Raúl Herrera: depuración y propuesta

Enrique  Franco

 


 

Herrera se ha ejercitado con disciplina en las artes marciales y ha estudiado las culturas china y japonesa. Se trata de un mexicano que practica el gesto pictórico, pues, al tiempo que con ejercicio domina su cuerpo y sus impulsos, logra realizar una obra plástica donde el momento de ejecución es determinante. Debe añadirse que en su pintura encontramos varias actitudes inspiradas en el respeto a la naturaleza y la admiración por el cosmos, que se mezclan  con una concepción occidental del arte: depuración y propuesta. Quiero aquí narrar una anécdota para a hacer más comprensible mi idea y que se relaciona con una moraleja milenaria. Hace un par de meses, al observar una hermosa tinta que me sugería el combate entre dos luchadores, “le pregunté a Raúl Herrera que en cuánto tiempo lo había producido. Me respondió: “¿hacerla?...en tres segundos... ¿lograrla?... cincuenta años.”

Raúl Herrera

De Oriente a Occidente 

Sobre la obra de Raúl Herrera han escrito los críticos de arte más destacados de México, como Juan García Ponce, Jorge Alberto Manrique, Carlos Blas-Galindo, Luis Cardoza y Aragón, Teresa del Conde, Raquel Tibol y Luis Carlos Emerich, entre otros. Herrera es un artista hecho, un pintor conocido y respetado dentro de su medio, cuya actividad siempre se ha orientado a la creación. Su obra se caracteriza por una tendencia a ocuparse de asuntos orientales que muy pocos artistas de estas latitudes han encarado como él lo ha hecho. Desde muy joven se acercó a disciplinas milenarias como el tai-chi-chuan, de la que se convirtió en experto. Pertenece a una generación plástica muy cercana a la de la Ruptura.
Como sabemos, ésta se enfrentó a los discursos cansados de la Escuela Mexicana y se buscó la liberación de la expresión plástica. Entre los nuevos lenguajes que en los sesentas comenzaron a predominar, la pintura no figurativa encontró por fin en México su lugar de residencia. Herrera presenció los cambios registrados en la estéticas, que al iniciarse la segunda mitad del siglo XX se comparaban con campos de batalla donde se enfrentaban generaciones con puntos de vista distinto. Pero la de Herrera, donde podemos contar a Emilio Ortiz, Francisco Toledo, Ignacio Salazar y otros, no tuvo que sostener enfrentamientos, pues sus antecesores ya habían dejado libre el camino para la multiplicidad de discursos visuales. Gracias a tal ambiente fue posible también el desarrollo de la propuesta de Raúl Herrera, ya que ésta, remarquémoslo, se ha definido dentro de la plástica nacional por su carácter independiente y un lenguaje muy personal. Su independencia radica en que no ha tenido que formar grupos o escuelas para desenvolverse en los espacios consagratorios del arte de nuestro país, sean el
Museo de Arte Moderno, el Museo del Palacio de Bellas Artes, u otros, y su estilo peculiar se vincula con algo que para la pintura abstracta es fundamental: la contundencia del gesto. Me explico; la obra de Raúl Herrera es el resultado de un estado de ánimo y de una situación física. Cada trazo está cargado de un momento anímico y físico, es decir de una forma de equilibrio, ¿por qué digo una forma de equilibrio? Porque lo que resulta fundamental en la pintura de este artista es que ninguna obra es igual a otra, si bien en todas ellas puede advertirse que fueron ejecutadas por la misma mano, aunque cada una por impulsos diferentes. Estos raptos, esta energía, son una concentración de vida que convierte cada pintura en un momento único dentro de su producción. El pintor expresionista abstracto Jakson Pollock, por ejemplo, pudo haber adoptado esta visión que ante la pintura tiene Herrera; sin embargo, en el mexicano no hay una actitud rebelde, sino lúdica; no hay una energía desbordada, sino un control sobre la misma. Aunque sus resultados son similares, en sus bases ambos artistas son radicalmente distintos.
Generalmente se conoce a Raúl Herrera como pintor abstracto, pero esto no es del todo cierto. Su producción siempre ha incluido pintura figurativa como abstracta. Hay obras que se encuentran en un, digámoslo así, doble juego, pues si bien se trata de momentos gestuales, estos tienden a hacer formas aún reconocibles. Al respecto, destacan su serie de luchadores, creada con manchas de tinta que producen un efecto similar ante la legendaria caligrafía china.

En la reciente  exposición del artista celebrada en céntrica galería de la ciudad de Oaxaca, titulada Nostalgia de la Selva. Últimas Pinturas para el Templo de la Madre Tierra, cuyo título es ya revelador, encontramos todos los atributos de la buena pintura. Muchos aciertos en su juego con la tinta china y su efecto de exactitud, resultado, lógicamente, de años de práctica. Asimismo, hallamos un juego interesante, ya que el título nombra pinturas pero la mayor parte de las obras del grupo son tintas sobre papel montada sobre tela. A ellas, en algunos casos, sumó, “fragmentos de pinturas” mediante recortes de papel que a su vez han sido producto de otras manchas de tinta. Como si quisiera construir con pegotes un universo de colores, trazos, profundidad y composición. Vale la pena insistir en este punto, pues Herrera considera que la obra está terminada sólo cuando deja de ser de su propiedad, en tanto se halle en su estudio puede sufrir cambios radicales que van desde convertirse totalmente en pedazos que se integrarán a otros cuadros, hasta trocarse en soportes de fragmentos que la convertirán en una obra distinta. En la referida exposición, pudimos observar una tranquilidad que no está divorciada de la necesidad de vivir, y vivir intensamente. Pero esa llama ardiente puede ser la contemplación o la búsqueda del yo dentro de nosotros mismos. El título, por esa razón, nos parece clave: Nostalgia de la selva. Últimas pinturas para el Templo de la Madre Tierra. Herrera nos remite al paraíso fundador, pero simultáneamente ha realizado las últimas pinturas que servirán para adorar el lugar sagrado que es la tierra, siempre virgen y madre. Claro que puede tratarse de las “Últimas pinturas” por el momento, mientras haya que esperar las siguientes. Y en el caso de Raúl Herrera ésta es la lógica de sorpresas que con su arte nos ha prodigado.

 

 

Enrique Franco 2006

Ciclo Literario.

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