La Experiencia del Budismo

María del Pilar González Basteris

 


 

Para Paulina que acaba de graduarse
Lady of dance

El mundo fluye sin cesar, no permanece.

Conocí el budismo en la época más oscura de mi vida. Por esos días iba yo al taller de literatura de Elena Poniatowska, en el Distrito Federal, y como parte de nuestra formación teníamos un seminario de Filosofía.
Éramos un grupo sui géneris: treinta mujeres, un pintor y un psiquiatra. Como es de imaginar, y lo dice el pueblo, “mujeres juntas, sólo difuntas”; así es que mis amigas se pelearon entre sí, lo que ocasionó que nuestro compañero, el psicoanalista, nos conminara a la paz mental del grupo, invitando a un connotado maestro que hacía poco había dado una conferencia en la Sociedad de Psicoanálisis del México, el cual lo había cautivado. Fue de esta forma como conocí a Marco Antonio Karma, fundador y director de Casa Tíbet México, institución seria de divulgación del budismo tibetano en nuestro país, desde hace quince años, y mi maestro desde entonces.
De esta manera me introduje en una de las disciplinas más fascinantes de los últimos dos mil quinientos años de la historia de la humanidad, que se desarrolló en el norte de la India, en lo que le corresponde actualmente al reino de Nepal, por Siddarta Gautama, el buda histórico.

David Howard / Monje novicio en kathmandú

¿Qué es el budismo?

Mucho se ha especulado acerca del budismo: que si es una religión, o una filosofía, o una psicología o ética. La verdad es que es todas estas cosas y ninguna. Y aunque se le considera una de las cuatro religiones más importantes del mundo, en realidad es mucho más que sólo una religión, pues no considera ninguno de los aspectos que nosotros llamamos religiosos, como la divinidad, la revelación, el dogma, la culpa y la fe ciega.
El budismo más bien promueve una especie de felicidad fundamental, conociendo, para ello los intrincados caminos de la conciencia. Puede considerarse “la ciencia de la mente” y, por lo tanto utiliza el método científico, la reflexión y el discernimiento para sus propios planteamientos, y como tesis, la experiencia del practicante.
El mismo Budha lo dijo siempre: “No creas nada de lo que te digo, analiza las enseñanzas como lo haría un gambucino con el oro”. Si encontráramos una piedra con oro, primero tendríamos que limpiarla, luego laminarla, pulirla, etc. Esta es la forma usual de aproximación hacia las enseñanzas de la mente que el budismo propone. Altamente cuestionadotes, los paradigmas son pasados por el tamiz de la lógica del debate. Y, en contraste con nuestras confrontaciones políticas actuales, que se han vuelto un show televisivo, en el Tíbet el que perdía un debate tenía que adoptar la teoría que había ganado, por falta de elementos para defender la propia.
Pero más allá de los análisis filosóficos, el budismo es una experiencia de vida, el practicante se vuelve un viajero interior. Conociendo los alcances de su propia mente, el guerrero espiritual aprende a reclinarse sobre las puntas más afiladas de la conciencia. Aprende a relajarse en medio del caos, a tocar su propia sabiduría. Todo esto como parte de estar vivo. El budismo enseña a permanecer en ese lugar, donde no queda espacio para la arrogancia y el ego, donde tarde o temprano te encontrarás con el miedo, pues es sólo cuando te expones a la aniquilación, una y otra vez, cuando sale lo que es realmente indestructible en nosotros. Sólo entonces podemos dejar espacio para que todo ocurra. Esto es lo que hace al budismo tan contemporáneo, pillar el truco de aprender a relajarse en medio del caos. No creo que esto suene a religión, es más bien una forma de estar en el mundo, una especie de estar en paz con todo lo que la vida nos ofrece.

Los cuatro hechos de la vida

El budismo se basa en la observación de cuatro hechos de la realidad. Cuatro verdades de la vida:
1.- Todos tenemos problemas.
2.- Nuestros problemas tienen causas.
3.- Si nuestras dificultades tienen causas, pueden cesar.
4.- El camino. El budismo tiene extraordinarios métodos para dejar de sufrir.

