Vil pureza

Guillermo Coello Torres


Le pido al demonio: aparta esa luz que lastima mis ojos,
no permitas que hiera las tinieblas de mi corazón.
Sostén del razonamiento, sé la piedra para mi pié
Y que la piel se mantenga dura, vigilante de la pudrición total
de todos y cada uno de los órganos,
cartílagos y huesos; sangre, médula y flujos.
Sacerdotisa fiel sepulturera, sombra esquiza
de mi yo último y oscuro.
Ser lunar que se desdobla siempre entre nubes, deslizante,
delirante, danza múltiple de los fragmentos
legendarios y míticos; ocasos sin fin de lo eterno
y más allá de lo infinito.

 

Fotografía: Karin Szekessy

 

 

 

 

Ciclo Literario.