho se había deslavado, entonces toda la piedra estaba suelta y derrapaba, así que había unas partes en las que pedaleabas y otras en donde te tenías que bajar y cargar la bici. Yo me cansé cargando la bicicleta. Y al tomar un atajo equivocado perdimos como 20 minutos y yo me encabroné. Nacho. El capitán se había equivocado de camino. Me encabroné tanto... Hasta lloré del coraje por haberlo seguido. Yo me raspé, me caí y me raspé. Me troné un poco psicológicamente.
 Empezó un camino súper difícil.  Lodo por donde pisan las vacas haciendo charcos, son hoyos de caca. En las mesetas había que cuidar las llantas, porque si se te ponchaba una llanta, pues ya valía. Yo venía hasta atrás, me dejaron como un kilómetro. El pasto estaba más arriba de tu vista y perdías  a los demás. Yo iba  medio llorando y enojada peleándome con los pedales, cargando la bici, cansadísima. Eran las tres de la tarde. Ahora yo iba hasta atrás, todos adelante, hasta Liliana. Pero dije, me vale, le bajé la velocidad y me fui cómoda pum, pum, pedaleando. En eso volteo y venían dos chavitos atrás de nosotros, bueno, atrás de mí porque mi equipo ya iba adelante. Y no sé cómo me pasa un chavo de Costa Rica.

