La crónica y el criterio de verdad

 


 

Guy Rozat es autor del libro Indios imaginarios e indios reales. Fundador de la licenciatura en historia de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Este año sustenta la cátedra México en la Sorbona de París. Este texto es una transcripción de su conferencia sobre periodismo y crónica histórica en la Escuela Libre de Escritores, en la ciudad de Xalapa.

Evidentemente el periodista es alguien que cuenta lo que acaba de ocurrir, que sería exactamente la definición de historia. El histor griego es el que vio o el que busca al que vio, al testigo. El problema de la vista,  de la presencia inmediata es fundamental para la fundación de la historia, al menos en Occidente; desde Herodoto el histor es el que ha visto e historia es el relato del testigo fidedigno.
     Pero después no está tan sencilla esta determinación porque, ¿vio realmente?, ¿qué es ver? Y aquí tenemos todo el problema. La gente afirma haber visto tal cosa. Gomara dice que vio, en la batalla de Cintla, que es la primera en las llanuras de Tabasco entre españoles e indios, a Santiago sobre su caballo ayudando a matar indios. Y Bernal dice que no es posible, porque si realmente lo hubieran visto la iglesia habría reconocido ese hecho y construido una iglesia. No es que no crea en Santiago. No es una visión crítica sobre la posibilidad que Santiago- el mata moros- estuviese en esa batalla matando indios;  en todos los relatos de batallas del siglo XII a siglo XV hay siempre la intervención de Santiago. En las historias de la época de los romanos aparecían Rómulo o Remo u otros para ayudar.  Es decir, tenemos ya desde entonces un tópico de esa literatura del relato.
     El histor escribe lo que vio. Los periodistas muchas veces no ven. Tienen que reportar  al que vio. Siempre el que vio tiene el privilegio. A partir de eso se puede establecer la verosimilitud, cierta verdad. El problema es que esta verdad no es tan clara. ¿Existe la verdad? No existe la verdad. La verdad es una construcción. Es una interpretación. No puede ser otra cosa. Porque inclusive quien vio imágenes, impresiones, actos los tiene que traducir en la escritura. Hay un intermedio, una intermediación. Ocurrió algo, se va a contar a través de ese relato, primer relato y el suceso de ese relato es otro relato. Tenemos por lo menos dos interpretaciones, con toda la posibilidad de interferencia en estos dos relatos. Por eso es que vemos en la conquista de América, por ejemplo, al que cuenta que vio, y al otro, al que le contaron los que vieron, llegando a nosotros como un compuesto, unos copian a otros, y por eso periódicamente se necesita hacer revisión crítica de la obra: los filólogos del siglo XVII y XVIII, que reeditan los textos, los sacan del polvo; los del XIX  hacen crítica científica, los del XX una lectura ideológica.

