Arquitectura post moderna e
imagen urbana,
su raíz en la tradición


Joel Olivares Ruiz es, sin haber nacido aquí, un xalapeño de cepa: estudió a partir del tercero de primaria en la Rébsamen, la secundaria en la Antonio María de Rivera y la preparatoria en la Juárez. Se graduó en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Veracruzana, cursó la especialidad en diseño en la Universidad Internacional de Arte de Venecia, la maestría en diseño industrial en el Politécnico de Milán y su doctorado en la Universidad Politécnica de Madrid. Es fundador de la Universidad Gestalt de Diseño de Xalapa. Su obra arquitectónica es mencionada en forma destacada por ensayistas como Felix Ruiz de la Puerta y su investigación El lenguaje gráfico de la arquitectura, obtuvo el Cum Laudem como tesis de doctorado. Con él conversamos del estado en que se encuentra esta entidad urbana llamada Xalapa.

 

-Joel Olivares, llegaste hace 60 años a Xalapa. A mí me sucede encontrar cada vez que llego a esta ciudad verla como una entidad de crecimiento sorpresivo. Cómo se manifiesta lo vital en las calles, en las banquetas, en los edificios, en los parques. He tenido largas estancias fuera, y cuando regreso a Xalapa me asombra que sea ya una ciudad densa, populosa. Si recuerdo mi primera estancia aquí, en los setentas, era una ciudad provinciana donde quizá el concepto urbano era difícil de aplicar, a lo mejor no era todavía una urbe en ese momento y sin embargo ahora Xalapa es una urbe con todas las de la ley, que significa ese tránsito espeso, ese movimiento constante pero con un enigma que es algo característico de la ciudad: nunca la podemos ver completa desde ningún punto de vista, no sabemos dónde están los principios, los finales, las fronteras ¿no? nunca podemos verlo por la propia orografía del territorio. Crecimiento claro en todos sentidos, rascacielos y zonas con las características de nuestras sociedades tercermundistas, lejos de decir que es ordenado, un crecimiento nada más...una ciudad construida por albañiles, por las propias personas con sus albañiles ¿verdad? lo que nos da esa tremenda estética xalapeña, que tu me dirás qué nombre le pondrías a esta estética, si se puede llamar así, al resultado en conjunto de las singularidades constructivas. Esta introducción es una invitación para que hagas una reflexión de tu experiencia desde la infancia, cómo has vivido Xalapa, qué es para ti en este momento, y en el transcurso de tu vida como ciudadano pero sobre todo como un profesional de la arquitectura, el urbanismo, y el diseño. Entonces lo que te estoy pidiendo es una exposición de tus vivencias que seguramente irás ligando con la evolución conceptual que has podido lograr en tu estudio e investigación.

-A mí me pasa exactamente lo mismo, cuando he tenido oportunidad de salir por dos, tres años…llegar a Xalapa y ver cómo se han estado dando todos estos cambios. Mi primera impresión cuando llegue de niño, a los diez años, fue toparme con una Xalapa provinciana y la imagen primera al asomarme por la ventana de mi casa a las calles fue la de los techos con las tejas. Viniendo del DF, habitando unos departamentos, yo dibujaba como todos los niños los techos de rojo, con tejas, eso es básicamente una imagen arquetípica, esa experiencia y esa impresión la he recordado toda mi vida y mucho de mi trabajo en teoría ha sido investigar sobre esas imágenes. Siempre viví por la zona de los Berros, calles empedradas, con muchas pendientes y disfrutaba la libertad de poder transitar, caminar; salíamos a jugar todas las tardes al estadio, eran solamente llanos, y después estaba El Dique, había un riachuelo, nos íbamos atrás de la UV a pescar axolotes…era un paraíso, porque vivir en el concreto, con todos los problemas de seguridad en el DF y llegar a Xalapa fue la libertad, andar en bicicleta, compartir, realmente hacer una vida propia.

