Peter Sloterdijk: La existencia en la periferia de la esfera

Lorenzo León Diez

 


El sol y la muerte Peter Sloterdijk Hans-Jürgen Heinrichs
Biblioteca de Ensayo Siruela 2004

Lecciones de los maestros George Steiner
Ediciones Siruela Fondo de Cultura Económica2004

A Carlos Romo
Le soleil ni la mort ne se peuvent regarder fixement
Nuestra mirada no puede detenerse fijamente ni en el sol ni en la muerte
La Rochefoucauld

 Entrevista, filosofía y medios interactivos

La entrevista es un género que ha sido relegado de la alta cultura a lo periodístico. La pregunta y la respuesta pasaron a ser una herramienta de simplificación, más que un instrumento para despejar la complejidad, de acuerdo a la necesidad de los medios para “llenar” páginas y “cubrir” tiempos. La interviú es, sin duda, la estrella de la trivialización, el caballito de batalla del protagonismo descerebrado y el pretexto para el plebiscito diario que, con la palabra “nación”, los medios ponen de manifiesto (Sloterdijk).

Jan Provost 1465-1529 / Alegoría cristiana


     Sin embargo, la entrevista es un género de escritura y una escenificación narrativa donde podemos atisbar  el universo oral expuesto de manera participativa que compartían los hombres de la antigüedad arcaica. En efecto, si consideramos que el alma del observador sólo surge con la escritura, el intercambio de saberes antes de que el libro impreso instaurase el pensamiento lineal, tenía en la memoria y en la simultaneidad de las voces el espacio donde el conocimiento no se identificaba con la autoridad ni la seriedad y donde los maestros enseñaban existiendo (Steiner).
     La lectura del libro El sol y la muerte de Peter Sloterdijk y Hans-Jürgen Heinrichs confirma lo que uno de sus colegas, George Steiner, en su libro Lecciones de los maestros, afirma respecto a lo que la oralidad implica: tal vez una distinción entre enseñanza y revelación, aunque estas categorías coincidan parcialmente. La escritura –dice Steiner- detiene, inmoviliza el discurso, el que define Hans-Jürgen, como rutinas de enlaces de signos. Su tarea se cifra en la administración de los asuntos relacionados con el pensamiento de una manera libre de sorpresas y donde culmina la mentalidad lineal (Sloterdijk).En efecto, el discurso –sigue Steiner- hace estático el libre juego del pensamiento. Consagra una autoridad normativa pero artificial. El poder se expresa casi siempre en discursos, como una aspiración a la seriedad. Así, el significante absurdo institucionalizado se define por su seriedad, al contrario de un proceso lingüístico abierto (Sloterdijk) como, precisamente, el diálogo que se escenifica en la entrevista, que implica un elemento de riesgo; por ello el “Homo academicus” construye trampas de seriedad a su alrededor y obliga a los demás, en la medida de sus fuerzas, a inclinarse ante él, lo mismo que los políticos, pues los hombres que acaparan discursos de poder son extremadamente sensibles y por doquier olfatean disensiones y envites. Leen mucho para controlar la situación y mantenerse en el poder. Ésta es la razón de que terminen arruinados tras pasar algunos años en la empresa discursiva (la palabra discurso proviene al fin y al cabo de “discurrere”, correr aquí y allá, un ir y venir): al llegar a los treinta han leído, como diría Nietzsche, “hasta echarse a perder” (Sloterdijk).
     Esta diferencia entre enseñanza y revelación, o entre apertura y linealidad, solamente se hace evidente en el cultivo del género de la entrevista, que es el intercambio abierto, participativo, espontáneo, memorioso e ingenioso entre dos o más sujetos. El acto de escritura (escribir es al fin y al cabo sólo una metáfora para el acto de sintetizar sobre la base de elementos operables) se comporta aquí como una transcripción que rescata –como quiere Steiner- los factores de la auténtica enseñanza como Sócrates la cultivó y como Platón la puso en forma dialogada. Recuerda que la gran literatura épica, los mitos fundacionales, comienzan a “declinar” con el progreso del paso a la escritura.
      Por todo esto, no es casualidad que Peter Sloterdijk, impresionante heredero de la filosofía más sofisticada de Occidente y quizá la cabeza más brillante de la contemporaneidad (Contemporáneo es alguien que no ha tenido tiempo de convertirse en una autoridad) y, a la vez, un clásico – la parte extranjera del propio tiempo- optó junto con su colega Hans-Jürgen por la entrevista como el medio para exponer a profundidad su pensamiento esferológico.

