Vivir la vida como un poema:
Philip West

 


 

La obra del artista inglés Philip West, quien  tenía sólo 48 años al morir, supone una revisión del surrealismo y desmiente la aparente sensación de desaparición de ese movimiento que él renovó en lo que se podría denominar “surrealismo fantástico”.

El río que espera

West, quien se asumió español, pues vivía en Zaragoza, sostenía “vivir la vida como si fuese un poema” y sus textos son, al igual que su pintura, una lección estética. A la pregunta “¿Cuándo quedará terminado el lienzo?” responde: “Cuando las imágenes en el lienzo se relacionen entre sí, cuando ya no dependan de ideas foráneas”. El crítico Edouard Jaguer apunta que West se incribe en las líneas de Magritte, Toyen, Lewis Carroll y Péret. Su camino fue radical si tomamos en cuenta que decidió sentir y pensar como surrealista en pleno año de 1969. Lo citamos: “Cuando estudié Arte, el expresionismo norteamericano luchaba con el pop para ser el estilo de moda de más influencia entre los jóvenes pintores. El museo de Brighton cuenta con una de las mejores colecciones particulares de la llamada pintura surrealista y fue allí donde conocí la obra de Magritte, De Chirico y Max Ernst, los tres pintores que más me influyeron en la época de estudiante. En mayo del 68 las escuelas de Bellas artes en Inglaterra, a diferencia de las universidades, empezaron a sentir las reverberaciones procedentes de Paris, y por primera vez nos pusimos a pensar y a hablar, en vez de simplemente pintar. Esto debe de haber sido algo realmente peligroso, puesto que el director se vio en la obligación de llamar a la policia, que llegó y cerró la escuela. Nunca volví a ser un “pintor”.
En 1996 manifestaba: “Yo acepto el surrealismo, pero no como estilo pictórico, sino como forma de acercarse a la vida. El surrealismo no es la producción de textos e imágenes oníricas, ni una filosofía cerrada. Hay metamorfosis y, como surrealista, no soy el mismo que hace diez años. Para mí, ahora, el surrealismo es vivir la vida como si fuera un poema. Como no se adónde voy, trato de disfrutar el viaje”.
Sobre su cambio de residencia de Inglaterra a España, en 1974, explica: “A pesar de que debe haber toda una suerte de razones que empujan a los hombres a marcharse de su tierra para residenciarse en otros países, creo que en este mundo tan aficionado a las estadísticas debe existir alguna tentativa de porcentaje, o por lo menos una nota a pie de página que señale a las mujeres y el dinero como las dos razones más comunes. Puesto que mis vinculaciones con esta última nunca han sido demasiado estrechas que digamos, creo que podemos echar la culpa a la primera: mi esposa es de Zaragoza”.
 Según él explica, a West la pintura no le interesa”como algo exterior, ajeno al individuo. Las imágenes que empleo provienen de adentro y nacen de la experiencia interior. Hurgando en uno mismo alcanzas un nivel de conocimiento donde la lógica y la razón no son guías fiables, sino que debemos ponernos en manos de la intuición y de la revelación y tal vez por ello resulta casi imposible acercarse a la obra de arte si no es a través de la poesía”.
También manifestaba: “La pintura es la búsqueda de una poética que comunique a un nivel más allá de la palabra, un nivel más bien intuitivo que propone el reencuentro, el punto de convergencia de la vida consciente con la mente subconsciente por medio de la analogía”.

Gracias a la generosidad de Ludwig Zeller, amigo y admirador del artista, reproducimos dos imágenes.

 

 

Ciclo Literario.

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