Eduardo Rubio

Íbamos a pasar de tercero a cuarto sitio, pues adelante venían los españoles y Río y Montaña. En eso vemos a una de las competidoras  acostada a un lado del camino. Desmayada. Era lo difícil, si nosotros le hubiéramos dicho a Liliana corre, corre, corre, se hubiera desmayado igual.
En eso veo a Caín y Liliana. Él le decía  tu puedes, vamos, tú puedes, Liliana. Yo iba encabronada, llorando, yo lloré del coraje, de que me hayan dejado sola ¿no?, de que Nacho, como capitán y amiguisímo mío, me haya dejado sola.
   Caín me quitó la mochila y ya los dos nos fuimos juntos. Jalábamos a un mismo ritmo y ya ahí faltaban como unos 10 kilómetros. Nuestro problema era el camino de piedra suelta con lodo y espinas, o sea  que era súper técnico, te caías y otra vez a subirte. Íbamos cansadísimos, muertos de hambre. Ya era el límite. Sin embargo, agarramos tan buen ritmo. Eran como las tres y media o cuatro, Santiago y el Libretón me habían esperado también y Nacho se fue con Liliana, para que ella no se separara.
   Y en eso vemos a la chava de Río y Montaña que viene atrás de nosotros. Iba por ayuda, pero no usaron el radio, yo creo que ya se habían dado por vencidos o algo así, en eso llegamos, miembros del staff abrían las puertas de los potreros para que pasáramos.
    Nacho llegó conmigo y me  dijo: perdónenme, perdón. Córrele. Tú puedes, me dijo. Yo sé que me odiaste.
   Habíamos llegado en segundo lugar. Después de que pensamos que ya había valido. Cuando nos dijeron que estábamos en segundo lugar nos abrazamos y se fue la tensión. No lo podíamos creer, que habíamos llegado. Nos hicieron entrevistas, nos dieron agua, llegó la doctora a preguntarnos si todos estábamos bien. Cansados, muertos y todo pero bien ¿no?, con calambres. Nos paramos y empezamos a estirar el cuello para que no anduviéramos tan adoloridos, no estábamos acostumbrados y los calambres empezaron, ¡ay!, un calambre, un calambre, así los calambres estaban de venta, estaban cañón, en eso se nos acercan los españoles y nos felicitan, bravo chavales. Muy padre compañerismo entre los equipos, igual cuando yo pasé y vi a la chava que estaba desmayada, el compañerismo de los equipos siempre fue muy padre, no era rivalidad ni nada y los españoles nos dijeron: nadie nos imaginábamos que ustedes iban a llegar en segundo, buena onda ¿no? ¡Qué padre! Y nosotros empezamos a platicar que era nuestra primera competencia, nos dieron fruta, tomábamos agua. Llegamos a las 4:30. Nos dijeron que la comida era hasta las 5:30 porque ya tenían planeado que los equipos llegaban a las 5:30, 6:00. Teníamos que esperar  que estuviera la comida, teníamos un hambre. Yo comí un plátano y a eso de las 5 de la mañana, me estaba muriendo de hambre. Nos tomaban fotos, creo que dimos, fácil, unas cinco entrevistas, la sorpresa fue que llegara en segundo lugar un equipo por el que no daban un quinto, como que nadie lo creía.
 Estaban varios campers y mesas. Atrás pusieron unos baños. Todos malos, horribles los baños para acampar, había agua, cada quien tenía un barril de agua. Esa era toda tu agua, no tenías que gastar más. Era un poco antes del pueblo
 Y ya empezaba a oler rico. Estuvimos allí un rato. Nos sentamos y luego armamos nuestra tienda de campaña. Nosotros llevamos una tienda de campaña para que cupiéramos ahí los seis.
   La diferencia con España fue como de una hora y Costa Rica llegó como 40 minutos después de nosotros.
    Todo el tiempo que nosotros caminamos en la planicie de Mata de Indio, los españoles corrieron, todos a un lado del otro.
 Luego, como en 20 minutos llegó Río y Montaña, la chava que se había desmayado venía arriba de la bici, la venían jalando Siempre fue montada en la bicicleta, nunca pedaleó, la venían jalando y aún así venía vomitando, yo creo que le afectó la altura, el clima, todo, ha de haber comido algo, no sé.  A ella sí la revisó un médico. Todo el equipo venía peleado, enojadísimos, ya se iban a agarrar por la chava, pero ella no era la única que venía mal, sino también un chavo, o sea, eran dos los que  andaban bien mal.
    Habíamos llegado los cuatro primeros equipos y empezamos a cenar, había  pastas, pan y diferentes ensaladas, y de tomar había suero, un suero que sabía horrible,  y coca-cola. Eso cenamos. Cenabas y  a la media hora tenías que volver a cenar y yo cené tres veces, cené muchísísimo.
   Me comí un kilo de pasta, yo creo, y muchísima ensalada, queso también había, y plátano.
   Nos fuimos a descansar. Ya eran como las ocho de la noche. El último equipo llegó como a las 10 de la noche,  era el de Canadá. Imagínate la diferencia, nosotros  llegamos a las 4:30, ya habíamos cenado, ya habíamos matado tiempo, o sea, nosotros ya estábamos acostados cuando llegó Canadá.
   Nadie aún había desertado. Los últimos llegaron muy raspados, acalambrados, vomitando.
  Eran diferencias de  2, 3, 4, 5 horas, como entre nosotros y Canadá. En un camper con luz estaba la doctora con una cola de chavas y chavos para que les curara las ampollas, los raspones.
   Una chava de Canadá se cayó y se raspó todo el brazo y traía una cortada, y así anduvo, con la sangre todo el tiempo.
 En la noche nos hicieron una entrevista. Nos fueron a despertar. Mientras me entrevistaban, comí otra vez, después de la entrevista volví a comer. Un hambre que traía y sed, porque tomabas agua y tenías más sed y tomabas agua y tenías más sed, la boca seca, la lengua seca, me sentía deshidratada y tomé y tomé agua. Liliana se la pasaba con la doctora, como que era una chava medio delicadona. No inventes, fue a que le curaran las ampollas, traía una ampolla del tamaño del pie, también Nacho traía, pero Liliana...
   Al acostarnos estuvimos platicando, revisamos el mapa, porque traíamos un mapa para planear la estrategia. Nos iban a levantar igual, como a las 5:30.
  En la noche, de hecho, hizo mucho frío que aumentó mi estado inicial. A mí me empezó a dar frío casi desde que llegué. Como que perdí muchísimo calor. Porque soy muy flaca. Había perdido demasiado calor.

