Virgilio Piñera
o el trascendentalismo esencial

Lorenzo León Diez


La vida entera

Virgilio Piñera

Edición anotada y estudio introductorio

Yonuen Gómez

Lectorum

2012

 

En junio de 1961, todavía  joven guerrillero, Fidel Castro se reunió en la Biblioteca Nacional, en la Habana, con artistas y escritores en un ciclo llamado “Palabras a los intelectuales”; de su discurso de aquella ocasión es famosa la consigna: “Dentro de la revolución todo, contra la revolución nada”. Según algunos testimonios, de entre el público sorpresivamente se escuchó: “Yo no sé ustedes pero yo tengo miedo, tengo mucho miedo”, que pronunció el poeta Virgilio Piñera, de 49 años de edad y que había publicado en 1943 un poema emblemático: La isla en peso, donde unos versos podrían leerse como una profecía de lo que muchos ciudadanos de Cuba vivirían en años todavía distantes de cuando el poeta escribió:

¡Nadie puede salir, nadie puede salir!

La vida del embudo y encima la nata de la rabia.

Nadie puede salir:

El tiburón más diminuto rehusaría transportar un cuerpo

Intacto.

Foto: Victor León

Si bien Virgilio Piñera no formó parte de esa franja de artistas e intelectuales que abandonaron la isla, a la postre quedó al margen de la actividad cultural. “No bien tuve la edad exigida para que el pensamiento se traduzca en algo que más que soltar la baba y agitar los bracitos, me enteré de tres cosas lo bastante sucias como para no poderme lavar jamás de las mismas. Aprendí que era pobre, que era homosexual y que me gustaba el arte”.

El año de ese discurso del comandante, 1961, fue el último en que circuló Lunes de Revolución, suplemento literario del periódico Revolución, que dirigiera hasta entonces Cabrera Infante y de cuya redacción Piñera formaba parte.

En efecto, una década más tarde del discurso de Castro se inició el periodoconocido como Quinquenio gris (1971-1975) también llamado Decenio negro (aludiendo a que abarcó toda esa década y hasta 1982), cuando paramuchos intelectuales la defensa de la identidad nacional pasó por encima de su libertad creadora, los dejó en la marginación, y los empujó al exilio.

Virgilio Piñera pertenece al grupo que se reconoce, en primera instancia, como Orígenes, por la revista del mismo nombre dirigida por José Lezama Lima, quien era solamente dos años mayor que Piñera, por lo que pudieron enfrentarse en condiciones más o menos justas a golpes en una célebre pelea cuerpo a cuerpo que se escenificó el 16 de junio de 1943, debido a los reclamos que Lezama le hizo a su entrañable amigo sobre el plagió de unos versos. Piñera respondió más tarde asi: “Son cuartetas eneasílabas. Que yo sepa Lezama no ha ensayado este metro jamás. Sus sonetillos “A la frialdad” son irregularmente ocasilábicos. Por otra parte, la temática de “Los Desastres” –ostra, muerena y hiena- no ha sido utilizada por Lezama en poema alguno suyo”.

La personalidad de Virgilio Piñera es, como su sensibilidad, radicalmente opuesta a la de Lezama aunque ambos compartieron el proyecto origenista (“taller renacentista”, como lo llamaba Lezama), una “constelación de poéticas”como la llama Jorge Luis Arcos.

El grupo de Orígenes, con todas sus diferencias, es un equivalente de Contemporáneos para México o Sur para Argentina. Fue la primera vez, en el camino de la lírica cubana “que la poesía se convirtió en el vehículo del conocimiento absoluto, a través del cual se intentó llegar a las esencias de la vida, la cultura y la experiencia religiosa, penetrar poéticamente toda la realidad que fuera posible abarcar”,según lo define CintioVitier.  La poesía se volvió un “menester de conocimiento y únicamente de sus testimonios esperaba la verdad”.

Pinera es más conocido por su prosa, sus ensayos y sus traducciones*. Su obra poética fue por él mismo minimizada, considerándose “un poeta ocasional”, “no un poeta como se debe” Yunuen Gómez considera que con la poesía como fuerza central de este movimiento, hoy resulta inevitable pensar en qué pudo ocurrir para que Piñera soslayara su lírica. Hay quienes se preguntan si la veía con desprecio al lado del profundo proyecto lezamaniano.