Calle de Enríquez, antes y después de la remodelación.
Foto: Joel Olivares Ruíz

Por supuesto todo ese desarrollo de primaria, secundaria, prepa…vinculado a la familia y a las otras familias que nos reconocemos como generación…tener amigos de toda la vida. Nos conocíamos, a lo mejor no teníamos mucha amistad con los Chedraui, por ejemplo, pero fuimos compañeros alguna vez y sabíamos quién era cada quien; eso permitía que en toda esa etapa de adolescente hubiera mucha comunicación, en todas las tertulias estábamos presentes, en los equipos de fút bol jugábamos los mismos, había mucha interacción como pueblo que era.

Xalapa siempre ha tenido un estatus y un sentido cultural, tanto en el arte, la música y las letras. Podías ver obras de teatro y a  veces estrenos…y muy fácil, te costaba cinco pesos ir al concierto, cualquiera podía hacerlo…ir a exposiciones de artes pláticas que me llamaron la atención desde que era chico. Yo sabía que iba a arquitectura desde secundaria. Intenté  entrar a artes plásticas, a escultura, pensando que de algo me iba a servir. Pero no duré ni una semana, no encontré ninguna guía. Ese sentimiento, cuando entré a la escuela de arquitectura, también lo tuve: de estar frente a un papel en blanco con una entrega de 24 horas y sin saber qué hacer.

Esas preguntas son las que me llevaron muchos años después a dedicarme a la academia: tratar de encontrar métodos que simplifiquen tu manera creativa de desarrollar proyectos, y por supuesto siempre con todas las ventajas de contar con muchos conocidos. Tengo cinco hermanas, siempre tenía contactos, amigos. Desde que decidí estudiar arquitectura, estuve en despechos, platiqué con chicos que estaban en la carrera y me puse muy pronto a trabajar.

Éramos una familia numerosa, todo mundo tenía que aportar algo, había muchas carencias, mi papá a veces tenía trabajo, a veces no, estaba en la administración pública. Yo me metí a trabajar en la construcción del seguro social, en la obra, como asistente de lo que se llamaba tomador de tiempo, que consistía en llevar controles de obreros y ahí conocí a varios jóvenes recién egresados de la facultad que estaban haciendo sus prácticas profesionales. Fue un año el que estuve trabajando ahí y luego entré al despacho de uno de ellos y me enseñó a dibujar y hacer maquetas.

En maquetas tengo la experiencia de hacer una torre Eifel de un metro cincuenta centímetros con palillos y resistol 5000. Fue un éxito. Un amigo que tenía una tienda en el centro, la expuso en la vitrina como una semana. Yo tenía muchas ideas de promoción, no sé por qué se me ocurrió llevarla a la fábrica de resistol. La desarmé, tomé el autobús a México, tenía familia allá, llegué con ellos, investigue donde estaba la fábrica,  quedaba lejos, una zona totalmente industrial…tenía 15 años…y llevé mi torre, me reciben los funcionarios, la ven  y les fascina. Me preguntaron cuánto cuesta, pero yo no había pensado en eso, dije una cantidad, creo que 300 pesos, y me los pagan y me dicen que cualquier otra cosa que hagan con mucho gusto. Y la ponen dentro de un nicho para una exposición.

Cuando llegue a la facultad de arquitectura yo sabía dibujar, tenía una idea de construcción, había participado ya en obras en este despacho de arquitectos. Recuerdo una anécdota con uno de mis profesores, Mario de la Garza, que me daba clases de física en la prepa. Una mañana llegué a la prepa con los zapatos todos manchados de cemento y le digo: profesor le entrego mi trabajo porque no puedo venir a clase pues estamos colando –los colados empezaban a las seis de la mañana. Luego yo estando en quinto año de arquitectura comentaba de la Garza que tenía un alumno en la prepa que llegaba para pedir disculpas porque no podía asistir ya que estaba colando ¡y yo nunca he ido a un colado!...