SEGUNDO DÍA

   Nos despertamos como a las 5:30. Tenías que ir al baño y los baños ya estaban llenos, y aparte el cansancio, la incomodidad de acampar. No puedes descansar bien. Los seis en la tienda, la estreches del slepping, con piedras abajo. Fue una tortura, con frío, sin lavarte los dientes, con lodo en las piernas, te podías bañar pero con agua fría, preferías no bañarte con agua fría porque estabas tan caliente que te ibas a acalambrar. Al despertar ¡no!, si parecía que te había pasado una aplanadora. Yo dije no me puedo levantar y Liliana dice: cómo vamos a aguantar, o sea, todavía falta la friega, megafriega. Me senté toda adolorida, me levanté, fui al baño, me cambié, ya era muy tarde, el desayuno frío y yo tenía frío todavía, es que estaba súper frío, el desayuno era yoghurt, granola, jugo, cereal, leche. Yo desayuné un pan tostado con mermelada y cajeta, me tomé tres vasos de leche y un chorro de azúcar, pues necesitabas energía.
 Recogimos la tienda de campaña y la guardamos en la bolsa. Mi bici estaba trabada de lodo. Con las manos congeladas tuve que echarle  agua para que se cayera el lodo de la cadena, o sea, no hacía cambios de tanto lodo, la tuve que  raspar, lavar y engrasar.
   La segunda ruta empezaba en Buenavista hacia Jalcomulco. Estaba adoloradísima, troté así como 200 metros para calentar. Nos formaron como habíamos llegado. Un carril como de 2 metros de ancho. De ahí teníamos que salir 72 bicicletas. Chocabas con los pedales de las otras.
 Nos pusieron a España, nosotros, Costa Rica y Río y Montaña. Los cuatro equipos que habíamos llegado primero, con el capitán de cada uno adelante.
    Ahí fue una tiradera de gente,  porque pues el camino estaba lleno de lodo y piedras, pasto, puros golpes ahí eran.
  Nacho salió eufórico adelante. La cuestión era que pudieras salir del molote de bicis. Liliana también venía bien, pudo salir del molote, venía hasta adelante.
   Siguió un tramo que tomó 50 minutos. Pura terracería, de bajada así, sin frenos, todos sin frenos, nombre, yo nunca en mi vida había ido tan rápido en una bajada. Súper bien, llegamos el equipo todos juntos.
 Nacho tenía que llegar hasta adelante a Jalcomulco porque el primero que llegara  era el que agarraba la primera línea para escalar. Sólo había una línea y tenia que llegar por eso en su turno, si se tardaba una hora, iba a perder una hora.
   Llegamos a Jalcomulco y oías ¡vamos Andrea! Los gritos de la gente ¡vamos Jalcomulco ustedes pueden! Todo mundo estaba ahí, en el puesto de control.
    Ya estaba el equipo de chalecos  y  cascos porque íbamos a nadar y a cruzar el río. Estaba el equipo de rapel. Dejamos las bicicletas y agarramos el equipo de rapel y el equipo de río, o sea, aparte de cargar tu mochila ahora había que cargar casco y chaleco. Nacho ya se había ido para escalar, se fue con el español, porque llegamos España y nosotros, luego Río y Montaña y Costa Rica. Eran como las 8:40. Empezamos a correr hacia la  pared de Expediciones Tropicales, a un lado de la carretera.
    Nacho ganó en la escalada al español. Nos dejó impresionados. Nacho en la vida había escalado, se subió antes, como araña, y en eso oímos a un señor ¡vamos que Nacho ya va adelante!, ustedes tienen que darle también, nosotros teníamos que ir caminando, teníamos que darle toda la vuelta entera a la Pared de Tropicales. En eso vimos a los de Río y Montaña atrás y nos dijeron ya no se preocupen, estamos descalificados porque la chava y el chavo ya no quieren seguir. Nosotros vamos a seguir pero ya estamos descalificados, así que no se vayan a tronar por culpa de nosotros, no se vayan a tronar por querer alcanzarnos, pues según ya venía el equipo fuerte. Les dijimos ah bueno y ellos se siguieron. Le dimos la vuelta al cerro por toda la orillita, había ramas, otate, había un chorro de otate ahí. Llegamos a la otra parte del cerro, donde estaba la pared del rapel y cruzamos.
   Ahí había cámaras y periodistas y Liliana se puso a dar una entrevista y yo ¡no! ¡Ya vámonos! y se atravesaban los mugres camarógrafos. Tomamos agua, dijimos para no cargar el agua pues ya traíamos el chaleco y el casco.
 Santiago y Caín bajaban rapeleando, y Liliana, el Libretón, Nacho y yo empezamos a bajar corriendo,  y después agarramos hacia la derecha, hacia el rápido de Chicago.