      Es una decisión de gran importancia para la historia de este género, tan usado y vilipendiado por el ejército de periodistas, locutores y opinadores de toda laya, todos los días y a toda hora en la totalidad del globo. Este libro muestra lo que compromete el género, precisamente el riesgo de pensar en  el afuera de la escritura, en la exposición reveladora de la oralidad.
     No se trata entonces aquí, de leer a Peter Sloterdijk, (1947), autor de Crítica de la razón cínica (1983), El árbol mágico (1985), El pensador en escena (1986), Eurotaoísmo (1989), Experimentos con uno mismo (1996) y el más reciente movimiento fluctuante que es Esferas I, II y III. Se trata de escucharlo a través de su sagaz e igualmente erudito entrevistador, Hans-Jürgen.
     Para retomar a Steiner en sus observaciones sobre la vuelta que los medios interactivos permiten hacia los valores de la oralidad, en la entrevista podemos ver cómo se trata de un género que, aunque como escritura inmoviliza el discurso, ya contiene la susceptibilidad de corrección e interrupción, lo mismo que los procesadores de textos, las textualidades electrónicas de Internet y la Red. La entrevista sería el género desde la escritura más cercano a la apertura y provisionalidad de los textos en la pantalla. Estas condiciones pueden quizá restablecer los factores de la auténtica enseñanza tal como Sócrates la cultivó y Platón la puso en forma dialogada. Al mismo tiempo –señala, sin embargo, Steiner- el alfabetismo electrónico, con su ilimitada capacidad de almacenamiento y búsqueda de información, con sus bases de datos, incide negativamente en la memoria. Y el rostro en la pantalla no es nunca ese semblante vivo que Platón y Lévinas juzgan indispensable en todo encuentro fructífero entre maestro y discípulo. Así, opina Granel (autor citado por Hans Jürgen) que, aunque la filosofía sólo se vale de una serie de textos dentro de la historia, el pensamiento en la filosofía pertenece a una tradición oral

Vivir y pensar

El sol y la sombra es una colosal síntesis de las ideas de un autor quien sostiene: lo que falta es un arte del pensar que sirva para orientarnos en un mundo dotado de complejidad. Lo que falta es una lógica que fuera suficientemente poderosa y dúctil para empezar a acoger la complejidad, la ausencia de definición última y la inmersión.

     Sloterdijk dota de un sentido potente y novedoso al filosofar, que quizá nunca había sido tan necesario como en nuestra época cuando los hombres se pueden enfriar de una manera monstruosa, pueden contraer un catarro ontológico incurable o experimentar la soledad y el desamparo, la depresión y el retiro de sentido, situaciones para las que con frecuencia no existen ya remedios disponibles.
     Sloterdijk pone este uso del pensar al servicio de la intimidad del hombre cotidiano, por más que sus teorías puedan presentarse ante lectores no adiestrados como fastuosas extravagancias. Dando un paso fuera del aula, arrojando al cesto toga y birrete, el pensador alemán se decide por una vida rica en energía a la par que un pensamiento rico en energía. Entre nosotros, Leonardo da Jandra podría refrendar con entusiasmo lo siguiente: Hasta ahora me ha parecido que los grandes pensadores al final se quedan vitalmente secos, mientras que los grandes vitalistas, en cambio, derraman pensamientos a chorros (Sloterdijk).
Por ello el libro El sol y la muerte es una excelente introducción a la obra de este revolucionado discípulo de Heidegger, único intelectual de su nivel que reconoció a Osho, a quien visitó en la India y se hizo su amigo como el Wittgenstein de la religión (recordemos las palabras del pensador vienés: en lugar del yo pienso, debería aparecer una formulación como “he aquí un pensamiento” y yo contemplo este pensamiento) y una de las figuras espirituales más relevantes del siglo. Rajneesh-Osho forma parte de una tradición de crítica al ego metafísico que habita en Oriente desde hace milenios.
Y así como Sloterdijk puede situarse al lado de Bhagwan Shree Rajneesh,  su maestro Heidegger podría ubicarse al lado de maestros del retiro a la sabiduría como Lao-Tsé.