Demolición de obras de arte

Al entrar a la facultad  todo se me facilitó: hacer los proyectos, los ejercicios, siempre dedicado, siempre tratando de hacer lo mejor y los más completo, pero para los profesores, muy jóvenes muchos de ellos y otros inexpertos, resultaba yo un reto. Entonces a los dos años de estar allí…yo ya estaba harto...no me daban nada, no me enseñaban nada, y me fui al DF para tratar de entrar a la UNAM, hice mi solicitud, regreso a Xalapa, veo de qué manera me puedo mantener allá yo solo, y es en ese momento que el chico con quien trabajaba en el despacho me recomendó con Enrique Murillo. Entonces inicio un aprendizaje: trabajaba con él de 7 de la noche a 12 de la noche todos los días, después de estar ocho horas de clase.

Murillo me da toda la orientación y todo el aprendizaje que yo necesitaba en obras, en proyectos, en experimentos. Mucho de lo que soy se lo debo a él. Cuando salgo de la facultad fundamos un despacho, nos hacemos socios y realizamos muchísimas obras, como 25. Nos iba bastante bien. Pero yo sentía como que algo me faltaba, que tenía una carencia en el desarrollo de mi obra.

En ese entonces Xalapa se estaba desarrollando con todo este aspecto urbano que mencionas, se construían unidades habitacionales, todo con cubitos, todo igualito y nosotros con Enrique buscábamos básicamente recobrar las cubiertas inclinadas, los ateliers, la recuperación de villas antiguas, herrerías. Sin entrar a un colonial mexicano buscando más bien hacer una arquitectura moderna pero con conceptos antiguos o tradicionales y esa es la línea que él ha seguido con  éxito hasta su premio de la bienal con Caxa.

Fue una etapa de mucho experimento, de mucha idea, de romper esa racionalidad con la que se estaba haciendo la arquitectura. En el centro histórico de Xalapa estaban demoliendo las casas neoclásicas, había mucho dolor, el urbanismo intentaba hacer la ciudad funcional, una ciudad de plato roto en la montaña. Querían hacer las avenidas, como la de Ávila Camacho, avenidas arboladas, pero pasando por encima de la ciudad, entonces cada edificio neoclásico era un edificio viejo, un edificio que había que tirar, eliminar. Todavía de estudiante me tocó dibujar algunos edificios que demolieron, que eran obras de arte, y siempre  quedó en mi memoria ese tema, esa sensación de destrucción.

La experiencia de restauración

Edificio en la plaza Lerdo antes y después de la remodelación.
Foto: Joel Olivares Ruíz

Cuando cursaba la facultad ofertaron una beca para ir a hacer una especialidad en restauración, la gané. Me fui a Florida tres meses, y regresé con el ánimo de hacer algo de restauración en Xalapa. En ese momento había la idea de ampliar la calle de Enríquez y todavía había algunos edificios, ya había un estacionamiento donde actualmente es la plaza de las artesanías. Estaba el edificio de Enríquez que está metido, o sea había el proyecto de alinear, mover incluso el Palacio de Gobierno para ampliar la calle, entonces nos pidieron apoyo para limpiar la calle de Enríquez de anuncios y les hicimos un proyecto de remodelación.

En ese entonces era el presidente municipal el licenciado Manuel  Fernández Ávila, y tuvo todo el empuje para pasar encima de todos los comerciantes y propietarios de la zona del centro y se hizo la remodelación. Le metimos colores a edificios neoclásicos que nunca habían sido pintados, quitamos todos los anuncios, ampliamos la calle peatonal, se pavimentó, se plantaron los árboles, se hizo más humano ese pedacito, nuestro proyecto era hacer la calle totalmente peatonal, pero no quisieron. Se hicieron algunas remodelaciones de fachadas, todavía quedan algunas cosas de lo que se hizo, pero básicamente el principal aporte fue experimentar cómo pintar los edificios. Estamos en una época donde todos eran blancos y algunos de colores vivos, ya aparecía la vinílica, las casas neoclásicas se pintaban con cal. No había gamas de colores especiales para los diseños neoclásicos. Entonces introdujimos  la vinílica para pintarlos y tuvimos que experimentar con modelos, hacer algunas pruebas,  tuvimos errores pero la mayoría fueron aciertos y logramos demostrar que la arquitectura puede estar de colores