Lo cierto, sin embargo es que la poesía de Piñera es marginal respecto al origenismo clásico, sobre todo al catolicismo del núcleo mayoritario que detectó la premura de encontrar un camino de sustancia para la cultura cubana, compartió una sed irresistible por madurar una tradición, un tiempo intencional que trascendiera dentro de la Isla.

   Para Piñera no existía tal sustancia, no habían ni Historia (o ésta estaba fracturada) ni trascendencia. Su postura se resuelve en un intrascendismo esencial contra el proyecto trascendentalista del grupo que encabeza Lezama. Piñera piensa que “la vida era un mero suceder, mero suceder natural, al que el hombre había impuesto sentido y una dirección”. El nunca vio a la Historia con el sentido de futuridad con que sí la vieron Lezama o Vitier. Nunca construyó utopías. En su cubanía no hubo imágenes de metafísica o de paraíso o de espiritualidad (camino que sí eligió la parte tradicional, católica y clásica del origienismo).

Piñera viajó y vivió muchos años en Buenos Aires, donde conoció al escritor polaco WitoldGombrowicz (1904-1969), quien se había quedado allí varado cuando estalló en su país la Segunda Guerra Mundial. Nombró a Piñera presidente del equipo de traducción al español de su novela Ferdydurke (1947), elogiada y reditada por Ernesto Sábato.

Regresó definitivamente a la isla en 1958, cuando escribió: “¿Qué me he encontrado a mi vuelta? Pues nada más que una clase de muertos, que son más apestosos que los muertos verdaderos; me refiero a los muertos en vida. He decidido no ver a nadie”.

El poema La isla en Peso, es una obra de juventud y de ella él mismo escribió: “Nadie negará que es el antilezamismo en persona. Con él,  yo pagaba mis culpas y pecados con el lezamismo. Soy el poeta menos lezamiano de mi generación lezamiana”.

Hay dos símbolos fundamentales que atraviesan este poema: el agua y la luz, características esenciales del paisaje cubano que aquí son presencias tanáticas.Una visión de la isla que se extiende a su visión del mundo. Por una parte, el agua es un elemento con que reiteradamente se alimenta la asfixia, la desazón. Por otra la luz define al paisaje isleño como descarnado y carente de esperanza:

La eterna miseria que es el acto de recordar.

Si tú pudieras formar de nuevo aquellas combinaciones,

Devolviéndome el país sin el agua,

Me la bebería toda para escupir al cielo.

Pero he visto la música detenida en las caderas,

He visto a las negras bailando con vasos de ron en sus

Cabezas.

Foto: Victor León

Los aborígenes cubanos fueron exterminados durante la Conquista de ahí estos versos:

En este país donde no hay animales salvajes.

Pienso en los caballos de los conquistadores cubriendo a

Las yeguas,

Pienso en el desconocido son del areito

Desaparecido para toda la eternidad

Es el talante de la “Historia fracturada”

Las eternas historias blancas, negras, amarillas, rojas,

Azules,

-toda la gama cromática reventando encima de mi cabeza

En llamas-,

La eterna sonrisa de la cínica sonrisa del europeo

Llegado para apretar las tetas de mi madre.

Y veamos cómo los elementos que son naturalmente, en otros poetas, evocaciones de alegría o plenitud, en la poesía de Piñero se convierten en atmósferas malditas:

La claridad empieza el alumbramiento más horroroso,

La claridad empieza a parir claridad.

Son las doce del día.

Todo un pueblo puede morir de luz como morir de peste.

Estamos ante una poesía compleja, de marcada conciencia de su diferencia, escrita por un artista que está aún por difundirse en su integridad cuyo talento y originalidadpuede compartir dignamente una mesa donde esté también su gran aliado cultural, José Lezama Lima, a quien escribió: “Qué sereno tiempo cuando mi libro y tu libro; tus libros y mis libros se encuentren en una librería cualquiera en un precioso tiempo que formen cien años sobre tu muerte y la mía”.

*Desplegó su pluma polémica en el ensayo Dos poemas, dos poetas, dos modos de poesía y el enriquecimiento de su cubanía en la traducción de Las flores del mal, Las 120 jordanas de Sodoma, Ferdydurke, y destacan, por supuesto, su teatro Electra, Garrigó, Aire Frío y su cuento Cuentos fríos.

 

 

Ciclo Literario.