La poesía como un don

Ludwing Zeller


 

Araceli Mancilla

Instantes de la llama es una suerte de breviario poético en donde los lectores tendrán oportunidad de acercarse al universo interior de Araceli Mancilla, ya que en sus páginas se da el fenómeno de la proyección continua de sí misma, de la multiplicación del Yo en diferentes momentos reales o imaginarios.
Hay en esta escritora una manera precisa de usar el lenguaje, sean imágenes de nostalgia, evocando a su padre como niño, por ejemplo, o sea una secuencia amorosa, descripción de su personal sentir de la llama, ese cataclismo que todos padecemos alguna vez. Los poemas se agrupan como las nubes antes de la tormenta y los poemas "Aquí," "Oración," "Lugar," "Viaje," son tan sólo una preparación de ceremonias oníricas ya que los mismos textos van engarzando descripciones y sensaciones corporales de un sacrificio en el que son ofrecidos todos los amantes.
Hay en la poesía contemporánea latinoamericana una tentación de llevar hasta el límite la modalidad en que los orientales, especialmente los chinos y japoneses, han sintetizado en un par de "palabras únicas" su sentir poético (como es el caso de los "haiku"). Araceli también prueba con acierto estos ejercicios, pero sin quedar cogida en ellos. Sus imágenes son una suerte de bruma que envuelve los cuerpos y los torna visibles, el tiempo le ha dado esa certeza de las notas musicales que resuenan en nuestro interior durante días, una suerte de fantasmas que transitan por un bosque interior.
Siempre resultará inútil tratar de transformar las secuencias de toda poesía amorosa, siempre volvemos a esa antiquísima verdad: la poesía expresa, y en ella existe una verdad interior que es la única que perdura a los avatares del tiempo.
Pero si los seres somos frágiles, no escapa a aquello la poeta que a veces imagina personas y yermos en que el hielo y el hastío golpean, quiebran toda sombra de esperanza. Allí nos tocan las grandes preguntas, escritas en un lenguaje cantarino, ya que no podrían ser distintas.
Leo y vuelvo a leer algunas páginas. Araceli ha aportado a la poesía de México un tono delicadísimo —una aguja de silencio—, diría ella. Hay que acostumbrarse a este sonido, a este soplo de la respiración y dejar que fluya dentro de nosotros su mensaje de música y misterio.

Cada cual encontrará en este libro su visión del canto, la gracia y el desborde de luz que pueda captar. ¿Qué más podríamos pedir? Agradecemos a la autora el haber dejado en el papel el rastro de tanto fantasma, los versos que caen como una llovizna en la que leen los sedientos.

 

Ciclo Literario.

El URL de este documento es http://www.cicloliterario.com/ciclo39agosto2005/lapoesia.html