Cuando hicimos ese trabajo, que fue muy sonado a nivel nacional, nos invitó la UAM de Xochimilco a dar una charla sobre esta experiencia. Antes de la sesión me regalaron un libro que ellos habían editado sobre la arquitectura pos moderna. Nosotros no sabíamos que estábamos haciendo arquitectura pos moderna. Al acto asistían los autores. Entonces cambié el orden de las diapositivas, y antes de hablar sobre los modelos que tomamos de diferentes países para hacer esta intervención, hablé sobre la experiencia de cómo lo hicimos y después cómo eso podría vincularse a esos modelos. Cambió el sentido y claro, la charla fue un éxito, pues lo que ellos habían estudiado de manera teórica, nosotros lo habíamos hecho de manera práctica, sin tener una idea de que eso era el movimiento pos moderno.

Se había tirado un edificio junto al edificio Enríquez, y la idea que propusimos era hacer una plaza que se vinculara con el atrio del beaterio, para hacer un pasaje peatonal, pero lo que querían era reubicar a los ambulantes. Propusimos entonces un pasaje pero todo con una arquitectura de jardín, o sea que fuera desmontable, toda metálica con un domo con vidrio esmerilado, para que los ambulantes no tuvieran una propiedad sino tuvieran un sitio nada más, y fuera como un pasillo nada más, limpio, más que neoclásico art nouveau.

Modelo iconográfico

En el proyecto hicimos un modelo de edificio que era como un tapón; después, en mi tesis de doctorado le llame modelo iconográfico. Era un icono de un edificio pero no era ningún edificio. Todo de forma neoclásica, con arcos, hecho con concreto y con apariencia de concreto. Resultó un detalle, digamos formal, porque nosotros nos alineamos, y con ese tapón de concreto, impedimos que la calle central tuviera tentación de alinearse, como estaba el trazo de los urbanistas, y se recuperó ese fragmento, se salvaron tres de  los edificios neoclásicos que estaban por la casa Olivier e hicimos una fachada falsa, con arcos solamente y metal, para el edificio Enríquez y el banco de Serfin, que nunca aceptó nada, ellos hicieron su fachada de piedra, que está horrible, y el dueño del edificio Enríquez se mostró reticente, dijo, no, nosotros tenemos nuestro arquitecto, esto no lo entendemos, y lo que hizo fue una caricatura de neoclásico, porque las alturas de las ventanas neoclásicas no son las de los edificios modernos, quedaron allí, medio chaparras, y quedó una especie de colonial mexicano como fachada, y con su pórtico.

El colonial mexicano, prestado

 

Esos son de los temas que la ciudad o que los xalapeños, sobre todo de las familias que tienen esas propiedades y que tienen cultura, no entienden. Lo colonial mexicano son modelos de arquitectura del bajío, son prestados, no tienen una relación, sobre todo en las formas y los materiales, de los edificios neoclásicos originales de la zona este de México, una arquitectura neoclásica, con figuras humanas antropomorfas, casi casi tirando ya hacia el art nouveau y eso nunca se reconoció.

Anteriormente se había hecho una remodelación de la plaza Lerdo, que esta frente al Palacio de Gobierno. Allí se había tapado un edificio moderno, donde esta Bancomer ahora. Esa fachada se intentó hacer neoclásica, pero se trajeron canteros de Oaxaca, porque aquí no hay canteros. Nosotros, que teníamos una idea de arquitectura moderna, industrializada, que eliminara todo lo que es esa arquitectura de albañil, al verlos ahí con su cincel labrando la piedra, sentíamos que era espantoso. Eso fue lo que me llevó a seguir estudiando, a seguir trabajando en demostrar, cómo la arquitectura post moderna puede dar soluciones a temas tanto de imagen urbana como de arquitectura contemporánea, con raíces propias de la arquitectura tradicional.

