La música vital, Más allá de los géneros

 


 

El compositor y cantante Víctor Martínez,  quien  presentará su último disco, Al  Son del Fuego, dentro de las Fiestas de la Cultura Oaxaqueña, entre el 15 y el 25 de julio, define su obra “dentro de lo que denomino la música vital, que es aquella que nos gusta, nos emociona, y regresa un poco al concepto que los griegos tuvieron de incorporar música al crear sus tragedias, es decir: tomar en cuenta que es posible diseñar el estado de ánimo, la atmósfera, la descripción de lo que se dice con los sonidos. La música vital es la que se despreocupa de tener una identidad de género. El género es considerado como un instrumento al alcance del compositor para poder componer y decidir el tono que necesita. Y ahí están el bolero, el huapango, el swing, el blues, la rumba, el chachachá, pero también la música vernácula...un maremagnum de géneros que, hablando planetariamente debe alcanzar miles, y están a tu alcance, deben ser parte del  lenguaje del músico”.
     Al son del fuego es una obra que Víctor Martínez, quien se inició cantando, públicamente, en la ciudad de Oaxaca en 1966, ha trabajado desde hace casi tres años. “Es un disco pensado, no es un disco de ocurrencias. Lo que técnicamente está a mi alcance está expresado en toda su plenitud, así como los enlaces con los músicos que me acompañan, extraordinarios en su profesionalismo y en el dominio de sus instrumentos, como Ornel Jiménez, probablemente uno de los jóvenes bajistas más destacados,  quien ejecuta su arte con contundencia y virtuosismo, además que tiene una fuerte sensibilidad orquestal para  hacer propuestas musicales”.
     También está conmigo el pianista Héctor Díaz –señala Víctor Martínez- un músico de iniciativa, con una perspectiva amplia de los géneros, de gran flexibilidad para acceder a cualquier cambio rítmico, de color, sonoro y organizativo de la música.

Victor Martínez

     Por otro lado, Martínez invitó a dos viejos amigos:  “Enrique Quesada, un compositor que ha incursionado mucho en el cine, que ha ganado todos los laureles, las coronas y trofeos que entregan en este medio. Es una persona que tiene una profunda visión de la producción, lo que implica tener cuidado de la pulcritud y la economía de los sonidos; el silencio cuenta, los espacios vacíos también son importantes. Este criterio era fundamental para lograr el disco.”

A su vez, se integró al grupo Felipe Souza “que desde mi particular punto de vista es la mejor guitarra que hay en México. Hablo de la guitarra contemporánea, no hablo de la música formal, sino de la guitarra que tiene improvisación, espontaneidad, fuerza. Él le dio a este disco un timbre magnífico, pues me interesaba que el blues apareciera”.
     “Las percusiones fueron, de igual manera, trabajadas con gente muy profesional --continúa explicando Víctor Martínez, fundador de proyectos trascendentes para la cultura oaxaqueña y mexicana como lo fue el Taller de Música Mexicana y el afamado Cefol, durante los años setenta, en la ciudad de México--, si a algo le tengo terror para hacer música es a adecuarme a los formatos; la gente piensa que si hay que hacer blues, hay que tocar con una batería, un bajo, una guitarra y un cantante. Es esta óptica un poco inmadura de creer que la batería es la gran solución de las cosas. Para mí, utilizarla era una cuestión fundamental, porque generalmente los bateristas en este país creen que tocar la batería es hacer redobles, hacer que todos los tambores suenen. Entonces tuve la fortuna de contar con un  baterista que lo que hace es darle base a la música, es decir, que el latido del corazón esté presente, que el ritmo de los pasos se note, que el cruce del viento se oiga; el instrumento percutivo es aquel que no hace ruido, es aquel que te da la semejanza corporal y de la naturaleza en la pieza musical. Esa presencia es la que se logró con Mario Colier, un baterista de una mano que es capaz que una baqueta logre sonar como escobilla.
     “Este conjunto de músicos logró hacer el entretejido de once piezas, sones boleros y canciones. ¿Pero dónde –me dije-- están el blues, el jazz, la rumba...y los otros sonidos? En efecto, cuando digo sones, boleros y canciones no estoy hablando de ortodoxia, sino de darle más ligereza a la lectura de un texto”.
     Porque Víctor Martínez no se define como un cantautor.  “Para mí el cantautor es aquel que está encerrado en un género: bolero, rocanrolero, rumbero...para mí esa carta que diseñaron los medios de comunicación, de los cantautores se inscribe en eso, el autor de género.”
     Apunta el músico: “Se llegó a concebir, por ejemplo, a la trova, como género, lo cual es un apodo que se utilizó durante los últimos diez años y describe, digamos, al nuevo canto panista, lo que resulta un remedo de lo hecho por los cubanos hace cuarenta años y que entendieron mal al confundir la palabra trova como un género, cuando es un verbo que tiene que ver con trovar, no es un género sino una acción, una manera de hacer las cosas”.
     “En México –agrega- hay tres escuelas de música trabajando a nivel general, aunque no son las únicas. Una es la música formal, que es la escuela contrapuntística.  Otra es la música contemporánea de la improvisación, que es la jazzística, y otra es la música popular que es la de la espontaneidad: contrapunto (perfección), improvisación (virtuosismo) y espontaneidad (necesidad de libertad y naturalidad que viene indudablemente de la experiencia inglesa de los años sesenta)”.
     Dice Martínez: “Así como Jonh Lennon significó en la escuela de la espontaneidad un punto de partida importante, Jonh Contraine también lo implica en la jazzística y Johann Sebastian Bach en la contrapuntística. Serían las escuelas de los tres Juanes”.
    Y explica: “En la medida que se tenga acceso a esas escuelas la capacidad de expresión en la composición de canciones o de la música popular tendrá o no campos que atender. Entonces, entrelazar esas tres escuelas es la labor del compositor. El compositor de música popular, hoy día, tiene esos recursos para lograr un concepto y no encerrarse en un género con una identidad falsa.
     La preocupación es ésa, hacer de la música un concepto que tenga cuerpo, que tenga sentido y que esté ligada necesariamente a la tradición literaria del país. Si no conoces la tradición literaria, seguramente eres cantautor, no compositor.  El cuidado de la palabra es otra característica importante, pues debe tener la misma calidad que el cuidado de los sonidos, porque hay mucha música en México que tiene un extraordinario nivel sonoro y una pésima relación con las letras, y si adelantamos, con la filosofía.

    

Entonces, ese vacío no se puede ocultar, en el escenario se nota, en el siguiente disco se desborda y acaba por ganar la ocurrencia y no el pensamiento” -- finaliza Víctor Martínez--, autor, con Son del Fuego, de tres discos que compilan parte de su vasta obra.

    

 

Ciclo Literario.

El URL de este documento es http://www.cicloliterario.com/ciclo37junio2005/lamusica.html