Raúl Ortega / Subcomandante Marcos

     Estas cadenas de interpretación de interpretaciones se deben a que periódicamente hay necesidad de regresar a refundamentar la verdad y la verdad es de cada momento, no hay una sola verdad. Inclusive en los documentos que están en las bibliotecas, el testigo cambia su historia, su interpretación. Una entrevista en el momento es una, y diez años después es diferente. Se ha visto mucho en la historia de vida, en la historia oral. En el movimiento obrero, por ejemplo; en las huelgas, en caliente, surge un documento, después estos mismos obreros van a releer el relato y la conciencia obrera, y toda esa tradición obrera se va a ir transformando y al final diez años después te dan otra versión y una versión perfeccionada que se nutrió de las tantas versiones sobre el testimonio.
     El hecho mismo de relatar ya es una primera transformación en el recuerdo, porque los recuerdos no son ordenados; cuando se a va a ordenar como un relato, la sensación, la impresión, las imágenes, tiene que hacerse este trabajo, la escritura que es un trabajo de universidad porque estamos en un sistema que privilegia la universidad, es decir, debe ser tan claro que hay una sola interpretación posible.
     En el XVI, XVII, el texto en sí mismo no interesa. El texto interesa por la lectura simbólica que se puede hacer de ella. A partir de la ciencia, a partir del XVIII, con la razón y después con la idea de ciencia, toda esta posibilidad de lectura tiene que ser reducida a un lector anónimo, individual que puede recuperar todo más o menos en el mismo sentido. Sabemos que es imposible, pero la tendencia es la educación universal, todo un trabajo de educación para reducir, hacer un consenso sobre los sentidos, sobre la lectura, por eso la lectura escritura es la base fundamental de la democracia, para que la gente entienda que es un mensaje, una reducción a una sola posible lectura, no hay lectura simbólica, no, por eso se tienen que explicar perfectamente las cosas, escribir claro, ¿Y qué es claro? Impedir la interpretación, que haya una sola interpretación.
      Esto, antes, era totalmente distinto. No interesaba la interpretación única, al contrario, los textos eran soporte de un trabajo imaginario enorme, que no tenía leyes ni organización ni nada...sus límites eran la presencia de Dios, del demonio, los ángeles, que para nosotros no existen, eso es de lo religioso, no es de la ciencia, evidentemente, ni de la historia. Antes del triunfo de la época industrial, del “capitalismo”, de toda esta modernidad gruesa, la gente trabaja, lee con la posibilidad de hacer lectura simbólica.
     Es evidente cuándo la prensa se vuelve moderna, a partir del siglo XIX, con el papel de celulosa, la linotipia; se transforma en una industria de masas, en educación de masas, hay que reducir las noticias, se reduce el tamaño, se reduce la participación del autor, porque supuestamente hay que reducir la  noticia a su esencia. Es el hecho que ocurrió, no necesita interprete, es por eso que el periodista no aparece en la noticia; antes no era así, había la presencia del autor en el texto, los cronistas iniciaban con el yo, monje de...a la petición de… su presencia en la comunidad, hay un lector futuro potencial, y para quien escribió está todo incluido.
     En una crónica periodística tenemos un género en el cual la participación del autor se está reduciendo al máximo, por eso hay que distinguir la crónica que fue firmada y las noticias evitan al autor. En muchos periódicos, en grandes periódicos de “calidad” como Le Monde, el lector sabe, cuando es un lector culto, no un lector popular, que las notas son firmadas, muchas son firmadas; en la misma prensa francesa, la información firmada en Le Monde es mucho mayor que en otros medios populares donde se trata de manipular, supuestamente con noticias perfectas.
     Tenemos este problema de la reducción del autor, la desaparición del autor, que de hecho significa la reducción de la posibilidad de interpretación.
     Pensemos, por ejemplo, en la época medieval había el Roman de Alejandro, una suerte de novela, que tiene su relación con la época latina de Roma. El autor contaba en presente una obra de historia, aunque era totalmente una novela, una fabulación, pero en la medida que él trabajaba en el discurso del testigo era considerado como una obra de historia, como un “testimonio verdadero”.
     La única verdad que puede existir,  es la del testigo. Después, esa verdad se vuelve más pequeña, luego consiste en la del que oyó decir al testigo, simplemente,  es ya la primera delegación. Otro elemento es que añaden los más viejos y los más sabios, por eso Sahagún dice “yo fui a ver a los indios viejos, los más entendidos, los más sabios, a los nacos no...y me dijeron…”, para él es suficiente, para sus lectores es suficiente, es la verdad que necesitan, es nuestra verdad.

En mi libro Los indios imaginarios intento demostrar que todo eso que Sahagún mete, presagios, profecías;  no son mentiras, son una manera de explicar la llegada a América del mensaje del evangelio. Porque evidentemente cada vez que llega un evangelizador a China, a África, siempre los nativos están esperando un salvador, porque el demonio se apoderó de ellos, pero el demonio no puede  jamás  apoderarse totalmente de nadie, si no querría decir que existe el demonio y venció a Dios, y Dios es el creador, y el demonio es una criatura, pero no puede vencer a Dios por completo y robarse a la criatura humana. Es el enemigo del género humano, pero no logra todo, le queda siempre al pagano más endurecido, al caníbal, algo dentro, cuando llegan los franciscanos con la cruz, y  repente se ponen de rodillas y le dicen bautízame por favor. Algo de adentro que la presencia misma del mensaje hace que se recupere para decir dónde está la verdad, ése es el discurso de verdad teológica, lo que domina la producción de todos los géneros, como de toda la cultura, es la omnipresencia de Dios; un sentimiento de que el hombre es una criatura divina y que Dios es quien maneja las cosas en la tierra.     

 

Ciclo Literario.

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