La magnitud de la destrucción

-De la arquitectura neoclásica de Xalapa, desde que tú recuerdas, ¿qué porcentaje calculas que haya desaparecido?
-Yo calculo que ha desaparecido un 70 por ciento.

-Es una lástima ver que esas construcciones existen allí como fragmentos, puntos apenas, y para el extraño que pueda tener noción de cómo era una ciudad antigua, es prácticamente imposible de construir mentalmente lo que era Xalapa, ¿no? No se puede imaginar cómo era Xalapa después de la destrucción que hubo.

-Claro. Debemos considerar que muchos llegamos a Xalapa y nos hicimos xalapeños por esas cualidades que tiene Xalapa, sus calles tortuosas, empedradas, húmedas, ese sabor, esa escala, y sobre todo el paisaje, lo cerca que está la montaña, los valles, etc. ese contacto con la naturaleza. Cuando no se tiene eso claro, Xalapa es cualquier cosa, y al entrar a una ciudad y hacerla cualquiera, pierdes la oportunidad de recrearla.

El cobro de la naturaleza

Calle de Enríquez, antes y después de la remodelación.
Foto: Joel Olivares Ruíz

Hicimos una intervención en la COP 16 de Can Cun, que es un congreso internacional de sustentabilidad mundial. Lo promueve la UNESCO. Fue en el momento en que hubo unas grandes inundaciones en el Papaloapan, que afectó a Tlacotalpan, y en el Puerto de Veracruz, cosa que en el tiempo que he estado jamás había vivido, todo el zócalo estaba inundado y unas colonias que estaban en zonas de resumidero.

Esa demostración fue la que hicimos, exponer esa idea de lucro que provoca que donde hay pantanos la humedad se resuelve simplemente echándoles tierra y tapándolos con concreto para vender esos terrenos a muy alto costo, acciones que la naturaleza cobra cuando hay un evento de este tipo, porque sale el agua de todos lados y destruye. Tenía dos metros de altura el agua en algunas colonias, toda la propiedad se destruyó, ese es el costo de esa miopía, de esa falta de memoria histórica del territorio donde vas a vivir, porque no te enteras o porque no quieres enterarte. De esa forma también se están eliminando las dunas de Coatzacoalcos.

Una ciudad sustentable, posible

Hicimos una exposición a un grupo que se llaman Los Cien, de Manuel Fernández. Trajimos a dos especialistas, uno de Curitiva, Brasil y otro de España, que vino a plantear este tema de las remodelaciones en las zonas del puerto.

Las preguntas que les hicimos básicamente consistieron en su visión de Xalapa, si tenía todavía oportunidades de hacerse una ciudad sustentable, y dijeron que por supuesto que sí, porque está toda la comarca libre, en  todo el territorio, de aquí hasta Perote, no hay nada, y para abajo, hacia la costa, desde Rinconada no hay nada. Entonces tenemos todavía un sitio espectacular, un punto medio de la montaña, entre lo que es el valle que viene desde Veracruz, hasta la altura de Perote.  Un punto exacto donde chocan las nubes, con ese microclima que pocas ciudades en el mundo tienen. Está todo para hacerse, pero no hay ni voluntad política ni organización social ni conciencia de lo que tenemos.

-Veo que la zona comercial de Xalapa, el mercado Galeana, el mercado Jauregui, estas calles que convergen en ese gran puente Xalitic, el corazón comercial tradicional es un tesoro, no creo que todavía las autoridades hayan visto el tesoro que hay allí…

-No, para nada.