   Entonces nos dijeron: ya ustedes van en primer lugar. Imagínate que de repente nos digan que vamos en primer lugar y tu wow! ya la hicimos. Entonces yo me emocioné y empecé a correr y darle todo, a apretar el paso. A Liliana ya la venían jalando porque  los de Río y Montaña nos prestaron la liga de la chava que venía mal.
    Fue larguísimo ese recorrido abajo de los mangales. Nos alcanzaron los españoles ahí, abajo de los mangos, cerca del rápido de Chicago. Pero no lo veíamos, no veíamos el río, bajamos unos cerros, íbamos a la par con los españoles,  venía un español, uno de nosotros, un español, uno de nosotros. Liliana venía hasta atrás.
    En eso había un lugar confuso. Nacho volteó y vio la flecha y se hizo el burro e hizo como que no la vio y dijo vénganse para acá, a todo el equipo nos juntó, como ya se habían perdido una vez los españoles dijeron a estos hay que seguirlos, y Nacho como vio que los españoles se voltearon dijo no vámonos, a ver, a aquí hay que esperarnos que no sé qué, y los españoles ¡agrrr!, a iban adelante y se regresaron, y nosotros así, diez minutos: lara, lara, lara la. Caminando en círculos disque buscando la flecha los dos equipos. Nacho ya había encontrado la flecha, pero no les decía, y en eso voltea el capitán del equipo de España y dice ya dígannos a dónde es, ya saben dónde es, si no nos van a alcanzar a los dos equipos Costa Rica y no vamos a tener ni el primero ni el segundo lugar. Nacho no, es que no sé dónde es que no sé qué, y ya volteamos los del equipo y dijimos ya vámonos, todos empezamos a caminar. Y los españoles agradecidos animaban a Liliana, vamos Liliana. Íbamos ahí los dos equipos. Liliana tú puedes, le decían. Y en eso llegamos a la parte de arriba del Chicago. Hay una pared que da la vuelta sobre el río. Son piedras filosas, había que caminar por la pared escalando. El agua llega y choca con la pared, imagínate bien alto, caminando y abajo el hoyo, si te caías, te caías al hoyo. Era peligrosísimo. Abajo había un kayak de seguridad.
    Llegamos al cruce del río. Nos enganchamos a una cuerda y cruzamos de dos en dos. Íbamos adentro del agua y  jalando con las manos. Pueden ir todos los que quieran siempre y cuando sea el mismo mosquetón donde se agarran todos los tips lifes. Casi siempre llevábamos un mosquetón y una cinta tubular de donde nos agarrábamos, podíamos echarnos los seis en la tirolesa, solamente que nos hundimos más en la corriente. Llegamos cuando los españoles ya habían cruzado. Llegamos al mismo tiempo al Puesto de Control al otro lado de la tirolesa. Ahora teníamos que correr para subir al rápido de La silla. Entonces  cruzamos los cerros, que tenias que hacerlo siguiendo el cauce, si no te lo sabias bien te podías perder. Nacho nos guiaba y los españoles aprovechaban su conocimiento de la ruta. Los españoles iban junto a nosotros.
 Cruzamos el río otra vez con tirolesas, donde había gente, camarógrafos. Llegamos a la segunda tirolesa después de caminar ahí entre los cerros y yo me eché hasta con un español en el mismo mosquetón, ya veníamos mezclados toda la bola. Y nos dicen: van muy bien, ustedes van hasta adelante de todos. Costa Rica venía atrás. A los cuatro descalificados de Río y Montaña, supuestamente los cuatro buenos, ya los habíamos rebasado otra vez.
   Había que nadar el rápido de La brujita, después de bajar un cerro casi a gatas. Llegamos, juntamos el equipo y dijimos vamos a nadar. Pasamos el cerro, llegamos a la cueva y había que bajar para llegar a ese punto, Liliana nunca en su vida había nadado un rápido. Lo nadamos juntos los españoles y nosotros. Liliana no se quería echar y le gritoneamos ¡Ya, échate! Santiago se fue con ella, la pobre tragó agua, yo también tragué agua, todos tragamos agua. En ese rápido todos chocábamos con la pared obviamente, la corriente fortísima te estrellaba contra la pared, empezabas a nadar pero te llevaba la pared hacia la derecha, pero había una cuerda y  te agarrabas de la cuerda y ya salías a la orilla y corrías como un kilómetro donde estaba la otra tirolesa, la más fuerte. Ahí estaba la cámara, que nos grababa recibiendo las instrucciones de Nacho.