Medios de masas, Estado nacional y pensamiento 

El desamparo y la falta de sentido idénticos a la masa de ciudadanos es resultado de un estrés sincronizado producido por los medios de comunicación, mediante el cual grandes poblaciones en el transcurso de pocas semanas, ahora incluso en pocos días u horas, son arrobadas por situaciones sincrónicas de alarma estresantes o por ritmos militantes que llaman a la excitación. Un estrés a escala universal. Un sistema que ha realizado progresos tan significativos que se tacha de asocial a todo aquel que, según los parámetros del estrés sincronizado, no se somete constantemente a su férula. Hoy en día la excitabilidad constituye el primer deber del ciudadano. Los pensamientos no son libres, cualquiera lo puede comprobar. Proceden de los periódicos y vuelven de nuevo a los periódicos.
      Los grandes medios de masas, sean impresos, televisivos o radiofónicos, se encuentran sumidos en una lucha permanente por lograr la máxima cotización de sus temas. De ahí que cuando impone a lo largo y ancho de la sociedad un tema de escándalo, esto significa ya, de entrada, que en una redacción se ha conseguido una propuesta de excitación que tiene que ser copiada bajo cualquier circunstancia por el resto de los competidores, incluso hasta llegar al punto en que una sociedad completamente monotemática aparece sincronizada al compás de una misma y única excitación.
Sloterdijk define, por ello  el Estado nacional como un sistema en el que se aplican estrategias monotemáticas o monohisterias con objeto de lograr la integración de la totalidad. Estado nacional que sólo existe desde hace doscientos años a consecuencia de la Revolución Francesa y la telecomunicación basada en la prensa: sólo desde ese tiempo, por esta razón, existe la sinergia entre política burguesa y medios de comunicación de masas.
Considera el pensador alemán  los cuerpos sociales vertebrados por los grandes medios de comunicación de masas como conjuntos dispuestos a autoestresarse. Todo esto ha disminuido el  valor comunicativo del hombre, su embarazosa situación dentro de comunicaciones trivializadas. Algún día tendremos –dice-- el sentimiento de que la máquina mediática no es otra cosa que el conjunto de medidas encaminadas a ridiculizar a los hombres. La empresa ha realizado esto a tal escala que uno se pregunta por qué no irrumpe algún tipo de cólera revolucionaria y cultural. Me gustaría decir que nunca han existido hombres tan abiertos al mundo, complejos y creativos como los de hoy en día, pero que ellos no están en la primera línea de visibilidad de las sociedades. Es chocante ver cómo se abre cada vez más la separación entre lo que es posible culturalmente y lo que se realiza de hecho en las masas y sus medios de comunicación.

Filosofía y poesía

Yolanda Gutiérrez / Gotas virgenes (1994)

Sloterdijk, dice Hans-Jürgen, construye un procedimiento conceptual que se podría tildar de sintético, etnopoético y topopoético(me da la impresión –le explica Hans Jürgen-- de que lo que caracteriza sus explicaciones es un intento de configurar de nuevo una ligazón entre la filosofía, la sociología, el psicoanálisis, la teología y el arte narrativo) aunque Peter preferiría hablar de inteligencia informal, toda vez que bajo este epígrafe se incluyen las filosofías poéticas y el pensamiento ligado a las obras artísticas.
     En la medida en que me sea posible –expresa-- siempre trataré de defenderme contra la exigencia de elegir entre filosofía y poesía. La filosofía está cargada de razón cuando considera el virtual reino racional de los lenguajes poéticos y trata de hacer fecundo el saber inherente al discurso poético para la formación de modelos teóricos porque entre el lenguaje de la ciencia y los lenguajes de la poesía existe un amplio espacio intermedio de extensión y significado que todavía no ha sido ponderado de modo concluyente.
      Mis libros habitan en esta región intermedia, de ahí que afirme la posibilidad de dirigirme a ambas direcciones y mantener un intercambio incesante. Una vez que se sabe cuáles son las preguntas que hay que dirigir a los lenguajes poéticos, la ciencia puede aprender muchas cosas de la poesía. Aunque pocos filósofos hayan parado mientes en la posibilidad de utilizar estas fuentes de manera significativa, el análisis esferológico significa para mí un procedimiento que permite formular preguntas que pueden ser contestadas a través de formas discursivas poéticas, míticas y religiosas.
     Pero –señala el entrevistador-- si tuviera que dar una opinión sobre mí mismo diría desde la distancia que Sloterdijk no es más que un curioso bastardo, el resultado de un extremista lírico y un maldito maestro de escuela. O un híbrido místico y conferenciante. Estas dos o cuatro “personae” están recluidas juntas dentro de mi cabeza y componen una vivienda comunitaria, están obligadas a ponerse de acuerdo, lo quieran o no.
     Y Sloterdijk pregunta: ¿De qué modo un pensador habría de tener repercusión en una sociedad? ¿Por medio de la afirmación? ¿De la subversión? ¿En dónde radica la oportunidad del pensamiento suspensivo? ¿Tiene el discurso poético la posibilidad de desquiciar los goznes de lo enquistado y lo sustancial, del mismo modo que un luchador de tai-chi sin armas logra en ocasiones derribar al soldado mejor pertrechado?
En efecto, la esferología arranca de la pregunta ¿dónde está el individuo? Y responde haciendo referencia a una forma elemental: está en una esfera, está en un campo psíquico abombado como un polo entre polos. 

