Umberto Eco y la virtud no reconocida

Joel Olivares


Estudiando en Milán en los años 70s descubrí  el libro de la Estructura ausente de Umberto Eco, autor que me maravilló de tal manera que cuando apareció la primera edición de El Nombre de la rosa y Della periferia del´imperio, libro aun no traducido al español, me reconcilié con la literatura.

Fotograma: El nombre de la rosa

Por mi formación arquitectónica y mi mente racional hacia la teoría, solo me dediqué a los libros considerados serios para mi entonces gusto, aunque desde adolecente agoté la vasta biblioteca de mi padre y la suscripción de novelas del Readers Digest de mi hermana mayor. Leer era mi pasatiempo favorito que dejé básicamente porque no recordaba lo que había leído, esto tal vez por la superficialidad de las novelas con las que me topaba o por la falta de argumentos lógicos. El tiempo para imaginarme las situaciones y la retórica de la escritura se me hacía aburrido y poco a poco abandoné este tipo de lectura, con excepción de la novela policiaca que de alguna manera te atrapa, pero sin tiempo para seguirla.

Lo que me llamó la atención de Umberto Eco fue la manera clara de plantear sus libros, de la llamada escuela estructuralista, siendo un filósofo que lo mismo elabora el tratado de semiótica, estudios de estética y análisis de la arquitectura, pero que a la vez aplica el mismo método para hacer analogías entre el discurso de Nixon con el cuento de caperucita roja o el fenómeno del comic en la sociedad contemporánea. Todo esto me embelesó para seguir hasta la fecha toda su obra.

Uno de mis principales profesores en Milán, Attilio Marcolli era compañero suyo en el doctorado de semiótica en Bologna y al saberlo le pedí que me introdujera para conocerlo. Aceptó pero a él no le hacían mucha gracia los estudios de Eco, consideraba poco serio escribir cada semana en el Corrieri de la Sera, tratando temas cotidianos de actualidad y para mi este era el principal atractivo, pero como Marcolli era en ese momento mi tutor y  yo le tenía mucho respeto y admiración, me dejé este viaje a Bologna para una vez concluido mis estudios de maestría seguir el doctorado en semiótica con U. Eco.

La vida me llevó por otros rumbos sobre todo a causa de las repetidas devaluaciones del peso en México y aun si logré hacer el doctorado en Europa, aunque no en Italia.
Como paradoja entre mis dos irreconciliables referentes  teóricos pude vincular el análisis fenomenológico de la semiótica de Umberto Eco, con la metodología abductiva de Marcolli. Al investigar los orígenes de ambas teorías,  ya que provienen las dos del pragmatismo de Charles Sanders Pirce.
A Marcolli le pude mostrar mi trabajo donde sostengo este enlace de metodología y creatividad durante la defensa de mi tesis, él fungió como jurado y con Eco nunca tuve la oportunidad de verlo y expresarle mis ideas donde apliqué su teoría.

Después de la muerte de Eco, visité el claustro del doctorado de semiótica en la Universidad de Bologna. Para mi sorpresa había desaparecido su cátedra, al igual que se ha sustituido el  enfoque de estudios por él creado por la Hermenéutica. Así, resulta que uno de los más grandes filósofos de nuestra era está siendo olvidado porque aún no ha sido comprendida la intención de su discurso: que la filosofía fenoménica se puede aplicar a cualquier situación cotidiana y no solamente al discurso trascendental, como lo plantea el autor italiano en la novela de El nombre de la rosa, donde la trama  se centra en ocultar un manuscrito hipotéticamente de Aristóteles dedicado a la Poética, libro que trata de la virtud de la creatividad como valor moral y que, según  Fray Jorge, uno de los personajes de la novela, hay que evitar a toda costa aunque haya que asesinar y al final destruir ese tratado,  quemando todo el monasterio, porque  la risa, la ficción y la creatividad no deben ser consideradas una virtud moral.

   Umberto Eco en la actualidad será más recordado como uno de los primeros novelistas posmodernos y un filósofo que se ocupa de temas poco serios, esto es porque vivimos una época entre la funcionalidad del siglo XX y la inmediatez virtual del siglo XXI, donde el discurso de la creatividad pasa a un segundo término. Pero en un futuro, al igual que hoy leemos las sentencias  morales del Quijote y de William Shakespeare, de la obra  literaria de Eco emergerá la filosofía que la fundamenta.

 

 

Ciclo Literario.