Eduardo Rubio

  La corriente te jalaba tan fuerte que Nacho se soltó y yo también me solté pues no venías amarrado. Sentí que se me rompía un dedo. Nacho me agarró a la orilla, estaba adolorida, me pegué en la rodilla.
 El Libretón y Caín que se echaron juntos porque eran los más pesados, igual se soltaron los dos, nadaron. Caín traía en la boca el pasaporte que te iban sellando en los puestos de control. Si perdíamos el pasaporte  estábamos descalificados. Y ya venía Liliana y Santiago también.
   Por fin nos sellaron en un Puesto de Control, después de 30 kilómetros entre cerros y arroyos. Eran las 2:00 de la tarde. En un lugar que se llama Tecomate, lejísimos, nos hacían ir por veredas que daban la vuelta a los cerros, subías y bajabas para llegar al mismo lugar y estaba el mismo Puesto de Control, nada más que la base tenía otro número, era como un laberinto. A mí se me atoró el pie en una piedra y me dolió horrible el tobillo en la misma pierna  que tenía lastimada. Yo ya no tenía nada de energía. Liliana se caía, ya no tenía fuerzas, brincaba de una piedra a otra y pum, se caía, los españoles venían a 10 minutos de nosotros, nosotros ya no podíamos dar más duro para alcanzarlos, veníamos dándole, Liliana y yo, arroyo arriba. Es muy difícil caminar en un arroyo, entre piedras húmedas y sueltas. Así nos hicieron subir y bajar 5 cerros grandes.
    Llegamos a un Puesto de Control donde habían matado a una víbora y la habían colgado. Era una víbora toda sangrada y grande, gorda. Y había que escalar, meterte entre las ramas y subir por las piedras. Había unas cuerdas puestas. Así  fueron fácil 4 o 5 horas hasta que vimos el rápido La silla de montar. A Caín le di mi chaleco, mi casco, le di mi mochila al Libretón. Ya veníamos todos golpeados, a Liliana la venía jalando Nacho hasta atrás, Caín ya venía cansado entonces empezamos a caminar y en eso vemos La Gotera, ya empezamos a reconocer,  por ahí había gente ¡vamos equipo ustedes pueden, ya van a llegar!, nos animaban. Por ahí  estaba la mamá de Liliana, y  nos emocionamos. Cuando empezamos a cruzar el puente de Jalcomulco a mi se me salían las lágrimas. Ya íbamos a llegar. Ese fue el día más pesado para mí, porque los caminos fueron horribles. Nacho llegó a su pueblo y decía: aquí está mi pueblo emocionadísimo con la gente. Por eso él es el que venía siempre hasta adelante pues sabía siempre que sus familiares y amigos lo esperaban. Llegamos muy bien otra vez,  el equipo de Jalcomulco en segundo lugar,  sellamos el pasaporte con solamente 15 minutos de diferencia de los españoles. El segundo día acabó. Estábamos cansadísimos. Tomamos agua. Hubo entrevistas, todo el show.
   Aquí vimos realmente que estaba cañón esta competencia. Porque una competencia de 100 metros, son 100 metros y se acaban, pero aquí ya había acabado un día y otro y seguía otro más.
    Como a la media  hora llegan los cuatro de Río Montaña pero ya estaban descalificados y nadie los peló, la prensa nada más un poquito. Como a 40 minutos llega Costa Rica, después de Costa Rica llegó el siguiente equipo llegaría  como a las 8 de la noche.