El hombre y el espacio

La palabra humana no es sino un disparo a lo abierto, nos dice Sloterdijk para introducirnos, precisamente, al espacio que habita su pensamiento esferológico. Lo que me importa –expresa-- frente a las representaciones cotidianas del espacio y los testimonios exteriorizados de recipientes y planos, es describir a los hombres como componentes de un intenso secreto interrelacional, porque a través de todas las criaturas pasa el mismo espacio, el espacio íntimo del mundo, con la limitante, como diría Rilke, de que la intimidad no se puede articular lingüísticamente.
     Afirma pues, que la primera actividad común a los hombres no es la caza ni la sexualidad, no es el cuidado de los niños y ni siquiera la agricultura, la cría de animales o la industria, sino la creación de un espacio de resonancia entre los que hacen vida en común.
     Y le impele Hans- Jürgen: usted ha intentado volver a revivir la experiencia del asombro y de la angustia de los hombres primitivos a la vista de los espacios abiertos.
     A lo que Sloterdijk pregunta: ¿Cómo es posible que diez mil, cien mil hombres se agrupen al abrigo de una lengua común, una rítmica y un ritual comunes en un campo de costumbres etnoculinarias, etnomedicinales y etnobotánicas comunes? Somos criaturas biológicas, neurológicas y culturales de un efecto invernadero y, en verdad, surgidas a partir de procesos de homonización primitivos. Allí donde los hombres se reúnen, surge una especie de invernadero de ambiciones, pero también un invernadero sexual, porque la erótica específicamente humana es un fenómeno que, desde un punto de vista evolutivo, es empujado mediante actitudes de protección y mimo inmanentes a los grupos.
 Por ello, diferentes formatos de estar–en-el-mundo (siempre y cuando esto se interprete en un sentido esferológico) son el mundo de un lactante, el mundo de un hombre de aldea, el mundo de un hombre de imperio, el mundo de un hombre en la época de la globalización.
     De esta manera –continúa Sloterdijk-- del mismo modo que existe una temporalidad originaria también contamos con una función de acondicionamiento originario en el espacio. Estamos abocados a la incesante tarea de producir un delirio espacial. El segundo flujo de la conciencia posee algo de esa cualidad delirante, produce una imaginación espacial.
     A Sloterdijk le parece evidente que el siglo XX en sus aspectos más interesantes, ha sido la época del heroísmo estético. Todos esos yoguis, comisarios, revolucionarios, esos rostros adustos creadores de seriedad, esos participantes en los juegos crepusculares componen un campo de fuerzas extremo del que uno difícilmente se puede liberar. Los héroes del siglo son autores que reivindican para sí la capacidad de soportar más carga de soledad y absurdo que el resto de los mortales normales. Sin embargo, desde mi punto de vista, ha pasado ya el tiempo de este modo de pensar. Nos aproximamos a una constelación en la que lo que importa, antes bien, es pensar en díadas, resonancias, estratos, campos.
     Sin embargo Sloterdijk no se interesa por el espacio que manejan los físicos por cuanto aquí el concepto se utiliza (esferas) de manera convencional. Lo que a mí me interesa –subraya- es el espacio de los surrealistas, los simbolistas, el espacio de la pareja amor-odio, el espacio compartido de los grupos primitivos y de las comunidades imaginarias. Es entonces cuando las estructuras espaciales simbióticas, simbólicas y surreales, que describo en mi cosmología interpersonal o teoría del espacio diádico, guardan relación con las tesis límite de cosmología física.


Y, finalmente, para concluir esta glosa, mostramos un ejemplo que ilustre sobre este novedoso concepto esferológico: Si nosotros mostramos a los hombres contemporáneos la esfera de la Tierra, les informamos de la desventaja de estar aquí. Les decimos, “ipso facto”, incluso algo más, algo como esto: tú no puedes hacer lo que quieras, estarás siempre en el margen más inhóspito de esta esfera. Eres un existente, porque estás en un afuera, en la periferia de esta esfera.

 

Lorenzo León Diez 2006

Ciclo Literario.

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