El río

Lorenzo León/Araceli Mancilla


 

Esa mañana Era y yo nos embarcamos
en el lirio  tejido entre  montañas
una larga lágrima  rugió agradecida
cayó en  rocas cubrió flores y césped
era la ruta trazada en un mapa comercial
por una guía turística
y  sin embargo inició el estremecimiento
abrió la navegación más interior
jalados por jóvenes morenos
Era y yo bebimos kilómetros
de un río apacible
vuelto a su vez en cortinaje verde
ojos de jaspeada  eternidad
nos miraron parpadeando en amarillas colas
de aves
toda la historia ocular transcurrió
en esa fluyente ruta
heraclitiana
esto que vemos
disuelve las palabras

respira  agua
se desliza lluvioso
en el interior de las piedras
avanza con cumplimiento
de tiempo irrepetible
de movimiento interminable
es la purísima transparencia que anida
debajo de los cuerpos
entre  nubes de insectos
no se pronuncia
es la estremecida levedad de los jazmines
la observación de las rocas desde la infinitud
vértigo de acompasada humedad
de líquenes cayendo de los montes
diálogo de aves en los nidales rotos
bullicio de capullos ardorosos
el vuelo de las garzas  como trazos de luz
de pronto el río quieto forma un signo
ese espejo del sol puliendo el horizonte
esa repetición del cielo detenida un instante
y entramos en la aguas
que nos besan dulcemente
y recostados en su lecho
de líquidos enigmas
de umbrales de floresta
de primitiva plenitud
algo canta arriba
en un coro de verdes y naranjas
con el lila demorado
del bejuco
qué canción se decía en el aire silbante de la selva
nuestro río respondió
nos lanzó su honda palma 
al paraíso de niños elegidos
puestos por Dios desde el origen
para reír con su inocencia
y navegar la visión irrepetible
de su mojada desnudez
que disuelve las palabras
ahí está

el río mi río mi niño río mi niña ría
ahora me recibe su linaje
con manos de espuma
señala en mi mirada el destino de un viejo libro
ahí está
el río
me toma entre sus brazos
me carga en el lomo su corriente
esculca mi corazón  goteante
al hablar cuenta su nacimiento
símbolo de la  matriz que me recorre
él está ahí
mi río
dice
para que nuestra sangre  lo retenga
él está ahí
río
para cruzar el sueño
y  conducir a la amada
en la navegación más trascendente
de la creación
metáfora que no lo va a nombrar
ni a decir
sólo le va a quitar la ropa
y  adornar de palabras
sus esencias  donde nadan acentos
alimento de pequeñas sílabas crustáceas
que guardan anzuelos tendidos por jóvenes guerreros
cruces que señalan el principio de estos dedos
hendidos de plenitud
pesco entre el oleaje
la cabellera de Era
a mi lado
en la proa de la balsa
germinan como cuarzos de miel
asombrosas laderas
parecidas al origen del lenguaje
allí
en ese cañón
vemos Era y yo
el crecimiento de paredes y  edades sin terminar
y la letra capitular de este libro
qué es de la corriente fluvial para el despierto

años penden de los frutos maduros
sutil iridiscencia baja por el río que sueña
y caemos sudorosos a la vida
sonriente del calor
basta colgar de ella como del árbol de mango
ser peces invisibles
pájaros que rayan el paisaje
cintillas de este aire caudaloso que nos viene de antes
soñamos o vivimos
la pequeña casa que el río arrasó
la hogareña vasija sonríe
brizna de barro ardiendo allá en el tiempo
atrás dices
no veo
el río cambió su curso
única señal de la existencia
tornar el rumbo
mover  piedras
somos en la marea un paso del destino
un momento ya arcaico en su vaivén
orilla que fenece en el crepúsculo
el sabor presentido en nuestras lenguas
florea su  residuo mineral
somos en el flujo un recuerdo que despierta
hacia atrás vemos los días con pies de arcilla
percusiones de lluvia y guijarros
música del río
en el hocico de la noche
ahí está la casa que no vemos
somos en el curso un sueño de la vida
la cima estalla en llanuras extremas
se puebla de mariposas astilladas de color
de racimos florecientes que mañana
la tormenta llevará entre sus costados
hechas polvo caerán en las narices de la tarde
el río es sólo una ilusión en la que amanecemos
y cargamos en el pecho
como el paso del águila sigilosa  y serena
cual respiración de la conciencia
renuevo a cada golpe
de corazón que no descansa
de nuestros pasos que siguen y apenas se detienen para
cerrar los ojos y decir un poema que concluye
en nuestra aspiración de ser vocablo


el río es mi casa
sus columnas de agua
todas las noches
durante tantos años
durmiendo con mis hijos
me indicaron
el rudo abecedario del dormir en su curso
las letras cotidianas
de guisar acamayas
cosecha de la noche bajo piedras insomnes

el río es mi casa
allí
en sus risueños remolinos
me acuné como el feto acuático del día

el río es mi casa
su techo transparencia que fondea la cañada
y crece en la ribera su  penacho de sol

el río es mi hogar flotando en lo que fue
estallan en la tromba sus puertas coronando árboles
sus ventanas enmarcan el azoro de reses a la deriva
míos los libros esparcidos en el puño negro del río
 textos que lee  la tormenta sorprendida
oraciones que el desastre deletrea
versos que tiñen de tinta matorrales

no tengo casa
el río se la tragó
la masticó de una
como un reptil agarra en sus fauces
un caracol
un insecto
lo toma y lo digiere sin eructos
llevando hacia su vientre
troncos desprendidos
enormes rocas como cabezas colosales arrasadas
entes  durmiendo en sus casuchas
de palma y lodo
así ama el río
llevándoselo todo
así el río nos dice
que la vida es capricho  del misterio
así
el río nos lame la mano como un perro
nos mutila como una navaja
que viene huyendo de un origen remoto
mudo
el río es una cuna
el río es una tumba
el río es un dulce gesto
que lame las nalgas de muchachas descuidadas
que chupa los penes de jóvenes aguerridos
que excita mariposas azules vueltas más tarde
pájaros en celo
el río es mi casa
porque rueda
el río es mi casa
porque va conmigo a ningún lado
el río es mi piel porque la veo y no me sorprende
que exude transparencia
y huela a lodo antiguo.

 

 

Ciclo Literario.

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