Nos fuimos al campamento, ya teníamos una combi disponible para nosotros. Descansamos un rato, a las 6:00 yo estaba muriéndome de hambre y en eso Caín  pregunta ¿qué va a haber?, pues comida rica ¿no? Y dice a un amigo, vete por unos tamales rancheros,  Caín  come tortillas y frijoles,  y ya no quería saber nada de pan, estaba harto de pan, él y Nacho querían tortillas, y nos trajeron como 30 tamales rancheros y los españoles llegan y nos ven ¿qué comen? Tamales, ¿No quieren un tamal? Y ellos, ¿Cómo un tamal? Pica, eso irrita. No, pinches indios han de haber pensado ¿no? Tan resistentes y tragan tamales, ellos venían con su manzana y nosotros tamales rancheros picosos. Estábamos comiendo cuando llega la prensa: muy bien, felicidades, van muy bien, nos dieron la sorpresa. Entonces se nos acercó la ejecutiva de Jeep, nuestro patrocinador: Si ganan les doy un Jeep nos dijo: tienen que ganar, traen la camiseta de Jeep. Estaba feliz, Son la sorpresa, son la esperanza de México, nos decía. Llega el funcionario de Promedex, los organizadores y nos dice: ustedes van muy bien,  el premio se tiene que quedar en México yo sé que ustedes pueden, tienen que ganar. Todo mundo llegaba y nos decía es que ustedes tienen que ganar, son los de México.
  Yo trague, trague, trague, comí mucho, había carne, pollo, muchas ensaladas, espagueti, caldo,  mucha comida, postre. Nada más éramos cuatro equipos.
    Yo estaba mal de la rodilla, no me podía parar, caminaba cojeando, caminaba con un pie. La doctora me dijo que tenía que tomar suero porque estaba deshidratada y aparte mi regla se había adelantado dos días, no tenía nada de ropa limpia, era incómodo, me inyectaron un medicamento para el dolor que traía en las piernas. Liliana traía los pies vendados y las piernas moradas. Liliana no se podía parar. La inyectaron, le dieron unas cápsulas efervescentes de potasio.
 Me levanté a cenar otra vez como a las 8:30. A las 9:00, 10:00 de la noche y no llegaban los equipos, así que se armó un equipo con sus lámparas, primeros auxilios, camillas. Nosotros ya estábamos dormidos y había equipos que seguían en friega y nosotros estábamos muertos.
   El último equipo llegó como a las 2 de la madrugada. En todos había preocupación, sabíamos que hasta se podía morir alguien, habíamos firmado todos las hojas de responsabilidad.

TERCER DÍA

Nos levantaron como a las 5.30 de la mañana. Yo no podía caminar. Liliana tampoco, nos pusimos a mover las piernas poco a poco para arriba, para abajo, a mover los dedos. Fuimos al baño, nos arreglamos, nos cambiamos. Había agua caliente pero no te convenía bañarte porque te relajaba. Me dolía mucho la rodilla por el golpe que me había dado, la traía mal. Le dije a mi equipo, saben qué, vámonos tranquilos en las bicis y en el río porque mi rodilla está mal, muy mal, yo la traía hinchada, morada, inflamada.
   Me impresionó en el desayuno que todos los equipos estábamos menos Canadá,  que ya había desertado. Pero todos los demás, allí estaban, aunque hubieran llegado a las 2 de la mañana solo con tres horas de sueño, estaban listos.
 Nos dirigimos a los camiones para ir al río como a las 7:30. Habían formado las balsas por orden de aparición o sea, España, nosotros, Costa Rica y todos los demás, entonces nuestra balsa estaba en segundo lugar.
 Un kilómetro antes de la salida nos formaron a los equipos en 1ro., 2do. y 3er lugar y salimos corriendo, cargando el remo. Ya no podíamos correr, pero ya era lo último y cerrabas los ojos y avanzabas con las piernas así, ardientes, a mí tronándome la rodilla.
 Nos subimos a la balsa y Santiago se cayó por acelerado, cuando ya estábamos adentro del río.
    Antes hubo un sorteo de guías para los equipos que quisieran guías; Costa Rica no pidió, nosotros tampoco y  salimos medio tarde, como a las  8:30 porque empezaron a poner las cámaras en los cascos, entonces hubo un poco de retraso.