-Porque se conserva la tradición sorprendente de la cocina, las fondas, de locales que venden barro, canastas… las verduras, frutas y vegetales frescos de la región. Yo viviendo diez años en Oaxaca considero que tiene un nivel de autenticidad y de riqueza como la de Oaxaca, con las proporciones guardadas, y la conexión es muy caótica, precisamente, esa zona ya limpia, con una circulación vehicular especializada en transporte público, pienso por ejemplo en tranvías tipo San Francisco o Lisboa, con áreas peatonales y bancas para contemplar el paisaje, sería maravillosa para propios y extraños…

- Si, caminarla. En mi familia de niño nunca hubo coche, y yo me acuerdo que todo era a pie, y podíamos venir del centro hasta esta zona, el norte, a pie, y había senderos.
- ¿Tú crees que haya alguien en Xalapa que tenga una visión de urbanismo, de diseño, que rescate los valores que todavía tiene Xalapa, dentro de lo destruido, valores como estos que estamos hablando, de estas zonas de riqueza cultural, comercial, gastronómica?

-Fíjate que sí, porque en el ejercicio que hemos hecho con alumnos que estaban en la facultad y después, cuando esos alumnos han participado de manera profesional al regresar y hacer la maestría, subsisten esas ideas.

Cuando truena el tren que va de Veracruz a México y se deshace, rematan todos los predios y lo que queda del tren, que a veces pasa y a veces no. Al eliminarlo hicimos un proyecto de recuperación, mandar el tren fuera de la ciudad porque la ciudad está partida por la vía. Hay tanta ciudad después de la vía, como la que quedó dentro…y planteábamos recuperarla para hacer un corredor vial, y además recuperar el tren en un circuito perimetral. La idea no prosperó.

Carril para triciclos

Aquí, en la Universidad Gestalt,  tenemos la maestría en diseño urbano sustentable y salen proyectos de ese orden, corredores viales, ciclo vías. Precisamente cuando se pavimentó Ruiz Cortines, fuimos a hablar con el presidente municipal para decirle que era una oportunidad, (estoy hablando de hace como quince años) para crear una ciclo vía, y nos miró como si le pidiéramos un carril para triciclos, y actualmente todas las ciudades se hacen con ciclo vías, es el reto. A la presidenta municipal anterior también se le presentó un proyecto  y lo tomó como bandera. Hizo dos calles en el centro con ciclo vía…pero así son los políticos, todo es fachada. Ideas hay, de hecho nosotros acabamos de firmar un convenio con SEDEMA para hacer este tipo de proyectos. Tuvimos una reunión con los tesistas y les decíamos: la meta es exponer la idea, el objetivo académico es sembrar ideas, hacer conciencia, cómo sería la ciudad si tuviera esto, o lo otro.

Resolver el transporte público

Edificio en la plaza Lerdo antes y después de la remodelación.
Foto: Joel Olivares Ruíz

-Si no se resuelve el transporte público es difícil poder pensar en otra cosa ¿no?
-Sí. A mí me interesó mucho desde que estuve la primera vez en Curitiba, un sitio que está a cuatro horas de Sao Paulo, pero no es un pueblito turístico es una capital en un estado del interior. Ya no me acordaba porque es Curitiba importante, por los tranvías sobre todo, claro que ahora se llaman trolebuses o metrobuses, que son un éxito en ciudad de México o en la capital de Colombia. Pero Curitiba tiene 40 años de hacerlos.

Mi hijo se casó con una curitibeña y tuve que ir a la boda. Descubro esa ciudad. Es como Xalapa, tiene el mismo clima, el mismo nivel de montaña y el mismo trazo. Solamente que ellos lo que hicieron fue respetar el núcleo histórico, lo remodelaron, y crearon avenidas de ese núcleo hacia afuera, pero con una visión muy moderna.

El gobierno tomó el negocio en sus manos no va detrás de los fraccionadores sino adelante. El estado creó la infraestructura y el proyecto y los fraccionadores se adicionaron a ese plan global.