Cuando el Budha vivía, le preguntaban qué era lo que él enseñaba, a lo que él contestaba: “Yo enseño el sufrimiento y cómo salir de él”.
En ese sentido el budismo es una propuesta muy práctica, no se anda por las ramas, por eso a las enseñanzas budistas se les compara con una medicina. Si se va al médico, el paciente no puede curarse sólo con leer la receta o la fórmula del medicamento, tiene que tomarse la medicina. La consigna es entonces clara: “deja de leer la receta y tómate la pastilla”. De esta manera, si lo que nos iguala a todos en el mundo es que deseamos ser felices y dejar de sufrir, tendremos que tomarnos la medicina, es decir, practicar todo tipo de metodologías que nos lleven a curarnos de nuestras propias emociones y actitudes perturbadas. El Budha era un gran maestro en ese sentido, pues existen dentro del budismo infinidad de técnicas de meditación para trabajar con nuestras dificultades; así de sencillo; dos mil quinientos años estudiando el fenómeno de la percepción cognoscitiva, algo nos tiene que enseñar.
Para el budismo, la mente humara es como la de un bebé, a la mente humana no se le puede cambiar con adoctrinamientos intelectuales, ni con electrochoques, hay que hacerlo con amor, con compasión y con metodologías de transformación que incluyan disciplinas graduales. Hasta a un caballo se le puede tratar de entrenar por la fuerza o con susurros al oído.

La base del budismo es el amor y la compasión

La compasión es el deseo de que el otro no sufra.
El amor es el deseo de que el otro sea feliz.
Existen infinidad de métodos para desarrollarlos.

La meditación es el fundamento del budismo. Hemos tratado de cambiar muchas veces en nuestra vida y hasta ahora no hemos podido. Por lo tanto, nos tendríamos que haber dado cuenta ya, de que la teoría es sólo un parche, que se cae a la primera. Los cambios en nuestros hábitos mentales, para que sean profundos, tienen que hacerse en base a la meditación. ¿Y qué es la meditación budista? Es familiarizar a nuestra mente con hábitos más positivos, utilizando una mente más poderosa y sutil  en base al cultivo de una atención concentrada. Por ejemplo, ahora nuestro enojo está a flor de piel, con cualquier cosa nos enojamos; podemos en cambio, cultivar a través de la meditación, la paciencia. Si nuestro egoísmo es una constante en la vida, podemos transformarlo en amor y compasión. Pero aquí no bastan la buenas intenciones. Los cambios sólo se dan a través de la práctica constante. Y la gran propuesta budista es que se puede erradicar el sufrimiento de raíz.

Observo mi mente con cuidado
Y evito caer bajo el influjo del egoísmo
Me ayudo para ello con la espada de la atención.

Hace dos mil quinientos años, el príncipe Siddharta se cuestionaba por qué sufrimos. No creía que el propósito de la vida sólo fuera la enfermedad, la vejez, el sufrimiento y la muerte. Pero la historia tradicional cuenta, que en la última de sus salidas furtivas, encontró a un asceta, viendo en él algo distinto, en su rostro, algo que no había visto en nadie, ni en príncipes ni concubinas dentro de su palacio, un rostro en paz.
Así empezó su búsqueda hasta llegar a la iluminación, el estado de la mente despierta, una mente omnisciente y compasiva, y este es nuestro potencial. Todos podemos lograr una mente lúcida y despierta, atenta y concentrada, que se ocupe de los demás, más que de nosotros mismos. Todos podemos ser un buda, porque buda no es un dios, sino un auténtico ser humano. El budismo nos puede conducir a la iluminación o, por lo menos, a trascender el sufrimiento y lograr esa especie de contentamiento básico que los griegos también buscaron y llamaron “eudeumonia”.
El método tradicional del lenguaje budista es la afirmación de que la mente es la creadora de todas nuestras experiencias, tanto de la felicidad como del sufrimiento.
La mente humana tiene el potencial de verse a sí misma, por lo que podemos llevarla hacia la locura y la ignominia, o hacia el amor, la compasión y lo sublime. Esa es nuestra opción.
En el budismo, los métodos de transformación de la mente están disponibles para todos, más allá de creencias religiosas, y es la forma más directa de acceder a nuestra propia sabiduría fundamental. Entonces las circunstancias externas de dolor o de oscuridad dejarán de voltear de cabeza a nuestras vidas.
Esto es una mínima parte de lo que el Budha enseñó. “Que es como el sol, como un diamante, y como un árbol medicinal.

Si quiere tener más conocimiento sobre el tema o practicar el budismo, puede acudir a Casa Tíbet Oaxaca: Privada de los Almendros No. 106-8, colonia Reforma, C.P. 68080, Oaxaca de Juárez, Oax. Tel. 513 39 17, e-mail: pilarepa@hotmail.com     

 

Ciclo Literario.

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