Madame Elise

Gabriela León


 



Clementina Hawarden (1864)

 

En la primera infancia
su nombre era Camille.
Tenía barro en lo más profundo de las uñas.

Cuando le comenzaron a crecer los pechos
–usted, madame-
me permitió lamer la tierra
hecha costra en sus pezones.

Con guantes de cirujano
me disponía a amasarle
el cuerpo, la sombra y los cabellos.
Pero un vértigo
la arrancó de mí.

Ahora que la recuerdo, madame Elise
su voz se clava como música de Schuman
en los más profundo de mis ojos.

Vine a enterrarla,
traje tierra de hoja para hacerle un colchón.
Bordé su traje mortuorio
con mis cabellos
–quiero que lleve usted algo de mí-.

Le compré sandalias con suela de corcho
para su larga caminata
por el túnel de los muertos.

También he preparado una maleta
con cosas que creo le serán de utilidad:

una copia de la Odisea,
un cuaderno en blanco,
el anillo de matrimonio que nunca usó
y envueltos en un pañuelo
mi lengua, mi sexo
y la mano con la que le he escrito.

 

 

Ciclo Literario.

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