Hay avenidas muy amplias y resolvieron las partes internas, a través de vías peatonales, de bicicletas, andadores y sobre todo incrementaron el número de parques, aunque como en Xalapa Curitiba tiene cerca el exterior. Lo llevaron al interior, ese exterior lo llevaron a la ciudad, zonas que eran basureros las hicieron parques, zonas que eran antiguas minas de arena, las hicieron baños, le metieron agua, y en el mundo tienen más proporción de zonas verdes por habitante que otras ciudades,
-En ese sentido Xalapa ¿cómo está?
-Xalapa está en las últimas. Tiene poquísimas áreas verdes. Creo que el medio son cinco metros cuadrados por habitante. Xalapa a lo mejor tiene un metro 50 centímetros por habitante. Xalapa tenía 350 mil habitantes, y ahora con todo lo que ha crecido, colonias que han hecho la mancha urbana, anda sobre las 700 mil personas. Cuando Curitiba hizo su proyecto, tenían 500 mil  habitantes y  proyectaron la ciudad…a 30 años: dos millones de habitantes calcularon,  o sea en lugar de limitarla estimularon su crecimiento y los dos millones apenas los llegaron a cumplir en 40 años. Pero no se siente una ciudad de dos millones, porque tiene sobre las avenidas edificaciones verticales, y después todas las conexiones hacia las colonias, es una ciudad impresionante.

El urbanismo de quinto patio

-Cómo ves esas áreas en Xalapa que se están desarrollando en ese corredor donde se cuenta con Plaza Américas, por ejemplo…¿Qué articulación hay?
-Cero, se dice que es un urbanismo del quinto patio, o sea sobre la avenida se van haciendo patios, no hay conexiones entre estos patios, estos quintos patios, con otras zonas. Entonces se crean unos caos terribles, aunque tu tengas una colonia, la colonia está aislada, es como si casi estuviera deshabitada, sin circulación. Son lugares masivos pero no hay descongestionamiento, y sobre todo que no priorizan, como lo hizo Curitiba, el transporte público.

Ellos lo hicieron de una manera muy simple. Aquí el que llega a gobierno es un poco para hacerse rico, a ver qué negocios hace, su objetivo no es plantear un proyecto de ciudad donde sus habitantes fueran los que se hagan de negocios y el gobierno solamente organizara las reglas. A todos los camioneros les propuso dejar sus camiones a un sistema de programación de rutas, a todos los camioneros los hizo accionistas, ellos pagaban al departamento de programación, para que les hicieran la programación de rutas, entonces les daba lo mismo si estaba su camión en una ruta de fuera o de dentro porque los beneficios se repartían, según las acciones que tuvieran, si tenían dos camiones tenían más acciones, si tenían un camión, menos, entonces se repartía de manera proporcional. De esa cantidad se quedaba una parte para hacer renovación de quipo. Así, de esos dos o tres camiones que tenían destartalados, ahora tienen autobuses de primera línea, y su dinero sigue funcionando.

Políticos y ciudadanía

- ¿Está lejos Xalapa de poder alcanzar algo así?
- Sí y no. No, porque no hay una voluntad política, no hay conciencia, o sea los políticos llegan con la visión de solo administrar los recursos públicos, pero no a plantear un modelo de desarrollo para los problemas de sobrepoblación, falta de infraestructura, tratamiento de agua, recuperación de la basura y, sobre todo, de la carencia de agua. Paradójicamente estamos en una zona de abundancia de agua con lluvia, veneros, manantiales, arroyos y ríos que se contaminan por el crecimiento urbano y se tiene que traer agua del estado de Puebla.

Los políticos piensan que son los habitantes que tienen que solucionar sus cosas, los habitantes piensan que son los políticos los que tienen que solucionarlo todo. Entonces básicamente es como cada quien se hace su casa, sus muros, y vive su entorno privado. No hay ese sentido de comunidad. Pero por otro lado también hay problemas, y hay gente que piensa en esos problemas, las soluciones no son fáciles pero ya hay propuestas en otros lados, que han funcionado. Yo recuerdo cuando se hablaba de las calles peatonales,  decían que no podrían subsistir, porque los que compran son los que traen coche, actualmente las plazas comerciales son calles peatonales.

 

 

Ciclo Literario.