 Adelante de nosotros iban como siempre, los españoles, pero los de Costa Rica no se sabían las líneas del río, entonces como que querían que nosotros nos fuéramos primero para seguirnos.
 Costa Rica se atoró, nosotros nos fuimos contra una pared donde la balsa de paró totalmente, se cayó Caín, casi nos volteamos, y dijimos: tranquilos, tenemos que llegar bien, y empezamos a agarrar un ritmo, dos veces casi nos volteamos y una vez  todos cayeron menos Liliana y yo.
  Hubo una parte en las que nos acercamos a los españoles pero nos dejaban atrás. Fue un recorrido larguísimo como de 3 horas, remando sin parar. Se entumía la espalda. Estaba fuerte el río. Caín ya iba de nervios y yo voltee y les dije: no tranquilos, el chiste es llegar y vamos bien,  veníamos todos tensos. El asunto es que era nuestro río y teníamos que ganar, pero el problema fue la ventaja que nos sacaron los españoles desde la salida.
 Y pasamos el pueblo, escuchamos emocionados los  gritos sobre los puentes, el colgante y el de concreto, se veían repleto de gente. Vamos Jalcomulco, escuchábamos.
 Seguimos remando y no veíamos a España. Nacho remaba cañón pero Santiago había unas partes en donde bajaba la velocidad y Nacho lo presionaba, pues los dos iban en la punta, que le des  y Santiago, le voy dando y no puedo dar más. Liliana, que le tiene miedo al río, en algunos rápidos y se metía adentro de la balsa y le decían, Liliana que no te metas, salte, a Liliana le daban unos gritos, la sentábamos, rémale, rémale.
   Llegamos a la meta  junto con España, a Costa Rica ya no los vimos. Entonces agarramos las bicicletas. Había muchísima gente. Era el último tramo de la competencia. Nunca tomamos agua durante el recorrido del río así que cuando llegamos teníamos mucha sed. Nos mojamos la boca, todos los labios secos porque ya no traíamos el camel bak, traíamos nada más el chaleco y el casco. Tres horas remando nos dejaban  las piernas acalambradas. Empezamos a pedalear por una  terracería de tierra suelta. Eran como las  11:30, el camino estaba medio difícil. España ya se había ido, Liliana ya venía mal, mal, había tramos en los que Nacho cargaba las dos bicis, la suya y la de ella y Liliana caminaba, ya no te daban las piernas para subir, entones te bajabas y caminabas y en eso nos rebasa Costa Rica, entre Paso Limón y Coetzala. Pero traíamos horas de ventaja, no había bronca pero de todos modos nos preocupamos. Llegamos a Apazapán y toda la gente, todo mundo nos decía: ¡vamos!

Liliana seguía caminando, ya era lo último, no se podía tronar ahí, si ahí se caía Liliana, todo lo demás valía, entonces casi la traían cargando. Empezamos a llegar a Jalcomulco. Ya había acabado todo el sufrimiento. Cuando nos abrazamos nos dijeron que éramos el segundo lugar, lo sabíamos. Nos sellaron. Lo más padre era oír al pueblo, como gritaba, como que ese es el premio, llegar a la meta, eso es padrísimo.    

 

 

Ciclo Literario.

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